Primera Guerra Mundial
28 jul 1914 – 11 nov 1918
CAUSAS
SUCESOS
- Orígenes y causas de la Primera Guerra Mundial
- El asesinato del archiduque Francisco Fernando
- La tregua de Navidad (24/12/1914)
- La batalla de Galípoli (1915)
- El empleo de las armas químicas durante la Primera Guerra Mundial
- El hundimiento del Lusitania (7 de mayo de 1915)
- La batalla de Verdún (21 de febrero de 1916)
- La escuadrilla Lafayette (abril 1916)
- La batalla del Somme
- La paz de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918)
- El armisticio de la Compiègne (11 de noviembre de 1918)
- La heroica resistencia del fuerte Vaux durante la batalla de Verdún
- Los batallones rusos de mujeres
PAISES AFECTADOS
El asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austro-húngara, y de su esposa, la archiduquesa Sofía, en Sarajevo el 28 de junio de 1914, dio inicio a las hostilidades, que comenzaron en agosto de 1914, y continuaron en varios frentes durante los cuatro años siguientes.
Alemania y Rusia registraron la mayor cantidad de muertes de militares: aproximadamente 1.773.700 y 1.700.000, respectivamente. Francia perdió el 16% de sus fuerzas movilizadas, la tasa de mortalidad más alta en relación con las tropas desplegadas
La principal razón hay que buscarla en la rivalidad económico-colonial que en aquella época existía entre las grandes potencias, así como en las reivindicaciones nacionalistas por parte de Alemania, la cual consideraba que debía ejercer un papel aún más hegemónico a nivel mundial debido a su elevado desarrollo industrial. En aquellos momentos, Europa era el centro económico, político y cultural del mundo. Sin embargo, el Viejo Continente parecía no compartir los mismos objetivos. Francia, Gran Bretaña y Alemania competían entre ellas por ser líderes industriales en Europa a pesar de la incuestionable ventaja alemana. Por su parte, Rusia, los imperios austrohúngaro y otomano y las pequeñas naciones balcánicas habían empezado a modernizarse a pesar de que la mayoría de su población aún vivía de la agricultura.
Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, entre el 28 de junio y el 6 de agosto de 1914 tuvo lugar lo que ha dado en conocerse como Crisis de Julio, un período en el que las principales potencias europeas (el Imperio austrohúngaro, Alemania, Rusia, Francia y el Reino Unido) llevaron a cabo diversas iniciativas diplomáticas para evitar males mayores, pero que terminó con el estallido de la Gran Guerra. Finalmente, y con el convencimiento de que funcionarios del Gobierno serbio estaban implicados en el complot para asesinar al archiduque, el 23 de julio de 1914 el Gobierno austrohúngaro dio un ultimátum a Serbia en el que, a sabiendas, le exigía diez demandas imposibles de aceptar y que justificarían una declaración de guerra.
Así, en diciembre de 1914, tras casi medio año de guerra, los contendientes seguían peleando con dureza en los campos de batalla de Bélgica y de Francia. Ocultos en sus trincheras anegadas por la lluvia e infestadas de ratas, prácticamente sin provisiones y muchos de ellos enfermos, los alemanes y los británicos luchaban por una franja de tierra en la que día a día se iban acumulando los cuerpos de los camaradas abatidos a tiros. Sin prácticamente saber ni en que día estaban, llegó la Nochebuena de 1914 y en varios puntos puntos del Frente Occidental los soldados alemanes instalaron árboles iluminados en el interior de sus trincheras, algo que los soldados británicos acabaron por imitar. Aquel alto el fuego espontáneo, llevado a cabo por unos jóvenes que echaban de menos su hogar y a sus familias y que solo querían volver a casa, se conoció como la Tregua Navidad de la Primera Guerra Mundial.
El tiempo fue pasando, y a principios de 1915 ambos bandos construyeron complejas líneas de trincheras que recorrían serpenteantes los cientos de kilómetros de frente. Las defensas se mejoraron con alambre de espino, un obstáculo que frenaba los avances masivos y que ninguno de los contendientes lograría penetrar de manera decisiva. Al quedar protegidos del alcance de las ametralladores enemigas, la capacidad armamentística (morteros, lanzagranadas, lanzallamas), muy especialmente en cuanto a artillería pesada se refiere, se convirtió en la dueña incontestable del campo de batalla. Con todo, los altos mandos no lograron desarrollar una táctica que pudiese romper las posiciones enemigas sin dejar tras de sí un reguero de muertos en las propias filas. Pero con el tiempo, se lograría producir nuevas armas ofensivas como los carros de combate o el gas venenoso, elementos que darían una vuelta de tuerca al desarrollo de la Primera Guerra Mundial.
Mientras tanto, en el frente, a medida que la guerra de trincheras iba avanzando, ambos bandos empezaron a evaluar sus opciones de victoria. El encargado de supervisar las operaciones alemanas era el jefe del Estado Mayor Erich von Falkenhayn, que prefería concentrarse en ganar la guerra en el frente occidental ya que consideraba que se podía conseguir la paz por separado con Rusia. Aquel enfoque contrastaba con el del general Paul von Hindenburg, que deseaba, por el contrario, dar un golpe decisivo en el este. A pesar de ello, Falkenhayn planificó una operación contra Ypres, una ciudad situada en el oeste de Bélgica, que tenia que dar comienzo en el mes de abril. Falkenhayn buscó desviar la atención del enemigo durante el movimiento de tropas hacia el este y asegurar de este modo una posición más dominante en Flandes, así como probar una nueva arma: el gas venenoso. Aunque los gases lacrimógenos ya se habían utilizado contra los rusos en enero en la batalla de Bolimov, en la segunda batalla de Ypres hizo su debut el letal gas de cloro.
Así, unos días antes de que el Lusitania, el mayor y más lujoso transatlántico del momento se hiciera a la mar, la embajada alemana había publicado en varios periódicos norteamericanos el siguiente anuncio: "Se recuerda a los viajeros que tengan la intención de cruzar el Atlántico que existe el estado de guerra entre Alemania y sus aliados y Gran Bretaña y sus aliados; que la zona de guerra incluye las aguas adyacentes a las islas británicas y que, según advertencias formales del Gobierno Imperial Alemán, los barcos que lleven la bandera de Gran Bretaña, o de cualquiera de sus aliados, son susceptibles de ser destruidos en estas aguas y que los pasajeros que viajen a la zona de guerra en barcos de Gran Bretaña o de sus aliados lo hacen por su cuenta y riesgo".
Durante la Primera Guerra Mundial se vivieron muchas situaciones límite, sobre todo en las trincheras que, como una cicatriz, recorrían el Viejo Continente. Un ejemplo del horror que se vivió en ellas es Verdún, un municipio francés situado en el departamento del Mosa, en la región del Gran Este. El mensaje que un joven soldado alemán llamado Johannes Has dirigió a sus padres desde una de las trincheras del ejército germano es bastante clarificador al respecto: "Queridos padres, estoy acostado en el campo de batalla y tengo una bala en el vientre. Creo que me estoy muriendo". El 18 de diciembre de 1916 marcaría el final de aquella terrible carnicería, que había dado comienzo nueve meses atrás, el 21 de febrero de 1916. En aquel triste escenario, en las trincheras donde tantos jóvenes vivieron y murieron, ahora reina el silencio, convertidas en ejemplo de lo que nunca más debería volver a pasar.
Mientras tenían lugar aquellos cruentos acontecimientos, y aunque Estados Unidos se había declarado neutral ante el conflicto europeo, Edmund Louis Gros, director médico de la American Field Service (AFS), y Norman Prince, un famoso piloto norteamericano y expatriado en Francia, propusieron al Gobierno francés la posibilidad de crear un escuadrón de pilotos estadounidenses que hiciera frente a la aviación alemana. Aquella propuesta tenía como telón de fondo la posibilidad de que sus acciones hiciesen cambiar de opinión al pueblo norteamericano para que dejasen de lado su neutralidad y el país entrara de una vez por todas en la guerra.
El año 1916 marcaría un punto de inflexión en el devenir de la Primera Guerra Mundial. El 1 de julio de ese año, el ejército británico libró su primera gran batalla en el frente occidental. Hasta aquel momento, las tropas británicas habían combatido en sectores restringidos y con la ayuda del ejército francés, que por aquel entonces luchaba denodadamente en la batalla de Verdún y que insistió en que sus aliados debían dar un paso al frente. Algo que acabó sucediendo. Numerosos historiadores consideran que de entre todas las grandes batallas de la Primera Guerra Mundial (Marne, Verdún, Gallípoli o Tannenberg), tal vez la batalla de Somme sea una de las más sangrientas e inútiles de todo el conflicto, e incluso también de la historia. La razón de esta ofensiva fue aliviar la presión alemana sobre los franceses en Verdún, donde se estaba combatiendo encarnizadamente desde el mes de febrero.
En 1917, con el conflicto en plena ebullición, estalló la Revolución Rusa que terminaría con los bolcheviques liderados por Vladimir Lenin haciéndose con el poder. Pero antes de todo ello, los hombres de Lenin tuvieron que librar una guerra civil contra los revolucionarios más moderados, que si bien se oponían al gobierno autocrático zarista, no veían con buenos ojos el programa comunista para dirigir el país. Con la necesidad de centrar sus esfuerzos en el interior, Lenin decidió buscar la paz con los imperios centrales, algo que Alemania vio como una oportunidad para pacificar el frente oriental y centrar sus esfuerzos en el occidental. Para tal fin se escogió la ciudad de Brest-Litovsk (en la actual Bielorrusia), cerca de la frontera con Polonia, donde dieron inicio las conversaciones el 3 de diciembre de 1917. El objetivo era que Rusia se retirase de la guerra. Rusia, ahora en manos de los revolucionarios, envió a Brest-Litovsk al por entonces comisario del pueblo para Asuntos Exteriores, León Trotski, y al diplomático y revolucionario Adolph Joffe. La delegación alemana estaba encabezada por el secretario de Estado de Exteriores, Richard von Kühlmann, y por el general Max Hoffmann, quien tenía prisa por firmar la paz para acercar a sus tropas al frente occidental antes de la llegada del ejército estadounidense. Los rusos, en cambio, estaban dispuestos a seguir luchando para no ceder Polonia oriental, Lituania y Ucrania, tal como exigían los alemanes, así que las negociaciones se estancaron hasta principios de 1918.
Pero mucho antes de que todo esto sucediera, a principios de 1918, Alemania se sentía invencible. Rusia se había retirado de la contienda tras la firma del tratado de Brest-Litovsk con los alemanes y el estallido la revolución bolchevique. Y aunque Estados Unidos participaba ya en el conflicto, el alto mando norteamericano enviaba muy pocos efectivos a Europa. Así pues, el 21 marzo de 1918, el ejército alemán lanzó la Ofensiva de la Primavera (Kaiserslacht) y consiguió adentrarse en territorio enemigo. Su objetivo era llegar hasta París y derribar el Gobierno francés.
Sin embargo, británicos y franceses resistieron bien el empuje alemán, y en pocos meses los germanos empezaron a perder su ventaja numérica. Contra todo pronóstico el Imperio alemán se encontraba al borde del colapso: los suministros no llegaban al frente, la población civil pasaba hambre y sus soldados se negaban a cumplir órdenes o simplemente desertaban. Lo dramático de la situación obligó al general Erich Ludendorff a trasladar a sus superiores, con absoluto desánimo, que la guerra estaba perdida.
En 1917, y con el fin de subir la moral de las exhaustas tropas que combatían en el frente, el gobierno ruso autorizó la creación de una unidad militar formada únicamente por mujeres, que fueron enviadas al frente para combatir contra los alemanes.
PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Erick Quintanilla
Created on November 30, 2023
Start designing with a free template
Discover more than 1500 professional designs like these:
View
Advent Calendar
View
Tree of Wishes
View
Witchcraft vertical Infographic
View
Halloween Horizontal Infographic
View
Halloween Infographic
View
Halloween List 3D
View
Magic and Sorcery List
Explore all templates
Transcript
Primera Guerra Mundial 28 jul 1914 – 11 nov 1918
CAUSAS
SUCESOS
PAISES AFECTADOS
El asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austro-húngara, y de su esposa, la archiduquesa Sofía, en Sarajevo el 28 de junio de 1914, dio inicio a las hostilidades, que comenzaron en agosto de 1914, y continuaron en varios frentes durante los cuatro años siguientes.
Alemania y Rusia registraron la mayor cantidad de muertes de militares: aproximadamente 1.773.700 y 1.700.000, respectivamente. Francia perdió el 16% de sus fuerzas movilizadas, la tasa de mortalidad más alta en relación con las tropas desplegadas
La principal razón hay que buscarla en la rivalidad económico-colonial que en aquella época existía entre las grandes potencias, así como en las reivindicaciones nacionalistas por parte de Alemania, la cual consideraba que debía ejercer un papel aún más hegemónico a nivel mundial debido a su elevado desarrollo industrial. En aquellos momentos, Europa era el centro económico, político y cultural del mundo. Sin embargo, el Viejo Continente parecía no compartir los mismos objetivos. Francia, Gran Bretaña y Alemania competían entre ellas por ser líderes industriales en Europa a pesar de la incuestionable ventaja alemana. Por su parte, Rusia, los imperios austrohúngaro y otomano y las pequeñas naciones balcánicas habían empezado a modernizarse a pesar de que la mayoría de su población aún vivía de la agricultura.
Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, entre el 28 de junio y el 6 de agosto de 1914 tuvo lugar lo que ha dado en conocerse como Crisis de Julio, un período en el que las principales potencias europeas (el Imperio austrohúngaro, Alemania, Rusia, Francia y el Reino Unido) llevaron a cabo diversas iniciativas diplomáticas para evitar males mayores, pero que terminó con el estallido de la Gran Guerra. Finalmente, y con el convencimiento de que funcionarios del Gobierno serbio estaban implicados en el complot para asesinar al archiduque, el 23 de julio de 1914 el Gobierno austrohúngaro dio un ultimátum a Serbia en el que, a sabiendas, le exigía diez demandas imposibles de aceptar y que justificarían una declaración de guerra.
Así, en diciembre de 1914, tras casi medio año de guerra, los contendientes seguían peleando con dureza en los campos de batalla de Bélgica y de Francia. Ocultos en sus trincheras anegadas por la lluvia e infestadas de ratas, prácticamente sin provisiones y muchos de ellos enfermos, los alemanes y los británicos luchaban por una franja de tierra en la que día a día se iban acumulando los cuerpos de los camaradas abatidos a tiros. Sin prácticamente saber ni en que día estaban, llegó la Nochebuena de 1914 y en varios puntos puntos del Frente Occidental los soldados alemanes instalaron árboles iluminados en el interior de sus trincheras, algo que los soldados británicos acabaron por imitar. Aquel alto el fuego espontáneo, llevado a cabo por unos jóvenes que echaban de menos su hogar y a sus familias y que solo querían volver a casa, se conoció como la Tregua Navidad de la Primera Guerra Mundial.
El tiempo fue pasando, y a principios de 1915 ambos bandos construyeron complejas líneas de trincheras que recorrían serpenteantes los cientos de kilómetros de frente. Las defensas se mejoraron con alambre de espino, un obstáculo que frenaba los avances masivos y que ninguno de los contendientes lograría penetrar de manera decisiva. Al quedar protegidos del alcance de las ametralladores enemigas, la capacidad armamentística (morteros, lanzagranadas, lanzallamas), muy especialmente en cuanto a artillería pesada se refiere, se convirtió en la dueña incontestable del campo de batalla. Con todo, los altos mandos no lograron desarrollar una táctica que pudiese romper las posiciones enemigas sin dejar tras de sí un reguero de muertos en las propias filas. Pero con el tiempo, se lograría producir nuevas armas ofensivas como los carros de combate o el gas venenoso, elementos que darían una vuelta de tuerca al desarrollo de la Primera Guerra Mundial.
Mientras tanto, en el frente, a medida que la guerra de trincheras iba avanzando, ambos bandos empezaron a evaluar sus opciones de victoria. El encargado de supervisar las operaciones alemanas era el jefe del Estado Mayor Erich von Falkenhayn, que prefería concentrarse en ganar la guerra en el frente occidental ya que consideraba que se podía conseguir la paz por separado con Rusia. Aquel enfoque contrastaba con el del general Paul von Hindenburg, que deseaba, por el contrario, dar un golpe decisivo en el este. A pesar de ello, Falkenhayn planificó una operación contra Ypres, una ciudad situada en el oeste de Bélgica, que tenia que dar comienzo en el mes de abril. Falkenhayn buscó desviar la atención del enemigo durante el movimiento de tropas hacia el este y asegurar de este modo una posición más dominante en Flandes, así como probar una nueva arma: el gas venenoso. Aunque los gases lacrimógenos ya se habían utilizado contra los rusos en enero en la batalla de Bolimov, en la segunda batalla de Ypres hizo su debut el letal gas de cloro.
Así, unos días antes de que el Lusitania, el mayor y más lujoso transatlántico del momento se hiciera a la mar, la embajada alemana había publicado en varios periódicos norteamericanos el siguiente anuncio: "Se recuerda a los viajeros que tengan la intención de cruzar el Atlántico que existe el estado de guerra entre Alemania y sus aliados y Gran Bretaña y sus aliados; que la zona de guerra incluye las aguas adyacentes a las islas británicas y que, según advertencias formales del Gobierno Imperial Alemán, los barcos que lleven la bandera de Gran Bretaña, o de cualquiera de sus aliados, son susceptibles de ser destruidos en estas aguas y que los pasajeros que viajen a la zona de guerra en barcos de Gran Bretaña o de sus aliados lo hacen por su cuenta y riesgo".
Durante la Primera Guerra Mundial se vivieron muchas situaciones límite, sobre todo en las trincheras que, como una cicatriz, recorrían el Viejo Continente. Un ejemplo del horror que se vivió en ellas es Verdún, un municipio francés situado en el departamento del Mosa, en la región del Gran Este. El mensaje que un joven soldado alemán llamado Johannes Has dirigió a sus padres desde una de las trincheras del ejército germano es bastante clarificador al respecto: "Queridos padres, estoy acostado en el campo de batalla y tengo una bala en el vientre. Creo que me estoy muriendo". El 18 de diciembre de 1916 marcaría el final de aquella terrible carnicería, que había dado comienzo nueve meses atrás, el 21 de febrero de 1916. En aquel triste escenario, en las trincheras donde tantos jóvenes vivieron y murieron, ahora reina el silencio, convertidas en ejemplo de lo que nunca más debería volver a pasar.
Mientras tenían lugar aquellos cruentos acontecimientos, y aunque Estados Unidos se había declarado neutral ante el conflicto europeo, Edmund Louis Gros, director médico de la American Field Service (AFS), y Norman Prince, un famoso piloto norteamericano y expatriado en Francia, propusieron al Gobierno francés la posibilidad de crear un escuadrón de pilotos estadounidenses que hiciera frente a la aviación alemana. Aquella propuesta tenía como telón de fondo la posibilidad de que sus acciones hiciesen cambiar de opinión al pueblo norteamericano para que dejasen de lado su neutralidad y el país entrara de una vez por todas en la guerra.
El año 1916 marcaría un punto de inflexión en el devenir de la Primera Guerra Mundial. El 1 de julio de ese año, el ejército británico libró su primera gran batalla en el frente occidental. Hasta aquel momento, las tropas británicas habían combatido en sectores restringidos y con la ayuda del ejército francés, que por aquel entonces luchaba denodadamente en la batalla de Verdún y que insistió en que sus aliados debían dar un paso al frente. Algo que acabó sucediendo. Numerosos historiadores consideran que de entre todas las grandes batallas de la Primera Guerra Mundial (Marne, Verdún, Gallípoli o Tannenberg), tal vez la batalla de Somme sea una de las más sangrientas e inútiles de todo el conflicto, e incluso también de la historia. La razón de esta ofensiva fue aliviar la presión alemana sobre los franceses en Verdún, donde se estaba combatiendo encarnizadamente desde el mes de febrero.
En 1917, con el conflicto en plena ebullición, estalló la Revolución Rusa que terminaría con los bolcheviques liderados por Vladimir Lenin haciéndose con el poder. Pero antes de todo ello, los hombres de Lenin tuvieron que librar una guerra civil contra los revolucionarios más moderados, que si bien se oponían al gobierno autocrático zarista, no veían con buenos ojos el programa comunista para dirigir el país. Con la necesidad de centrar sus esfuerzos en el interior, Lenin decidió buscar la paz con los imperios centrales, algo que Alemania vio como una oportunidad para pacificar el frente oriental y centrar sus esfuerzos en el occidental. Para tal fin se escogió la ciudad de Brest-Litovsk (en la actual Bielorrusia), cerca de la frontera con Polonia, donde dieron inicio las conversaciones el 3 de diciembre de 1917. El objetivo era que Rusia se retirase de la guerra. Rusia, ahora en manos de los revolucionarios, envió a Brest-Litovsk al por entonces comisario del pueblo para Asuntos Exteriores, León Trotski, y al diplomático y revolucionario Adolph Joffe. La delegación alemana estaba encabezada por el secretario de Estado de Exteriores, Richard von Kühlmann, y por el general Max Hoffmann, quien tenía prisa por firmar la paz para acercar a sus tropas al frente occidental antes de la llegada del ejército estadounidense. Los rusos, en cambio, estaban dispuestos a seguir luchando para no ceder Polonia oriental, Lituania y Ucrania, tal como exigían los alemanes, así que las negociaciones se estancaron hasta principios de 1918.
Pero mucho antes de que todo esto sucediera, a principios de 1918, Alemania se sentía invencible. Rusia se había retirado de la contienda tras la firma del tratado de Brest-Litovsk con los alemanes y el estallido la revolución bolchevique. Y aunque Estados Unidos participaba ya en el conflicto, el alto mando norteamericano enviaba muy pocos efectivos a Europa. Así pues, el 21 marzo de 1918, el ejército alemán lanzó la Ofensiva de la Primavera (Kaiserslacht) y consiguió adentrarse en territorio enemigo. Su objetivo era llegar hasta París y derribar el Gobierno francés.
Sin embargo, británicos y franceses resistieron bien el empuje alemán, y en pocos meses los germanos empezaron a perder su ventaja numérica. Contra todo pronóstico el Imperio alemán se encontraba al borde del colapso: los suministros no llegaban al frente, la población civil pasaba hambre y sus soldados se negaban a cumplir órdenes o simplemente desertaban. Lo dramático de la situación obligó al general Erich Ludendorff a trasladar a sus superiores, con absoluto desánimo, que la guerra estaba perdida.
En 1917, y con el fin de subir la moral de las exhaustas tropas que combatían en el frente, el gobierno ruso autorizó la creación de una unidad militar formada únicamente por mujeres, que fueron enviadas al frente para combatir contra los alemanes.