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HISTORIA

Jezabel Pulido rueda

Created on November 23, 2023

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los sectores pioneros

La aparición de la fábrica como lugar de producción

Durante el Antiguo Régimen, la demanda local o regional estaba cubierta por pequeños talleres artesanales. Cada taller se componía de un maestro que, junto a cuatro o cinco artesanos especializados, realizaban su trabajo utilizando una variada gama de herramientas manuales y vendían después el producto en su propio establecimiento. En la segunda mitad del siglo XVIII, estos talleres se vieron desbordados por el crecimiento demográfico y comercial, y fueron incapaces de responder ante la nueva demanda comercial. Al mismo tiempo, se generalizaba el uso de la máquina de vapor, el empleo de nuevas técnicas (hilado, trenzado, laminación, pudelado...), la concentración de obreros y la división del trabajo

La industria del algodón

El aumento de la población y la mejora del nivel de vida a lo largo del siglo XVIII provocaron una demanda creciente de tejidos de algodón, conocidos como "indianos". Para responder a este aumento de la demanda era necesario inventar un nuevo proceso de producción que permitiera agilizar algunas de las operaciones de hilado o de tejido

Buena parte de esa producción se basaba en el llamado sistema doméstico. Precisamente la industrialización significará el paso de la producción artesanal en el ámbito doméstico mediante la utilización de herramientas o máquinas muy sencillas a la producción en grandes factorías

En 1733 John Kay patentó la lanzadera volante, un telar que aumentaba la velocidad del tejido y la anchura de las piezas, permitiendo a un sólo obrero fabricar piezas más grandes.

En 1765, James Hargreaves desarrolló la spinning-jenny, una máquina de hilar capaz de producir ocho hilos a la vez. La nueva herramienta multiplicaba la capacidad de producción de los hiladores, aunque aún utilizaba como energía la fuerza humana.

En 1785, Edmon Cartwright puso a punto un telar mecánico movido por vapor, que aumentó de manera extraordinaria la producción y, en 1830, Richard Roberts desarrolló el primer telar automático conocido con el nombre de selfactina.

La industria siderúrgica

Antes de la Revolución Industrial, la metalurgia europea se encontraba en un estado primitivo, utilizando carbón vegetal como fuente de energía y fuelles movidos a mano o por energía hidráulica. Esta situación cambió considerablemente con el desarrollo de la nueva tecnología.

A principios de siglo XVIII, el herrero Abraham Darby dio un gran impulso a la industria siderúrgica, al conseguir la fundición de hierro con carbón de coque (escoria mineral de hulla), en lugar de carbón de madera, en un alto horno. De esta forma se eliminaban las impurezas en forma de gas.

En 1784, Henry Cort descubrió los procesos de pudelado y laminación, lo que permitiría aumentar la producción de hierro forjado y facilitaba su manipulación. Posteriormente, Bessemer inventó el convertidor que insuflaba aire durante la fundición, obteniendo de esta forma un acero más flexible y de mayor calidad.