Las aventuras de <<La mano negra>>
¿Nos ayudas a resolver los misterios?
LA CASA MISTERIOSA
Introducción
El tacón en la pared
La ratonera
Una señal segura
El gabinete del señor X
Ojeada al escaparate
El mensaje sin hilos
La vítola dorada
Aterrizaje forzoso
Huida al canal
El sello falso de 50 rupias
En la trampa
EL TESORO EN EL LAGO DE LOS CASTORES
Visita nocturna
La entrada de cine
El comando volante
La pista del tejado
El gabinete del señor X
Ojeada al escaparate
La puerta cerrada
La vítola dorada
Aterrizaje forzoso
Huida al canal
El sello falso de 50 rupias
En la trampa
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El inspector de 'policía Faraldo caminaba
lentamente por la calle del Canal cuando se
detuvo ante el portal número 49 y observó un
papel amarillento en el marco de la puerta. Era
la hoja de un cuaderno escolar con la huella
negra de una mano. El policía meneó la cabeza
sonriendo y murmuró en voz baja: «¡Ah! La
juventud de hoy es capaz de cualquier cosa».
Pensó en una pandilla que se llamaba «la
mano negra» y que había perseguido con éxito
a algunos rateros. En esa casa, después de subir setenta y dos
crujientes escalones, justo debajo del palomar,
estaba el aeropuerto. Allí se reunía «la mano negra
», generalmente después del colegio. Félix,
el jefe, con su trompeta; Adela, la astuta muchacha; Rollo, con su jersey de rayas; Kiki c. a. y su asidua acompañante, la ardilla (<<c. a.» significa «con ardilla»).Las aventuras de «la mano negra» habían comenzado un año antes en el aeropuerto. En este libro verás cómo se hicieron detectives aquellos chicos. Busca la solución en cada dibujo y anótala en un papel siempre que hayas acertado. Encontrarás la respuesta en el texto de la página siguiente. Lee texto y dibujos con atención y cuando termines el libro, suma todos los aciertos. En la página 187 tienes la clave para poder evaluar si eres un buen detective o ... si necesitas afinar tus dotes de observación
LA CASA MISTERIOSA
1. Una señal segura Durante una hora «la mano negra» estuvo
tranquila en el aeropuerto haciendo los deberes.
Rollo mordía su estilográfica y miraba pensativo
a través de los cristales sucios. Sonó un «crac», Kiki c.a. partió una avellana
a su ardilla y escupió las cáscaras en una
lata de conservas vacía. Rollo arrugó la frente. - ¿Alondra se escribe con h o sin h? -murmuró. - Eso depende de si es gris o verde -contestó
Adela, y se echó a reír. - Yo, naturalmente, pienso en un pájaro
como el de arriba, en el... ¡Caramba! ¡No es posible! -Rollo limpió el cristal de la ventana. -¿Qué no es posible? -preguntó Félix.
-Que ahí enfrente viva alguien -contestó Rollo-. ¡Si la casa está vacía desde hace tres años! Toda «la mano negra» se precipitó hacia la ventana. -Pero si todo el mundo sabe que en el chalé de enfrente sólo viven unas cuantas ratas -exclamó Kiki c. a.-. Mirad, las ventanas y las puertas están atrancadas. -Déjame ver. -y Adela apretó la nariz contra los cristales de la ventana. Después de un rato dijo-: Yo creo que Rollo tiene razón, realmente en esa casa vive alguien. ¿Qué demostraba que había alguien en la casa misteriosa?
2. El tacón en la pared.
Para «la mano negra» la cosa estaba clara: en la casa misteriosa había una persona, según lo demostraba la chimenea humeante. Por ello, comenzaron a investigar sin descanso. Y cinco días más tarde la perseverancia tuvo su recompensa. Por la tarde, Adela vio desde la ventana de el aeropuerto cómo una figura masculina saltabala valla del atracadero de los botes. A la mañana siguiente, antes de ir al colegio, «la mano negra» se reunió para examinar a fondo la valla. -¿ Veis ahí? -exclamó Kiki c. a. inmediatamente.
-Yo no veo nada -dijo Félix.
Kiki c. a. colocó su ardilla encima de la valla, que en un instante bajó disparada por una planta trepadora y atrapó un objeto redondo. -¡Eh! -gritó Rollo-. Pero ¡si esto es el tacón de un zapato! -¡Escuchad todos! -ordenó Félix-. Ahora estamos buscando a un hombre al que le falta el tacón de un zapato. Ya de camino hacia la escuela, «la mano negra» comenzó la búsqueda. Adela, que iba con su cartera, exclamó de pronto: -¡Anda! Ése es el hombre.
Y por la tarde informaba al resto de la pandilla:
-Ya veréis, por sus pantalones le reconoceremos.
¿Qué clase de pantalones llevaba el hombre al que le faltaba un tacón en el zapato?
3. La ratonera «La mano negra» se sentó en el aeropuerto y oyó con gran interés la información de Adela. -Ahora sabemos que el hombre sin tacón lleva un pantalón a cuadros -dijo Félix. -Pero no conocemos todavía su cara -replicó Rollo-. Si entramos en la casa le atraparemos. Cada uno de nosotros que no pierda de vista una puerta. -¿y las ventanas? -preguntó Adela.
-Naturalmente también hay que vigilarlas -dijo Félix. Tres minutos más tarde estaban todos en sus puestos. Félix vigilaba la puerta delantera, Rollo controlaba el lado del canal, Adela estaba junto a la puerta del jardín y miraba la calle a través de dos agujeros que había hecho en el periódico. Kiki c. a. se había disfrazado de enano y estaba, como si fuera de yeso, en medio de las ortigas que le llegaban hasta las rodillas. Ni siquiera un ratón habría podido deslizarse por la parte de atrás sin ser visto por él. Pasaron dos horas y nadie intentó entrar en la casa. «No hay nada más aburrido para un detective que vigilar a alguien», pensaba Rollo, y bostezaba. «¡Ah!, ¡caramba! - se le ocurrió de pronto a Kiki c. a.-, el individuo lleva todo este tiempo en la casa. Sin duda hay una entrada secreta, ¡y qué astutamente está camuflada!» ¿Dónde estaba la entrada secreta?
4. El mensaje sin hilos Kiki c. a. acababa de descubrir la cara del hombre, cuando se cerró bruscamente la tapa de la entrada secreta. «La mano negra» corrió agachada al cuadro de tulipanes. Rollo olió una de las flores. -Es artificial-dijo.
-Levanta la tapa -ordenó Adela-, yo bajaré. Veremos adónde conduce la ratonera. -¿Y si te pasa algo? -preguntó Kiki c. a.
Adela levantó su bolsa.
-Para casos de emergencia llevo conmigo a Isolde 13. Isolde 13 era la mejor paloma mensajera de «la mano negra». Poco después, Adela había desaparecido por la entrada secreta. Se arrastró con precaución a lo largo del pasadizo y llegó a una habitación oscura que tenía una puerta pequeña. Miró alrededor con curiosidad, pero antes de que hubiese podido descubrir algo anormal oyó un ruido. Escribió rápido en un papel: «Estoy en la casa, escondida en una arca. Saludos. Adela». Luego hizo volar por la chimenea a Isolde 13 con el mensaje. -¿Y dónde estará Adela? -dijo Félix, y miró el reloj-o Ya hace once minutos que está abajo, esperemos que no le haya pasado nada. -¡Vamos! -gritó Rollo-, veamos en el palomar si ha llegado algún mensaje. Poco después estaban todos en el palomar.
_. En efecto, Isolde 13 está ya aquí ~Dijo Félix. ¿En qué reconoció Félix a Isolde 13?
5. El gabinete del señor X Después de que Félix hubiese leído el mensaje sin hilos de Adela, Rollo quiso limpiar a Isolde del hollín con que se había tiznado en su vuelo por la chimenea, pero Félix se negó. -Déjalo. Ya se limpiará ella solita.
-Exacto -dijo Kiki c. a.-, mi ardilla siempre se limpia sola. -¿ Qué puede estar haciendo ahora Adela? -dijo Rollo. Adela seguía en la casa misteriosa. Y en este momento levantaba con precaución la tapa del arca en la que se había ocultado y miraba alrededor. Todo estaba tranquilo. «La puerta», pensó de pronto Adela mirando por una rendija, a través de la cual llegaba un débil resplandor. En seguida, se colocó ante la puerta y aplicó el ojo a la cerradura. Contuvo la respiración. A pocos pasos, delante de ella, estaba sentado el desconocido. Vio que su cuerpo se inclinaba sobre una mesa y que el hombre observaba atentamente lo que tenía ante él. Unos minutos más tarde la puerta de el aeropuerto se abrió bruscamente y apareció Adela. «La mano negra» saltó de alegría, celebrando su vuelta, sana y salva. -He tenido suerte, muchachos -exc1amó-.Imaginaos que he descubierto en qué se ocupa el señor X. ¿Cuál podía ser la ocupación del señor X?
6. La vitola dorada . . . . -¡Muy curioso! -aclaró Félix-. Así que el señor X se dedica precisamente a los sellos. -Yo misma lo he visto -dijo Adela-, y también os he traído esto. Abrió una caja de pastillas para la tos.
-¡Caramba! -exclamó Rollo-. ¿De dónde has sacado esa colilla de puro? -La encontré en la entrada secreta -hizo saber Adela con satisfacción. «La mano negra» comenzó en seguida a inspeccionar la colilla. -Tiene que ser una marca cara -dijo pensativo Félix-. Puros con vitola dorada sólo los fuma mi padre en las grandes solemnidades.
-¿Fuma también Don Carlos? -preguntó Kiki c. a. -No. ¿Por qué?
-Porque tenemos que averiguar dónde ha comprado el señor X los puros. Toda la tarde estuvo buscando «la mano negra» la tienda en que se vendían Don Carlos. Pero en vano. También a la mañana siguiente, durante el recreo, estuvieron inspeccionando con los ojos bien abiertos. Rollo examinó incluso la colilla que el profesor Schmidt había tirado por la ventana del cuarto de profesores. Entonces Félix hizo una señal con su trompeta. «La mano negra» se reunió a su alrededor y Félix les susurró: -¡Ya sé dónde venden Don Carlos!
¿ Dónde vendían Don Carlos?
7. Ojeada al escaparate ... «Don Carlos sólo en Casa Gálvez», había leído Félix en un coche que pasaba. Por la tarde se reunió «la mano negra» en el aeropuerto y se dedicó a buscar en la guía telefónica. Era asombroso los Gálvez que había en la ciudad. Incluso apareció una Eulalia Gálvez que era pintora de porcelana. -¡Aquí está! -gritó Félix-. Casa Gálvez, Tabacos, calle Federico, 12. -¡Al trote, al trote! -ordenó Rollo.
Pero Adela movió la cabeza.
-¡Despacio, joven! -exclamó ella-o ¿Qué vamos a hacer exactamente en Casa Gálvez? -¡Buscar huellas! -contestó Félix.
-¿Qué clase de huellas? -preguntó Adela-o Sabemos que el señor X fuma Don Carlos. Pero ¿eso es algo extraordinario? Habrá mucha gente que fume Don Carlos. -Pero tú nos has dicho que el señor X también se dedica a la filatelia.
-Exacto -repuso Adela.
-Entonces todo está claro -dijo Félix-. Tenemos que comprobar si Casa Gálvez tiene
algo que ver también con los sellos.
Media hora más tarde la pandilla estaba delante del escaparate de la tienda de Gálvez. Había puros en grandes cantidades, pero ningún sello.
-¡Cómo que no! -gritó de pronto Kiki c. a. todo nervioso-o ¡Mirad, allí hay un sello! ¿ Qué clase de sello era?
8. El sello falso de 50 rupias El sello de cincuenta rupias de Zanzíbar que había en el escaparate acaparó la atención de «la mano negra» durante bastante tiempo. -¿Por qué sólo los venderán de este precio? -dijo Rollo-. ¿Quizá es que han comprado muchos? ¿Qué pensáis vosotros? Al día siguiente, Adela decía en el aeropuerto:
-Pero ¡hombre, es imposible!
-¿Qué? -preguntó Félix.
-Que alguien tenga gran cantidad de sellos de cincuenta rupias de Zanzíbar. -¿ Quién dice eso?
-Mi padre, que en sus ratos libres colecciona sellos -contestó Adela-. Yo creo que es un experto. -Lo creemos -exclamó Rollo, que acababa de entrar agitando un periódico-. ¡Leed! «La mano negra» leyó en voz alta un titular: -«Falsificador de sellos». y veintidós minutos más tarde estaban ante la casa del señor X. Al llegar, vieron que salía humo de la chimenea y por el aire revoloteaban papelillos quemados. Kiki c. a. recogió uno que sólo estaba chamuscado: era un sello de Zanzíbar de cincuenta rupias. -¡Un momento! -dijo Adela. Sacó de su cartera un catálogo de sellos y buscó-. Aquí hay un sello de Zanzíbar de cincuenta rupias.
Kiki c. a. lo comparó con el sello chamuscado y exclamó: - . Le falta algo. Parece falsificado.
¿ Qué le faltaba al sello falsificado?
9. Huida al canal -Pero si al sello le falta la bandera del barco no se podrá vender -dijo Félix. -Naturalmente que no -aclaró Adela-. Por eso precisamente los está quemando. Hay un error de impresión. Ahora se largará con las falsificaciones bien hechas. -Eso es lo que tenemos que evitar -dijo Rollo. «La mano negra» se distribuyó alrededor de la casa y vigiló todas las salidas. Pero los minutos pasaban y nadie se movía. De pronto sonó un toque de trompeta y Adela, Rollo y Kiki c. a. se precipitaron hacia el puente. -¡Se ha marchado! -les gritó Félix-. Va por la orilla como un rayo. Lleva un maletín de hojalata. Adela reflexionó brevemente.
-Seguro que quiere marcharse a Australia. Tenemos que ir al puerto. Cuando «la mano negra» desembocó jadeante en la calleja del puerto vio al individuo que bajaba corriendo la escalera del embarcadero con el brillante maletín en la mano. Corrieron tras él, pero llegaron demasiado tarde. La pasarela estaba vacía, y en el pequeño quiosco tampoco se veía al señor X. -Quizá se haya zambullido en el agua -opinó Rollo. -Pero, por lo menos, su sombrero tendría que flotar -dijo irónicamente Kiki c. a.-. Yo creo más bien que su sombrero está en un sitio muy distinto. ¿ Dónde estaba el señor X?
10. En la trampa Kiki c. a. notó que el señor X, falsificador de sellos, se había metido en un bote, al ver que uno de ellos estaba más hundido en el agua que los otros. El resto de «la pandilla» también lo descubrió, pero sólo cuando el individuo cortó la cuerda del bote y salió a toda velocidad. -Tarará, tararí -tocó Félix con su trompeta.
Eso significaba «tras él». La pandilla corrió a la calleja del puerto y cruzó el puente para pasar a la otra orilla del canal. El hombre acababa de saltar del bote y estaba doblando la esquina a todo correr. Rollo aún tuvo tiempo de ver cómo entraba en una obra de la calle del Pinar. Luego desapareció. «La mano negra» se subió a un montón de arena. -<Aunque en realidad el individuo se nos haya escapado, siempre podremos proporcionar a la policía una descripción completa de él - dijo Kiki c. a. -Eso no es difícil-dijo Adela-, pantalón de cuadros, chaqueta negra, corbata de rayas. -Luego contuvo la respiración y susurró-: Rollo, vuela al próximo teléfono y marca el 110 -Uno-uno-cero -repitió Rollo.
-La policía debe enviar tres coches patrulla. ¿Está claro? -No, nada. ¿Por qué tres coches?
-Porque el señor se ha metido en una trampa. ¡A toda marcha, joven! ¿ Cómo reconoció Adela el escondrijo del señor X?
11. Aterrizaje forzoso Si la policía no hubiese llegado con la sirena tan fuerte, el falsificador de sellos se habría quedado en la hormigonera. Pero «la mano negra» vio cómo el señor X volaba con su maletín de hojalata colgando desde el tambor de las mezclas y desaparecía por encima del muro en un salto de tigre. -¡Ay! -dijo Adela-. Ése se va a hacer daño. Pero el señor X no se lastimó lo más mínimo, hizo un aterrizaje forzoso en un montón de estiércol. -¡Éste huele mal! -dijo el inspector Faraldo, cuando poco después corrió a la granja al mando de tres dotaciones de coches patrulla. Sujetó fuertemente al señor X, a pesar de sus protestas. -¿Desde cuándo está prohibido oler a estiércol de vaca? ¡Déjeme! -¡Usted ha falsificado sellos! ¿Dónde están?
El hombre no respondió una palabra. Mientras tanto, los policías inspeccionaron todo el terreno. Pero no encontraron nada. Ya iban a dejar al individuo en libertad, cuando «la mano negra» apareció. -¿Quiénes sois vosotros? -preguntó el inspector con severidad. -Somos «la mano negra» -respondió Félix cortésmente-. ¿Le podemos mostrar dónde está el maletín con los sellos falsos? ¿Dónde suponía Félix que estaba el maletín?
El tesoro en el lago de los Castores 1. Visita nocturna Eran las 11.45 cuando la puerta de la comisaría número 11 se abrió bruscamente y entró una señora. -¡Señor agente! - exclamó - ¡Venga usted conmigo! La noche pasada me han robado las joyas.
-Siéntese usted ahí -dijo el inspector FaraIdo, y se dirigió de nuevo a «la mano negra» -: «... nosotros mostramos entonces al agente que el maletín desaparecido estaba colgado en el pozo y que contenía los sellos falsificados, ¿no?». Todos asintieron con la cabeza. -Entonces, firmad la declaración.
-Señor agente, ¿no puede usted enviar a alguien? -preguntó la señora desde el fondo. -Están todos fuera, señora... ¿Cuál es su nombre? -Lidia Acosta.
-Antes de nada tiene usted que poner una denuncia. Cuando diez minutos más tarde la señora Acosta abandonó la comisaría, «la mano negra» la esperaba fuera, en la escalera, y Félix le dijo: -No se preocupe usted, señora Acosta, nosotros la ayudaremos. Poco después estaban en el lugar de los hechos.
-¡Caramba, vaya desorden - dijo Adela - Pero por lo menos sabemos a qué hora estuvo aquí. ¿ Cómo sabía Adela la hora en que había ocurrido?
2. La pista del tejado -El reloj de péndulo de la señora Acosta está parado exactamente cinco minutos después de medianoche - hizo saber Adela - El malhechor buscaba probablemente la caja fuerte. La señora Acosta les ofreció bombones rellenos.
- y el individuo entró en la vivienda por el balcón -aseguró Félix-. Mirad, hay un cristal roto. «La mano negra» salió al balcón y lo inspeccionó a fondo. -No hay la más mínima huella -constató Rollo, y examinó el canalón con una lupa. -Luego, nuestro hombre tiene que haber subido por el tejado -conjeturó Félix. Kiki c. a. acarició a su ardilla y le dijo en voz baja: -Esto es trabajo tuyo, amiguita.
Luego la hizo subir hacia el tejado. Pasado un rato, la ardilla volvió por el canalón, entre las patas sostenía algo. -¡Hombre, una entrada de cine! -gritó Rollo-. Esto es una pista. Adela se ladeó la trenza izquierda y dijo:
-Tenemos que averiguar qué película ha visto. «La mano negra» buscó un periódico y estudió detenidamente la cartelera. Félix fue el primero en descubrirlo. -Ese individuo ha elegido una película bastante extravagante -dijo, golpeándose en la rodilla. ¿Cuál era el título de la película?
3. La entrada de cine La película se llamaba Grandes bolsillos, dedos largos. Adela, con la entrada de cine en la mano miró el reverso y exclamó: -¡Mirad!
La pandilla leyó a coro: «amil».
-Esto es parte de un nombre -observó Félix-. El sospechoso había reservado la entrada. -y esto significa - prosiguió Adela nerviosa - que va con frecuencia a ese cine. A la noche siguiente, «la mano negra» estaba ante la taquilla del cine Palace. En cualquier momento tenía que ir alguien a pedir una entrada a nombre de «ami!». Pero el único que llegó fue el portero para echarlos. -Somos «la mano negra», señor -dijo Adela. -¿Sois «la mano negra» de la que hablaron los periódicos? -preguntó el portero. -Efectivamente -dijo Adela orgullosa.
En seguida todos estuvieron bajo la protección personal del portero del cine. Por fin, a la tercera noche hubo suerte. Un hombre y una mujer con traje de motoristas se acercaron a la taquilla. -Las entradas para Villamil, por favor. Gracias al portero «la mano negra» consiguió cuatro asientos en la primera fila. -Tenemos que seguir la pista al sospechoso -dijo Félix. -¿ Tenéis idea de dónde están sentados?
Después de media hora Kiki c. a. susurró:
-¡Allí están!
¿En qué fila estaban sentados los sospechosos?
4. El comando volante Después de que «la mano negra» reconociese al conductor de la moto y a la mujer en la sexta fila, abandonó la sala para deliberar fuera. -Tenemos que averiguar dónde vive Villamil- dijo Rollo. -¿Y cómo? -preguntó Adela.
-Le seguiremos con nuestras bicicletas. Y dicho esto, se apostaron en las tres salidas, mientras Félix observaba también las motos que estaban en el aparcamiento. Poco después de las 20.30 la gente abandonó el cine. Minutos más tarde la trompeta de Félix daba la señal convenida para montarse en las bicicletas. «La mano negra» desembocó en la calle de la Sardina y corrió detrás de la moto. Pero Villamil iba a toda marcha y en una calle lateral le perdieron de vista. Aún se oía el motor, pero de pronto se calló. -¡Se ha parado! - grito Félix -, ¡ahora buscaremos la moto! La matrícula es PXE-1314. Minutos más tarde encontraron la moto en la calle del Trino, 28. En seguida examinaron los nombres de los vecinos que figuraban en el panel de timbres del portal. -¡Qué pena! -dijo Adela-, Villamil no aparece. Félix dijo, riendo irónicamente:
-¡OS equivocáis!, Villamil vive en esta casa.
¿Dónde vio Félix el nombre que buscaban?
5. La puerta cerrada. Félix había descubierto el nombre de Villamil en uno de los buzones de la casa. -Ahora tenemos que entrar en la cueva del león -dijo Adela. -Mejor será que lo hagamos con la luz del día -repuso Félix. Cuando a la mañana siguiente la pandilla volvió a la calle del Trino, vio en seguida que la moto había desaparecido. Entraron todos en la casa y descubrieron que Villamil vivía en la buhardilla. Rollo pulsó el timbre. Sonó fuerte, pero nadie salió. Félix quiso mirar por la cerradura. -Está tapada por una cortina -dijo decepcionado.
-¡Déjame ver! -dijo Adela moviendo el picaporte. La llave estaba echada, pero alguien dijo desde dentro: -¡Estoy enfermo! ¡Estoy en la cama! ¡Por favor, no molesten! -Es raro, si tocamos el timbre no contesta nadie -dijo Rollo, intentando girar el picaporte. y nuevamente sonó la voz:
-¡Estoy enfermo! ¡Estoy en la cama! ¡Por favor, no molesten! Rollo tenía ya en la mano una navaja especial de bolsillo con diecisiete accesorios, y en un instante había separado la clavija del picaporte. Quitó una parte, empujó la otra hacia dentro y miró por el agujero. -¡ La cama está vacía! -murmuró asombrado.
Adela miró también y dijo:
-¡Ni huella de Villamil! Sin embargo, yo sé desde dónde habla. ¿ De dónde venía la voz de Villamil?
6. El pájaro voló ...
7. Los hombres rana
8. El collar . . . . . . . .
9. Pisándole los talones
10. Rita guardó el secreto
11. La última puerta . .
El túnel de los traficantes 1. Sucedió a las 17.04
2. El maletín enigmático
3. El agujero en el suelo
4. La llave
5. Buscado y encontrado
6. El secreto postal
7. El encuentro triple
8. Caminos oscuros ...
9. Un hombre extraviado.
10. Hay prisa .... .
11. Un asunto oscuro
12. Un señor elegante .. .
13. El tiempo urge para Aguilar
14. Kilómetro 57 ..... .
15. Obstáculo en la calzada
16. En La Vieja Aduana
17. Un disparo .....
18. Chuchi estaba alerta
Robo en el zoo 1. La foto del lugar de los hechos
2. El brazo largo .
3. Un peine .... .
4. El grito ..... .
5. ¡Aquí está Clara!
6. Investigación por hilo
7. La señora mentía .
8. El señor Heinrich ..
9. Huella reciente ...
10. La trampa de la foto
11. Se busca a J. N ....
12. N oriega se deja ver la cara
13. El buen oído de doña Encarna
14. El hombre de negro
15. Ellumbago . . . . . .
16. Una solemne tontería
17. Debajo de un tilo .
18. El perjurio . . . . . .
19. La última prueba ..
20. El reportero Lozano
Los detectives campeones .
2. El brazo largo
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17. Debajo de un tilo .
18. El perjurio . . . . . .
19. La última prueba ..
20. El reportero Lozano
Los detectives campeones .
Robo en el zoo 1. La foto del lugar de los hechos
2. El brazo largo .
3. Un peine .... .
4. El grito ..... .
5. ¡Aquí está Clara!
6. Investigación por hilo
7. La señora mentía .
8. El señor Heinrich ..
9. Huella reciente ...
10. La trampa de la foto
11. Se busca a J. N ....
12. N oriega se deja ver la cara
13. El buen oído de doña Encarna
14. El hombre de negro
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1. La foto del lugar de los hechos
Las aventuras de la mano negra
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Las aventuras de <<La mano negra>>
¿Nos ayudas a resolver los misterios?
LA CASA MISTERIOSA
Introducción
El tacón en la pared
La ratonera
Una señal segura
El gabinete del señor X
Ojeada al escaparate
El mensaje sin hilos
La vítola dorada
Aterrizaje forzoso
Huida al canal
El sello falso de 50 rupias
En la trampa
EL TESORO EN EL LAGO DE LOS CASTORES
Visita nocturna
La entrada de cine
El comando volante
La pista del tejado
El gabinete del señor X
Ojeada al escaparate
La puerta cerrada
La vítola dorada
Aterrizaje forzoso
Huida al canal
El sello falso de 50 rupias
En la trampa
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El inspector de 'policía Faraldo caminaba lentamente por la calle del Canal cuando se detuvo ante el portal número 49 y observó un papel amarillento en el marco de la puerta. Era la hoja de un cuaderno escolar con la huella negra de una mano. El policía meneó la cabeza sonriendo y murmuró en voz baja: «¡Ah! La juventud de hoy es capaz de cualquier cosa». Pensó en una pandilla que se llamaba «la mano negra» y que había perseguido con éxito a algunos rateros. En esa casa, después de subir setenta y dos crujientes escalones, justo debajo del palomar, estaba el aeropuerto. Allí se reunía «la mano negra », generalmente después del colegio. Félix, el jefe, con su trompeta; Adela, la astuta muchacha; Rollo, con su jersey de rayas; Kiki c. a. y su asidua acompañante, la ardilla (<<c. a.» significa «con ardilla»).Las aventuras de «la mano negra» habían comenzado un año antes en el aeropuerto. En este libro verás cómo se hicieron detectives aquellos chicos. Busca la solución en cada dibujo y anótala en un papel siempre que hayas acertado. Encontrarás la respuesta en el texto de la página siguiente. Lee texto y dibujos con atención y cuando termines el libro, suma todos los aciertos. En la página 187 tienes la clave para poder evaluar si eres un buen detective o ... si necesitas afinar tus dotes de observación
LA CASA MISTERIOSA 1. Una señal segura Durante una hora «la mano negra» estuvo tranquila en el aeropuerto haciendo los deberes. Rollo mordía su estilográfica y miraba pensativo a través de los cristales sucios. Sonó un «crac», Kiki c.a. partió una avellana a su ardilla y escupió las cáscaras en una lata de conservas vacía. Rollo arrugó la frente. - ¿Alondra se escribe con h o sin h? -murmuró. - Eso depende de si es gris o verde -contestó Adela, y se echó a reír. - Yo, naturalmente, pienso en un pájaro como el de arriba, en el... ¡Caramba! ¡No es posible! -Rollo limpió el cristal de la ventana. -¿Qué no es posible? -preguntó Félix. -Que ahí enfrente viva alguien -contestó Rollo-. ¡Si la casa está vacía desde hace tres años! Toda «la mano negra» se precipitó hacia la ventana. -Pero si todo el mundo sabe que en el chalé de enfrente sólo viven unas cuantas ratas -exclamó Kiki c. a.-. Mirad, las ventanas y las puertas están atrancadas. -Déjame ver. -y Adela apretó la nariz contra los cristales de la ventana. Después de un rato dijo-: Yo creo que Rollo tiene razón, realmente en esa casa vive alguien. ¿Qué demostraba que había alguien en la casa misteriosa?
2. El tacón en la pared. Para «la mano negra» la cosa estaba clara: en la casa misteriosa había una persona, según lo demostraba la chimenea humeante. Por ello, comenzaron a investigar sin descanso. Y cinco días más tarde la perseverancia tuvo su recompensa. Por la tarde, Adela vio desde la ventana de el aeropuerto cómo una figura masculina saltabala valla del atracadero de los botes. A la mañana siguiente, antes de ir al colegio, «la mano negra» se reunió para examinar a fondo la valla. -¿ Veis ahí? -exclamó Kiki c. a. inmediatamente. -Yo no veo nada -dijo Félix. Kiki c. a. colocó su ardilla encima de la valla, que en un instante bajó disparada por una planta trepadora y atrapó un objeto redondo. -¡Eh! -gritó Rollo-. Pero ¡si esto es el tacón de un zapato! -¡Escuchad todos! -ordenó Félix-. Ahora estamos buscando a un hombre al que le falta el tacón de un zapato. Ya de camino hacia la escuela, «la mano negra» comenzó la búsqueda. Adela, que iba con su cartera, exclamó de pronto: -¡Anda! Ése es el hombre. Y por la tarde informaba al resto de la pandilla: -Ya veréis, por sus pantalones le reconoceremos. ¿Qué clase de pantalones llevaba el hombre al que le faltaba un tacón en el zapato?
3. La ratonera «La mano negra» se sentó en el aeropuerto y oyó con gran interés la información de Adela. -Ahora sabemos que el hombre sin tacón lleva un pantalón a cuadros -dijo Félix. -Pero no conocemos todavía su cara -replicó Rollo-. Si entramos en la casa le atraparemos. Cada uno de nosotros que no pierda de vista una puerta. -¿y las ventanas? -preguntó Adela. -Naturalmente también hay que vigilarlas -dijo Félix. Tres minutos más tarde estaban todos en sus puestos. Félix vigilaba la puerta delantera, Rollo controlaba el lado del canal, Adela estaba junto a la puerta del jardín y miraba la calle a través de dos agujeros que había hecho en el periódico. Kiki c. a. se había disfrazado de enano y estaba, como si fuera de yeso, en medio de las ortigas que le llegaban hasta las rodillas. Ni siquiera un ratón habría podido deslizarse por la parte de atrás sin ser visto por él. Pasaron dos horas y nadie intentó entrar en la casa. «No hay nada más aburrido para un detective que vigilar a alguien», pensaba Rollo, y bostezaba. «¡Ah!, ¡caramba! - se le ocurrió de pronto a Kiki c. a.-, el individuo lleva todo este tiempo en la casa. Sin duda hay una entrada secreta, ¡y qué astutamente está camuflada!» ¿Dónde estaba la entrada secreta?
4. El mensaje sin hilos Kiki c. a. acababa de descubrir la cara del hombre, cuando se cerró bruscamente la tapa de la entrada secreta. «La mano negra» corrió agachada al cuadro de tulipanes. Rollo olió una de las flores. -Es artificial-dijo. -Levanta la tapa -ordenó Adela-, yo bajaré. Veremos adónde conduce la ratonera. -¿Y si te pasa algo? -preguntó Kiki c. a. Adela levantó su bolsa. -Para casos de emergencia llevo conmigo a Isolde 13. Isolde 13 era la mejor paloma mensajera de «la mano negra». Poco después, Adela había desaparecido por la entrada secreta. Se arrastró con precaución a lo largo del pasadizo y llegó a una habitación oscura que tenía una puerta pequeña. Miró alrededor con curiosidad, pero antes de que hubiese podido descubrir algo anormal oyó un ruido. Escribió rápido en un papel: «Estoy en la casa, escondida en una arca. Saludos. Adela». Luego hizo volar por la chimenea a Isolde 13 con el mensaje. -¿Y dónde estará Adela? -dijo Félix, y miró el reloj-o Ya hace once minutos que está abajo, esperemos que no le haya pasado nada. -¡Vamos! -gritó Rollo-, veamos en el palomar si ha llegado algún mensaje. Poco después estaban todos en el palomar. _. En efecto, Isolde 13 está ya aquí ~Dijo Félix. ¿En qué reconoció Félix a Isolde 13?
5. El gabinete del señor X Después de que Félix hubiese leído el mensaje sin hilos de Adela, Rollo quiso limpiar a Isolde del hollín con que se había tiznado en su vuelo por la chimenea, pero Félix se negó. -Déjalo. Ya se limpiará ella solita. -Exacto -dijo Kiki c. a.-, mi ardilla siempre se limpia sola. -¿ Qué puede estar haciendo ahora Adela? -dijo Rollo. Adela seguía en la casa misteriosa. Y en este momento levantaba con precaución la tapa del arca en la que se había ocultado y miraba alrededor. Todo estaba tranquilo. «La puerta», pensó de pronto Adela mirando por una rendija, a través de la cual llegaba un débil resplandor. En seguida, se colocó ante la puerta y aplicó el ojo a la cerradura. Contuvo la respiración. A pocos pasos, delante de ella, estaba sentado el desconocido. Vio que su cuerpo se inclinaba sobre una mesa y que el hombre observaba atentamente lo que tenía ante él. Unos minutos más tarde la puerta de el aeropuerto se abrió bruscamente y apareció Adela. «La mano negra» saltó de alegría, celebrando su vuelta, sana y salva. -He tenido suerte, muchachos -exc1amó-.Imaginaos que he descubierto en qué se ocupa el señor X. ¿Cuál podía ser la ocupación del señor X?
6. La vitola dorada . . . . -¡Muy curioso! -aclaró Félix-. Así que el señor X se dedica precisamente a los sellos. -Yo misma lo he visto -dijo Adela-, y también os he traído esto. Abrió una caja de pastillas para la tos. -¡Caramba! -exclamó Rollo-. ¿De dónde has sacado esa colilla de puro? -La encontré en la entrada secreta -hizo saber Adela con satisfacción. «La mano negra» comenzó en seguida a inspeccionar la colilla. -Tiene que ser una marca cara -dijo pensativo Félix-. Puros con vitola dorada sólo los fuma mi padre en las grandes solemnidades. -¿Fuma también Don Carlos? -preguntó Kiki c. a. -No. ¿Por qué? -Porque tenemos que averiguar dónde ha comprado el señor X los puros. Toda la tarde estuvo buscando «la mano negra» la tienda en que se vendían Don Carlos. Pero en vano. También a la mañana siguiente, durante el recreo, estuvieron inspeccionando con los ojos bien abiertos. Rollo examinó incluso la colilla que el profesor Schmidt había tirado por la ventana del cuarto de profesores. Entonces Félix hizo una señal con su trompeta. «La mano negra» se reunió a su alrededor y Félix les susurró: -¡Ya sé dónde venden Don Carlos! ¿ Dónde vendían Don Carlos?
7. Ojeada al escaparate ... «Don Carlos sólo en Casa Gálvez», había leído Félix en un coche que pasaba. Por la tarde se reunió «la mano negra» en el aeropuerto y se dedicó a buscar en la guía telefónica. Era asombroso los Gálvez que había en la ciudad. Incluso apareció una Eulalia Gálvez que era pintora de porcelana. -¡Aquí está! -gritó Félix-. Casa Gálvez, Tabacos, calle Federico, 12. -¡Al trote, al trote! -ordenó Rollo. Pero Adela movió la cabeza. -¡Despacio, joven! -exclamó ella-o ¿Qué vamos a hacer exactamente en Casa Gálvez? -¡Buscar huellas! -contestó Félix. -¿Qué clase de huellas? -preguntó Adela-o Sabemos que el señor X fuma Don Carlos. Pero ¿eso es algo extraordinario? Habrá mucha gente que fume Don Carlos. -Pero tú nos has dicho que el señor X también se dedica a la filatelia. -Exacto -repuso Adela. -Entonces todo está claro -dijo Félix-. Tenemos que comprobar si Casa Gálvez tiene algo que ver también con los sellos. Media hora más tarde la pandilla estaba delante del escaparate de la tienda de Gálvez. Había puros en grandes cantidades, pero ningún sello. -¡Cómo que no! -gritó de pronto Kiki c. a. todo nervioso-o ¡Mirad, allí hay un sello! ¿ Qué clase de sello era?
8. El sello falso de 50 rupias El sello de cincuenta rupias de Zanzíbar que había en el escaparate acaparó la atención de «la mano negra» durante bastante tiempo. -¿Por qué sólo los venderán de este precio? -dijo Rollo-. ¿Quizá es que han comprado muchos? ¿Qué pensáis vosotros? Al día siguiente, Adela decía en el aeropuerto: -Pero ¡hombre, es imposible! -¿Qué? -preguntó Félix. -Que alguien tenga gran cantidad de sellos de cincuenta rupias de Zanzíbar. -¿ Quién dice eso? -Mi padre, que en sus ratos libres colecciona sellos -contestó Adela-. Yo creo que es un experto. -Lo creemos -exclamó Rollo, que acababa de entrar agitando un periódico-. ¡Leed! «La mano negra» leyó en voz alta un titular: -«Falsificador de sellos». y veintidós minutos más tarde estaban ante la casa del señor X. Al llegar, vieron que salía humo de la chimenea y por el aire revoloteaban papelillos quemados. Kiki c. a. recogió uno que sólo estaba chamuscado: era un sello de Zanzíbar de cincuenta rupias. -¡Un momento! -dijo Adela. Sacó de su cartera un catálogo de sellos y buscó-. Aquí hay un sello de Zanzíbar de cincuenta rupias. Kiki c. a. lo comparó con el sello chamuscado y exclamó: - . Le falta algo. Parece falsificado. ¿ Qué le faltaba al sello falsificado?
9. Huida al canal -Pero si al sello le falta la bandera del barco no se podrá vender -dijo Félix. -Naturalmente que no -aclaró Adela-. Por eso precisamente los está quemando. Hay un error de impresión. Ahora se largará con las falsificaciones bien hechas. -Eso es lo que tenemos que evitar -dijo Rollo. «La mano negra» se distribuyó alrededor de la casa y vigiló todas las salidas. Pero los minutos pasaban y nadie se movía. De pronto sonó un toque de trompeta y Adela, Rollo y Kiki c. a. se precipitaron hacia el puente. -¡Se ha marchado! -les gritó Félix-. Va por la orilla como un rayo. Lleva un maletín de hojalata. Adela reflexionó brevemente. -Seguro que quiere marcharse a Australia. Tenemos que ir al puerto. Cuando «la mano negra» desembocó jadeante en la calleja del puerto vio al individuo que bajaba corriendo la escalera del embarcadero con el brillante maletín en la mano. Corrieron tras él, pero llegaron demasiado tarde. La pasarela estaba vacía, y en el pequeño quiosco tampoco se veía al señor X. -Quizá se haya zambullido en el agua -opinó Rollo. -Pero, por lo menos, su sombrero tendría que flotar -dijo irónicamente Kiki c. a.-. Yo creo más bien que su sombrero está en un sitio muy distinto. ¿ Dónde estaba el señor X?
10. En la trampa Kiki c. a. notó que el señor X, falsificador de sellos, se había metido en un bote, al ver que uno de ellos estaba más hundido en el agua que los otros. El resto de «la pandilla» también lo descubrió, pero sólo cuando el individuo cortó la cuerda del bote y salió a toda velocidad. -Tarará, tararí -tocó Félix con su trompeta. Eso significaba «tras él». La pandilla corrió a la calleja del puerto y cruzó el puente para pasar a la otra orilla del canal. El hombre acababa de saltar del bote y estaba doblando la esquina a todo correr. Rollo aún tuvo tiempo de ver cómo entraba en una obra de la calle del Pinar. Luego desapareció. «La mano negra» se subió a un montón de arena. -<Aunque en realidad el individuo se nos haya escapado, siempre podremos proporcionar a la policía una descripción completa de él - dijo Kiki c. a. -Eso no es difícil-dijo Adela-, pantalón de cuadros, chaqueta negra, corbata de rayas. -Luego contuvo la respiración y susurró-: Rollo, vuela al próximo teléfono y marca el 110 -Uno-uno-cero -repitió Rollo. -La policía debe enviar tres coches patrulla. ¿Está claro? -No, nada. ¿Por qué tres coches? -Porque el señor se ha metido en una trampa. ¡A toda marcha, joven! ¿ Cómo reconoció Adela el escondrijo del señor X?
11. Aterrizaje forzoso Si la policía no hubiese llegado con la sirena tan fuerte, el falsificador de sellos se habría quedado en la hormigonera. Pero «la mano negra» vio cómo el señor X volaba con su maletín de hojalata colgando desde el tambor de las mezclas y desaparecía por encima del muro en un salto de tigre. -¡Ay! -dijo Adela-. Ése se va a hacer daño. Pero el señor X no se lastimó lo más mínimo, hizo un aterrizaje forzoso en un montón de estiércol. -¡Éste huele mal! -dijo el inspector Faraldo, cuando poco después corrió a la granja al mando de tres dotaciones de coches patrulla. Sujetó fuertemente al señor X, a pesar de sus protestas. -¿Desde cuándo está prohibido oler a estiércol de vaca? ¡Déjeme! -¡Usted ha falsificado sellos! ¿Dónde están? El hombre no respondió una palabra. Mientras tanto, los policías inspeccionaron todo el terreno. Pero no encontraron nada. Ya iban a dejar al individuo en libertad, cuando «la mano negra» apareció. -¿Quiénes sois vosotros? -preguntó el inspector con severidad. -Somos «la mano negra» -respondió Félix cortésmente-. ¿Le podemos mostrar dónde está el maletín con los sellos falsos? ¿Dónde suponía Félix que estaba el maletín?
El tesoro en el lago de los Castores 1. Visita nocturna Eran las 11.45 cuando la puerta de la comisaría número 11 se abrió bruscamente y entró una señora. -¡Señor agente! - exclamó - ¡Venga usted conmigo! La noche pasada me han robado las joyas. -Siéntese usted ahí -dijo el inspector FaraIdo, y se dirigió de nuevo a «la mano negra» -: «... nosotros mostramos entonces al agente que el maletín desaparecido estaba colgado en el pozo y que contenía los sellos falsificados, ¿no?». Todos asintieron con la cabeza. -Entonces, firmad la declaración. -Señor agente, ¿no puede usted enviar a alguien? -preguntó la señora desde el fondo. -Están todos fuera, señora... ¿Cuál es su nombre? -Lidia Acosta. -Antes de nada tiene usted que poner una denuncia. Cuando diez minutos más tarde la señora Acosta abandonó la comisaría, «la mano negra» la esperaba fuera, en la escalera, y Félix le dijo: -No se preocupe usted, señora Acosta, nosotros la ayudaremos. Poco después estaban en el lugar de los hechos. -¡Caramba, vaya desorden - dijo Adela - Pero por lo menos sabemos a qué hora estuvo aquí. ¿ Cómo sabía Adela la hora en que había ocurrido?
2. La pista del tejado -El reloj de péndulo de la señora Acosta está parado exactamente cinco minutos después de medianoche - hizo saber Adela - El malhechor buscaba probablemente la caja fuerte. La señora Acosta les ofreció bombones rellenos. - y el individuo entró en la vivienda por el balcón -aseguró Félix-. Mirad, hay un cristal roto. «La mano negra» salió al balcón y lo inspeccionó a fondo. -No hay la más mínima huella -constató Rollo, y examinó el canalón con una lupa. -Luego, nuestro hombre tiene que haber subido por el tejado -conjeturó Félix. Kiki c. a. acarició a su ardilla y le dijo en voz baja: -Esto es trabajo tuyo, amiguita. Luego la hizo subir hacia el tejado. Pasado un rato, la ardilla volvió por el canalón, entre las patas sostenía algo. -¡Hombre, una entrada de cine! -gritó Rollo-. Esto es una pista. Adela se ladeó la trenza izquierda y dijo: -Tenemos que averiguar qué película ha visto. «La mano negra» buscó un periódico y estudió detenidamente la cartelera. Félix fue el primero en descubrirlo. -Ese individuo ha elegido una película bastante extravagante -dijo, golpeándose en la rodilla. ¿Cuál era el título de la película?
3. La entrada de cine La película se llamaba Grandes bolsillos, dedos largos. Adela, con la entrada de cine en la mano miró el reverso y exclamó: -¡Mirad! La pandilla leyó a coro: «amil». -Esto es parte de un nombre -observó Félix-. El sospechoso había reservado la entrada. -y esto significa - prosiguió Adela nerviosa - que va con frecuencia a ese cine. A la noche siguiente, «la mano negra» estaba ante la taquilla del cine Palace. En cualquier momento tenía que ir alguien a pedir una entrada a nombre de «ami!». Pero el único que llegó fue el portero para echarlos. -Somos «la mano negra», señor -dijo Adela. -¿Sois «la mano negra» de la que hablaron los periódicos? -preguntó el portero. -Efectivamente -dijo Adela orgullosa. En seguida todos estuvieron bajo la protección personal del portero del cine. Por fin, a la tercera noche hubo suerte. Un hombre y una mujer con traje de motoristas se acercaron a la taquilla. -Las entradas para Villamil, por favor. Gracias al portero «la mano negra» consiguió cuatro asientos en la primera fila. -Tenemos que seguir la pista al sospechoso -dijo Félix. -¿ Tenéis idea de dónde están sentados? Después de media hora Kiki c. a. susurró: -¡Allí están! ¿En qué fila estaban sentados los sospechosos?
4. El comando volante Después de que «la mano negra» reconociese al conductor de la moto y a la mujer en la sexta fila, abandonó la sala para deliberar fuera. -Tenemos que averiguar dónde vive Villamil- dijo Rollo. -¿Y cómo? -preguntó Adela. -Le seguiremos con nuestras bicicletas. Y dicho esto, se apostaron en las tres salidas, mientras Félix observaba también las motos que estaban en el aparcamiento. Poco después de las 20.30 la gente abandonó el cine. Minutos más tarde la trompeta de Félix daba la señal convenida para montarse en las bicicletas. «La mano negra» desembocó en la calle de la Sardina y corrió detrás de la moto. Pero Villamil iba a toda marcha y en una calle lateral le perdieron de vista. Aún se oía el motor, pero de pronto se calló. -¡Se ha parado! - grito Félix -, ¡ahora buscaremos la moto! La matrícula es PXE-1314. Minutos más tarde encontraron la moto en la calle del Trino, 28. En seguida examinaron los nombres de los vecinos que figuraban en el panel de timbres del portal. -¡Qué pena! -dijo Adela-, Villamil no aparece. Félix dijo, riendo irónicamente: -¡OS equivocáis!, Villamil vive en esta casa. ¿Dónde vio Félix el nombre que buscaban?
5. La puerta cerrada. Félix había descubierto el nombre de Villamil en uno de los buzones de la casa. -Ahora tenemos que entrar en la cueva del león -dijo Adela. -Mejor será que lo hagamos con la luz del día -repuso Félix. Cuando a la mañana siguiente la pandilla volvió a la calle del Trino, vio en seguida que la moto había desaparecido. Entraron todos en la casa y descubrieron que Villamil vivía en la buhardilla. Rollo pulsó el timbre. Sonó fuerte, pero nadie salió. Félix quiso mirar por la cerradura. -Está tapada por una cortina -dijo decepcionado. -¡Déjame ver! -dijo Adela moviendo el picaporte. La llave estaba echada, pero alguien dijo desde dentro: -¡Estoy enfermo! ¡Estoy en la cama! ¡Por favor, no molesten! -Es raro, si tocamos el timbre no contesta nadie -dijo Rollo, intentando girar el picaporte. y nuevamente sonó la voz: -¡Estoy enfermo! ¡Estoy en la cama! ¡Por favor, no molesten! Rollo tenía ya en la mano una navaja especial de bolsillo con diecisiete accesorios, y en un instante había separado la clavija del picaporte. Quitó una parte, empujó la otra hacia dentro y miró por el agujero. -¡ La cama está vacía! -murmuró asombrado. Adela miró también y dijo: -¡Ni huella de Villamil! Sin embargo, yo sé desde dónde habla. ¿ De dónde venía la voz de Villamil?
6. El pájaro voló ...
7. Los hombres rana
8. El collar . . . . . . . .
9. Pisándole los talones
10. Rita guardó el secreto
11. La última puerta . .
El túnel de los traficantes 1. Sucedió a las 17.04
2. El maletín enigmático
3. El agujero en el suelo
4. La llave
5. Buscado y encontrado
6. El secreto postal
7. El encuentro triple
8. Caminos oscuros ...
9. Un hombre extraviado.
10. Hay prisa .... .
11. Un asunto oscuro
12. Un señor elegante .. .
13. El tiempo urge para Aguilar
14. Kilómetro 57 ..... .
15. Obstáculo en la calzada
16. En La Vieja Aduana
17. Un disparo .....
18. Chuchi estaba alerta
Robo en el zoo 1. La foto del lugar de los hechos 2. El brazo largo . 3. Un peine .... . 4. El grito ..... . 5. ¡Aquí está Clara! 6. Investigación por hilo 7. La señora mentía . 8. El señor Heinrich .. 9. Huella reciente ... 10. La trampa de la foto 11. Se busca a J. N .... 12. N oriega se deja ver la cara 13. El buen oído de doña Encarna 14. El hombre de negro 15. Ellumbago . . . . . . 16. Una solemne tontería 17. Debajo de un tilo . 18. El perjurio . . . . . . 19. La última prueba .. 20. El reportero Lozano Los detectives campeones .
2. El brazo largo
3. Un peine
4. El grito
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1. La foto del lugar de los hechos