Amor Cortés
Jornadas Medievales
El amor cortés se expresa en la poesia de los trovadores, surge en el sur de Francia a fines del siglo XI en lengua de oc, es imitado por los trovadores de la lengua de oíl, y en Italia, Alemania, Galicia y Portugal, Cataluña, Valencia y Aragón, Castilla y demás partes de España, dió nacimiento a escuelas semejantes.
El amor cortés puede definirse como una relación desigual entre un
caballero y una dama de condición social más elevada que homologa,
en forma invertida, la relación vasallástica
Amor Cortés
La dama está desposada porque accedió al matrimonio de
la forma en que estaba establecido en la organización de la sociedad
feudal, como práctica de alianza entre los miembros de la nobleza. La
esencia misma de esta práctica, un matrimonio concertado previamente por los padres, determina que el amor necesariamente estuviera
ubicado fuera de la institución matrimonial.
Aquí puedes incluir un dato relevante a destacar
La dama es casada, por lo
tanto la relación adúltera debe ser secreta, y el amante trovador debe
comunicarse con ella crípticamente a través de la “señal” que envía en
su poema. En la devoción del amante la amada es inalcanzable.
. La dama es casada, por lo
tanto la relación adúltera debe ser secreta, y el amante trovador debe
comunicarse con ella crípticamente a través de la “señal” que envía en
su poema. En la devoción del amante la amada es inalcanzable.
La imposibilidad intrínseca de ese amor, sólo remite, según Duby,
a la necesidad de los jóvenes caballeros de acercarse a su señor a
través del servicio galante de la dama. En este fin último, las mujeres
son sólo “extras” en la escena, como lo fueron en la vida real del siglo
XII. El señor, detrás de la escena, sigue gobernando las peripecias de la
acción.
Desde una perspectiva que focaliza los componentes masculinos de la cultura feudal, el amor cortés es la contraparte del torneo,
y como éste último tiene una función educativa: igual que en el torneo, en el amor cortés el joven arriesga su vida con la intención de
perfeccionarse, de acrecentar su valor, su premio (el galardón de su
dama), pero también de tomarla, de vencerla, de capturar a su adversario después de haber roto sus defensas.
En esta estructura rígida, la fin’ amors es indudablemente un juego
en el que el terreno no es el de las obligaciones y las deudas sino las
aventuras de libertad. Pero por más que se predique la libertad de
amores adúlteros, el código de Andrés el Capellán es un código de
restricciones, un código que enseña al amante a contenerse, a acariciar
el deseo para que alguna vez, eventualmente, pueda alcanzarlo, de la
misma manera que los moralistas de la Iglesia enseñaban la continencia y la abstención en la relación matrimonial.
En este sentido, es un
código que ritualiza el deseo, lo espiritualiza, lo abstrae, lo aleja de su
concreción, quizás con el propósito de diferenciar la sexualidad de la
nobleza de la sexualidad “animalizada” tal como se denomina
reiteradamente en tratados de la época, de la gente común. Por estas
razones el amor cortés fue según Duby absolutamente funcional al
sistema feudal: enseñaba a servir, a ser sumiso, a esperar, contribuía al
desarrollo de prácticas sedentarias alrededor de las cortes.
Tal como adelanté al comienzo de estas observaciones el amor
cortés fue cantado por los trovadores. Desde comienzos del siglo XII
hasta el final del XIII, los trovadores elaboran una erótica que por
primera vez tematiza a la mujer a la vez que la instala en el lugar del
otro.
Los trovadores, en algunos casos misóginos y obscenos como
Guillermo IX de Aquitania, conde de Poitiers, y Marcabru, o fin
amant como el tímido Arnaut de Mareuil, perfeccionan un complejo
discurso sobre el amor en el que esta insatisfacción se manifiesta
desde diferentes perspectivas. En una exacerbación de esta mística del
amor
Un discurso sobre el amor más que un arte de
amar, la fin’amors devela y enmascara al mismo tiempo una verdad: la
femineidad aparece como un exceso en el que el hombre ve la insuficiencia de su propia sexualidad. Es un arte de poner distancia con la
mujer a través de las palabras.
La sexualidad, considerada negativamente, se erige en el
transcurso de la Edad Media en la barrera que separará a los puros de
los impuros, al clero de los guerreros y el pueblo,
La sexualidad, considerada negativamente, se erige en el
transcurso de la Edad Media en la barrera que separará a los puros de
los impuros, al clero de los guerreros y el pueblo,
¡Gracias!
Amor Cortes
CRISTINA AVILA RAMOS
Created on November 7, 2023
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Amor Cortés
Jornadas Medievales
El amor cortés se expresa en la poesia de los trovadores, surge en el sur de Francia a fines del siglo XI en lengua de oc, es imitado por los trovadores de la lengua de oíl, y en Italia, Alemania, Galicia y Portugal, Cataluña, Valencia y Aragón, Castilla y demás partes de España, dió nacimiento a escuelas semejantes.
El amor cortés puede definirse como una relación desigual entre un caballero y una dama de condición social más elevada que homologa, en forma invertida, la relación vasallástica
Amor Cortés
La dama está desposada porque accedió al matrimonio de la forma en que estaba establecido en la organización de la sociedad feudal, como práctica de alianza entre los miembros de la nobleza. La esencia misma de esta práctica, un matrimonio concertado previamente por los padres, determina que el amor necesariamente estuviera ubicado fuera de la institución matrimonial.
Aquí puedes incluir un dato relevante a destacar
La dama es casada, por lo tanto la relación adúltera debe ser secreta, y el amante trovador debe comunicarse con ella crípticamente a través de la “señal” que envía en su poema. En la devoción del amante la amada es inalcanzable.
. La dama es casada, por lo tanto la relación adúltera debe ser secreta, y el amante trovador debe comunicarse con ella crípticamente a través de la “señal” que envía en su poema. En la devoción del amante la amada es inalcanzable.
La imposibilidad intrínseca de ese amor, sólo remite, según Duby, a la necesidad de los jóvenes caballeros de acercarse a su señor a través del servicio galante de la dama. En este fin último, las mujeres son sólo “extras” en la escena, como lo fueron en la vida real del siglo XII. El señor, detrás de la escena, sigue gobernando las peripecias de la acción.
Desde una perspectiva que focaliza los componentes masculinos de la cultura feudal, el amor cortés es la contraparte del torneo, y como éste último tiene una función educativa: igual que en el torneo, en el amor cortés el joven arriesga su vida con la intención de perfeccionarse, de acrecentar su valor, su premio (el galardón de su dama), pero también de tomarla, de vencerla, de capturar a su adversario después de haber roto sus defensas.
En esta estructura rígida, la fin’ amors es indudablemente un juego en el que el terreno no es el de las obligaciones y las deudas sino las aventuras de libertad. Pero por más que se predique la libertad de amores adúlteros, el código de Andrés el Capellán es un código de restricciones, un código que enseña al amante a contenerse, a acariciar el deseo para que alguna vez, eventualmente, pueda alcanzarlo, de la misma manera que los moralistas de la Iglesia enseñaban la continencia y la abstención en la relación matrimonial.
En este sentido, es un código que ritualiza el deseo, lo espiritualiza, lo abstrae, lo aleja de su concreción, quizás con el propósito de diferenciar la sexualidad de la nobleza de la sexualidad “animalizada” tal como se denomina reiteradamente en tratados de la época, de la gente común. Por estas razones el amor cortés fue según Duby absolutamente funcional al sistema feudal: enseñaba a servir, a ser sumiso, a esperar, contribuía al
desarrollo de prácticas sedentarias alrededor de las cortes.
Tal como adelanté al comienzo de estas observaciones el amor cortés fue cantado por los trovadores. Desde comienzos del siglo XII hasta el final del XIII, los trovadores elaboran una erótica que por primera vez tematiza a la mujer a la vez que la instala en el lugar del otro.
Los trovadores, en algunos casos misóginos y obscenos como Guillermo IX de Aquitania, conde de Poitiers, y Marcabru, o fin amant como el tímido Arnaut de Mareuil, perfeccionan un complejo discurso sobre el amor en el que esta insatisfacción se manifiesta desde diferentes perspectivas. En una exacerbación de esta mística del amor
Un discurso sobre el amor más que un arte de amar, la fin’amors devela y enmascara al mismo tiempo una verdad: la femineidad aparece como un exceso en el que el hombre ve la insuficiencia de su propia sexualidad. Es un arte de poner distancia con la mujer a través de las palabras.
La sexualidad, considerada negativamente, se erige en el transcurso de la Edad Media en la barrera que separará a los puros de los impuros, al clero de los guerreros y el pueblo,
La sexualidad, considerada negativamente, se erige en el transcurso de la Edad Media en la barrera que separará a los puros de los impuros, al clero de los guerreros y el pueblo,
¡Gracias!