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Socialización de género
Guadalupe Carballo Araujo
Created on September 26, 2023
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Transcript
Introducción
Teoría de las dos culturas
Teoría socio-cognitiva
Teorías sobre la socialización de género
El modelo de las diferencias de género
El género cómo construcción social
La hipótesis de las similitudes de género
Socialización de género
El sexismo como socialización negativa
Desarrollo de los esquemas de género
Procesos de socialización de género
Desde este modelo se considera que es el género el que hace resaltar las diferencias entre los sexos, asociando cualidades diferentes a cada uno de ellos. Estas diferencias son explicadas a partir de dos referentes teóricos: la psicología evolucionista y la teoría del rol social: -Desde la psicología evolucionista, toda conducta humana es resultado tanto de mecanismos internos de la persona (disposiciones biológicas producto de la historia evolutiva).
-Por su parte, Eagly (1987), a través de su teoría sobre el rol social argumenta que los atributos asociados históricamente con los roles de hombres y mujeres han promovido las diferencias de género.
El sexismo, que es el prejuicio basado en el género, designa las actitudes sobre los roles y responsabilidades considerados adecuados para hombres y mujeres, incluyendo también las creencias sobre las relaciones que deben mantener entre ellos. No obstante, la mayoría de las veces se restringe el término de sexismo a una actitud negativa hacia las mujeres. En la actualidad, los hombres siguen teniendo más poder que las mujeres, pero se mantienen dependientes de las mujeres para la satisfacción de las necesidades heterosexuales y afectivas. La interdependencia que crea esta situación lleva a generar actitudes ambivalentes hacia las mujeres. Según esta teoría, junto a la visión negativa de la mujer del viejo sexismo, existe otra visión sexista con tono afectivo positivo y con tendencia a la conducta de ayuda y de búsqueda de intimidad con la mujer. El sexismo se puede, por tanto, manifestar de dos formas diferentes, aunque ambas reflejan la posición de poder del hombre. Una es conocida como sexismo hostil (el viejo sexismo), la otra cara del sexismo es el benevolente. El sexismo hostil es una orientación subjetivamente negativa hacia las mujeres, mientras que el sexismo benevolente es una orientación subjetivamente positiva hacia la mujer. Pero ambas formas legitiman la desigualdad de género y mantienen a la mujer en una posición de roles subordinados.
De acuerdo con la aproximación socio-cognitiva, la experiencia directa o la observación de modelos asegura a las personas pautas de conducta, para distintas situaciones de interacción. Estas pautas representan los esquemas cognitivos con los que el sujeto cuenta dentro de su repertorio conductual. Estos esquemas serán activados de acuerdo a las señales sociales presentes en cada situación y ofrecerán las claves al sujeto para saber cómo comportarse. Así pues, la adaptación de una respuesta a una situación social concreta, depende del procesamiento que se realiza de la información.
En esta perspectiva se entiende que dos culturas distintas convergen desde la infancia hasta los primeros años de la adolescencia (de 4 a 12 años edad). Estas culturas están derivadas de la categorización por género entre los grupos de iguales, originadas por la preferencia en estas edades a asociarse con las personas del mismo sexo. 15 Este marco teórico resulta de especial interés, ya que analiza las diferencias de género desde una perspectiva grupal y no meramente individual.
El género es el resultado de una cultura y del contexto social del individuo (estructura externa de género). Lo que va a condicionar, como señala Del Río (1999), la interpretación de su propia conducta y la de los demás (estructura interna del género). Desde este punto de vista nos interesa conocer cómo los individuos adquieren gradualmente sus formas de comportamiento, desarrollan sus esquemas cognitivos, sus intereses y los rasgos personales que son más “típicos” de uno y otro sexo.
Diferentes perspectivas teóricas y las investigaciones asociadas a éstas, han analizado el proceso de aprendizaje de los esquemas de género, advirtiendo la necesidad de atender a dos dimensiones. Por un lado, a los esquemas referidos al conocimiento del propio género, que marcan conductas, creencias y preferencias personales (identidad) y, por otro lado, a aquéllos que permiten interpretar y juzgar la conducta de los otros, procurando al individuo una sensación de “control” sobre el mundo que le rodea (conocimiento estereotipado y actitudes). En este sentido, las personas adquieren la información de género a través de las experiencias que su medio social les ofrece y éstas contribuyen a la formación de la propia identidad.
Nos encontramos en un proceso de (re)construcción de las identidades masculinas y femeninas y, derivado de ello, de los roles de género. Podríamos afirmar que estas diferencias entre géneros ya no parecen ser tan duras y, en consecuencia, que la relación jerárquica de hombres y mujeres, puede que haya comenzado a desdibujarse en algunos sentidos.
La existencia de un imaginario colectivo sobre los estereotipos de género, que difiere a través de las culturas, ha demostrado que el sentimiento de pertenencia a uno u otro sexo va acompañado de las creencias sobre aquello que se considera masculino y femenino. El género prescribe en los individuos determinadas conductas, atributos personales, actitudes e, incluso, elecciones vocacionales o actividades de ocio. La mayoría de ellas, intentan racionalizarse a partir de las diferencias fisiológicas entre los sexos, o de sus distintos papeles en la reproducción, pero su atribución está, casi en su totalidad, culturalmente determinada. De acuerdo con esto, la definición de género variará en función de la perspectiva teórica que adoptemos.
La denominada hipótesis de las similitudes de género (Gender similarities hypothesis), afirma que ambos sexos, desde la infancia a la edad adulta, muestran más similitudes que diferencias en la mayoría de los dominios examinados: habilidades cognitivas, comunicación verbal y no verbal, agresión, liderazgo, autoestima, razonamiento moral y conducta motora. No obstante, se han encontrado, en algunos dominios, algunas diferencias entre hombres y mujeres *Por ejemplo, comparados con las mujeres, los hombres tienen actitudes más favorables hacia el sexo casual.