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LA LECHERA
Cleyver Moreno Suare
Created on August 20, 2023
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Transcript
LA LECHERA
Iba alegre la lechera camino al mercado. Con paso vivo, sencillo y gracioso, sostenía sobre su cabeza un cántaro lleno de leche. Ese día se sentía realmente feliz y a medida que se iba acercando al pueblo, su dicha aumentaba. ¿Por qué? Porque la gentil lechera caminaba acompañada por sus pensamientos y con la imaginación veía muchas cosas para el futuro.
– Si pensaba-Ahora llegare al mercado y encontrare en seguida comprador para esta riquísima leche. Sin duda, han de pagármela a buen precio, que bien lo vale.
– En cuanto consiga el dinero, allí mismo comprare una canasta de huevos. Lo llevare a mi cabaña y de ese montón de huevos, lograre sacar, ya hacia el verano, cien pollos por lo menos. ¡Ah, que feliz me siento de pensarlo solamente!
Me rodearan esos cien pollos piando y piando y no dejare que se le acerque zorra ni comadreja enemiga. Una vez que tenga mis cien pollos, volveré al mercado. Y entonces los venderé para comprar un cerdo.
Si, un cerdo, no muy grande, un lechoncito rosado. ¡Ya, me encargare yo de cebarlo! Crecerá y se pondrá gordo, porque estará bien alimentado con bellotas y castañas. Será un cerdo enorme, con una barriga que ha de arrastrarse por el suelo. Yo lo conseguiré.
Siguió la lechera su camino, sonriendo ante la idea de ser dueña de tan robusto animal. ¿Qué haría? Lo pensó un instante. Y otra vez una sonrisa de felicidad ilumino su linda carita.
– Claro está. Yo sé lo que me conviene. Ese cerdo magnifico bien valdrá un buen dinero. ¡Con él me comprare una vaca!
¡Una vaca y un ternero! ¡Ah, qué gusto ver al ternerito saltar y correr en mi cabaña!
Ya se imagino la lechera correteando, junto al ternerito. Y al pensarlo, rio alegremente al tiempo que daba un salto.
¡Ay!, ¡Cuanta desdicha siguió a su alegría!, Al dar un salto secayo de su cabeza el cantaro, que se rompió a mil pedasos.
La pobre lechera miro desolada como la tierra tragaba el blanco liquido. Ya no habría leche, ni habría pollos, ni cerdos, ni vaca, ni ternero. Todas sus ilusiones se habían perdido para siempre, junto con el cantaro roto y la leche derramada en el camino.
¡Adiós sueños fantásticos!