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1.1 La muerte invisible

Marco Pedroza

Created on August 19, 2023

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Transcript

Unidad I

Tanatología

La muerte invisible

Muerte y Sociedad

En los albores del siglo XX, la muerte de un individuo en la cultura latina de occidente era un evento que conmocionaba a toda su comunidad.

El moribundo y sus allegados

Prolongación de la mentira

La mentira

Repulsión

Hospital, negación y muerte digna

La pornografía de la muerte

La muerte solitaria

Muerte del silencio

Marco Antonio Pedroza Mariscal

Ariés, P. (1984). La muerte invertida. Taurus Ediciones.

La muerte pública

  • La iglesia reunía a toda la comunidad y se llevaba a cabo la procesión fúnebre.
  • Ya consolidada la sepultura, el proceso de duelo continuaba con visitas de familiares, amigos y conocidos tanto al cementerio como a la casa de la familia.

La muerte de un individuo traía consigo una serie de eventos que movían a la sociedad en su totalidad. Se acostumbraba a clavar un símbolo en representación del luto, una esquela. Así, la familia inmediata, amigos o cualquier persona que se consideraba de buenos valores acudía a visitar al difunto.

La muerte y la mentira

  • La muerte inminente comienza a tratarse con secretismos.
  • Paulatinamente fue quedando atrás llamar al sacerdote para evitar sospechas por el enfermo, optando por hacerlo únicamente cuando este quedara inconsciente o al morir.

Con el tiempo surgió la costumbre de utilizar al médico como intermediario para notificar que un paciente moriría. No obstante, a medida que avanza el tiempo, a mediados del siglo XIX se vuelve una tarea titánica. Las familias del paciente ya no querían llevar ese mensaje bajo el temor de matar toda aquella esperanza de continuar viviendo.

Muerte enmascarada

A medida que el enfermo empeora, la farsa va creciendo en conjunto con su grupo cercano. Todo es banalizado para mantener la tranquilidad. Una profunda negación a lo que aqueja al moribundo lo lleva a aferrarse a su vida tanto que enmascara la muerte con ideas que buscan paliar su mente perturbada por los dolores y males en su cuerpo. Solo basta con la intensificación de su deterioro para disipar aquella farsa. Nadie quiere tener la responsabilidad de decirlo, a fin de no matar la moral del enfermo, aun sabiendo ambas partes que es evidente y el fin no es más que inminente.

Muerte insustancial

  • Ritmos de vida acelerados. La jungla de concreto continúa su curso como si nadie más muriera.
  • Con la excepción de políticos, la sociedad ha invisibilizado la muerte.
  • No más pausas, pues la muerte de alguien ya no representa una alteración espaciotemporal para el colectivo.

Durante el último milenio han surgido cambios en la concepción de la muerte, conservando su imagen global. Sin embargo, ha perdido su generalidad, esta cualidad colectivista, sin discriminar cultura o religión, establece un nuevo concepto banalizado de la muerte en sociedades industrializadas y tecnológicamente avanzadas.

Para finales del siglo XX se reivindica la piedad hacia los pacientes moribundos, surge un cambio de paradigma al comenzar a estudiar la muerte con mayor profundidad y es reconocida. De esta forma, un moribundo debía ser estrictamente informado sobre su condición de muerte. La familia también era informada con precisión sobre el diagnóstico y probable evolución de la enfermedad. De esta manera se hace el esfuerzo por mejorar la muerte hospitalaria y hay más libertad para discutir sobre ella.

Muerte digna

No obstante, a los ritmos de vida modernos nadie se siente realmente preocupado por la idea de cuándo va a morir.

Silencio absoluto

Ahora, visitas a la familia finalizados funeral y sepultura han desaparecido. Si bien el duelo es una certeza, el dolor de este siempre deberá estar suprimido en público. La sociedad se niega a ser parte del afligido, por lo que la muerte es excluida, incluso si en un principio la realidad se acepta como tal. De igual forma, se espera que los afligidos fueran capaces de controlarse a fin de no causar incomodidad y reflejar debilidad. El duelo, ahora pues, un silencio absoluto donde se trata al enlutado como un simple enfermo.

La hospitalización

El peso de la muerte de un individuo compartido entre un pequeño grupo de vecinos, amigos y familia fue gradualmente contrayéndose hasta ser reducido a los parientes más cercanos. Finalmente, tener un paciente moribundo en casa imposibilitaba proveer a la casa y continuar trabajando al mismo tiempo. Así, con los nuevos avances en medicina y el uso de grandes equipos orilló al cambio de habitación del paciente en casa a ser internado en un hospital. De esta manera, las familias podían continuar con una vida normal y no tenían que preocuparse incluso por lidiar con visitas.

Hospitalización

  • La muerte deja de ser pública.
  • No hay muertes limpias ni bellas.

La muerte es indecente, la agonía puede ser corta o prolongada, pero la muerte final trae consigo suciedad, naturaleza repugnante y malos olores. Nace la idea de una muerte fea y repugnante, invisible a excepción de unos cuantos cercanos capaces de soportar el hedor de las secreciones corpóreas.

Muerte sucia

Decadencia del luto

La muerte se ha vuelto un tabú como lo fue el sexo durante la época victoriana. Sepultar al difunto dejó de ser un acto familiar, e incluso el sistema de creencias sufre transformaciones. Se piensa únicamente en vida eterna como un descanso placentero sin ninguna gota de preocupación, limitando toda aquella idea de tormento eterno como la figura del diablo a lo terrenal.Los funerales también sufren cambios, ahora es posible optar por la incineración y esta se ha vuelto la regla. La incineración trae consigo la decadencia del luto.

Sin embargo, los cementerios aún prevalecen perpetuando su propósito. Por otro lado, los allegados del incinerado se desvinculan del cuerpo y la cualidad pública para enaltecer un culto de recuerdo de naturaleza personal y privada con tintes nostálgicos.