Want to create interactive content? It’s easy in Genially!
47_HE_U5_R3_01_GENIALLY
UAG
Created on June 27, 2023
Start designing with a free template
Discover more than 1500 professional designs like these:
View
Tech Presentation Mobile
View
Geniaflix Presentation
View
Vintage Mosaic Presentation
View
Shadow Presentation
View
Newspaper Presentation
View
Zen Presentation
View
Audio tutorial
Transcript
La educación en el México independiente
Empezar
La educación en el México independiente
Movimiento independentista
Reforma Educativa de 1833: Valentín Gómez Farías
Escuelas Lancasterianas en México
La educación durante el 2º Imperio y la República Restaurada
La Constitución liberal de 1857
Platón
La Instrucción Pública
La educación durante el Porfiriato
Movimiento independentista
A inicios del siglo XIX, después de tres siglos de dominio español sobre nuestras tierras, ya muchos habitantes de estas latitudes tenían anhelos de lograr su independencia; influidos por el espíritu revolucionario predominante en la época, los movimientos iniciados por el cura de Dolores Miguel Hidalgo en 1810 fueron realmente efímeros, pues su alzamiento apenas duró unos pocos meses. Aunque durante la segunda década de ese siglo siguió latente la chispa del deseo por lograr la independencia, no fue sino hasta septiembre de 1821 cuando nuestro país nació como nación independiente, tras el triunfo definitivo de Agustín de Iturbide. Ante ese nuevo estado de la situación, México tuvo que emprender un nuevo camino en todos los órdenes y, evidentemente, el de la educación no podía quedar al margen.
Las escuelas de la época
Período de conflictos
Escuelas Lancasterianas en México
En 1822 se estableció en la ciudad de México la Compañía Lancasteriana, sociedad de beneficencia que logró reunir a un importante número de políticos, escritores y clérigos que deseaban hacer algo por mejorar las condiciones educativas prevalecientes a través de lo que se conocerían como “Escuelas Lancasterianas”, cuyo modelo de enseñanza era la “educación mutua”. Los cinco personajes que han pasado a la historia como los inspiradores, promotores y organizadores de esta acción educativa son: Manuel Codorniú, Agustín Buenrostro, Eulogio Villaurrutia, Manuel Fernández Aguado y Eduardo Turreau de Liniere.
Dirección General de Instrucción Primaria
Metodología
Reforma Educativa de 1833: Valentín Gómez Farías
En marzo de 1833 llegó por primera vez a la presidencia de la República, el general Antonio López de Santa Ana, sin embargo, inmediatamente se declaró enfermo por lo que debió asumir el poder el vicepresidente Valentín Gómez Farías quien, inspirado por las doctrinas masónicas que profesaba, no tardó en hacer patente su anticlericalismo tomando medidas persecutorias y decretando la exclusión de los religiosos de cualquier intervención en la enseñanza. Ese mismo año, decretó la extinción de la Universidad de México, (a la cual juzgaba de inútil, irreformable y perniciosa), cerró el Colegio Mayor de Santa María de todos los Santos, confiscó las misiones de California e impulsó una reforma educativa la cual duró vigente apenas nueve meses.
La reforma de Gómez Farías
La Instrucción Pública (1834-1857)
Entre 1833 y 1855, México estuvo en medio de una profunda inestabilidad política debido a las constantes luchas internas entre las diferentes facciones lo cual trajo como consecuencia una permanente crisis económica. Además, de los conflictos internos nuestro país tuvo que enfrentar conflictos bélicos contra potencias extranjeras, con Francia la llamada Guerra de los Pasteles y contra Estados Unidos la invasión al territorio nacional, de las cuales no salió muy bien librado. Considerar estas críticas condiciones nos permitirá dimensionar lo complicado que resultaba pensar en ocuparse sobre aspectos educativos.
Aportes educativos de Manuel Baranda
Retorno de los jesuitas
Las acciones de Manuel Baranda
La educación durante el Segundo Imperio y la República Restaurada
Entre los años de 1864 y 1867, se desarrolló el Segundo Imperio Mexicano encabezado por Maximiliano de Habsburgo y apoyado por las fuerzas conservadoras, aunque con un espíritu liberal. Se intentó establecer una nueva Constitución lo cual no se logró, sólo se elaboró un “Estatuto Provisional del Imperio Mexicano” por lo que en la práctica siguieron estando vigentes los principios de la Reforma, la separación entre Estado y la Iglesia, la nacionalización de los bienes de esta y la libertad de opinión y de cultos. Las ideas educativas de Maximiliano eran, por supuesto, propias del modelo francés, por lo que trató de impulsarla. En su corto reinado, introdujo las tareas escolares a elaborar en casa, las calificaciones mensuales y los exámenes escritos al final del año.
Ley orgánica de instrucción pública del D.F.
La legislación del segundo imperio
La República restaurada
La educación durante el Porfiriato
Tras la muerte de Benito Juárez, en 1872 abre un nuevo episodio en la Historia de México: el Porfiriato. Quedó al frente del gobierno Sebastián Lerdo de Tejada quien reformó la Constitución para prohibir las órdenes religiosas y aplicar de forma radical el espíritu anticatólico predominante en las clases políticas, lo cual provocó nuevas reacciones en su contra, entre las cuales la más importante fue la rebelión de Tuxtepec promovida por el general Porfirio Díaz, quien tras resultar vencedor asumió la presidencia de la República, pro primera vez, en 1876.
Congresos nacionales de instrucción pública
Segundo congreso
Balance educativo del periodo de Díaz
Primer congreso
Después de concluido el Segundo Imperio, tras la trágica muerte del emperador Maximiliano, Benito Juárez se consolidó como presidente de México, iniciando con esto lo que se conoce como el periodo de la República Restaurada, durante el cual se establecieron las bases del moderno sistema educativo en nuestro país. Durante la época independiente la institución encargada de la cuestión educativa había sido el Ministerio de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública, que en 1867 se transformó en la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública.Gabino Barreda, quien había sido alumno de Augusto Comte, fue designado presidente de la Comisión de Instrucción Pública durante el gobierno de Juárez y desde esa posición impulsó como base de la política educativa la filosofía positivista, teniendo como premisa la trilogía “libertad, orden y progreso”. Pensaba en la libertad como un medio, el orden como base y el progreso como fin.
Es de destacar que la mayor parte de las escuelas disponibles, así como los maestros y alumnos se encontraban en las ciudades, mientras que, en el ámbito rural prácticamente no existían. También resulta relevante que durante la década de los años 20 aparecieron cuatro institutos literarios, en los que se formaban abogados, matemáticos, médicos e ingenieros; en 1822, se fundó el Colegio Militar en donde además de las armas, se preparó a ingenieros.
La reforma impulsada por Gómez Farías se basaba en la idea de que la enseñanza debería ser libre, pero, contradictoriamente, los estudios preparatorios y superiores deberían estar en manos del gobierno.En el fondo –dice Alvear Acevedo, 2009: p. 214– se trataba de que el gobierno fuera el que diera las normas de educación[...] la intervención del Estado en materia educativa se llevó hasta tal punto de que el Directorio de Instrucción Pública quiso vigilar los estudios del Seminario de México a fin de que trabajara de acuerdo con las normas del Concilio de Trento, pero uno de sus primeras disposiciones fue la de establecer en él un texto de teología editado por una sociedad bíblica protestante de Londres. Las medidas adoptadas por Gómez Farías fueron rechazadas por el pueblo por lo que al regresar el presidente Santa Anna, en 1834, se revocaron las leyes anticatólicas, se invitó a los obispos expulsados a que regresaran y se reabrió la Universidad.
El sistema lancasteriano en México estuvo dirigido principalmente a las clases populares y tuvo éxito, por lo que entre 1842 y 1845 el gobierno le confió la Dirección General de Instrucción Primaria para todo el país.Durante los tres años que tuvo este carácter oficial la Compañía trabajó con más empeño: abrió oposiciones para aprobar libros de texto; intensificó la organización de escuelas normales lancasterianas, y fundó planteles en Querétaro, San Luis, Oaxaca, Zacatecas, Puebla, Nuevo León, Veracruz, Durango, Jalisco, Chihuahua, México, Sinaloa, Tabasco, Michoacán, Coahuila y California” (Larroyo, 1947: p. 235). Las escuelas lancasterianas prevalecieron durante varias décadas gracias al apoyo económico del gobierno y particulares, pero hacia la década de los años 70 de aquel siglo empezaron a decaer rápidamente debido, entre otras cosas, a que el sistema ya no daba los resultados esperados y a que se le fueron retirando los apoyos, así como el hecho de que el gobierno asumió la tarea de fundar y sostener nuevas escuelas de educación básica.
Significativos durante el porfiriato fueron los congresos nacionales de instrucción pública los cuales se celebraron con el propósito de discutir cuestiones educativas teniendo como eje central la instrucción como el factor originario de unidad nacional. El primer Congreso se celebró entre los años 1889 y 1890 y el segundo, entre 1890 y 1891. A estas reuniones fueron convocados todos los Estados y Territorios de la federación por el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Joaquín Baranda.
Durante la presidencia de Ignacio Comonfort, fue muy polémica ya que polarizó las posiciones ideológicas prevalecientes, dando pie a la llamada Guerra de los Tres Años. En su artículo tercero, esta Carta Magna consignaba el derecho a la educación, la cual debería ser laica, obligatoria y gratuita.
Aunque la enseñanza mutua ya había sido practicada desde hace mucho tiempo, se le atribuye su creación a Joseph Lancaster y Andrew Bell. Esta metodología requería de la función de “monitores”, papel que desempeñaban alumnos destacados a quienes se les daba una preparación previa para que posteriormente ellos, con la supervisión del maestro, se hicieran responsables de transmitir lo aprendido a los alumnos más pequeños o menos avanzados. Con este sistema, cada maestro podía manejar grupos muy numerosos, aunque debería sujetarse a un reglamento estricto y una disciplina muy severa que marcaban lo que se debería realizar en cada momento de la instrucción. Bajo este modelo, la Compañía Lancasteriana logró, además de brindar educación básica a sus alumnos, preparar a nuevos maestros, tan necesarios en las críticas condiciones sociales en que se debatía nuestro país.
En el segundo congreso, también presidido por Justo Sierra, se discutió sobre los textos y sus características, los métodos, los útiles y el mobiliario, los requisitos de higiene, los títulos de los maestros, la Escuela Normal y la coincidencia de los método y programas de las escuelas estatales y las del Distrito Federal.
Las cosas no resultaron fáciles puesto que a partir de ese momento nuestro país entró en un periodo de permanentes conflictos de orden social y político, especialmente, provocado por el enfrentamiento entre liberales y conservadores. En el campo de la instrucción, todos esos trastornos se resintieron mucho; el estado de la situación educativa durante los primeros años del siglo XIX es resumido por Escalante et al. (2010, p.117) en los siguientes términos: Las instituciones educativas sufrieron un deterioro severo durante la guerra de Independencia. La universidad fue ocupada por las tropas realistas y el Jardín Botánico, la Academia de San Carlos y el Colegio de San Nicolás de Michoacán se encontraban entre los establecimientos que cerraron por alta de apoyo financiero. Seguían existiendo, a pesar de las penurias, dos universidades y nueve seminarios diocesanos con clase para externos en algunas ciudades grandes y dos instituciones ilustradas en la ciudad de México. Funcionaban como antaño, en la ciudad de México el Colegio de las Vizcaínas, para alumnas internas y externas, igual que los colegios de la Antigua y Nueva Enseñanza, más las que tenía esta orden de monjas en Aguascalientes e Irapuato. Algunos frailes tenían colegios de primeras letras para varones y maestros particulares daban clase en su casa o a domicilio, anunciándose en los periódicos locales[...]
A finales de 1867 se emitió la Ley orgánica de instrucción pública del D.F, en la que se plantea la reorganización de la educación de acuerdo con los principios positivistas, se consagraba la secularización de la enseñanza, se suprimía la educación religiosa, la educación primaria se hacía gratuita y obligatoria. También esta ley contemplaba la necesidad de formar a los profesores. En esta época, seguía vigente la educación lancasteriana. En este mismo año, se fundó la Escuela Nacional Preparatoria, dirigida por el propio Barreda, dicho espacio se convertiría en el centro de la vida intelectual de México. Barreda alcanzó un gran prestigio lo cual le valió para ocupar diferentes cargos, incluso en el periodo porfirista, durante el cual llegó a ser embajador de México ante Alemania.En 1869 se promulga una nueva ley orgánica de instrucción pública en el DF en la cual “se fortaleció la educación primaria de niños y adultos y la educación femenina; ordenó que el currículo promoviera la enseñanza práctica de la moral, la higiene y la urbanidad; y estableció los principios educativos de laicidad, gratuidad y obligatoriedad” (Barba, 2019).
El aporte de Manuel Baranda en materia de educación lo resume Escalante et al. (2010: p. 114) en los siguientes términos: Gracias a Baranda, en 1843 el Congreso aprobó un plan general de estudios en el cual se especificaron las materias comunes para todas las carreras y los tiempos de cada una de ellas, las becas, los maestros, las instituciones y los presupuestos para sostener la educación secundaria y superior. Promovió la enseñanza del mexicano, otomí, francés, inglés, alemán y griego. Creó escuelas de agricultura y de artes y oficios. Reglamentó las carreras de agrimensor, ensayador, apartador de oro y plata, beneficiador de metales, ingeniero de minas, geógrafo y naturalista (algunas de estas carreras ya se cursaban en el Colegio de Minería). Propuso un examen general de conocimientos después de la preparatoria antes de matricularse en una carrera.
El primero de los congresos citados fue presidido por Justo Sierra y participó Enrique Rébsamen y uno de los temas debatidos fue en torno al concepto de laicidad, concluyendo de que esta debería ser entendida en el sentido de neutralidad; el estado no podría proporcionar instrucción que no fuera laica, pero tampoco podía excluir la enseñanza religiosa en la escuela privada. Otra de las resoluciones adoptadas en este congreso fue la erradicación de la educación mutua porque sólo estimulaba la repetición y la memoria y fue sustituida por el método simultáneo que cumplía al mismo tiempo con fines instructivos y educativos.
A la llegada de Díaz al poder, no había suficientes escuelas públicas ni privadas funcionando por lo que se emprendió la tarea de modificar esta situación. El balance educativo de este periodo lo ofrece Alvear Acevedo en los siguientes términos:A partir de 1885 comenzó a funcionar la Escuela Normal de Profesores y en 1890 la Escuela Normal de Profesoras. Surgieron escuelas de artes y oficios, centros especializados y jardines de niños. Colaboraron activamente con el general Díaz en esta obra, sus ministros de Instrucción Pública Don Joaquín Baranda y luego don Justo Sierra, en colaboración con don Ezequiel A. Chávez... Durante el largo periodo porfirista, la vida intelectual contó con elementos apreciables, tanto en las obras de diversos organismos e instituciones culturales y artísticas, como en las aportaciones de no pocos pensadores, científicos y literatos” (Alvear, 2009: p. 289).
Probablemente lo que, en materia educativa, se puede destacar fue la ya reseñada incursión de la Compañía Lancasteriana y la labor de Manuel Baranda, ministro de Justica e Instrucción Pública, quien en 1843 impulsó una reforma educativa que se realizó durante el régimen de las Bases Orgánicas (Constitución política de tipo centralista que rigió el país de 1844 a 1846).Entre las acciones emprendidas, en 1843 se creó en la ciudad de México la Dirección General de Instrucción Primaria y una Junta Directiva de Instrucción Superior que se encargarían de administrar todo lo concerniente a la instrucción pública; también se establecieron las bases para la creación de un fondo para que pudieran financiarse los establecimientos educativos. Se puede decir que esta reforma estableció bases más sólidas para avanzar en el control civil sobre las instituciones educativas.
En el año de 1953, los jesuitas, que habían sido expulsados de México, pudieron regresar a nuestro país y obtuvieron permiso para instalar comunidades, colegios, hospicios, noviciados, misiones y congregaciones; además, pudieron rescatar algunos templos y bienes que anteriormente les habían sido decomisados, con lo que pudieron reanudar su labor educativa. Su paso fue nuevamente efímero pues para el año de 1873 fueron nuevamente expulsados.
La legislación del Segundo Imperio invitó a los padres a cooperar más estrechamente en la educación de sus hijos y a estar en contacto con los maestros. A estos les dieron una preeminencia en la sociedad de la cual no habían disfrutado nunca... Se suponía que en cada establecimiento habría una biblioteca y un laboratorio de ciencias. Se cerró definitivamente la universidad, pero se fundó una politécnica y se intentó fomentar la redacción y publicación de obras científicas. Se centralizó la educación como en 1843... La instrucción primaria sería obligatoria desde los 5 hasta los 10 años de edad” (Escalante et al., 2010: p. 120).