Tema 6
La segunda república y la guerra civil española (1931-1939)
¿Qué ocurrió en España para que se desencadenase una Guerra Civil? Los problemas del régimen de la Restauración se agravaron de manera progresiva durante las primeras décadas del siglo XX. Su incapacidad para recoger las demandas de sectores sociales, a los que no se permitía la representación política, acabó por derrocar al régimen. Tras la dictadura de Primo de Rivera, una etapa en la que el ejército volvió a protagonizar la vida política del país, se inició la Segunda República.
Los intentos democratizadores y modernizadores de la República fueron respondidos con resistencias insalvables por parte de los sectores más conservadores del país. Así, en 1936 se produjo un golpe de Estado que se convirtió en una Guerra Civil de trágicas consecuencias para España.
La dictadura de Primo de Rivera En 1923, a la incapacidad de los partidos dinásticos para reformar el sistema y a la conflictividad social se unieron las derrotas militares en Marruecos. La opinión pública empezó entonces a exigir responsabilidades políticas. La salida al colapso del régimen fue la instauración de una dictadura militar impuesta por el general Primo de Rivera en 1923. El régimen de Primo de Rivera suspendió la Constitución y disolvió las Cortes. Se prohibieron los partidos políticos y algunos sindicatos, como la CNT. El recorte de libertades alcanzó también a la prensa, la educación y los intelectuales contrarios a la dictadura. Además, se suprimió la Mancomunidad de Cataluña y se persiguió al nacionalismo catalán y vasco, prohibiendo el uso público de sus lenguas. Se creó un partido único, la Unión Patriótica, y un órgano legislativo, la Asamblea Nacional Consultiva, que no era elegida de forma democrática. Las repercusiones de la crisis económica mundial de 1929 empezaron a notarse en España, y el clima de oposición a la dictadura aumentó considerablemente. Falto de apoyos, tras la pérdida de confianza de Alfonso XIII, Primo de Rivera dimitió en enero de 1930, el almirante Aznar convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931.
La proclamación de la República
Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fueron entendidas por la población como un plebiscito entre monarquía y república. La participación fue muy elevada y los resultados electorales señalaron una clara voluntad de cambio político: el triunfo republicano fue evidente en las grandes ciudades (31 de 41 capitales de provincia) y en las regiones industriales, aunque los monárquicos obtuvieron un mayor número global de concejales.
Ante estos resultados electorales y la proliferación de manifestaciones solicitando la proclamación de la República, Alfonso XIII suspendió la potestad real, abandonó el país y partió hacia el exilio.
Dos días después, el 14 de abril de 1931, fue proclamada la Segunda República española, y se formó un gobierno provisional con miembros de la coalición republicano-socialista, vencedora en las elecciones.
La proclamación de la República
El nuevo gobierno puso en marcha varias reformas solicitadas por un amplio espectro de la población: legalidad de todos los partidos y sindicatos, amnistía general para presos políticos de la dictadura, creación de una Generalitat provisional para el gobierno de Cataluña y amplias leyes sociales que incluían la jornada de 8 horas, el salario mínimo y el seguro ante los accidentes de trabajo.
La implantación de la República no estuvo exenta de problemas. Por un lado, la actitud hostil hacia el nuevo régimen de algunos sectores eclesiásticos provocó una oleada de anticlericalismo y en varias ciudades se quemaron iglesias. Por otro lado, algunos grupos anarquistas (sobre todo la CNT) presionaron al nuevo gobierno, llamando a la revolución social con una oleada de huelgas obreras y ocupaciones de tierras.
En junio de 1931, se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes, que dieron la mayoría a la coalición republicano-socialista. La primera gran tarea de las nuevas Cortes fue elaborar una Constitución, que fue aprobada en diciembre de ese mismo año.
La Constitución republicana de 1931
La nueva Constitución estableció las bases de una república democrática y de progreso, pero no tuvo el apoyo de los grupos conservadores que disentían en cuestiones sociales, religiosas y autonómicas. El texto establecía los siguientes principios:
- España se definía como un Estado integral, con la posibilidad de establecer gobiernos autónomos.
- Se instauró el sufragio universal masculino y femenino.
- Se proclamó la aconfesionalidad del Estado, pero se respetaban todos los cultos y creencias. Se permitió el matrimonio civil y se implantó el divorcio.
- Presentaba una declaración de derechos individuales y establecía amplias libertades públicas y privadas. Reconocía el derecho a la propiedad privada, aunque el gobierno podía expropiar bienes de utilidad social.
- El poder legislativo residía en las Cortes, formadas por una sola Cámara; el poder ejecutivo estaba en manos del Consejo de Ministros y el Presidente de la República. Se asentaba la independencia del poder judicial.
Una vez aprobada la Constitución, Niceto Alcalá Zamora, republicano católico y moderado, fue elegido presidente de la República, y Manuel Azaña, republicano de izquierdas, fue nombrado jefe de un gobierno integrado por republicanos, socialistas y nacionalistas. Se iniciaba la etapa del Bienio Reformista (1931-1933).
¿Qué reformas emprendió la República? Durante el Bienio Reformista (1931-1933), el gobierno de la conjunción republicano-socialista puso en marcha un programa de reformas que abordasen la modernización del Estado y el crónico problema de la agricultura española.
Las reformas chocaron con la oposición frontal de aquellos que perdían parte de sus privilegios, pero también con la de quienes consideraban que los cambios eran demasiado lentos. ¿A qué sectores afectaban estas reformas? ¿En qué consistían?
A. La modernización del Estado
La Segunda República emprendió algunas reformas que desde hacía decenios estaban pendientes y eran indispensables para modernizar el país y asentar el régimen republicano. En primer lugar, Manuel Azaña acometió la reforma del ejército, atrasado y con exceso de oficiales, para transformarlo en una institución eficiente y leal a la incipiente República.
Otra de las iniciativas que recogía la Constitución era la separación Iglesia-Estado. Las reformas querían disminuir la influencia de la Iglesia sobre la vida pública y la educación.
Asimismo, se puso en marcha el proceso de descentralización del Estado, recogido en la Constitución, que reconocía la existencia de unas nacionalidades históricas con lengua e identidad propias, y permitía elaborar estatutos de autonomía y establecer gobiernos autónomos
B. La reforma agraria
La República abordó el problema del latifundismo. En algunas zonas de España, sobre todo en Andalucía y Extremadura, existían cientos de miles de jornaleros sin tierras y en una situación de extrema miseria, mientras que la propiedad se concentraba en manos de unos centenares de propietarios. Una ley de 1932 decretó expropiables las grandes fincas que no se cultivaran, y permitió distribuirlas entre los campesinos sin tierras. Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA) para indemnizar a los propietarios y facilitar el asentamiento a las familias campesinas.
Sin embargo, la escasez de recursos para indemnizar a los propietarios y los numerosos pleitos que estos interponían hicieron que la reforma fuera lenta y limitada.
C. La oposición al gobierno republicano-socialista El reformismo republicano tuvo que hacer frente a dos bloques de oposición:
- El enfrentamiento con los afectados por las reformas, como los grandes propietarios agrarios, la jerarquía de la Iglesia católica, una parte del ejército y amplios sectores de las clases altas y medias-altas, que sentían amenazados sus privilegios. En 1932, aprovechando el descontento, el general Sanjurjo dio un golpe de Estado que fue frenado por el gobierno.
- La crítica de los sectores de izquierda, debida a la lentitud de algunas reformas, especialmente la reforma agraria, irritó a una parte de los jornaleros y obreros.
La UGT se radicalizó y ciertos núcleos anarquistas, sobre todo los vinculados a la FAI, apostaron directamente por la insurrección armada. Así, protagonizaron algunos levantamientos como los del Alto Llobregat (1932) y Casas Viejas (1933) que fueron duramente reprimidos por las fuerzas del orden público.
El Bienio Conservador (1933-1935) La represión de los sucesos de Casas Viejas generó críticas al gobierno y división en la coalición republicano-socialista. Miembros de la CNT y socialistas denunciaron el autoritarismo gubernamental, y la derecha acusó al gobierno de incapacidad para controlar las revueltas. Azaña dimitió como jefe del gobierno, y el presidente Alcalá Zamora convocó nuevas elecciones para el 18 de noviembre de 1933.
Los republicanos de izquierda se presentaron divididos a las elecciones, mientras los conservadores se unieron en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por Gil Robles. La victoria del centro-derecha (Partido Radical y CEDA) comportó la formación de un nuevo gobierno presidido por Lerroux, que paralizó buena parte del proceso reformista desarrollado en la etapa anterior.
En octubre de 1934, la entrada de ministros de la CEDA en el gobierno provocó un fuerte rechazo entre los partidos y sindicatos de izquierda. En Asturias, un movimiento insurreccional, impulsado por socialistas y comunistas, declaró la revolución social y ocupó la cuenca minera. En Cataluña, la Generalitat proclamó el Estado catalán dentro de la República federal española.
Ambos movimientos fueron duramente reprimidos por el ejército, causando un gran número de víctimas y detenidos en Asturias. En Cataluña, el conflicto acabó con la suspensión del Estatuto y el encarcelamiento del gobierno. Después de estos sucesos de octubre de 1934, las diferencias entre el Partido Radical y la CEDA fueron en aumento. En 1935 algunos ministros radicales se vieron implicados en diversos escándalos de corrupción, y el presidente de la República convocó elecciones para febrero de 1936.
El Frente Popular (1936-1939)
Los partidos republicanos de izquierda concurrieron a las elecciones formando un Frente Popular. El sindicato anarquista CNT no propuso la abstención a sus afiliados como en ocasiones anteriores. Los partidos de centro y de derecha se unieron en coalición en la mayoría de las provincias. Su programa era continuar la política contrarreformista del Bienio Conservador y modificar la Constitución. La victoria electoral correspondió por escaso margen al Frente Popular. El gobierno fue asumido por los republicanos de Azaña, quien se convirtió en presidente de la República mientras Santiago Casares Quiroga asumía la jefatura del gobierno.
El Frente Popular puso de nuevo en marcha el programa de reformas iniciado en 1931, pero con mayor iniciativa y resolución política. Se aceleró la reforma agraria, se reinstauró la Generalitat de Cataluña y se reinició el proceso autonómico en el País Vasco y Galicia. Asimismo, a los militares sospechosos de preparar un golpe de Estado (Franco, Mola y Goded) se les dio un destino lejos de Madrid.
Del Frente Popular a la Guerra Civil
El triunfo del Frente Popular fue mal recibido por los sectores más conservadores de la sociedad, que se oponían al proceso democratizador y reformista iniciado por las fuerzas republicanas en 1931. Al mismo tiempo, algunos sindicatos y grupos de izquierda defendieron la conveniencia de impulsar un proceso de revolución social. En este contexto, los militares opuestos a la República (Emilio Mola, desde Navarra, Francisco Franco, desde Canarias, y José Sanjurjo, desde Portugal) establecieron contactos con grupos de extrema derecha (algunos monárquicos, tradicionalistas, falangistas) para organizar un golpe de Estado.
Las tensiones políticas desencadenaron un clima de enfrentamiento entre milicias de izquierdas y derechas. El 13 de julio fue asesinado el diputado monárquico José Calvo Sotelo, en represalia por la muerte del teniente José Castillo, militante socialista, abatido a tiros en Madrid.
Este clima de confrontación social sirvió de pretexto a las fuerzas contrarias a la República para acelerar sus planes golpistas. El levantamiento militar se inició el 17 de julio en el Norte de África (Melilla, Ceuta y Tetuán), y los días 18 y 19 se extendió a Canarias, Baleares y toda la Península.
La insurrección fracasó, sobre todo en las grandes ciudades y zonas industriales, gracias a la resistencia popular y de algunos cuerpos policiales, y a que un sector del ejército se mantuvo leal a la República.
La República en guerra
En julio de 1936, el gobierno se vio desbordado ante el golpe militar. Azaña nombró jefe de gobierno a José Giral con la esperanza de que pudiera frenar la sublevación. Ante la negativa de los golpistas de finalizar la rebelión, Giral disolvió el ejército y dio armas a los partidos y sindicatos del Frente Popular, organizados en comités obreros. Numerosos sindicalistas de la CNT-FAI y también de la UGT aprovecharon el momento para llevar a cabo un proceso revolucionario. Los comités obreros repartieron tierras, colectivizaron fábricas y ejercieron una fuerte represión sobre los sospechosos de simpatizar con los sublevados (detenciones, fusilamientos, quema de iglesias...).
En septiembre de 1936, el socialista Largo Caballero, el líder más aceptado por el conjunto de las fuerzas de izquierda, formó un gobierno de republicanos, socialistas, comunistas e incluso anarquistas. Se creó el Ejército Popular con ayuda soviética y se trató de poner fin a la represión ejercida de forma incontrolada por los comités.
Las derrotas militares aumentaron la división entre los partidos y sindicatos republicanos. El gobierno, con el apoyo de la mayoría de los partidos consideraba prioritario concentrarse en el esfuerzo militar para ganar la guerra, mientras que los grupos más radicales defendían la prioridad de profundizar en la revolución social. Ante las propuestas gubernamentales de restringir el poder de los comités obreros, anarquistas y trotskistas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), defensores de un proceso revolucionario radical, se enfrentaron al gobierno en mayo de 1937, pero fueron derrotados.
El socialista Juan Negrín formó un gobierno en el que contó con el respaldo de los comunistas, cada vez más fuertes debido al apoyo soviético. Negrín planteó una propuesta de paz, los llamados Trece Puntos, que fue rechazada por Franco.
Los sublevados: La creación de una dictadura
En la zona donde había triunfado el golpe militar, el ejército asumió el poder. Todos sus esfuerzos fueron dirigidos a lograr la victoria militar y a organizar un nuevo Estado de inspiración fascista, que anulara la legislación reformista de la República.
Tras algunos titubeos sobre a quién correspondía llevar la iniciativa, la Junta de Defensa Nacional -primera institución del nuevo Estado- nombró a Francisco Franco generalísimo y jefe de gobierno (tanto Sanjurjo como Mola murieron en accidentes de aviación).
En abril de 1937, Franco decretó la unificación de falangistas y tradicionalistas en un partido único (FET y de las JONS), y un año después se creó el primer gobierno en Burgos, capital provisional del nuevo Estado.
Las principales medidas políticas del nuevo gobierno fueron la prohibición de partidos y sindicatos, a excepción de FET y de las JONS, la supresión de la Constitución y de los estatutos de autonomía, la recuperación del catolicismo como religión oficial del Estado y la anulación de todas las reformas republicanas.
La revolución social en el bando republicano
La República contaba con el apoyo de amplios sectores de la población de características ideológicas diversas: republicanos moderados, reformistas, socialistas, nacionalistas de izquierda, comunistas y anarquistas. Todos defendían la legalidad republicana y la necesidad de cambios sociales y económicos. Pero el sector más radical de la izquierda, cuya actuación en las primeras semanas de la guerra impidió el triunfo del golpe militar en muchas zonas de España, quiso aprovechar su fuerza para impulsar una revolución social. La discusión entre la prioridad bélica o la necesidad de ahondar en el proceso revolucionario provocó, como hemos visto, numerosos enfrentamientos entre los leales a la República. En el bando republicano, y especialmente entre las organizaciones más revolucionarias, se defendieron los derechos femeninos y la incorporación de las mujeres a los ámbitos social y laboral en pie de igualdad con los hombres.
En los primeros meses de la guerra se les permitió el alistamiento como milicianas, y su incorporación en las industrias de guerra fue muy importante durante todo el conflicto.
El fin de la guerra La Guerra Civil duró cerca de tres años, durante los cuales el ejército rebelde, mejor organizado y equipado, llevó la iniciativa militar. Los republicanos, faltos de una estrategia militar eficaz y de ayudas exteriores importantes, actuaron casi siempre a la defensiva, intentando frenar el avance del ejercito franquista. En su última fase, los esfuerzos del presidente Juan Negrín no fueron bien vistos por algunos republicanos, que pensaban que se estaba dependiendo demasiado de la URSS y habían perdido la fe en la victoria. El único partido que apoyó a Negrín fue el Partido Comunista Español. Dentro del propio ejército republicano, el coronel Casado, en colaboración con otros líderes republicanos como el socialista Julián Besteiro, o el anarquista Cipriano Mera, traicionaron a Negrín y dieron un golpe de Estado dentro de la República para rendirse ante Franco y esperar una rendición honrosa. El 1 de abril, un mensaje de radio anunciaba el fin de la guerra, y la derrota de la República. Se inición la dictadura del general Franco, que duraría casi 40 años.
Persecución y represión Los combates de la Guerra Civil dejaron numerosos muertos y heridos. Además de en los campos de batalla, en ambos bandos la violencia se ejerció, contra la población civil, como venganza del adversario por motivos políticos o personales. En la zona republicana, la represión se manifestó de forma violenta e incontrolada en los primeros meses de la guerra, cuando las patrullas obreras detuvieron o asesinaron a numerosos partidarios de los golpistas. Con la llegada al poder de Negrín, esta violencia incontrolada fue prácticamente erradicada. En la zona franquista se institucionalizó la persecución sistemática (detenciones, encarcelamientos, depuraciones y fusilamientos) de los dirigentes y militantes de los partidos y sindicatos de izquierda. Esta represión fue llevada a cabo con el consentimiento de los grupos políticos que respaldaban el alzamiento, y su objetivo era atemorizar a la población e impedir cualquier oposición.
FIN
Tema 8 La Segunda República y la Guerra Civil Española
Ramón Mikjail Mellad
Created on May 31, 2023
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Tema 6
La segunda república y la guerra civil española (1931-1939)
¿Qué ocurrió en España para que se desencadenase una Guerra Civil? Los problemas del régimen de la Restauración se agravaron de manera progresiva durante las primeras décadas del siglo XX. Su incapacidad para recoger las demandas de sectores sociales, a los que no se permitía la representación política, acabó por derrocar al régimen. Tras la dictadura de Primo de Rivera, una etapa en la que el ejército volvió a protagonizar la vida política del país, se inició la Segunda República. Los intentos democratizadores y modernizadores de la República fueron respondidos con resistencias insalvables por parte de los sectores más conservadores del país. Así, en 1936 se produjo un golpe de Estado que se convirtió en una Guerra Civil de trágicas consecuencias para España.
La dictadura de Primo de Rivera En 1923, a la incapacidad de los partidos dinásticos para reformar el sistema y a la conflictividad social se unieron las derrotas militares en Marruecos. La opinión pública empezó entonces a exigir responsabilidades políticas. La salida al colapso del régimen fue la instauración de una dictadura militar impuesta por el general Primo de Rivera en 1923. El régimen de Primo de Rivera suspendió la Constitución y disolvió las Cortes. Se prohibieron los partidos políticos y algunos sindicatos, como la CNT. El recorte de libertades alcanzó también a la prensa, la educación y los intelectuales contrarios a la dictadura. Además, se suprimió la Mancomunidad de Cataluña y se persiguió al nacionalismo catalán y vasco, prohibiendo el uso público de sus lenguas. Se creó un partido único, la Unión Patriótica, y un órgano legislativo, la Asamblea Nacional Consultiva, que no era elegida de forma democrática. Las repercusiones de la crisis económica mundial de 1929 empezaron a notarse en España, y el clima de oposición a la dictadura aumentó considerablemente. Falto de apoyos, tras la pérdida de confianza de Alfonso XIII, Primo de Rivera dimitió en enero de 1930, el almirante Aznar convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931.
La proclamación de la República Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fueron entendidas por la población como un plebiscito entre monarquía y república. La participación fue muy elevada y los resultados electorales señalaron una clara voluntad de cambio político: el triunfo republicano fue evidente en las grandes ciudades (31 de 41 capitales de provincia) y en las regiones industriales, aunque los monárquicos obtuvieron un mayor número global de concejales. Ante estos resultados electorales y la proliferación de manifestaciones solicitando la proclamación de la República, Alfonso XIII suspendió la potestad real, abandonó el país y partió hacia el exilio. Dos días después, el 14 de abril de 1931, fue proclamada la Segunda República española, y se formó un gobierno provisional con miembros de la coalición republicano-socialista, vencedora en las elecciones.
La proclamación de la República El nuevo gobierno puso en marcha varias reformas solicitadas por un amplio espectro de la población: legalidad de todos los partidos y sindicatos, amnistía general para presos políticos de la dictadura, creación de una Generalitat provisional para el gobierno de Cataluña y amplias leyes sociales que incluían la jornada de 8 horas, el salario mínimo y el seguro ante los accidentes de trabajo. La implantación de la República no estuvo exenta de problemas. Por un lado, la actitud hostil hacia el nuevo régimen de algunos sectores eclesiásticos provocó una oleada de anticlericalismo y en varias ciudades se quemaron iglesias. Por otro lado, algunos grupos anarquistas (sobre todo la CNT) presionaron al nuevo gobierno, llamando a la revolución social con una oleada de huelgas obreras y ocupaciones de tierras. En junio de 1931, se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes, que dieron la mayoría a la coalición republicano-socialista. La primera gran tarea de las nuevas Cortes fue elaborar una Constitución, que fue aprobada en diciembre de ese mismo año.
La Constitución republicana de 1931 La nueva Constitución estableció las bases de una república democrática y de progreso, pero no tuvo el apoyo de los grupos conservadores que disentían en cuestiones sociales, religiosas y autonómicas. El texto establecía los siguientes principios:
- España se definía como un Estado integral, con la posibilidad de establecer gobiernos autónomos.
- Se instauró el sufragio universal masculino y femenino.
- Se proclamó la aconfesionalidad del Estado, pero se respetaban todos los cultos y creencias. Se permitió el matrimonio civil y se implantó el divorcio.
- Presentaba una declaración de derechos individuales y establecía amplias libertades públicas y privadas. Reconocía el derecho a la propiedad privada, aunque el gobierno podía expropiar bienes de utilidad social.
- El poder legislativo residía en las Cortes, formadas por una sola Cámara; el poder ejecutivo estaba en manos del Consejo de Ministros y el Presidente de la República. Se asentaba la independencia del poder judicial.
Una vez aprobada la Constitución, Niceto Alcalá Zamora, republicano católico y moderado, fue elegido presidente de la República, y Manuel Azaña, republicano de izquierdas, fue nombrado jefe de un gobierno integrado por republicanos, socialistas y nacionalistas. Se iniciaba la etapa del Bienio Reformista (1931-1933).¿Qué reformas emprendió la República? Durante el Bienio Reformista (1931-1933), el gobierno de la conjunción republicano-socialista puso en marcha un programa de reformas que abordasen la modernización del Estado y el crónico problema de la agricultura española. Las reformas chocaron con la oposición frontal de aquellos que perdían parte de sus privilegios, pero también con la de quienes consideraban que los cambios eran demasiado lentos. ¿A qué sectores afectaban estas reformas? ¿En qué consistían?
A. La modernización del Estado La Segunda República emprendió algunas reformas que desde hacía decenios estaban pendientes y eran indispensables para modernizar el país y asentar el régimen republicano. En primer lugar, Manuel Azaña acometió la reforma del ejército, atrasado y con exceso de oficiales, para transformarlo en una institución eficiente y leal a la incipiente República. Otra de las iniciativas que recogía la Constitución era la separación Iglesia-Estado. Las reformas querían disminuir la influencia de la Iglesia sobre la vida pública y la educación. Asimismo, se puso en marcha el proceso de descentralización del Estado, recogido en la Constitución, que reconocía la existencia de unas nacionalidades históricas con lengua e identidad propias, y permitía elaborar estatutos de autonomía y establecer gobiernos autónomos
B. La reforma agraria La República abordó el problema del latifundismo. En algunas zonas de España, sobre todo en Andalucía y Extremadura, existían cientos de miles de jornaleros sin tierras y en una situación de extrema miseria, mientras que la propiedad se concentraba en manos de unos centenares de propietarios. Una ley de 1932 decretó expropiables las grandes fincas que no se cultivaran, y permitió distribuirlas entre los campesinos sin tierras. Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA) para indemnizar a los propietarios y facilitar el asentamiento a las familias campesinas. Sin embargo, la escasez de recursos para indemnizar a los propietarios y los numerosos pleitos que estos interponían hicieron que la reforma fuera lenta y limitada.
C. La oposición al gobierno republicano-socialista El reformismo republicano tuvo que hacer frente a dos bloques de oposición:
- La crítica de los sectores de izquierda, debida a la lentitud de algunas reformas, especialmente la reforma agraria, irritó a una parte de los jornaleros y obreros.
La UGT se radicalizó y ciertos núcleos anarquistas, sobre todo los vinculados a la FAI, apostaron directamente por la insurrección armada. Así, protagonizaron algunos levantamientos como los del Alto Llobregat (1932) y Casas Viejas (1933) que fueron duramente reprimidos por las fuerzas del orden público.El Bienio Conservador (1933-1935) La represión de los sucesos de Casas Viejas generó críticas al gobierno y división en la coalición republicano-socialista. Miembros de la CNT y socialistas denunciaron el autoritarismo gubernamental, y la derecha acusó al gobierno de incapacidad para controlar las revueltas. Azaña dimitió como jefe del gobierno, y el presidente Alcalá Zamora convocó nuevas elecciones para el 18 de noviembre de 1933. Los republicanos de izquierda se presentaron divididos a las elecciones, mientras los conservadores se unieron en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por Gil Robles. La victoria del centro-derecha (Partido Radical y CEDA) comportó la formación de un nuevo gobierno presidido por Lerroux, que paralizó buena parte del proceso reformista desarrollado en la etapa anterior. En octubre de 1934, la entrada de ministros de la CEDA en el gobierno provocó un fuerte rechazo entre los partidos y sindicatos de izquierda. En Asturias, un movimiento insurreccional, impulsado por socialistas y comunistas, declaró la revolución social y ocupó la cuenca minera. En Cataluña, la Generalitat proclamó el Estado catalán dentro de la República federal española.
Ambos movimientos fueron duramente reprimidos por el ejército, causando un gran número de víctimas y detenidos en Asturias. En Cataluña, el conflicto acabó con la suspensión del Estatuto y el encarcelamiento del gobierno. Después de estos sucesos de octubre de 1934, las diferencias entre el Partido Radical y la CEDA fueron en aumento. En 1935 algunos ministros radicales se vieron implicados en diversos escándalos de corrupción, y el presidente de la República convocó elecciones para febrero de 1936.
El Frente Popular (1936-1939) Los partidos republicanos de izquierda concurrieron a las elecciones formando un Frente Popular. El sindicato anarquista CNT no propuso la abstención a sus afiliados como en ocasiones anteriores. Los partidos de centro y de derecha se unieron en coalición en la mayoría de las provincias. Su programa era continuar la política contrarreformista del Bienio Conservador y modificar la Constitución. La victoria electoral correspondió por escaso margen al Frente Popular. El gobierno fue asumido por los republicanos de Azaña, quien se convirtió en presidente de la República mientras Santiago Casares Quiroga asumía la jefatura del gobierno. El Frente Popular puso de nuevo en marcha el programa de reformas iniciado en 1931, pero con mayor iniciativa y resolución política. Se aceleró la reforma agraria, se reinstauró la Generalitat de Cataluña y se reinició el proceso autonómico en el País Vasco y Galicia. Asimismo, a los militares sospechosos de preparar un golpe de Estado (Franco, Mola y Goded) se les dio un destino lejos de Madrid.
Del Frente Popular a la Guerra Civil El triunfo del Frente Popular fue mal recibido por los sectores más conservadores de la sociedad, que se oponían al proceso democratizador y reformista iniciado por las fuerzas republicanas en 1931. Al mismo tiempo, algunos sindicatos y grupos de izquierda defendieron la conveniencia de impulsar un proceso de revolución social. En este contexto, los militares opuestos a la República (Emilio Mola, desde Navarra, Francisco Franco, desde Canarias, y José Sanjurjo, desde Portugal) establecieron contactos con grupos de extrema derecha (algunos monárquicos, tradicionalistas, falangistas) para organizar un golpe de Estado. Las tensiones políticas desencadenaron un clima de enfrentamiento entre milicias de izquierdas y derechas. El 13 de julio fue asesinado el diputado monárquico José Calvo Sotelo, en represalia por la muerte del teniente José Castillo, militante socialista, abatido a tiros en Madrid. Este clima de confrontación social sirvió de pretexto a las fuerzas contrarias a la República para acelerar sus planes golpistas. El levantamiento militar se inició el 17 de julio en el Norte de África (Melilla, Ceuta y Tetuán), y los días 18 y 19 se extendió a Canarias, Baleares y toda la Península. La insurrección fracasó, sobre todo en las grandes ciudades y zonas industriales, gracias a la resistencia popular y de algunos cuerpos policiales, y a que un sector del ejército se mantuvo leal a la República.
La República en guerra En julio de 1936, el gobierno se vio desbordado ante el golpe militar. Azaña nombró jefe de gobierno a José Giral con la esperanza de que pudiera frenar la sublevación. Ante la negativa de los golpistas de finalizar la rebelión, Giral disolvió el ejército y dio armas a los partidos y sindicatos del Frente Popular, organizados en comités obreros. Numerosos sindicalistas de la CNT-FAI y también de la UGT aprovecharon el momento para llevar a cabo un proceso revolucionario. Los comités obreros repartieron tierras, colectivizaron fábricas y ejercieron una fuerte represión sobre los sospechosos de simpatizar con los sublevados (detenciones, fusilamientos, quema de iglesias...). En septiembre de 1936, el socialista Largo Caballero, el líder más aceptado por el conjunto de las fuerzas de izquierda, formó un gobierno de republicanos, socialistas, comunistas e incluso anarquistas. Se creó el Ejército Popular con ayuda soviética y se trató de poner fin a la represión ejercida de forma incontrolada por los comités.
Las derrotas militares aumentaron la división entre los partidos y sindicatos republicanos. El gobierno, con el apoyo de la mayoría de los partidos consideraba prioritario concentrarse en el esfuerzo militar para ganar la guerra, mientras que los grupos más radicales defendían la prioridad de profundizar en la revolución social. Ante las propuestas gubernamentales de restringir el poder de los comités obreros, anarquistas y trotskistas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), defensores de un proceso revolucionario radical, se enfrentaron al gobierno en mayo de 1937, pero fueron derrotados. El socialista Juan Negrín formó un gobierno en el que contó con el respaldo de los comunistas, cada vez más fuertes debido al apoyo soviético. Negrín planteó una propuesta de paz, los llamados Trece Puntos, que fue rechazada por Franco.
Los sublevados: La creación de una dictadura En la zona donde había triunfado el golpe militar, el ejército asumió el poder. Todos sus esfuerzos fueron dirigidos a lograr la victoria militar y a organizar un nuevo Estado de inspiración fascista, que anulara la legislación reformista de la República. Tras algunos titubeos sobre a quién correspondía llevar la iniciativa, la Junta de Defensa Nacional -primera institución del nuevo Estado- nombró a Francisco Franco generalísimo y jefe de gobierno (tanto Sanjurjo como Mola murieron en accidentes de aviación). En abril de 1937, Franco decretó la unificación de falangistas y tradicionalistas en un partido único (FET y de las JONS), y un año después se creó el primer gobierno en Burgos, capital provisional del nuevo Estado. Las principales medidas políticas del nuevo gobierno fueron la prohibición de partidos y sindicatos, a excepción de FET y de las JONS, la supresión de la Constitución y de los estatutos de autonomía, la recuperación del catolicismo como religión oficial del Estado y la anulación de todas las reformas republicanas.
La revolución social en el bando republicano La República contaba con el apoyo de amplios sectores de la población de características ideológicas diversas: republicanos moderados, reformistas, socialistas, nacionalistas de izquierda, comunistas y anarquistas. Todos defendían la legalidad republicana y la necesidad de cambios sociales y económicos. Pero el sector más radical de la izquierda, cuya actuación en las primeras semanas de la guerra impidió el triunfo del golpe militar en muchas zonas de España, quiso aprovechar su fuerza para impulsar una revolución social. La discusión entre la prioridad bélica o la necesidad de ahondar en el proceso revolucionario provocó, como hemos visto, numerosos enfrentamientos entre los leales a la República. En el bando republicano, y especialmente entre las organizaciones más revolucionarias, se defendieron los derechos femeninos y la incorporación de las mujeres a los ámbitos social y laboral en pie de igualdad con los hombres. En los primeros meses de la guerra se les permitió el alistamiento como milicianas, y su incorporación en las industrias de guerra fue muy importante durante todo el conflicto.
El fin de la guerra La Guerra Civil duró cerca de tres años, durante los cuales el ejército rebelde, mejor organizado y equipado, llevó la iniciativa militar. Los republicanos, faltos de una estrategia militar eficaz y de ayudas exteriores importantes, actuaron casi siempre a la defensiva, intentando frenar el avance del ejercito franquista. En su última fase, los esfuerzos del presidente Juan Negrín no fueron bien vistos por algunos republicanos, que pensaban que se estaba dependiendo demasiado de la URSS y habían perdido la fe en la victoria. El único partido que apoyó a Negrín fue el Partido Comunista Español. Dentro del propio ejército republicano, el coronel Casado, en colaboración con otros líderes republicanos como el socialista Julián Besteiro, o el anarquista Cipriano Mera, traicionaron a Negrín y dieron un golpe de Estado dentro de la República para rendirse ante Franco y esperar una rendición honrosa. El 1 de abril, un mensaje de radio anunciaba el fin de la guerra, y la derrota de la República. Se inición la dictadura del general Franco, que duraría casi 40 años.
Persecución y represión Los combates de la Guerra Civil dejaron numerosos muertos y heridos. Además de en los campos de batalla, en ambos bandos la violencia se ejerció, contra la población civil, como venganza del adversario por motivos políticos o personales. En la zona republicana, la represión se manifestó de forma violenta e incontrolada en los primeros meses de la guerra, cuando las patrullas obreras detuvieron o asesinaron a numerosos partidarios de los golpistas. Con la llegada al poder de Negrín, esta violencia incontrolada fue prácticamente erradicada. En la zona franquista se institucionalizó la persecución sistemática (detenciones, encarcelamientos, depuraciones y fusilamientos) de los dirigentes y militantes de los partidos y sindicatos de izquierda. Esta represión fue llevada a cabo con el consentimiento de los grupos políticos que respaldaban el alzamiento, y su objetivo era atemorizar a la población e impedir cualquier oposición.
FIN