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LA ECONOMÍA DEL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA

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Created on March 26, 2023

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LA ECONOMÍA DEL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA

INTRODUCCIÓN

La conquista siguió extendiéndose por toda el área mesoamericana hasta rebasar ampliamente su territorio, lo cual creó la necesidad de organizar política, social y económicamente a las tierras sometidas.

Por ello, Hernán Cortés, para no perder el control y el dominio, designó a algunos de sus soldados para que se hicieran cargo de encomiendas en cada señorío o pueblo, las cuales llegaron a sumar aproximadamente 500. Esta decisión la tomó contraviniendo la orden del rey Carlos I de que quedaba prohibido encomendar a la población indígena.

La Triple Alianza se veía beneficiada con el sistema de tributos y obligaciones provenientes de los pueblos dominados, que aportaban gran parte de sus riquezas. Todos los bienes y servicios implicados en el tributo alcanzaban para sostener holgadamente tanto a la clase gobernante y noble como a los centros urbanos de los tres grandes señoríos aliados.

Los conquistadores observaron que la organización y la administración de la Triple Alianza, así como la de otros señoríos, por ejemplo el de Michoacán, era muy eficiente, por ello conservaron la misma estrategia tributaria tanto con los pueblos conquistados a sangre y fuego como con los que habían establecido alianzas.

Por esta razón los españoles utilizaron esta red tributaria ya formada y lo único que tuvieron que hacer fue colocar en la cúspide al rey de España y junto a él a los encomenderos que lo representaban.

El tributo en la Nueva España continuó siendo tanto en bienes como en servicios, los cuales muchas veces eran cobrados con jornadas de trabajo o con participación en las guerras de con-quista.

Después de la derrota de la Triple Alianza y de que el proceso de conquista siguiera su marcha, el capitán general Hernán Cortés comenzó a tomar medidas que le permitieron tener bajo control a la población indígena, por eso, aunque en un principio el rey Carlos V no lo aprobaba, Cortés instituyó el sistema de encomiendas.

La encomienda en la Nueva España consistió en asignar, encomendar o poner bajo la responsabilidad de un español a un pueblo o señorío indígena con el propósito de protegerlo, recaudar los tributos y evangelizarlo.

Del tributo que se recaudaba una parte era para la Corona española y otra para los encomenderos.

El rey de España no sólo permitió que las encomiendas continuaran sino que ordenó recabar suficiente información para más adelante, cuando ya se contaba con un virrey en la Nueva España, decretar la Ley de Herencia a través de la cual se permitía poseer una encomienda hasta una segunda generación, es decir, lo que durara la vida del encomendero más la de sus hijos.

Sin embargo, como la Corona no había establecido un límite para la cantidad o especie que los indígenas debían pagar a los encomenderos, éstos comenzaron un proceso de explotación y descuido de la población originaria. Esto enfrentó a encomenderos y evangelizadores, ya que éstos no estaban de acuerdo en el trato que se les daba a los indígenas.

A mediados del siglo XVI se estableció el sistema de repartimiento, que consistía en asignar indígenas de cada pueblo para trabajar temporalmente en obras públicas y privadas de la Corona o en las propiedades de españoles peninsulares y encomenderos con un pago mínimo.

En 1536 se establecieron las mercedes de tierras que pasaron a formar parte del sistema económico de la Nueva España. Las mercedes también son conocidas como gracias o mercedes reales.

A quienes fueron soldados de a pie les concedía mercedes peonías, es decir, porciones de tierra más pequeñas que las de los soldados de caballería.

Al subir al poder Carlos I comenzó una reorganización administrativa que contaba con varios organismos coordinadores, entre los que surgió el Consejo Real y Supremo de las Indias, conocido también como Consejo de Indias, creado para atender los asuntos de sus colonias en América

Cortés tuvo que salir de la Ciudad de México para calmar una rebelión en Honduras y que dejó encargada la administración a los en-comenderos; pues bien, una vez que se quedaron solos, comenzaron a tener serias disputas con los funcionarios reales, lo cual acabó en grandes desórdenes que llegaron a oídos del rey de España, quien de inmediato hizo sentir su poder en la Nueva España a través de un tribunal superior denominado Real Audiencia, el cual se instaló en 1529 y fue conformada por un presidente, Nuño Beltrán de Guzmán, y los oidores; hablaremos de esta instancia en forma más detallada un poco más adelante.

La Primera Audiencia no funcionó porque sus representantes resultaron tan ambiciosos como los conquistadores, y no sólo redistribuyeron las encomiendas y las volvieron más agresivas con los indígenas, sino que incluso emprendieron batallas con todos aquellos que consideraban seguidores de Cortés.

Por ello, Carlos I instaló una Segunda Audiencia, esta vez presidida por el obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal, y con Vasco de Quiroga entre sus oidores

Con este nombramiento comenzaron a llegar autoridades clericales y hombres de letras. La actuación de esta Audiencia fue lo opuesto a la primera, pues acató las órdenes que había recibido del rey de España e inició la organización del gobierno interior y la administración de la justicia en Nueva España.

La presencia de los corregidores fue muy importante, no sólo para asegurar el pago de tributos y el quinto real, sino también porque a través de ellos se nombró vasallos del rey a los indígenas, con lo cual tenían derecho a poseer propiedades, aun cuando muchos ya habían sido despojados de sus tierras por los encomenderos.

En un inicio la recaudación del tributo real no fue sencilla, ya que se convirtió en un sistema complejo, por una parte el pago era desigual entre los pueblos de indios, pues dependía de si se habían aliado pacíficamente a los españoles o si habían sido so-metidos por la fuerza militar.

También influía el tamaño del pueblo o si estaban asignados a un encomendero o directamente a la Corona, ya que en el segundo caso sus tributos se iban directamente a las arcas reales.

Más adelante, con la disminución del poder de los encomenderos y con la presencia de autoridades de la Real Hacienda, los pagos de tributos se organizaron mejor, pues ya se contaba con registro y tasación.

Poco después de la fiebre del oro de los conquistadores, llegó la de la plata, y ésta fue tan importante para la economía de la Corona que se crearon en el Virreinato centros urbanos, alrededor de los cuales se agrupaban las principales minas de diferentes yacimientos, pero en especial de plata, a los cuales se les llamó real de minas.

Los reales de minas eran distritos mineros en los que había una diputación de minería que tenía como función principal salvaguardar los intereses de los dueños de las minas y vigilar que se cumplieran las disposiciones legales en torno a la industria minera.

En 1786 se expidieron ordenanzas generales de minería con el fin de incrementar la producción de metales. Asimismo, contemplaron la creación de tres instancias, un tribunal, un banco de avío y un colegio. Estas instituciones tenían como propósito principal resolver los problemas más graves de la minería novohispana, los relacionados con la organización, la justicia, el crédito y la técnica.