libros de caballerías
Tirant lo Blanc y Amadís de Gaula
Los libros de caballerías castellanos constituyen uno de los géneros narrativos más sobresalientes del siglo XVI, tanto dentro como fuera de la Península Ibérica. Uno de los géneros narrativos más trascendentales, por no decir el fundamental, en el momento en que se están poniendo las bases para la invención de la narrativa moderna; un género que hemos de situar muy por encima de otros (aparentemente) más prestigiosos y mejor estudiados como la ficción sentimental, la picaresca, la pastoril o la bizantina. Algo más de setenta obras diferentes y una difusión con éxito desde finales del siglo XV hasta principios del XVII, tanto en el ámbito de la imprenta como en el universo manuscrito, dan fe de ello.
Hay un pasaje del Quijote cervantino que ha venido, por encima de cualquier otro, a precisar una imagen de los libros de caballerías en la mente de los críticos, que les ha permitido pasar por el género de puntillas, aupados en la autoridad otorgada al escritor complutense, uno de los más entusiastas lectores (y autores) del género caballeresco. La escena nos devuelve a la conversación entre el canónigo de Toledo y el cura cervantino, mientras don Quijote se cree encantado.
-Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías; y aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene más este que aquel, ni estrotro que el otro.
De este modo, el análisis del género caballeresco, de ese conjunto de algo más de setenta títulos diferentes, se ha centrado en un grupo reducido de obras (las mismas que se salvan en el famoso escrutinio de la biblioteca del hidalgo Alonso Quijano), cuyos análisis, al ser todas «una mesma cosa», se han generalizado para el resto. La reciente Bibliografía de los libros de caballerías castellanos ofrece un listado de cifras muy significativo. Al margen de las «Fuentes bibliográficas» (96 títulos) y de las «Obras generales» (526 títulos), sólo los siguientes textos superan la veintena de acercamientos críticos.
1. Amadís de Gaula (I-IV): 595
2. Sergas de Esplandián (libro V de Amadís de Gaula): 73
3. Lisuarte de Grecia de Feliciano de Silva (libro VII de Amadís de Gaula): 30
4. Amadís de Grecia de Lisuarte de Grecia (libro IX de Amadís de Gaula): 22
5. Claribalte de Bernardo de Vargas: 23
6. Espejo de príncipes y caballeros (I) de Diego Ortúñez de Calahorra: 35
7. Palmerín de Olivia de ¿Francisco Vázquez?: 63
8. Primaleón de ¿Francisco Vázquez?: 36
9. Tristán el Joven: 21
Pero en su gran mayoría, a pesar de formar parte de algunos de los ciclos caballerescos más exitosos como el amadisiano, no llegan, ni con mucho, a esta cifra:
1. Florisando (libro V de Amadís de Gaula): 8
2. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (III): 6
3. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (IV): 11
4. Silves de la Selva de Pedro de Luján (libro XII de Amadís de Gaula): 6
5. Belianís de Grecia (I-II) de Jerónimo Fernández: 19
6. Cirongilio de Tracia de Bernardo de Vargas: 5
7. Clarián de Landanís (I, libro I) de Gabriel Velázquez de Castillo: 6
8. Clarián de Landanís (I, libro II) de Álvaro de Castro: 6
9. Clarisel de las Flores de Jerónimo Jiménez de Urrea: 8
10. Cristalián de España de Beatriz Bernal: 15
11. Florindo de Fernando Basurto: 8
12. Floriseo de Fernando Bernal: 6
13. Lidamarte de Armenia de Damasio de Frías y Balboa: 8
14. Olivante de Laura de Antonio de Torquemada: 10
Pero, por encima de todos ellos, son numerosos los textos que permanecen sin estudiar o a los que sólo se ha acercado un crítico, en ocasiones, dentro de un análisis general del ciclo o de un aspecto determinado del género caballeresco. Los números son más que representativos de esta situación:
18. Filorante: 1
19. Flor de caballerías: 2
20. Florambel de Lucea (I) de Jerónimo de Enciso: 1
21. Florambel de Lucea (II) de Jerónimo de Enciso: 0
22. Florambel de Lucea (III) de ¿Jerónimo de Enciso?: 1
23. Florando de Inglaterra (II): 2
24. Reimundo de Grecia (libro III de Floriseo): 0
25. Leon Flos de Tracia: 1
26. Lepolemo de Alonso de Salazar: 3
27. Lidamor de Escocia de Juan de Córdoba: 2
28. Marsindo: 2
29. Mexiano de la Esperanza: 2
30. Platir de Enciso: 2
31. Policisne de Boecia de Juan de Silva y de Toledo: 3
32. Polindo: 3
33. Polismán de Jerónimo de Contreras: 3
34. Roselao de Grecia (libro III de Espejo de caballerías): 1
35. Valerián de Hungría de Dionís Clemente: 1
1. Lisuarte de Grecia de Juan Díaz (libro VIII de Amadís de Gaula): 2
2. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (I-II): 2
3. Belianís de Grecia (III) de Jerónimo Fernández: 0
4. Belianís de Grecia (IV) de Pedro Guiral de Verrio: 1
5. Bencimarte de Lusitania: 1
6. Caballero de la Luna: 1
7. Floramante de Colonia (parte II de Clarián) de Jerónimo López: 1
8. Lidamán de Ganail (parte IV de Clarián) de Jerónimo López: 2
9. Claridoro de España: 1
10. Clarís de Trapisonda: 1
11. Espejo de príncipes y caballeros (II) de Pedro de la Sierra Infanzón: 2
12. Espejo de príncipes y caballeros (III) de Marcos Martínez: 3
13. Espejo de príncipes y caballeros ([IV]-V): 1
14. Febo el Troyano de Esteban de Corbera: 2
15. Félix Magno: 3
16. Felixmarte de Hircania de Melchor Ortega: 4
17. Filesbián (o Philesbián) de Candaria: 4
Las cifras hablan por sí solas: dentro del género caballeresco, sólo el Amadís de Gaula, y en menor medida el Palmerín de Olivia, ha merecido la atención de la crítica, lo que no puede ser ajeno el juicio positivo del cura cervantino: «que también he oído que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar»
Pero veamos: ¿Qué son los Libros de caballerías? «Libros de caballerías, los que tratan de hazañas de caballeros andantes, ficciones gustosas y artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho, como los libros de Amadís, de don Galaor, del Caballero del Febo y de los demás». Así definía a comienzos del siglo XVII Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana las obras del longevo y prolífico género de los libros de caballerías que por entonces, en 1611, seguía todavía vivo y daba a la luz títulos como el Policisne de Boecia (1602) y las continuaciones impresas o manuscritas del Espejo de príncipes y caballeros (Zaragoza, 1623). Los más de setenta títulos aparecidos desde la publicación del Amadís de Gaula de Rodríguez de Montalvo, amén de las adaptaciones y traducciones de textos catalanes, portugueses e italianos, de las reediciones de algunos títulos dentro y fuera de la Península y de las traducciones a otros idiomas, constituyen una abultada cifra que como les he dicho, lamentable e inexplicablemente silenciada por la moderna historiografía literaria española, para la que el género se reduce a poco más que el Amadís de Gaula, el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros, los libros salvados por Cervantes en el famoso escrutinio.
Podemos decir que es: Género novelesco en que se cuentan las hazañas y hechos fabulosos de caballeros aventureros o andantes. Los libros de caballerías contienen hechos e historias fingidas de héroes fabulosos, caballeros armados. La novela de caballerías, que también se llamó libros de caballerías, tuvo su máximo desarrollo como género narrativo en España entre los siglos XIV y XVII.
Así como la novela sentimental encarna el ideal amoroso en el siglo XV, los libros de caballerías responden, además, a otro de los incentivos que agitaban el alma de la sociedad cortesana de la época: la aventura caballeresca.
El protagonista de casi todos los libros de caballerías es un caballero andante, prototipo de heroísmo y de fidelidad amorosa, quien, en una larga serie de viajes por lejanas tierras, busca fama y honor combatiendo contra multitud de caballeros y seres maravillosos, convirtiéndose en el paladín de los oprimidos. El deseo de adquirir fama y honor tiene como finalidad última conseguir el amor de su dama, a la que ofrece todas sus victorias. El código moral se entrelaza con el código erótico, de ahí el parecido de las novelas caballerescas con la novela sentimental. Los móviles del caballero andante son la defensa del oprimido, el amor a una dama de su elección y el gusto por la aventura fantástica, impulsado por un espíritu de sacrificio y una adoración casi mística de su amada.
Un rasgo bastante común en estas obras es que el autor afirma que el texto procede de un manuscrito encontrado por él y que está escrito en una lengua extranjera, que precisará de un traductor. Cervantes parodia este rasgo de los libros de caballerías en su Quijote, cuando alude a que el texto lo ha sacado de una traducción que un morisco hizo de un texto de un historiador llamado Cide Hamete Benengeli.
Las novelas de caballerías encontraron grandes detractores desde sus orígenes, por su inverosimilitud, inmoralidad y descuidado lenguaje. Se dijo que eran libros que leían gentes de escasa formación, pero la realidad es que interesaban a todos los estamentos sociales y culturales: como santa Teresa de Jesús, el humanista Juan de Valdés y hasta el emperador Carlos V.
Características
1. Los hechos importan más que quienes los protagonizan
Los protagonistas tienen su relevancia, pero sus características suelen ser predecibles y su personalidad bastante plana, sin matices. Lo que realmente importa son las andanzas de los caballeros, sus hazañas.
2. Estructura abierta y flexible
Libros largos, colecciones incluso. Nada acaba, todo se extiende y está sujeto a cuantos caminos quiera imaginar el autor. Las aventuras son inacabables y entrelazadas y su narración hiperbólica.
6. El héroe y su peculiar idiosincrasia
Cada novela demuestra el nacimiento de un héroe: a veces hijo ilegítimo de padres nobles desconocidos e incluso reyes. Pero el camino no es sencillo, el nombre hay que merecérselo y el caballero cuenta para ello ocasionalmente con la ayuda de hechiceros, espadas mágicas y poderes sobrenaturales.
7. Escenarios fantásticos
Geografía fabulosa e irreal. Tierras paganas de ritos exóticos, lagos encantados, palacios variopintos, selvas encantadas, barcos misteriosos…
8. Tiempos remotos y míticos
Carentes de referencias a circunstancias históricas sociales contemporáneas.
9. Guerra sagrada
Evocando los tiempos de Reconquista, un tema recurrente es el de la cruzada cristiana para defender Constantinopla.
.10. Falsa traducción
Las novelas se presentan como si fuesen libros rescatados tras mucho tiempo ocultos y traducidos de lenguas como el griego, el alemán, el inglés, el árabe o el toscano.
3. Superación de pruebas
El caballero ha de adquirir honra y valor en sus batallas. La trama de los libros de caballerías avanza a golpe de las pruebas y más pruebas que el héroe ha de superar. Esperan la gloria y, en muchos casos, el amor.
4. Amor idealizado
Se trata de un amor cortesano y exagerado; relaciones muchas veces fuera del matrimonio e incluso con hijos ilegítimos, aunque a la postre terminan en boda.
5. Gloria a través de las armas
Es un contexto bélico el que posibilita la demostración de valor. Los caballeros combaten para demostrar su capacidad con las armas. Torneos y duelos son su día a día y los rivales son muchas veces gigantes que engrandecen las victorias.
Otras características son las siguientes: Están escritas en prosa.
Están escritas para ser leídas (se abandona la literatura oral de la Edad Media). La aparición de la imprenta supone un cambio en los hábitos literarios; ahora los libros se editan de forma rápida y son más accesibles para un amplio público que abandona las lecturas en grupo pata convertirse en lector individual.
Su único fin es entretener (se abandona también la finalidad didáctica-moralizante de gran parte de la literatura medieval).
Estructura en episodios. Se suceden en todas una serie de pruebas que el héroe debe ir superando.
La situación geográfica o temporal es fantástica. Aparecen lugares inventados, remotos y exóticos y no hay referencia a hechos históricos reales.
Los argumentos son siempre fantasías: magos que encanta, animales fantásticos, lugares con fantasmas… Hasta ahora, la literatura había sido realista y la aparición de la imaginación y la fantasía es bien recibida por los lectores. Los personajes son arquetipos. No evolucionan o envejecen; se mantienen siempre igual. El caballero no lucha por una familia, un grupo o una religión; lucha solo por sí mismo, por obtener fama y gloria. Es un héroe individual cuya principal virtud es el valor.
El héroe tiene un nacimiento extraordinario. En la mayoría de las novelas de caballería el héroe es hijo ilegítimo de padres nobles; tiene que recuperar su honra y demostrar su valor. Muchas veces cuenta con la ayude de algún elemento mágico (una espada, una capa…) o algún mago amigo.
Son novelas de acción llenas de batallas y de combates.
Forman sagas o ciclos largos donde se intercalan tramas y personajes secundarios. Por ello su estructura es abierta.
El amor es un tema principal. El caballero necesita una dama (que también está idealizada: es perfecta) a quien brindar todas sus hazañas. A ella le debe amor, fidelidad y vasallaje. Es un amor platónico.
El éxito de estas novelas fue tal que influyeron en los otros géneros literarios y en las costumbres de la época.
Tirant lo blanc
Este libro de Joanot Martorell y su continuador Joan de Galba, escrito en lengua catalana, es la obra más cercana a los libros de caballerías castellanos del siglo XVI. Algunos autores prefieren denominar esta obra "novela caballeresca". Para Miguel de Cervantes, “es el mejor libro del mundo”.
La construcción de la ficción
En la segunda mitad del siglo XII, en los territorios del Norte de Francia, y de la mano de un escritor genial, Chrétien de Troyes, nace el prototipo literario del caballero errante. Erec, Yvain, Lancelot, Perceval, Gauvain son algunos de estos caballeros errantes de la ficción, que dibuja y anima Chrétien de Troyes, los cuales estaban predestinados, por una larga posteridad, a tener renombre y fama.
Pero Chrétien no crea de la nada. Se inspira en materiales preexistentes a los cuales dota de una forma nueva. Sus fuentes de información no provienen de la realidad sino de mundos totalmenteimaginarios. Se servía de cuentos folclóricos de tradición celta. Sus historias, al igual que las de sus seguidores, están plenas de bosques salvajes e inhóspitos, habitados por personajes misteriosos, malvados; por extraordinarias bestias con rostro humano, por naves que navegan sin remos ni remadores, por castillos escondidos tras un espeso muro de niebla, que aparecen y desaparecen ante los ojos de los caballeros, por extraños genios que desatan tempestades o provocan lluvias inesperadas de lanzas y flechas que el intrépido caballera andante debe esquivar.
Chrétien no inventaba, sino que utilizaba cuentos que ya se conocían. En la forma, el escritor francés va a tomar estos materiales orales y los va a organizar con una estructura nueva: pensada, trabajada, cohesionada.
Presentaba una corte magnífica, donde el rey Arturo y su esposa, la reina Ginebra, están a la cabeza de la Mesa Redonda, creando con todos sus caballeros un imperio de paz, sostenido por el buen gobierno del monarca y las virtudes de los caballeros.
Hasta que llegaba a la Corte un mal caballero o sucedía un hecho extraordinario que colocaban entre paréntesis esta pacífica armonía artúrica. Un caballero estaba siempre preparado para salir "en aventura" para perseguir al malvado, o poner fin a la maravilla para que la corte regrese al orden inicial.
Dejaba la corte solo, errante y a cada instante, cada día que pasaba, le salían al paso aventuras de todo tipo que debía resolver con combates, duras pruebas que reclamaban su valor, hasta que finalmente, con éxito, conseguía reparar el mal y regresar la alegría a la entristecida corte artúrica.
Los personajes de Chrétien se convierten en auténticas encarnaciones de las más nobles virtudes caballerescas. Desde la lealtad y fidelidad a su señor, el valor en el combate, más el gran valor que todo lo movía: el amor de una dama.
Por supuesto que los caballeros de la realidad no tenían nada que ver con estos personajes. Siempre estaban en guerra entre ellos, sacaban la espada al mínimo insulto, provocación, odio o venganza. No trataban ni educada ni civilizadamente a las damas.El caballero de la ficción era un modelo ideal. La novela escapaba tor¡talmente de la realidad, tanto porque utilizaba materiales totalmente imaginarios como porque presentaba un mundo totalmente idealizado y sospechosamente virtuoso.
Todos estos textos estaban en verso. La prosa no era desconocida, pero se utilizaba para escribir historia y en latín.
De la ficción a la realidad
Tanto el rey Arturo como sus caballeros, andando el tiempo, se habían convertido en antepasados prestigiosos que habían vivido en un tiempo antiquísimo. Esta historización de la ficción va a facilitar que los caballeros reales se vieran reflejados en sus antecesores artúricos, que eran modelos de virtud. Por ello, van a imitar la literatura con la justa y el torneo y, en general, con todos los modos de actuar de la Baja Edad Media.
La justa era el combate cuerpo a cuerpo entre dos caballeros.
En el torneo, los caballeros combatían en equipos.
es en el siglo XIII cuando comienzan a generalizarse. Al principio eran muy violentos, ya que eran la mejor excusa para ventilar sus enemistades.
El combate podía ser de muchas maneras: a caballo y con lanza, a pie y con hacha o con todo tipo de armas de aquél entonces. Solamente estaban excluídas las flechas y dardos, porque disparar de lejos no era para los caballeros, que debían luchar cuerpo a cuerpo con el contrincante. Como había tanto derramamiento de sangre, que, desde el siglo XIII, va a surgir la necesidad de regular las justas y torneos. De todos modos, debían soportar el calor del verano portando pesadas armduras, sentir cómo su sangre cubría su cuerpo, pasar hambre, no dormir, etc. Los caballeros de los siglos XIV y XV iban a un torneo no en son de guerra sino de deporte. La violencia se va a transformar en ceremonia, en ritual, en espectáculo.
Esto no implica que esos espectáculos no fueran serios o que no tuvieran utilidad ni finalidad. Eran serios y útiles.
Por una parte, mantenían el cuerpo en buena condición física. Eran la preparación para la guerra. Por otra parte, se podía ganar dinero, ya que los perdedores eran hechos prisioneros y obligados a pagar rescate a los ganadores. Y, sobre todo, porque era la manera de conseguir fama y después ser solicitados por los gobernantes para ir a la guerra.
Las damas les regalaban mangas de camisa, hermosos pañuelos o brazaletes para que los lucieran en batalla. Los contrincantes intercambiaban insultos en poemas de batalla, escritos de manera enfática, muy literaria. Van a tomar el modelo de la literatura artúrica para trasladarlo a la realidad.
Así, en Europa, aparecen numerosas órdenes de caballería en los siglos XIV y XV. Son hermandades de caballeros que se juran lealtad mutua y comparten ideales. Esto va a reforzar los ideales caballerescos en la realidad.
Los más espectaculares eran los "pasos de armas", donde uno o más caballeros se situaban en un lugar estratégico: un cruce de caminos, la orilla de un río, cerca de una ermita, al costado de un árbol, etc. donde se dedicaban a impedir el paso de cualquier otra caballero a menos que luchara y no abandonaban el paso hasta tener los combates que se hubieran propuesto. Algunas veces estaban hasta un año. Algunos pasos eran muy vistosos.
Podemos pensar que estos caballeros de los siglos XIV y XV estaban un poco locos, al esforzarse en imitar un pasado imaginario. Pero esos ideales se habían hecho reales.En el siglo XV, cuando joanot martorell escribe el Tirant lo Blanc, la literatura se había hecho realidad.
De la realidad a la ficción de la realidad
Joanot Martorell debió escribir el Tirant lo Blanc entre los años 1460 y 1468, año en que va a morir. En ese momento, todos los caminos y cortes de Europa estaban plagados de verdaderos caballeros andantes. Como él mismo era.Nació en el año 1413 o 1414 en Gandía, donde su familia se había establecido hacía tiempo. Pertenecía a la mediana nobleza y, como hermano mayor de su familia, se dedicó a presen¡rvar su honor. Así, se enfreta a Ausias March por la dote de su hermana Isabel Martorell. Ya era caballero en 1433 y ejerció su labor valientemente.
En 1437 va a comenzar su litigio con su primo Joan de Monpalau, el cual se había raptado a su hermana Damiata y después de violarla, la había abandonado a su suerte. Joanot debía reparar el honor de Damiata. Esto ocasionó que de 1438 a 1439 Joanot viajara a Londres a servir al rey de Inglaterra y logró, con su virtud y valentía, convencer al rey Enrique VI de que fuera el juez en su enfrentamiento contra Monpalau, quien, al saber las intenciones de Joanot, salió huyendo y como consecuencia, tuvo que indemnizar económicamente a Damiata y cargar con el deshonor de ser un cobarde.
De nuevo en Valencia, fue retado por Jaume Ripoll, a quien venció. También venció a Felip Boïl , un caballero andante muy prestigioso. Entre 1444 y 1450 , tuvo lugar un desacuerdo con Gonçalbo d'Hijar, comandante de Montalbán, a propósito de la venta de unas poseciones. Se retaron a muerte y Joanot salió victorioso. En 1450 retornó a Inglaterra, a pedido del rey y después estuvo en Portugal y en la corte napolitana de Alfonso el Magnánimo. Cuando llegaba a los 50 años, decidió escribir el Tirant a partir de sus experiencias caballerescas. Se basaba en la realidad, aderezada con su imaginación. Así, Tirant y Carmesina parecen personajes reales, personas de verdad.
Así, le parece más atractivo, más literario, para el público de su época, narrar cómo Tirant se romp´la la pierna al saltar desde la habitación de Carmesina, que narrar cómo un caballero lograba entrar aun castillo que de repente desaparecía. Todo era realista. El único momento maravilloso tiene que ver con el desencantamiento de una doncella-dragón por parte de un caballero.
Como caballero del siglo XV, Joanot Martorell comulga con los ideales de su estamento noble. Tanto la guerra como el amor son los dos grandes hechos temáticos de la obra y también los dos grandes móviles de Tirant. Estos dos elementos dependen de la Fortuna, y esto lo sabe Joanot y también Tirant.
Por otra parte, la relación de la pareja Tirant-Carmsina es un testimonio de los cambios amorosos que se daban en su época, envueltos en realismo. Su final es triste y lacrimógeno.Pero también la novela contiene historias y escenas divertidas. Pero no hay amarga ironía ni parodia.
Tanto Joanot Martorell como Martí Joan de Galba, quien al parecer completó y dio a la imprenta el libro, en 1490, eran caballeros que creían en sus ideales. Para invertir esos ideales, tanto los de la novela como los de la realidad, se necesitará del genio de otro gran escritor: Cervantes.
amadís de gaula
Amadís de Gaula es uno de los más famosos de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo XVI en la península ibérica. La historia original data del siglo XIII o XIV, y su autoría está discutida.Resulta que finales del siglo XV Garci Rodríguez de Montalvo preparó la que habría de ser su versión definitiva, cuya edición más antigua conocida es la de Zaragoza (1508), con el nombre de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, pero se trata de una obra muy anterior, que ya existía en tres libros desde el siglo XIV. El mismo Garci Rodríguez de Montalvo confiesa haber enmendado los tres primeros libros y ser el autor del cuarto. Se han descubierto, en una encuadernación, unos fragmentos de una versión anterior a Montalvo, datable del primer cuarto del siglo XV. Demuestran que, entre sus enmiendas, hubo una abreviación.
Sobre Rodríguez de Montalvo hay las pocas noticias que él mismo cuenta: fue regidor de Medina del Campo, siguió la carrera de las armas y su actividad como escritor se limitó a la actualización de algunos antiguos libros conseguidos casualmente, entre los cuales se encontraba el Amadís. Se presume que nació en los tiempos de Juan II y que para 1492, tenía 50 años; trabajó en el Amadís, en la época de los reyes católicos pero el éxito de la obra será en la época de Carlos V.
La obra original (antes de las modificaciones incluidas por Montalvo) acaba trágicamente, como todas las obras del llamado Ciclo Artúrico.
El original (reconstruido) acaba como sigue: Lisuarte, mal aconsejado por avariciosos consejeros, echa de su lado a Amadís, lo reta e intenta casar a Oriana con un enemigo del héroe. Oriana es rescatada por Amadís y llevada a la Insula Firme por este. Lisuarte le declara la guerra a Amadís acompañado por Galaor (envidioso de Amadís) y Esplandián (a quien Lisuarte ha criado sin saber que es hijo de Amadís y, por tanto, su nieto). Tras varias batallas Galaor reta a Amadís y este lo mata.
Lisuarte lo reta a su vez y Amadís también lo mata. Un tercer reto enfrentará a Amadís y a Esplandián, matando este último a Amadís. Oriana, que observa la batalla desde una ventana, al ver la muerte de Amadís se lanza al vacío y muere. Urganda aparece y revela la verdad sobre sus padres a Esplandián.
La versión de Montalvo modifica sobre todo este final, haciéndole durar todo el libro cuarto. El final de los personajes es distinto. Lisuarte y Amadís hacen las paces, se conoce la identidad de Esplandián de una forma menos trágica y Galaor ni siquiera aparece en la batalla (está enfermo). Para cerrar la obra se usa un subterfugio que la hace acabar bruscamente. Lisuarte es encantado y Amadís debe dedicarse a gobernar. La historia continúa en Las sergas de Esplandián, obra del propio Rodríguez de Montalvo.
argumento final
Amadís de Gaula, tras una introducción en la que se afirma que el texto fue encontrado en un arcón enterrado,4 se inicia con el relato de los amores furtivos del rey Perión de Gaula y de la princesa Elisena de Bretaña, que dieron lugar al nacimiento de un niño, al que su madre, ayudada por su doncella Darioleta, coloca en un arca que deja llevar por la corriente de un río hasta llegar al mar, donde es recogida por un caballero llamado Gandales, que se dirigía a Escocia.
El niño, al que se da el nombre de Doncel del Mar, se educa en casa de Gandales, junto con su hijo Gandalín. En la corte de Escocia, el Doncel del Mar conoce a la bellísima princesa Oriana, hija del rey Lisuarte de Gran Bretaña y de su esposa la reina Brisena, y se enamora apasionadamente de ella.
Armado caballero por su padre el rey Perión (sin que ninguno de los dos conozca la filiación), empieza a correr fantásticas aventuras, protegido por la hechicera Urganda la Desconocida, así llamada porque nunca se presenta con la misma cara ni con el mismo aspecto, y perseguido por el mago Arcaláus el encantador.
Mientras tanto, Perión se ha casado con Elisena, quien le ha dado otro hijo llamado Galaor, el cual también resulta ser un valeroso caballero. Después de una gran batalla en la que vence al rey Abies de Irlanda, Amadís es reconocido como hijo del rey Perión.
El perverso encantador Arcaláus, junto con un caballero llamado Barsinán, ejecuta una conspiración para destronar al rey Lisuarte, quien es hecho prisionero, lo mismo que Oriana. Amadís y Galaor acuden en ayuda de Lisuarte; Galaor logra devolverle su trono, mientras Amadís rescata a Oriana, y enseguida del rescate consuman su amor, lo cual hace que Oriana quede embarazada.
Al final del Primer libro, Amadís va al reino de Sobradisa, para ayudar a la joven princesa Briolanja, legítima heredera de ese reino, y reponerla en el trono, del cual la había despojado su tío Abiseos. Briolanja se enamora de Amadís, pero este se mantiene fiel a su señora Oriana. Además, Amadís y Galaor conocen a un medio hermano suyo, Florestán, hijo del rey Perión y de una hija del conde de Selandia, nacido antes que Amadís.
Segundo libro
Después de dar cima a la aventura del arco de los leales amadores, por ser el amante más fiel del mundo, Amadís logra convertirse en señor de una isla encantada llamada la Ínsula Firme.
Sin embargo, Oriana, a la que una serie de equívocos han hecho creer que Amadís había correspondido al amor de Briolanja, rompe con él, le envía una amarga carta de quejas y le prohíbe presentarse ante ella.
Amadís, desesperado, se retira a hacer penitencia a un lugar desolado llamado la Peña Pobre, bajo el nombre de Beltenebrós ("el bello tenebroso").
Sin embargo, pronto Oriana se da cuenta de su error y le perdona. Por otro lado, la situación de Amadís en la corte de Londres se complica, porque dos malos consejeros predisponen al rey Lisuarte en su contra.
A fin de cuentas, Amadís y sus más cercanos amigos y parientes son expulsados de la corte.
libros tercero y cuarto
Oriana da a luz secretamente un hijo, Esplandián, que después de una serie de vicisitudes termina siendo criado por un virtuoso ermitaño llamado Nasciano.
Mientras en la corte de Lisuarte imperan las intrigas, Amadís, con el nombre de Caballero de la Verde Espada, protagoniza diversas aventuras en Bohemia y Grecia, y en la Ínsula del Diablo mata a un espantoso monstruo llamado el endriago.
Lisuarte decide pactar el matrimonio de Oriana, contra la voluntad de esta, con el emperador de Roma. Mientras Oriana es conducida a Roma por mar, Amadís aparece al frente de una poderosa escuadra, la rescata y la lleva a la Ínsula Firme.
Lisuarte y Amadís se preparan para un enfrentamiento definitivo, cada uno con apoyo de amigos y parientes. Se produce una gran batalla, en la que perece el emperador de Roma y Lisuarte es herido.
Súbitamente, las debilitadas fuerzas del monarca británico son atacadas por las del Arcaláus el encantador, quien ha pactado con el Rey Arábigo colocar a este en el trono de Gran Bretaña.
Amadís dirige su ejército contra el de Arcaláus y logra vencerlo; sin embargo, Arcaláus logra escapar de la prisión. Conmovido por esta actitud, Lisuarte, enterado ya de que Amadís y Oriana son padres de Esplandián, consiente en el matrimonio de los jóvenes.
Estos regresan a la Ínsula Firme, donde Oriana supera felizmente la prueba del arco de los leales amadores y se casa con Amadís. La obra termina cuando Esplandián es armado caballero y el rey Lisuarte es encantado y desaparece.
04
03
En cuanto al estilo, fue alabado por el exigente Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua, si bien consideraba que a veces lo bajaba mucho y otras lo encumbraba demasiado. Se caracteriza por un cierto latinizamiento de la sintaxis, que suele situar el verbo al final de la frase al modo latino, y otros rasgos de esta naturaleza, como el uso del participio de presente, que lo aproximan al tipo de lenguaje de la escuela alegórico-dantesca del siglo XV, si bien resulta mucho más claro.
No obstante, es necesario diferenciar entre el estilo de las tres primeras partes, que lleva incólume mucho del autor original, muy elegante y pormenorizado en los sucesos, y el texto atribuible a Garci Rodríguez de Montalvo, de muy inferior ingenio y brillantez. Las tres primeras partes reflejan el mundo del siglo XIII, mientras que el mundo de Garcí Rodríguez de Montalvo es el de principios del siglo XVI.
Por otra parte, el Amadís constituyó un éxito formidable, también a escala europea. Tanto es así, que el mismo Montalvo decidió explotarlo y escribir una continuación, titulada Las sergas de Esplandián, que es el quinto libro del ciclo, y en el cual se relatan las aventuras del hijo de Amadís y Oriana.
¡GRACIAS!
les quiero
LIBROS DE CABALLERÍAS/ TIRANT LO BLANC/ AMADÍS DE GAULA
Roxana Adriana Elvridge Thomas Santillán
Created on March 24, 2023
Presentación en torno al fenómeno de los Libros de Caballerías, sus antecedentes y características. Ejemplificados con el Tirant lo Blanc y el Amadís de Gaula.
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libros de caballerías
Tirant lo Blanc y Amadís de Gaula
Los libros de caballerías castellanos constituyen uno de los géneros narrativos más sobresalientes del siglo XVI, tanto dentro como fuera de la Península Ibérica. Uno de los géneros narrativos más trascendentales, por no decir el fundamental, en el momento en que se están poniendo las bases para la invención de la narrativa moderna; un género que hemos de situar muy por encima de otros (aparentemente) más prestigiosos y mejor estudiados como la ficción sentimental, la picaresca, la pastoril o la bizantina. Algo más de setenta obras diferentes y una difusión con éxito desde finales del siglo XV hasta principios del XVII, tanto en el ámbito de la imprenta como en el universo manuscrito, dan fe de ello.
Hay un pasaje del Quijote cervantino que ha venido, por encima de cualquier otro, a precisar una imagen de los libros de caballerías en la mente de los críticos, que les ha permitido pasar por el género de puntillas, aupados en la autoridad otorgada al escritor complutense, uno de los más entusiastas lectores (y autores) del género caballeresco. La escena nos devuelve a la conversación entre el canónigo de Toledo y el cura cervantino, mientras don Quijote se cree encantado.
-Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías; y aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene más este que aquel, ni estrotro que el otro.
De este modo, el análisis del género caballeresco, de ese conjunto de algo más de setenta títulos diferentes, se ha centrado en un grupo reducido de obras (las mismas que se salvan en el famoso escrutinio de la biblioteca del hidalgo Alonso Quijano), cuyos análisis, al ser todas «una mesma cosa», se han generalizado para el resto. La reciente Bibliografía de los libros de caballerías castellanos ofrece un listado de cifras muy significativo. Al margen de las «Fuentes bibliográficas» (96 títulos) y de las «Obras generales» (526 títulos), sólo los siguientes textos superan la veintena de acercamientos críticos.
1. Amadís de Gaula (I-IV): 595 2. Sergas de Esplandián (libro V de Amadís de Gaula): 73 3. Lisuarte de Grecia de Feliciano de Silva (libro VII de Amadís de Gaula): 30 4. Amadís de Grecia de Lisuarte de Grecia (libro IX de Amadís de Gaula): 22 5. Claribalte de Bernardo de Vargas: 23 6. Espejo de príncipes y caballeros (I) de Diego Ortúñez de Calahorra: 35 7. Palmerín de Olivia de ¿Francisco Vázquez?: 63 8. Primaleón de ¿Francisco Vázquez?: 36 9. Tristán el Joven: 21
Pero en su gran mayoría, a pesar de formar parte de algunos de los ciclos caballerescos más exitosos como el amadisiano, no llegan, ni con mucho, a esta cifra:
1. Florisando (libro V de Amadís de Gaula): 8 2. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (III): 6 3. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (IV): 11 4. Silves de la Selva de Pedro de Luján (libro XII de Amadís de Gaula): 6 5. Belianís de Grecia (I-II) de Jerónimo Fernández: 19 6. Cirongilio de Tracia de Bernardo de Vargas: 5 7. Clarián de Landanís (I, libro I) de Gabriel Velázquez de Castillo: 6 8. Clarián de Landanís (I, libro II) de Álvaro de Castro: 6 9. Clarisel de las Flores de Jerónimo Jiménez de Urrea: 8 10. Cristalián de España de Beatriz Bernal: 15 11. Florindo de Fernando Basurto: 8 12. Floriseo de Fernando Bernal: 6 13. Lidamarte de Armenia de Damasio de Frías y Balboa: 8 14. Olivante de Laura de Antonio de Torquemada: 10
Pero, por encima de todos ellos, son numerosos los textos que permanecen sin estudiar o a los que sólo se ha acercado un crítico, en ocasiones, dentro de un análisis general del ciclo o de un aspecto determinado del género caballeresco. Los números son más que representativos de esta situación:
18. Filorante: 1 19. Flor de caballerías: 2 20. Florambel de Lucea (I) de Jerónimo de Enciso: 1 21. Florambel de Lucea (II) de Jerónimo de Enciso: 0 22. Florambel de Lucea (III) de ¿Jerónimo de Enciso?: 1 23. Florando de Inglaterra (II): 2 24. Reimundo de Grecia (libro III de Floriseo): 0 25. Leon Flos de Tracia: 1 26. Lepolemo de Alonso de Salazar: 3 27. Lidamor de Escocia de Juan de Córdoba: 2 28. Marsindo: 2 29. Mexiano de la Esperanza: 2 30. Platir de Enciso: 2 31. Policisne de Boecia de Juan de Silva y de Toledo: 3 32. Polindo: 3 33. Polismán de Jerónimo de Contreras: 3 34. Roselao de Grecia (libro III de Espejo de caballerías): 1 35. Valerián de Hungría de Dionís Clemente: 1
1. Lisuarte de Grecia de Juan Díaz (libro VIII de Amadís de Gaula): 2 2. Florisel de Niquea de Feliciano de Silva (I-II): 2 3. Belianís de Grecia (III) de Jerónimo Fernández: 0 4. Belianís de Grecia (IV) de Pedro Guiral de Verrio: 1 5. Bencimarte de Lusitania: 1 6. Caballero de la Luna: 1 7. Floramante de Colonia (parte II de Clarián) de Jerónimo López: 1 8. Lidamán de Ganail (parte IV de Clarián) de Jerónimo López: 2 9. Claridoro de España: 1 10. Clarís de Trapisonda: 1 11. Espejo de príncipes y caballeros (II) de Pedro de la Sierra Infanzón: 2 12. Espejo de príncipes y caballeros (III) de Marcos Martínez: 3 13. Espejo de príncipes y caballeros ([IV]-V): 1 14. Febo el Troyano de Esteban de Corbera: 2 15. Félix Magno: 3 16. Felixmarte de Hircania de Melchor Ortega: 4 17. Filesbián (o Philesbián) de Candaria: 4
Las cifras hablan por sí solas: dentro del género caballeresco, sólo el Amadís de Gaula, y en menor medida el Palmerín de Olivia, ha merecido la atención de la crítica, lo que no puede ser ajeno el juicio positivo del cura cervantino: «que también he oído que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar»
Pero veamos: ¿Qué son los Libros de caballerías? «Libros de caballerías, los que tratan de hazañas de caballeros andantes, ficciones gustosas y artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho, como los libros de Amadís, de don Galaor, del Caballero del Febo y de los demás». Así definía a comienzos del siglo XVII Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana las obras del longevo y prolífico género de los libros de caballerías que por entonces, en 1611, seguía todavía vivo y daba a la luz títulos como el Policisne de Boecia (1602) y las continuaciones impresas o manuscritas del Espejo de príncipes y caballeros (Zaragoza, 1623). Los más de setenta títulos aparecidos desde la publicación del Amadís de Gaula de Rodríguez de Montalvo, amén de las adaptaciones y traducciones de textos catalanes, portugueses e italianos, de las reediciones de algunos títulos dentro y fuera de la Península y de las traducciones a otros idiomas, constituyen una abultada cifra que como les he dicho, lamentable e inexplicablemente silenciada por la moderna historiografía literaria española, para la que el género se reduce a poco más que el Amadís de Gaula, el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros, los libros salvados por Cervantes en el famoso escrutinio.
Podemos decir que es: Género novelesco en que se cuentan las hazañas y hechos fabulosos de caballeros aventureros o andantes. Los libros de caballerías contienen hechos e historias fingidas de héroes fabulosos, caballeros armados. La novela de caballerías, que también se llamó libros de caballerías, tuvo su máximo desarrollo como género narrativo en España entre los siglos XIV y XVII.
Así como la novela sentimental encarna el ideal amoroso en el siglo XV, los libros de caballerías responden, además, a otro de los incentivos que agitaban el alma de la sociedad cortesana de la época: la aventura caballeresca.
El protagonista de casi todos los libros de caballerías es un caballero andante, prototipo de heroísmo y de fidelidad amorosa, quien, en una larga serie de viajes por lejanas tierras, busca fama y honor combatiendo contra multitud de caballeros y seres maravillosos, convirtiéndose en el paladín de los oprimidos. El deseo de adquirir fama y honor tiene como finalidad última conseguir el amor de su dama, a la que ofrece todas sus victorias. El código moral se entrelaza con el código erótico, de ahí el parecido de las novelas caballerescas con la novela sentimental. Los móviles del caballero andante son la defensa del oprimido, el amor a una dama de su elección y el gusto por la aventura fantástica, impulsado por un espíritu de sacrificio y una adoración casi mística de su amada.
Un rasgo bastante común en estas obras es que el autor afirma que el texto procede de un manuscrito encontrado por él y que está escrito en una lengua extranjera, que precisará de un traductor. Cervantes parodia este rasgo de los libros de caballerías en su Quijote, cuando alude a que el texto lo ha sacado de una traducción que un morisco hizo de un texto de un historiador llamado Cide Hamete Benengeli.
Las novelas de caballerías encontraron grandes detractores desde sus orígenes, por su inverosimilitud, inmoralidad y descuidado lenguaje. Se dijo que eran libros que leían gentes de escasa formación, pero la realidad es que interesaban a todos los estamentos sociales y culturales: como santa Teresa de Jesús, el humanista Juan de Valdés y hasta el emperador Carlos V.
Características
1. Los hechos importan más que quienes los protagonizan Los protagonistas tienen su relevancia, pero sus características suelen ser predecibles y su personalidad bastante plana, sin matices. Lo que realmente importa son las andanzas de los caballeros, sus hazañas. 2. Estructura abierta y flexible Libros largos, colecciones incluso. Nada acaba, todo se extiende y está sujeto a cuantos caminos quiera imaginar el autor. Las aventuras son inacabables y entrelazadas y su narración hiperbólica.
6. El héroe y su peculiar idiosincrasia Cada novela demuestra el nacimiento de un héroe: a veces hijo ilegítimo de padres nobles desconocidos e incluso reyes. Pero el camino no es sencillo, el nombre hay que merecérselo y el caballero cuenta para ello ocasionalmente con la ayuda de hechiceros, espadas mágicas y poderes sobrenaturales. 7. Escenarios fantásticos Geografía fabulosa e irreal. Tierras paganas de ritos exóticos, lagos encantados, palacios variopintos, selvas encantadas, barcos misteriosos… 8. Tiempos remotos y míticos Carentes de referencias a circunstancias históricas sociales contemporáneas. 9. Guerra sagrada Evocando los tiempos de Reconquista, un tema recurrente es el de la cruzada cristiana para defender Constantinopla. .10. Falsa traducción Las novelas se presentan como si fuesen libros rescatados tras mucho tiempo ocultos y traducidos de lenguas como el griego, el alemán, el inglés, el árabe o el toscano.
3. Superación de pruebas El caballero ha de adquirir honra y valor en sus batallas. La trama de los libros de caballerías avanza a golpe de las pruebas y más pruebas que el héroe ha de superar. Esperan la gloria y, en muchos casos, el amor. 4. Amor idealizado Se trata de un amor cortesano y exagerado; relaciones muchas veces fuera del matrimonio e incluso con hijos ilegítimos, aunque a la postre terminan en boda. 5. Gloria a través de las armas Es un contexto bélico el que posibilita la demostración de valor. Los caballeros combaten para demostrar su capacidad con las armas. Torneos y duelos son su día a día y los rivales son muchas veces gigantes que engrandecen las victorias.
Otras características son las siguientes: Están escritas en prosa. Están escritas para ser leídas (se abandona la literatura oral de la Edad Media). La aparición de la imprenta supone un cambio en los hábitos literarios; ahora los libros se editan de forma rápida y son más accesibles para un amplio público que abandona las lecturas en grupo pata convertirse en lector individual. Su único fin es entretener (se abandona también la finalidad didáctica-moralizante de gran parte de la literatura medieval).
Estructura en episodios. Se suceden en todas una serie de pruebas que el héroe debe ir superando. La situación geográfica o temporal es fantástica. Aparecen lugares inventados, remotos y exóticos y no hay referencia a hechos históricos reales. Los argumentos son siempre fantasías: magos que encanta, animales fantásticos, lugares con fantasmas… Hasta ahora, la literatura había sido realista y la aparición de la imaginación y la fantasía es bien recibida por los lectores. Los personajes son arquetipos. No evolucionan o envejecen; se mantienen siempre igual. El caballero no lucha por una familia, un grupo o una religión; lucha solo por sí mismo, por obtener fama y gloria. Es un héroe individual cuya principal virtud es el valor. El héroe tiene un nacimiento extraordinario. En la mayoría de las novelas de caballería el héroe es hijo ilegítimo de padres nobles; tiene que recuperar su honra y demostrar su valor. Muchas veces cuenta con la ayude de algún elemento mágico (una espada, una capa…) o algún mago amigo. Son novelas de acción llenas de batallas y de combates. Forman sagas o ciclos largos donde se intercalan tramas y personajes secundarios. Por ello su estructura es abierta. El amor es un tema principal. El caballero necesita una dama (que también está idealizada: es perfecta) a quien brindar todas sus hazañas. A ella le debe amor, fidelidad y vasallaje. Es un amor platónico.
El éxito de estas novelas fue tal que influyeron en los otros géneros literarios y en las costumbres de la época.
Tirant lo blanc
Este libro de Joanot Martorell y su continuador Joan de Galba, escrito en lengua catalana, es la obra más cercana a los libros de caballerías castellanos del siglo XVI. Algunos autores prefieren denominar esta obra "novela caballeresca". Para Miguel de Cervantes, “es el mejor libro del mundo”.
La construcción de la ficción
En la segunda mitad del siglo XII, en los territorios del Norte de Francia, y de la mano de un escritor genial, Chrétien de Troyes, nace el prototipo literario del caballero errante. Erec, Yvain, Lancelot, Perceval, Gauvain son algunos de estos caballeros errantes de la ficción, que dibuja y anima Chrétien de Troyes, los cuales estaban predestinados, por una larga posteridad, a tener renombre y fama.
Pero Chrétien no crea de la nada. Se inspira en materiales preexistentes a los cuales dota de una forma nueva. Sus fuentes de información no provienen de la realidad sino de mundos totalmenteimaginarios. Se servía de cuentos folclóricos de tradición celta. Sus historias, al igual que las de sus seguidores, están plenas de bosques salvajes e inhóspitos, habitados por personajes misteriosos, malvados; por extraordinarias bestias con rostro humano, por naves que navegan sin remos ni remadores, por castillos escondidos tras un espeso muro de niebla, que aparecen y desaparecen ante los ojos de los caballeros, por extraños genios que desatan tempestades o provocan lluvias inesperadas de lanzas y flechas que el intrépido caballera andante debe esquivar.
Chrétien no inventaba, sino que utilizaba cuentos que ya se conocían. En la forma, el escritor francés va a tomar estos materiales orales y los va a organizar con una estructura nueva: pensada, trabajada, cohesionada.
Presentaba una corte magnífica, donde el rey Arturo y su esposa, la reina Ginebra, están a la cabeza de la Mesa Redonda, creando con todos sus caballeros un imperio de paz, sostenido por el buen gobierno del monarca y las virtudes de los caballeros.
Hasta que llegaba a la Corte un mal caballero o sucedía un hecho extraordinario que colocaban entre paréntesis esta pacífica armonía artúrica. Un caballero estaba siempre preparado para salir "en aventura" para perseguir al malvado, o poner fin a la maravilla para que la corte regrese al orden inicial.
Dejaba la corte solo, errante y a cada instante, cada día que pasaba, le salían al paso aventuras de todo tipo que debía resolver con combates, duras pruebas que reclamaban su valor, hasta que finalmente, con éxito, conseguía reparar el mal y regresar la alegría a la entristecida corte artúrica.
Los personajes de Chrétien se convierten en auténticas encarnaciones de las más nobles virtudes caballerescas. Desde la lealtad y fidelidad a su señor, el valor en el combate, más el gran valor que todo lo movía: el amor de una dama.
Por supuesto que los caballeros de la realidad no tenían nada que ver con estos personajes. Siempre estaban en guerra entre ellos, sacaban la espada al mínimo insulto, provocación, odio o venganza. No trataban ni educada ni civilizadamente a las damas.El caballero de la ficción era un modelo ideal. La novela escapaba tor¡talmente de la realidad, tanto porque utilizaba materiales totalmente imaginarios como porque presentaba un mundo totalmente idealizado y sospechosamente virtuoso.
Todos estos textos estaban en verso. La prosa no era desconocida, pero se utilizaba para escribir historia y en latín.
De la ficción a la realidad
Tanto el rey Arturo como sus caballeros, andando el tiempo, se habían convertido en antepasados prestigiosos que habían vivido en un tiempo antiquísimo. Esta historización de la ficción va a facilitar que los caballeros reales se vieran reflejados en sus antecesores artúricos, que eran modelos de virtud. Por ello, van a imitar la literatura con la justa y el torneo y, en general, con todos los modos de actuar de la Baja Edad Media.
La justa era el combate cuerpo a cuerpo entre dos caballeros.
En el torneo, los caballeros combatían en equipos.
es en el siglo XIII cuando comienzan a generalizarse. Al principio eran muy violentos, ya que eran la mejor excusa para ventilar sus enemistades.
El combate podía ser de muchas maneras: a caballo y con lanza, a pie y con hacha o con todo tipo de armas de aquél entonces. Solamente estaban excluídas las flechas y dardos, porque disparar de lejos no era para los caballeros, que debían luchar cuerpo a cuerpo con el contrincante. Como había tanto derramamiento de sangre, que, desde el siglo XIII, va a surgir la necesidad de regular las justas y torneos. De todos modos, debían soportar el calor del verano portando pesadas armduras, sentir cómo su sangre cubría su cuerpo, pasar hambre, no dormir, etc. Los caballeros de los siglos XIV y XV iban a un torneo no en son de guerra sino de deporte. La violencia se va a transformar en ceremonia, en ritual, en espectáculo.
Esto no implica que esos espectáculos no fueran serios o que no tuvieran utilidad ni finalidad. Eran serios y útiles.
Por una parte, mantenían el cuerpo en buena condición física. Eran la preparación para la guerra. Por otra parte, se podía ganar dinero, ya que los perdedores eran hechos prisioneros y obligados a pagar rescate a los ganadores. Y, sobre todo, porque era la manera de conseguir fama y después ser solicitados por los gobernantes para ir a la guerra.
Las damas les regalaban mangas de camisa, hermosos pañuelos o brazaletes para que los lucieran en batalla. Los contrincantes intercambiaban insultos en poemas de batalla, escritos de manera enfática, muy literaria. Van a tomar el modelo de la literatura artúrica para trasladarlo a la realidad.
Así, en Europa, aparecen numerosas órdenes de caballería en los siglos XIV y XV. Son hermandades de caballeros que se juran lealtad mutua y comparten ideales. Esto va a reforzar los ideales caballerescos en la realidad.
Los más espectaculares eran los "pasos de armas", donde uno o más caballeros se situaban en un lugar estratégico: un cruce de caminos, la orilla de un río, cerca de una ermita, al costado de un árbol, etc. donde se dedicaban a impedir el paso de cualquier otra caballero a menos que luchara y no abandonaban el paso hasta tener los combates que se hubieran propuesto. Algunas veces estaban hasta un año. Algunos pasos eran muy vistosos.
Podemos pensar que estos caballeros de los siglos XIV y XV estaban un poco locos, al esforzarse en imitar un pasado imaginario. Pero esos ideales se habían hecho reales.En el siglo XV, cuando joanot martorell escribe el Tirant lo Blanc, la literatura se había hecho realidad.
De la realidad a la ficción de la realidad
Joanot Martorell debió escribir el Tirant lo Blanc entre los años 1460 y 1468, año en que va a morir. En ese momento, todos los caminos y cortes de Europa estaban plagados de verdaderos caballeros andantes. Como él mismo era.Nació en el año 1413 o 1414 en Gandía, donde su familia se había establecido hacía tiempo. Pertenecía a la mediana nobleza y, como hermano mayor de su familia, se dedicó a presen¡rvar su honor. Así, se enfreta a Ausias March por la dote de su hermana Isabel Martorell. Ya era caballero en 1433 y ejerció su labor valientemente.
En 1437 va a comenzar su litigio con su primo Joan de Monpalau, el cual se había raptado a su hermana Damiata y después de violarla, la había abandonado a su suerte. Joanot debía reparar el honor de Damiata. Esto ocasionó que de 1438 a 1439 Joanot viajara a Londres a servir al rey de Inglaterra y logró, con su virtud y valentía, convencer al rey Enrique VI de que fuera el juez en su enfrentamiento contra Monpalau, quien, al saber las intenciones de Joanot, salió huyendo y como consecuencia, tuvo que indemnizar económicamente a Damiata y cargar con el deshonor de ser un cobarde.
De nuevo en Valencia, fue retado por Jaume Ripoll, a quien venció. También venció a Felip Boïl , un caballero andante muy prestigioso. Entre 1444 y 1450 , tuvo lugar un desacuerdo con Gonçalbo d'Hijar, comandante de Montalbán, a propósito de la venta de unas poseciones. Se retaron a muerte y Joanot salió victorioso. En 1450 retornó a Inglaterra, a pedido del rey y después estuvo en Portugal y en la corte napolitana de Alfonso el Magnánimo. Cuando llegaba a los 50 años, decidió escribir el Tirant a partir de sus experiencias caballerescas. Se basaba en la realidad, aderezada con su imaginación. Así, Tirant y Carmesina parecen personajes reales, personas de verdad.
Así, le parece más atractivo, más literario, para el público de su época, narrar cómo Tirant se romp´la la pierna al saltar desde la habitación de Carmesina, que narrar cómo un caballero lograba entrar aun castillo que de repente desaparecía. Todo era realista. El único momento maravilloso tiene que ver con el desencantamiento de una doncella-dragón por parte de un caballero.
Como caballero del siglo XV, Joanot Martorell comulga con los ideales de su estamento noble. Tanto la guerra como el amor son los dos grandes hechos temáticos de la obra y también los dos grandes móviles de Tirant. Estos dos elementos dependen de la Fortuna, y esto lo sabe Joanot y también Tirant.
Por otra parte, la relación de la pareja Tirant-Carmsina es un testimonio de los cambios amorosos que se daban en su época, envueltos en realismo. Su final es triste y lacrimógeno.Pero también la novela contiene historias y escenas divertidas. Pero no hay amarga ironía ni parodia.
Tanto Joanot Martorell como Martí Joan de Galba, quien al parecer completó y dio a la imprenta el libro, en 1490, eran caballeros que creían en sus ideales. Para invertir esos ideales, tanto los de la novela como los de la realidad, se necesitará del genio de otro gran escritor: Cervantes.
amadís de gaula
Amadís de Gaula es uno de los más famosos de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo XVI en la península ibérica. La historia original data del siglo XIII o XIV, y su autoría está discutida.Resulta que finales del siglo XV Garci Rodríguez de Montalvo preparó la que habría de ser su versión definitiva, cuya edición más antigua conocida es la de Zaragoza (1508), con el nombre de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, pero se trata de una obra muy anterior, que ya existía en tres libros desde el siglo XIV. El mismo Garci Rodríguez de Montalvo confiesa haber enmendado los tres primeros libros y ser el autor del cuarto. Se han descubierto, en una encuadernación, unos fragmentos de una versión anterior a Montalvo, datable del primer cuarto del siglo XV. Demuestran que, entre sus enmiendas, hubo una abreviación.
Sobre Rodríguez de Montalvo hay las pocas noticias que él mismo cuenta: fue regidor de Medina del Campo, siguió la carrera de las armas y su actividad como escritor se limitó a la actualización de algunos antiguos libros conseguidos casualmente, entre los cuales se encontraba el Amadís. Se presume que nació en los tiempos de Juan II y que para 1492, tenía 50 años; trabajó en el Amadís, en la época de los reyes católicos pero el éxito de la obra será en la época de Carlos V.
La obra original (antes de las modificaciones incluidas por Montalvo) acaba trágicamente, como todas las obras del llamado Ciclo Artúrico. El original (reconstruido) acaba como sigue: Lisuarte, mal aconsejado por avariciosos consejeros, echa de su lado a Amadís, lo reta e intenta casar a Oriana con un enemigo del héroe. Oriana es rescatada por Amadís y llevada a la Insula Firme por este. Lisuarte le declara la guerra a Amadís acompañado por Galaor (envidioso de Amadís) y Esplandián (a quien Lisuarte ha criado sin saber que es hijo de Amadís y, por tanto, su nieto). Tras varias batallas Galaor reta a Amadís y este lo mata.
Lisuarte lo reta a su vez y Amadís también lo mata. Un tercer reto enfrentará a Amadís y a Esplandián, matando este último a Amadís. Oriana, que observa la batalla desde una ventana, al ver la muerte de Amadís se lanza al vacío y muere. Urganda aparece y revela la verdad sobre sus padres a Esplandián. La versión de Montalvo modifica sobre todo este final, haciéndole durar todo el libro cuarto. El final de los personajes es distinto. Lisuarte y Amadís hacen las paces, se conoce la identidad de Esplandián de una forma menos trágica y Galaor ni siquiera aparece en la batalla (está enfermo). Para cerrar la obra se usa un subterfugio que la hace acabar bruscamente. Lisuarte es encantado y Amadís debe dedicarse a gobernar. La historia continúa en Las sergas de Esplandián, obra del propio Rodríguez de Montalvo.
argumento final
Amadís de Gaula, tras una introducción en la que se afirma que el texto fue encontrado en un arcón enterrado,4 se inicia con el relato de los amores furtivos del rey Perión de Gaula y de la princesa Elisena de Bretaña, que dieron lugar al nacimiento de un niño, al que su madre, ayudada por su doncella Darioleta, coloca en un arca que deja llevar por la corriente de un río hasta llegar al mar, donde es recogida por un caballero llamado Gandales, que se dirigía a Escocia. El niño, al que se da el nombre de Doncel del Mar, se educa en casa de Gandales, junto con su hijo Gandalín. En la corte de Escocia, el Doncel del Mar conoce a la bellísima princesa Oriana, hija del rey Lisuarte de Gran Bretaña y de su esposa la reina Brisena, y se enamora apasionadamente de ella.
Armado caballero por su padre el rey Perión (sin que ninguno de los dos conozca la filiación), empieza a correr fantásticas aventuras, protegido por la hechicera Urganda la Desconocida, así llamada porque nunca se presenta con la misma cara ni con el mismo aspecto, y perseguido por el mago Arcaláus el encantador.
Mientras tanto, Perión se ha casado con Elisena, quien le ha dado otro hijo llamado Galaor, el cual también resulta ser un valeroso caballero. Después de una gran batalla en la que vence al rey Abies de Irlanda, Amadís es reconocido como hijo del rey Perión. El perverso encantador Arcaláus, junto con un caballero llamado Barsinán, ejecuta una conspiración para destronar al rey Lisuarte, quien es hecho prisionero, lo mismo que Oriana. Amadís y Galaor acuden en ayuda de Lisuarte; Galaor logra devolverle su trono, mientras Amadís rescata a Oriana, y enseguida del rescate consuman su amor, lo cual hace que Oriana quede embarazada.
Al final del Primer libro, Amadís va al reino de Sobradisa, para ayudar a la joven princesa Briolanja, legítima heredera de ese reino, y reponerla en el trono, del cual la había despojado su tío Abiseos. Briolanja se enamora de Amadís, pero este se mantiene fiel a su señora Oriana. Además, Amadís y Galaor conocen a un medio hermano suyo, Florestán, hijo del rey Perión y de una hija del conde de Selandia, nacido antes que Amadís.
Segundo libro
Después de dar cima a la aventura del arco de los leales amadores, por ser el amante más fiel del mundo, Amadís logra convertirse en señor de una isla encantada llamada la Ínsula Firme. Sin embargo, Oriana, a la que una serie de equívocos han hecho creer que Amadís había correspondido al amor de Briolanja, rompe con él, le envía una amarga carta de quejas y le prohíbe presentarse ante ella.
Amadís, desesperado, se retira a hacer penitencia a un lugar desolado llamado la Peña Pobre, bajo el nombre de Beltenebrós ("el bello tenebroso"). Sin embargo, pronto Oriana se da cuenta de su error y le perdona. Por otro lado, la situación de Amadís en la corte de Londres se complica, porque dos malos consejeros predisponen al rey Lisuarte en su contra. A fin de cuentas, Amadís y sus más cercanos amigos y parientes son expulsados de la corte.
libros tercero y cuarto
Oriana da a luz secretamente un hijo, Esplandián, que después de una serie de vicisitudes termina siendo criado por un virtuoso ermitaño llamado Nasciano. Mientras en la corte de Lisuarte imperan las intrigas, Amadís, con el nombre de Caballero de la Verde Espada, protagoniza diversas aventuras en Bohemia y Grecia, y en la Ínsula del Diablo mata a un espantoso monstruo llamado el endriago. Lisuarte decide pactar el matrimonio de Oriana, contra la voluntad de esta, con el emperador de Roma. Mientras Oriana es conducida a Roma por mar, Amadís aparece al frente de una poderosa escuadra, la rescata y la lleva a la Ínsula Firme.
Lisuarte y Amadís se preparan para un enfrentamiento definitivo, cada uno con apoyo de amigos y parientes. Se produce una gran batalla, en la que perece el emperador de Roma y Lisuarte es herido. Súbitamente, las debilitadas fuerzas del monarca británico son atacadas por las del Arcaláus el encantador, quien ha pactado con el Rey Arábigo colocar a este en el trono de Gran Bretaña. Amadís dirige su ejército contra el de Arcaláus y logra vencerlo; sin embargo, Arcaláus logra escapar de la prisión. Conmovido por esta actitud, Lisuarte, enterado ya de que Amadís y Oriana son padres de Esplandián, consiente en el matrimonio de los jóvenes. Estos regresan a la Ínsula Firme, donde Oriana supera felizmente la prueba del arco de los leales amadores y se casa con Amadís. La obra termina cuando Esplandián es armado caballero y el rey Lisuarte es encantado y desaparece.
04
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En cuanto al estilo, fue alabado por el exigente Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua, si bien consideraba que a veces lo bajaba mucho y otras lo encumbraba demasiado. Se caracteriza por un cierto latinizamiento de la sintaxis, que suele situar el verbo al final de la frase al modo latino, y otros rasgos de esta naturaleza, como el uso del participio de presente, que lo aproximan al tipo de lenguaje de la escuela alegórico-dantesca del siglo XV, si bien resulta mucho más claro. No obstante, es necesario diferenciar entre el estilo de las tres primeras partes, que lleva incólume mucho del autor original, muy elegante y pormenorizado en los sucesos, y el texto atribuible a Garci Rodríguez de Montalvo, de muy inferior ingenio y brillantez. Las tres primeras partes reflejan el mundo del siglo XIII, mientras que el mundo de Garcí Rodríguez de Montalvo es el de principios del siglo XVI.
Por otra parte, el Amadís constituyó un éxito formidable, también a escala europea. Tanto es así, que el mismo Montalvo decidió explotarlo y escribir una continuación, titulada Las sergas de Esplandián, que es el quinto libro del ciclo, y en el cual se relatan las aventuras del hijo de Amadís y Oriana.
¡GRACIAS!
les quiero