Patatas en la mochila
Un día la profesora nos pidió que lleváramos patatas crudas y una motxila a clase. Nos dijo que pusiéramos en la mochila una patata por cada persona a la que guardábamos rencor y escribiéramos su nombre en ella.
Nos pidió que durante una semana lleváramos a todas partes la mochila de patatas. Algunas eran realmente pesadas. Naturalmente, las patatas se iban deteriorando con el tiempo.
El fastidio de cargar con esa mochila en todo momento me hizo darme cuenta del peso que cargaba a diario en mi vida, a causa del rencor.
También aprendí cómo, mientras ponía mi atención en ella...
...dejaba de atender otras cosas importantes.
Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio tan alto que pagamos por no aceptar algo que ya ha pasado y no puede cambiarse.
Todxs tenemos patatas pudriéndose en nuestra mochila afectiva. El deseo de venganza es como cianuro que tomamos diariamente a gotas y, que al final, nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta de que lxs primerxs beneficiadxs somos nosotrxs mismxs.
Perdonar no significa estar de acuerdo con lo que pasó, ni justificarlo. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a quien hizo daño. El perdón libera de ataduras que amargan por dentro y enferman el cuerpo.
Significa dejar de lado la ira y el rencor que causan dolor y resentimiento.
Patatas en la mochila
Bizikidetza Herrian
Created on February 24, 2023
Start designing with a free template
Discover more than 1500 professional designs like these:
View
Practical Video
View
Akihabara Video
View
Essential Video
View
Video: Responsible Use of Social Media and Internet
View
Explainer Video: Keys to Effective Communication
View
Explainer Video: AI for Companies
View
Timeline video mobile
Explore all templates
Transcript
Patatas en la mochila
Un día la profesora nos pidió que lleváramos patatas crudas y una motxila a clase. Nos dijo que pusiéramos en la mochila una patata por cada persona a la que guardábamos rencor y escribiéramos su nombre en ella.
Nos pidió que durante una semana lleváramos a todas partes la mochila de patatas. Algunas eran realmente pesadas. Naturalmente, las patatas se iban deteriorando con el tiempo.
El fastidio de cargar con esa mochila en todo momento me hizo darme cuenta del peso que cargaba a diario en mi vida, a causa del rencor.
También aprendí cómo, mientras ponía mi atención en ella...
...dejaba de atender otras cosas importantes.
Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio tan alto que pagamos por no aceptar algo que ya ha pasado y no puede cambiarse.
Todxs tenemos patatas pudriéndose en nuestra mochila afectiva. El deseo de venganza es como cianuro que tomamos diariamente a gotas y, que al final, nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta de que lxs primerxs beneficiadxs somos nosotrxs mismxs.
Perdonar no significa estar de acuerdo con lo que pasó, ni justificarlo. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a quien hizo daño. El perdón libera de ataduras que amargan por dentro y enferman el cuerpo.
Significa dejar de lado la ira y el rencor que causan dolor y resentimiento.