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Harlen Uriel Landazury

Interna SDDE

Created on February 9, 2023

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La ciudad de las oportunidades

Harlen Uriel LandazuryOficina de Control Disciplinario Interno

Él es Harlen Uriel Landazury. Es auxiliar administrativo de la Oficina de Control Disciplinario Interno, y apoya en el manejo de correspondencia, organización de documentos, planeación de las actividades y remisión de notificaciones de actos administrativos que hacen parte de los procesos que se surten en la investigación o juzgamiento a servidores que incurran en comportamientos con incidencia disciplinaria.

Es un hombre tranquilo. Soñador. Comenta que Bogotá ha sido una ciudad que le ha abierto muchas puertas; entre ellas, la del amor. Aquí conoció a su esposa y vio nacer a la luz de sus ojos: la pequeña Salomé, de cuatro años. Su arribo a la capital, no obstante, tiene dos faces: una de ellas, es júbilo, tesón y calor de hogar; la otra, es nostalgia, dolor y recuerdos fijados en un espacio que le fue arrebatado.

Bogotá ha significado la posibilidad de encauzar sus sueños, pero sus ojos develan recuerdos dolorosos de la crueldad de los actos ajenos; de las injusticias; de la ignominia que se padece; de las tierras que se dejan. Una mañana de agosto, de 2010, Harlen tuvo que abandonar su municipio natal, Barbacoas -Nariño-, por amenazas contra su vida, cuando siendo líder social de su comunidad recibió una afrenta del grupo criminal denominado ‘los rastrojos’. Cuenta que recibió tal sentencia por reclamar paz. “Hice públicas las denuncias por el crimen atroz de una niña de tan solo 4 años que fue víctima de la violencia y desde entonces mi vida corrió peligro”, explica.

Fueron experiencias muy fuertes. Cuando se despidió de sus ancestros no sabía qué le deparaba el futuro; su única certeza fue dirigirse a la Defensoría del Pueblo de Pasto a registrar la declaratoria de los hechos victimizantes de desplazamiento forzado. En calidad de líder comunitario, el Ministerio del Interior en ese entonces le ayudó con el sostenimiento mientras se ubicaba laboralmente para tener el mínimo vital. Posteriormente, tras tocar varias puertas, tuvo la oportunidad de trabajar en otros municipios; eso sí, lejos de su Barbacoas.

La capital fue su siguiente parada. Desafiante. Para quien llega por primera vez, proveniente de territorios lejanos y costumbres de provincia, puede ser apabullante. Harlen dejó su tierra, sus hermanas y su madre -quien años después, falleció-; y rápidamente el tráfico, el clima, la soledad y la incertidumbre le hicieron mella. Pero su resiliencia y tenacidad se impusieron; y al poco tiempo, las adversidades le hicieron más fuerte y supo aprovechar las oportunidades que brinda una metrópoli como Bogotá. Con su esfuerzo y ahorros, inició estudios profesionales; y así va, con su serenidad, superando escollos y viendo cómo sus sueños se van cumpliendo. Bogotá, entonces, ha sido el escenario que más le ha permitido crecer en experiencias. Los recuerdos aún quedan, pero se enfoca en su presente y en todo lo que habrá por venir. Paradójicamente, poco a poco, la urbe lo ha sacado de su dolor y le ha devuelto sus esperanzas.

En la ciudad se inició como colaborador del Distrito. Primero, en la Secretaría de Integración Social, tuvo la oportunidad de ser profesor en una institución educativa, en el nivel de párvulos. Dice que las bases que tuvo como egresado de escuela normalista le brindaron competencias como educador; y sí que las pudo aprovechar, porque en una actividad pedagógica conoció al amor de su vida, su esposa.

Ahora, como servidor público en la Secretaría de Desarrollo Económico, ha encontrado un empleo estable que le ha permitido estabilidad financiera y emocional. “En la entidad puedo trabajar, ser esposo y amigo. Hago parte de un equipo con una esfera de armonía y respeto; siento que en calidad de empleado no solo soy quien desempeña una función, como una ficha, sino como una persona en todo el sentido de la palabra”, manifiesta.

En este instante está culminando su carrera profesional como abogado y, paralelamente, cursa una especialización en ciencias criminológicas y penales, ambas en la Universidad Corporativa Republicana. Aspira, también, con su preparación y experiencia, seguir aportando sus conocimietos en el campo de derecho disciplinario y postularse a alguna vacante que pueda surgir más adelante en la entidad.

Entretanto, dedica tiempo a su familia y pasiones. Es abstemio, le gusta la música clásica - de tonada romántica-, es buen cocinero y un ávido lector. Pero quizá, una de las actividades con la cual ha podido expresar con más libertad su espíritu y sentir es la escritura. “Me gusta mucho escribir poemas y crónicas. De hecho, estoy terminando un libro que se llamará ‘Relatos de un pueblo sin Dios y sin Ley’. Sé que es un título duro, pero creo que retrata la realidad que ha vivido mi municipio, a través de diferentes episodios”, explica.

De momento, no ha pensado en regresar a Barbacoas. Dice que la situación de orden público no ha cambiado y, como hombre de familia, prefiere la seguridad e integridad de los suyos. Así que su plan inmediato es contemplar y disfrutar lo que tiene en sus manos, en la Bogotá que lo ha acogido. “Mi esposa es mi compañera de vida, tiene las características que soñé: es hacendosa y daría la vida por su hija; además, como educadora, tiene las herramientas para potenciar su desarrollo”... “Ellas son mi vida, amo estar con ellas y ver que les gusta lo que les preparo los fines de semana”, apunta con una sonrisa.