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DOSSIER 1: EDICIÓN LIJ

Claudia Andrea Andra

Created on November 29, 2022

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DOSSIER

¿QUÉ SE EDITA CUANDO SE EDITA? REFLEXIONES SOBRE LA EDICIÓN EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

diciembre 2022

DOSSIER

¿QUÉ SE EDITA CUANDO SE EDITA? REFLEXIONES SOBRE LA EDICIÓN EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

EDICIÓN DOSSIER: Claudia Andrade Ecchio y Carola Vesely Avaria.ILUSTRACIÓN DE PORTADA: Ilustr. Sergio Vesely. Título: Artistas en la ciudad. Técnica: Gouache/Tinda china. 60 x 80. Año: 2004. ILUSTRACIONES INTERIORES: Índice. Ilustr. Sergio Vesely. Título: Alrededor de un libro de cuentos. Técnica: Gouache/Tinda china. 60 x 80. Año: 2004. Secciones 01 y 02. Ilustr. Beatrice Steele. Técnica: Ilustración digital. 21 x 30. Año: 2020.

Índice

01.

10.

La Otra LIJ

Muñeca de Trapo

11.

02.

Pez Espiral

Dossier Edición

12.

03.

Plazadeletras

Akanni Ediciones

13.

04.

Saposcat

Cabeza Hueca

05.

14.

Claraboya

Tríada Ediciones

06.

15.

Vasalisa

Cocorocoq

07.

16.

Viaje Literario

Desastre Natural

17.

08.

Copyright

Ediciones RB

09.

18.

09.

Portada

Loba Ediciones

01

La OTRA LIJ

LA LECTURA INTERMINABLE

LA OTRA LIJ

El ciclo consistió en la realización de seis charlas a propósito de clásicos de la literatura infantil y juvenil: Peter Pan y Wendy (por Carola Martínez), Las aventuras de Huckleberry Finn (por Paolo Acevedo), La historia interminable (por Claudia Andrade), El maravilloso mago de Oz (por Hugo Hinojosa), Pippi Calzaslargas (por Blanca Hernández) y Las aventuras de Pinocho (por Carola Vesely).

Quiénes somos

La Otra LIJ es un espacio de producción y divulgación de conocimiento sobre la literatura escrita y/o destinada para niños, niñas, adolescentes y jóvenes, así como de las problemáticas asociadas a la enseñanza, mediación y mercado editorial de estas obras (en sus distintos soportes). Está pensado para autores/as, ilustradores/as, editores/as, académicos/as, bibliotecarios/as, docentes, mediadores/as y personas interesadas en esta temática.

Es coordinado por un equipo de académicos expertos en Lengua y Literatura, y cuenta con la colaboración de un grupo de profesionales y especialistas en áreas afines a la literatura infantil y juvenil.

Entre 2019 y 2021, publicamos una serie de críticas y columnas de opinión en nuestras redes sociales (Facebook e Instagram), con una doble finalidad: por un lado, discutir temas de interés a partir de la revisión de obras de variado tipo (novela, poesía, teatro, cómic, manga, videojuegos) y, por otro, abordar problemáticas relacionadas con el campo literario, la industria cultural, el mercado editorial, la censura y la mediación de la lectura, por mencionar algunos.

Desde su surgimiento en 2019, el equipo de La Otra LIJ ha coordinado distintas instancias para aportar y renovar la discusión en torno a las producciones pensadas para este público lector.

UNA MUJER HECHA DE LIBROS

LA OTRA LIJ

El ciclo se realizó en enero 2021 y enero 2022, y fue organizado en conjunto con La Ventana del Sur. En su primera versión, contó con la participación de las escritoras Martha Riva Palacio, Laura Ponce y Camila Valenzuela; por su parte, en la segunda versión, participaron Maielis González y Sofía Baker (Podcast Las Escritoras de las Urras), Marian Lutzky (escritora) y Gabriela Lyon (ilustradora).

Quiénes somos

Conoce nuestro canal de Youtube

Asimismo, como equipo, hemos participado en distintos congresos académicos y seminarios nacionales e internacionales, entre ellos, el Seminario LIJPE 2021, el 25° Congreso de la Sociedad Internacional para la Investigación en Literatura Infantil (IRSCL 2021), el II y III Seminario Online de Mediación Lectora (Centro Lector Lo Barnechea, 2021) y el II Congreso Internacional de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Martín (2022).

Entre 2020 y 2022, desarrollamos los ciclos La Lectura Interminable (2020) y Una mujer hecha de libros (2021 y 2022), ambos disponibles en nuestro canal de Youtube. En conjunto con las universidades Finis Terrae, Academia de Humanismo Cristiano y Autónoma, organizamos el Primer Encuentro de LIJ: Tendencias actuales desde la formación docente (sep. 2021).

Ver

02

Dossier edición en lij

edición de lij

Hacia nuevos horizontes lectores

En un contexto de creciente florecimiento de apuestas editoriales orientadas a la literatura para infancia, adolescencia y juventud en Chile, para todas y todos quienes formamos parte del ecosistema del libro resulta fundamental poner en valor el mundo de las editoriales dedicadas a la literatura infantil y juvenil, especialmente aquellas llamadas "independientes", por la tremenda contribución que realizan a la bibliodiversidad y al enriquecimiento de los materiales de lectura orientados a este público lector. El trabajo de estas editoriales no solo ha aportado con libros de calidad sobresaliente, desde lógicas no necesariamente orientadas al mercado, sino también a la incorporación de temáticas contingentes y relevantes, así como a la exploración en torno a diferentes soportes, formatos y lenguajes. La visualidad es un hilo conductor de estas propuestas editoriales, al incorporar lenguajes propios de las nuevas generaciones y al explorar géneros que aportan una diversidad de temáticas y técnicas, siempre apostando por la innovación y la problematización de contenidos. La Otra LIJ quiso darles un espacio a proyectos que tienen a niñes, adolescentes y jóvenes en su centro, para difundir qué están haciendo, así como los principios que las sostienen y en qué medida estos se proyectan en su catálogo.

Carola Vesely

akanni ediciones

Editar en tiempos de crisis
+INFO

Mi experiencia como editora y autora nace desde las artes escénicas en primera instancia. Trabajé más de 10 años transformando textos dramáticos en imágenes y creando escenografía, vestuario e iluminación para diferentes formatos. La exploración por estos caminos tan diferentes me hizo comprender que hay un sinfín de alternativas para llegar a públicos diversos, donde la dirección de arte es importante para comunicar.

Akanni Ediciones es una editorial que busca crear puentes entre las personas. Nacimos el 2019 entre el estallido social y la pandemia, lo que definió qué temáticas íbamos a tratar en una sociedad que se replantea y está en crisis. Nuestra propuesta nace desde la visualidad, conociendo que el formato visual es fundamental en el contexto actual y que debemos, por tanto, dialogar con la cultura visual para generar el interés en niños, niñas, jóvenes y adultos.

Francisca Bravo, editora

El paso de las artes escénicas hacia la literatura fue natural, ya que en ese momento me encontraba criando niños pequeños. Además, como madre, empecé a refugiarme en los libros y a disfrutar de la lectura con mis hijos. Entendí que este goce abría infinitas posibilidades de acercamiento y mediación. Me encontré que en las librerías entre el 2014-2016, había una gran bibliodiversidad de libros extranjeros, en cuanto a los temas abordados y formatos. Sin embargo, muchas veces me quedaba con la sensación de que faltaban temas por tratar y que algunos eran difíciles de encontrar.

No es casual que la gran mayoría de nuestras autoras sean mujeres, ya que es esa voz la que queremos relevar. Nuestros libros entregan información desde las ilustraciones que buscan insertar temáticas de roles desde el género. En Como hermanas (Francisca Luco, 2019), podemos encontrar un papá que se encarga de labores domésticas, quien aparece como un detalle que no influye directamente con el texto. Del mismo modo ocurre en los libros de la Trilogía del hilo rojo (Victor Romero y Gloria Osorio, 2022), los cuales fueron creados de manera inclusiva, desde las adaptaciones de las obras de Shakespeare a partir de la mirada de la discapacidad cognitiva. Cactus y El canto perdido (ambos de Victor Romero y Gloria Osorio, 2021) fueron editados bajo una dirección de arte muy cuidada, considerando las diversas temáticas actuales como la perspectiva de género y la inclusión, aportando además ciertos aspectos de la lectura fácil.

Al mismo tiempo, descubrí que los juegos de mesa son una muy buena instancia para entregar contenidos y pasar un buen momento. Nuestra ludoteca familiar empezó a crecer, ya que disfrutamos mucho de esa actividad y cada vez con juegos más complejos, todos perfectamente ilustrados que abordaban temáticas muy diversas. Encontré ahí un nicho para crear un material ilustrado desde otro lenguaje.

Creemos que la mediación de los contenidos es clave para promover el gusto lector desde un plano que permita conversar y formar una mirada crítica, sin quedarse únicamente en la dimensión educativa de los llamados “libros para”, que tienen un objetivo específico. Sin embargo, gracias a la cercanía con el público, hemos descubierto que las y los lectores buscan abordar ciertos temas y encontrar algún recurso que les permita tener el pie de conversación. Dichas temáticas, como hemos observado, no siempre son fáciles de tratar o de mediar.

Ahí nace otra disyuntiva, hacer libros que enriquezcan la conversación para una sociedad que no se comunica, que esconde los temas profundos y que hoy en día se desarrolla desde un lado individualista. Pero ¿hay mercado para estos temas? Nos hemos encontrado que sí, sin embargo, es un mercado de nicho, ya que no todos los padres, madres y cuidadores se atreven a abarcar temáticas como la muerte de un ser querido, legados familiares, el destete o el Alzheimer. Abordar temas vigentes es relevante en el desarrollo y promoción del gusto por la lectura, y tener espacios de mediación se vuelve fundamental para llegar a nuevas audiencias. Me parece muy alucinante la diversidad de temas que hoy se aborda en nuestro país. Y espero, como directora editorial, poder aportar en la construcción de una sociedad más empática y consciente.

cabeza hueca

Ser una niña editora
+INFO

Hola. Soy Emilia Aravena, creadora e ilustradora de la Editorial Cabeza Hueca. Creé la editorial a los cinco años, porque me gustaba mucho dibujar (siempre me ha gustado) y me gustaban los libros ilustrados infantiles. Entonces, como mis papás tenían una editorial, yo siempre los veía hacer libros a mano y me gustaba mucho. Aprendí a hacer libretas y libros a los cinco años. Así fue como se me ocurrió armar mi propia editorial. Al principio, vendía en ferias de libros donde mis papás asistían. Ahí vendía imanes y calendarios, bolsas pintadas a mano y stickers, pero el año 2021 comencé a publicar libros y eso me dio la oportunidad de ser invitada a las ferias y a distintos espacios a mostrar mi trabajo.

Emilia Aravena, editora

Los autores también son niños de mi edad: Amaro Zúñiga, que hizo Canelo Ko y Amatista Sánchez que escribió El chanchito Lodín, y armé un equipo editorial con Amaro y Rafael Aravena, mi hermano. Ellos me ayudan a leer los textos, a decidir cuáles se publicarán y a dar ideas para las ilustraciones. Son muy responsables y creativos. También en la editorial me ayudan mis papás y mi abuela a coser los libros y Tilo, el editor de la editorial de mi mamá, me ayuda a corregir los textos. Los libros el próximo año irán a algunas librerías. Por ahora, los vendo solo directamente y en ferias. He participado en la Furia del Libro, en la Primavera del Libro y La Reina Ilustra, y en Espacio Literario de Ñuñoa. Y cuando no voy a las ferias, mis papás llevan los libros, porque no puedo faltar al colegio.

EMILIA.

Mis hijos nacieron entre libros. Desde muy pequeños vieron a sus padres leer, coser libros, encuadernar, enseñar a hacer libros a otros. Emilia se entretenía a mi lado recolectando los retazos de papel para unirlos con cinta adhesiva y crear sus propias libretas. A esa técnica para unir los papeles le llamaba “escochación” (por el uso de scotch). Fue ahí, en aquellas tardes en que yo trabajaba y ella me acompañaba, que se dio cuenta de dos grandes pasiones que la entretenían: el dibujo y el emprendimiento. Así fue como un día me sorprendió con su primera libreta hecha a mano. Entonces le pregunté por qué no hacía más para regalar a sus abuelos. La idea le gustó tanto que pronto comenzó a hacer más y más. Fue a sus cinco años cuando me dijo que ella también quería tener su editorial, vender libros, ir a ferias. Hacer lo que nosotros hacíamos. Como un juego, comenzamos a darle espacio en nuestro stand de las ferias en que participábamos. Primero vendía stickers para pintar, luego imanes, libretas, calendarios. Y así comenzó a mostrar lo que hacía. Hasta que un día, a sus cinco años y medio, encontró el nombre de su editorial: Cabeza Hueca. Le causaba risa ese nombre.

Entusiasmada, le hizo un logo y Cabeza Hueca comenzó a tomar vida. Fue en junio del 2017 más o menos que se presentó por primera vez en una feria del libro: la Primavera del Libro, con sus cosas y las vendió. Así siguió acompañándonos hasta que en 2021 quiso sacar para el aniversario de su editorial un “libro de verdad”, con una historia escrita. Intentó escribir, pero no la dejaba convencida el resultado. Le aconsejé que buscara autor y pensó en su compañero de curso. Así dio inició a las publicaciones de la editorial. Cabeza Hueca tomó fuerza gracias al entusiasmo, valentía e ingenuidad de Emilia. Ella va a las ferias y le encanta conversar con la gente, mostrar su trabajo y motivar a otros. Quienes han visto su trabajo generosamente lo difunden y así ha recibido sorpresivas invitaciones a distintos espacios para mostrar lo que hace.

LORENA, MAMÁ DE EMILIA.

CLARABOYA

Una literatura para descubrir la propia humanidad
+INFO

El circuito de la creación, producción y recepción del libro infantil siempre ha tenido características complejas: editar literatura infantil y juvenil implica diversos retos que parten de la misma denominación controvertida y excluyente de la LIJ y de su doble destinatario; todos sabemos que los libros para niños pasan, al menos hasta una edad, por el filtro de padres y docentes. Este difícil punto de partida viene además entrelazado con los temores sobre la utilidad y objetivos que, en toda época y lugar, han generado las escrituras “para niños” y las posibles lecturas que ambos destinatarios hicieran.

Sin embargo, así como las sociedades cambian, las infancias también lo hacen y, por lo tanto, la literatura infantil se renueva. Es impensable para un editor no estar atento a estos cambios que se presentan en las sociedades. Los niños de hoy viven inmersos en un mundo visual, donde los estímulos son constantes. ¿Cómo pueden competir los libros para ser atractivos? El lector de hoy es en gran parte visual, pero también es un lector muy expuesto a temas como las desigualdades sociales, la inmigración o la crisis ecológica.

Valeria Mari, editora

Como editora de LIJ, estoy convencida de dos cosas: los niños pueden sentir intensamente y por nada del mundo se les debe subestimar. Con esta máxima en mi cabeza, a menudo me pregunto qué tipo de lecturas busco poner al alcance de la mano de los lectores infantiles. Me interesa pensar que el catálogo de mi editorial representa una interferencia en medio de muchas propuestas que priorizan otros aspectos de la experiencia lectora. Busco conformar un cuerpo de lecturas inquietantes y que, por su capacidad transformadora, ayuden a pensar el mundo. Uno de los mayores desafíos para un editor es proporcionar lecturas que abran posibilidades de experimentar la individualidad, en un mundo invadido por los medios masivos y la publicidad homogeneizadora. De igual forma, defiendo la ficción literaria, porque permite escenarios para ejercitar la solidaridad y la empatía, dejando huellas en el proceso de subjetividad y en otros ámbitos de la realidad interior y exterior del ser humano. El gran desafío para un buen editor es cómo generar libros que respeten al lector y que le entreguen un producto que despierte su gusto por la lectura.

Por otra parte, editar no es publicar, y por eso es tan importante para el desarrollo de la LIJ chilena comprender que no todo es publicable y que debemos prestar más atención a la calidad de la palabra escrita. Pienso que contenidos y lectores deben adaptarse mutuamente; no se trata de criticar sin pensar contenidos transmedia o la enorme avalancha de libros sobre niñas rebeldes, respiración y yoga, educación emocional, ciencia y ecología. Se trata de comprender que, si bien en general estos libros tienen una predilección por la imagen y los datos, es nuestra responsabilidad como editores mejorar esas propuestas y darles más valor a esos contenidos.

Considero a la buena LIJ como obras que acompañarán a los niños en su descubrimiento del mundo y de su propia humanidad, para que logren desarrollar capacidad crítica y consciencia sobre quiénes son porque, como dijo Louise Rosenblatt en La literatura como exploración, “…debemos proveerles literatura a los niños que los reconozca como individuos que cohabitan con nosotros este mundo naturalmente intenso, en calidad de iguales” (FCE, 2003). Mi responsabilidad como editora es ir a contracorriente si es necesario, encontrando el equilibrio entre los componentes que cumplan los requisitos para ser publicados como libros, con enorme respeto por los diversos niños lectores, y, sobre todo, convencida de que la literatura sirve para que los lectores aprendan a amar al árbol antes de obligarse a salvar los amenazados bosques del mundo.

COCOROCOQ

Primerizas: mujeres que se arriesgan
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No es casual que nuestra colección de narrativa se llame Primerizas. Es, formalmente, nuestra primera colección; con ella debutamos en la narrativa juvenil de textos más extensos que un libro álbum y también es la primera experiencia de nuestras autoras. Cada título ha sido un encuentro diferente. El primero, Las niñas traviesas, lo escuchamos en el programa de radio de nuestra amiga Cristina Gallardo, quien, desde una emisora en el sur, promueve las letras del sur. La voz de Marian Lutzky, su autora, leyendo la magnífica prosa poética de esa obra, atravesó cientos de kilómetros y fue el volumen inaugural de esta colección. La escuchamos, al menos un par de breves capítulos, y comprendimos que el talento de la escritora era extraordinario. Queríamos leerla y escucharla mil veces más, algo que también le ocurrió a Karina Cocq, la ilustradora.

Patricia Cocq, editora

Meses más tarde, en la Feria Internacional del Libro de Lima, en el stand de La Independiente, me topé con la edición peruana de Compórtense como señoritas, de K. Luy de Aliaga. Lo leí de pie y recordé a esa lectora ansiosa que algún día fui, y me encanté con el viaje de una niña distinta que enfrentaba una sociedad conservadora, con dolor pero también con mucha música, fiesta y amor. Luego, todo se acomodó muy fluidamente para sacar este segundo volumen, ilustrado por Toto Duarte. El tercero, Isla queja, es totalmente distinto a los anteriores. Llegó también por caminos no tradicionales: amistades de mi hermano, con las que siempre conectamos a la distancia, y que se acortó la brecha hasta unirnos en esta misión romántica y difícil: publicar la primera obra de una autora totalmente desconocida. El tono amargo y crítico de la novela, las disquisiciones y las aventuras de una adulta joven en su encuentro con la precariedad de la academia, se nos apareció como una revelación, de una voz que se abría desde un espacio no tan tradicional para la narrativa de las mujeres y las disidencias. Y para el humor y la ironía no había mejor ilustradora que nuestra querida Paula Bustamante, que ya ha trabajado con nosotras en cuatro libros.

Y así como le dijimos a Daniela luego de dos frustradas postulaciones al Fondo del Libro —“el libro lo vamos a hacer, no sabemos cómo, pero lo haremos, confía”—, los tres libros han tenido su historia, su camino lento o sorprendentemente rápido, pero los tres ya publicados han sido mezcla de audacia, confianza y riesgo. Hacemos los libros que nos enamoran.

Pero también hacemos los libros que nuestras vidas nos permiten. Al trabajar con y entre mujeres, en la mayoría de nuestros proyectos, conocemos las limitaciones que nos implica una vida en que aun somos las que sostenemos la vida doméstica y también la laboral. Es por esto que trabajar preferentemente con mujeres es también un desafío de ordenar tiempos, comprender la recarga y acompañarnos, porque entendemos que editar es un espacio de intercambio y de creación, pero hay un espacio de sobrevivencia que debemos considerar siempre cuando trabajamos con mujeres y diversidades. Y un elemento que creemos ha sido un acierto es el diseño gráfico de la colección: Felipe Román, a quien aún no conocemos (comenzamos a trabajar en pandemia y luego se fue a vivir al extranjero), construyó un objeto pequeño, que atesora estas historias, con la fuerte presencia del morado feminista y de un verde flúor, que, como un destacador escolar, llama poderosamente la atención de lectoras y lectores. Como capricho de la editora e ilustradora, las guardas ilustradas destacan elementos de acuerdo a la historia, mientras que las solapas permiten incluir los retratos ilustrados de quienes crearon las obras. Cada libro es un trabajo lleno de detalles gráficos, colores significativos e ilustraciones que dialogan con las escenas. Primerizas recorre la historia de la vida de mujeres en diferentes etapas de su vida. Es un relato coral que permite ampliar el registro de las autoras, considerar sus narrativas y apostando a que niñas, niños y jóvenes (también personas adultas) accedan a experiencias, poéticas e imágenes que amplíen los mundos posibles.

DESASTRE NATURAL

¿Leer para transformar?
+INFO

Incluso entre quienes concebimos la ficción como una herramienta para cambiar la realidad, es inevitable encontrarse con diversas aprehensiones cuando hablamos de LIJ. Estas vienen no solo de les adultes que hacemos libros, sino también de quienes los median o compran y, si bien pueden tener matices, el origen es siempre el mismo: los libros tienen el potencial de crear visiones de mundo y eso nos preocupa. Yo trabajo en Desastre Natural, una pequeña editorial gráfica con un catálogo que, a excepción de dos colecciones, no está dirigido a un público en un rango de edad específico, pero es popularmente asociado con la LIJ. Las colecciones que sí fueron imaginadas para el público infantil y juvenil son Arrayán y Tike y Ser Algo, la primera de ficción, en tanto la segunda, una serie de guías pensadas para poner sobre la mesa temas de diversidad humana, entendida en un amplio sentido, y hablarlos desde una perspectiva despatologizante entre personas de todas las edades. A menudo, cuando estoy vendiendo en eventos y ferias, me encuentro con adultes que se niegan a comprarle un libro de estas colecciones (sobre todo de Ser Algo) a une niñe o a une adolescente porque, según dicen, el contenido de este es "mucho para su edad". Me ha tocado escuchar varias veces que "todavía no es momento para hablar de esos temas" o "¿para qué abordarlo si no le ha tocado vivirlo?". Cada vez que escucho estas afirmaciones no puedo evitar preguntarme: ¿Entonces para qué leemos? ¿Para qué buscamos que les niñes, adolescentes y jóvenes lean?

Nataschia Navarro, editore

En nuestra cultura pasa algo que me parece curioso. Valoramos la lectura como una práctica deseable que demuestra estatus intelectual. También consideramos que el libro es un objeto importante, en muchas ocasiones precioso, pero no solemos preguntarnos por qué. Cuando hablamos al respecto con personas que están fuera del circuito, la lectura y el libro aparecen como ideales, pues "aportan a la cultura" o "te enseñan cosas".

Siempre que hay une adulte negándose a comprar un libro, también hay une adolescente que lo pidió, une niñe que quería un libro que "era demasiado para su edad" y que tuvo que conformarse con otra cosa que, tal vez, no va ni a leer. Esto hace que surjan nuevas preguntas como ¿los libros de LIJ más populares lo son por los intereses del público al que están dirigidos? ¿O el hecho de que se hagan populares responde a los intereses de les adultes que compran? No es posible dar una respuesta cuando no se cuenta con datos y cuando no se le ha preguntado a niñes y jóvenes, pero luego de más de cinco años trabajando en venta directa de libros, me atrevo a afirmar que lo que este público busca en sus lecturas suele distar bastante de lo que les adultes quieren.

Pero ¿qué nos puede aportar un libro que es una reproducción del mundo tal como lo conocemos? Si realmente lo que buscamos en un libro es que "nos aporte", ¿por qué los libros de LIJ más populares son aquellos que, aunque transcurran en otros mundos, tienen dinámicas iguales a las del nuestro? Pareciera ser que les adultes no andan buscando libros para niñes (sea lo que sea que "libro para niñes" signifique), sino más bien libros que reflejen una forma de mundo específica. Buscan enseñar y transmitir cosas con esos libros y, como resultado, quienes deberían encabezar esta conversación quedan al margen y a merced de criterios ajenos.

Es inevitable encontrarse con diversas aprehensiones cuando nos dedicamos a hacer libros para niñes, adolescentes y jóvenes. Estas suelen tener varias cosas en común, pero tal vez la más destacable es que, cuando hablamos de ellas, siempre parecen venir desde les adultes que buscan transformar las percepciones de mundo que tiene les jóvenes a su cargo, en vez de atreverse a transformar su propia perspectiva.

No podemos enseñar respeto si solo pensamos en nuestros propios intereses y deseos. No podemos seguir hablando de LIJ si dejamos fuera a quienes, se supone, son sus principales consumidores. Si realmente nos interesa aportar a la transformación de nuestra realidad mediante la ficción, la mejor forma de hacerlo es prestándole atención a las personas que la están transformando cada vez que abordan un tema que “es demasiado para su edad”.

Los libros, en efecto, tienen el potencial de crear formas de entender el mundo y eso nos preocupa. Como adultes, buscamos consumir productos culturales que perpetúen y reproduzcan las dinámicas que actualmente nos rigen o, por el contrario, enseñar respeto e inclusión sin darnos cuenta de que, para que eso realmente sea aprehendido, el mejor punto de inicio no son los libros en sí, sino las formas que tenemos de relacionarnos con quienes los van a leer.

EDICIONES RB

Trabajar el libro desde la perspectiva de género
+INFO

La perspectiva de género ha ido permeando todos los ámbitos de nuestro quehacer y es imperativo que así sea en pro de una sociedad más igualitaria. Desde nuestro trabajo editorial en Ediciones RB, estamos conscientes de que los libros como objetos culturales tienen un rol preponderante en la construcción de identidades y de que, en tanto artefactos de distribución masiva, instauran discursos respecto del género. Como parte de nuestra línea editorial hemos decidido abrazar la perspectiva de género con el fin de disminuir la brecha que existe entre hombres y mujeres. Las mujeres somos más del 50% de la población del planeta y, sin embargo, aún tenemos que luchar para lograr igualdad de condiciones, por ejemplo, en el ámbito laboral. Pero ¿qué significa para nosotras abrazar la perspectiva de género desde la editorial? En primer lugar, intentamos que nuestros equipos estén conformados principalmente por mujeres, porque queremos visibilizar el trabajo de autoras, ilustradoras y diseñadoras, y, de esta forma, contribuir a engrosar la lista de publicaciones de mujeres. ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres publican? ¿Qué porcentaje, por ejemplo, de los fondos públicos son asignados a hombres y a mujeres? La cancha aún está dispareja.

Lucía Alba Gudenschwager, editora

En segundo lugar, desde el punto de vista del tratamiento de los contenidos e imágenes, cuidamos no reproducir visiones androcéntricas, estereotipos ni masculinidades hegemónicas o definiciones de las mujeres en relación con los hombres. Nuestro afán es equilibrar los roles y romper el esquema patriarcal. Y, en tercer lugar, aplicar el lenguaje inclusivo y encontrar fórmulas que no transgredan las normas lingüísticas establecidas ha sido nuestro principal desafío. A pesar de que se torna a ratos un arduo ejercicio, lo hemos logrado y ha sido un bello desafío. Un ejemplo de todo lo mencionado y que resulta particularmente interesante por el tema que aborda, es nuestro libro informativo ilustrado ¿Qué tiene que ver la economía conmigo? Históricamente, la Economía ha sido una disciplina en la que los hombres han llevado la voz y recibido los créditos. Basta recordar el caso de Anna Schwartz y Milton Friedman como un claro ejemplo de ello. El connotado economista declaró al recibir el Premio Nobel en 1976: “Anna hizo todo el trabajo y yo me llevé gran parte del reconocimiento”. ¿Qué tanto hemos avanzado? Aún impera en nuestra sociedad la creencia de que hay ámbitos del conocimiento más propios de los hombres como las ciencias, por ejemplo, las matemáticas y la economía.

Para realizar este libro informativo —dirigido a niñas, niños y jóvenes—, buscamos una economista y le hicimos el encargo de escribir un libro que abordara los contenidos de la disciplina económica que habíamos rastreado en el currículum nacional, pero incorporando y visibilizando a mujeres economistas.

El equipo fue conformado por la autora, una diseñadora, una correctora de estilo, una editora y un ilustrador. Se trabajó aplicando lenguaje inclusivo y cautelando los tres aspectos relativos a la perspectiva de género mencionados anteriormente. Como resultado, llegamos a publicar un libro en el que se aborda la Economía, su historia, personajes incidentes, temas centrales, instituciones, desafíos y relación con el medioambiente, todo desde la voz de una mujer e incorporando a mujeres en el relato. Al revisar nuestro catálogo, podemos dar cuenta de que todos los libros que hemos publicado han sido escritos por mujeres. Esto no significa que no trabajemos con hombres, sino que como editorial estamos comprometidas con nivelar la cancha y abrir, dentro de nuestras posibilidades, cada vez más espacios en los que se evidencie que existe una prolífica producción literaria y no literaria escrita por mujeres. Nuestro anhelo es que la perspectiva de género que instalamos en nuestros libros contribuya a erradicar formas de discriminación y sesgos de género.

LOBA EDICIONES

Si no te gusta, no lo publiques
+INFO

El fenómeno que más ha llamado mi atención en mis años publicando y escribiendo literatura para adolescentes y jóvenes es el siguiente: la cantidad de personas que hay en el mercado que se dedican a lo mismo que yo y que no solo no leen literatura juvenil, sino que la menosprecian. Estas personas —muchas de las cuales sustentan sus carreras sobre un público joven e incluso han ganado premios con ellas— encuentran que la literatura juvenil es una opción lucrativa, pero poco seria. No, ellos —sí, generalmente son “ellos”— leen autores “de verdad”, Literatura con L mayúscula, de aquella que se estudia en la universidad.

El problema con la existencia de estos editores y autores es doble. En primer lugar, al considerar que aquello que publican los hace ricos, pero no es de mayor importancia, no se esfuerzan por mejorar la calidad de este “producto”. Así, tenemos obra tras obra de literatura para adolescentes y jóvenes que es una copia barata de un original que ya era malo de por sí. Libros repletos de clichés, personajes mal construidos, tramas sin sentido, etc. Al terminar este tipo de libros uno no puede dejar de preguntarse ¿y dónde estaba el editor que dejó que todo esto pase?

Daniela Cortés, editora

El segundo problema es que, al menospreciar la literatura juvenil, los editores y autores que la publican no solo están mirando en menos los libros, sino también a los lectores que los leen, asumiendo que son jóvenes adolescentes sin ningún criterio estético ni exigencia literaria en general. En el fondo, piensan que son unos estúpidos. Aquí es donde, francamente, la sangre me hierve. Es como que alguien diga, “voy a publicar poesía porque la poesía está de moda, pero los que leen poesía son unos idiotas”. ¡No! Si vas a meterte con el público adolescente y joven lo mínimo que puedes hacer es respetarlo. Conocer sus gustos. Acercarte a ellos y preguntarte por qué una obra resuena con ellos más que otra. Y si crees que puedes aportar a que su criterio estético mejore, ¡hazlo¡ Tienes la suerte de estar trabajando con un público aún en formación crítica, muy abierto a las lecciones estéticas que puedas enseñarle. ¡Desafíalo! ¡Y desafíate a ti mismo como editor y escritor! Esa ha sido siempre la política detrás de Loba Ediciones. La editorial nació a partir de mi amor por la literatura juvenil, la cual aún leo en mi tiempo libre, estudio y respeto. Trato de mejorar en mi oficio como editora de literatura juvenil y creo que, a lo largo de los años, lo he estado logrando poco a poco, además de crear conciencia en torno a las problemáticas que esta conlleva.

Las obras que se publican en Loba Ediciones, sean “pensadas” para un público de once o veinticuatro años (lo de la edad en realidad es bastante subjetivo así que lo dejamos muy abierto), no son nunca simples. Tanto en sus aspectos más formales (cómo está escrita la novela) como en su contenido (la historia en sí y además lo que nos dice la historia sobre el mundo). Nos gusta elegir obras que sean originales y que sorprendan a nuestros lectores. Además, no nos basta con asegurarnos de que las comas estén en su lugar y los personajes estén bien construidos. En Loba trabajamos también junto a las y los escritores en las segundas y terceras lecturas de la obra, en aquello que está diciendo sobre la realidad en que todos vivimos, incluso aunque lo esté haciendo de una manera inconsciente.

Un ejemplo de esto fue el concurso “Chicas Escritoras” realizado el año 2018 donde invitamos a mujeres de entre 13 y 18 años a enviaros sus manuscritos. La elección de mujeres de esa edad no fue al azar. Estábamos muy conscientes de que, por un lado, las mujeres adolescentes muchas veces son silenciadas o incluso objeto de burla al ser tratadas como fans hormonales del grupo musical de turno, mientras, por el otro, son agentes políticos muy conscientes e importantes (no olvidemos, por ejemplo, que fue una escolar la primera en saltar un torniquete el 18 de octubre de 2019). Nos llegaron alrededor de cien manuscritos, de los cuales elegimos las tres mejores obras. Trabajamos con las autoras (de 13, 14 y 16 años) más de un año, pasando por múltiples borradores de sus obras, trabajando tanto el contenido como las segundas lecturas hasta los aspectos de estilo. Estas obras fueron publicadas en la colección “Chicas Escritoras”. Este año una de ellas fue elegida en un concurso CRA y el gobierno compró 3000 copias para las bibliotecas públicas de Chile. Me siento muy orgullosa del trabajo que hemos realizado en Loba hasta el momento. Algunos dirán que hemos publicado poco, pero cada libro que sacamos se ha mantenido fiel a nuestra línea editorial, muy basado en el trabajo de la editora: seleccionar las obras, editarlas a fondo y, sobre todo, conocer y respetar a nuestros lectores.

MUÑECA DE TRAPO

Démosles voz a los niños
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En esta columna me solicitaron que yo, como fundadora de la editorial Muñeca de Trapo, entregara mi mirada sobre la edición de la literatura infantil. Antes de entrar de lleno en este tema, el que evidentemente da para mucho, primero habría que hacer una distinción entre la literatura infantil y la literatura para niños, ya que, según el editor Daniel Goldin, creador de la reconocida colección “A la orilla del viento”, la primera infantiliza a los niños (la palabra “infancia” proviene del latín infans que significa, literalmente, “el que no habla” o “el que no tiene voz”). ¿Será hoy la literatura para niños igual a la de hace unas décadas? ¿Cuál habrá sido su evolución, si es que la hubo? ¿Cuál es el rol que los niños tienen en ella? Durante muchísimos años —e incluso en algunas obras hasta el día de hoy—, la literatura infantil adoptó una actitud en la que el protagonista de la historia debía enseñar a sus receptores. Fue un largo periodo en el cual esta producción literaria tuvo un rol predominantemente moralizante, educativo y pedagógico. Un claro ejemplo es el libro Pedro Melenas (Der Struwwelpeter), publicado por primera vez en Alemania en 1845 por Heinrich Hoffmann, donde los niños son castigados por su mala conducta o donde aparecen jovencitos endiablados cuyas acciones tienen consecuencias funestas.

Macarena Morales, editora

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y para nadie sería una sorpresa si dijéramos que la cantidad de obras para niños ha aumentado considerablemente con el tiempo, sobre todo en los últimos veinte años. Incluso, me aventuraría a opinar (habría que corroborar este dato) que jamás en la historia se habían publicado tantos libros teniendo como destinatario final a este grupo como ocurre en la actualidad. Sin ir más lejos, prueba de este auge en la edición en los últimos años en nuestro país es el número de títulos publicados: mientras en 2015 se publicaron 624 libros para niños, en 2020 esta cifra aumentó a 1176. Es decir, prácticamente el doble. ¿A qué se deberá este considerable aumento en la oferta de libros para niños? ¿Habrá aumentado en igual proporción la demanda?

No solo ha existido un aumento en la cantidad de títulos, sino también en la diversidad de géneros literarios: abundan hoy los libros álbum, los informativos, los de narrativa, poesía y teatro, por nombrar algunos. También, han cambiado sus formatos y sus materialidades. Hoy los hay de papel, de cartón y tela. La bibliodiversidad y la riqueza tanto textual como visual de estos es tal que no solo han cautivado a los niños y a las niñas, sino también a los adultos. Son libros que disfruta quien los escucha, pero también quien los lee. Y es que el paradigma cambió. Hoy, la literatura para niños no teme abordar temáticas complejas como, por ejemplo, la muerte y/o el duelo. El catálogo de Muñeca de Trapo es una prueba fehaciente de ello: La niña que se escondía demasiado (2017) de Joceline Pérez Gallardo narra el difícil proceso de adaptación de una muchacha en un hogar de menores; Archibaldo y Reinaldo (2020) de Gabriela Germain es un libro sin palabras que, mediante sus ilustraciones, nos intenta demostrar que la depresión y la ansiedad son dos caras de una misma moneda; y La balanza inclinada (2021) de Paulina Jara y Cristián Garrido nos muestra una sociedad injusta donde las riquezas no se reparten de manera equitativa. ¿Y estos temas son aptos para los niños? Alguien podría preguntárselo, y yo contesto con un rotundo sí, porque a los niños jamás hay que infantilizarlos ni subestimarlos como lectores.

Atrás quedaron los libros que intentaban entregar una moraleja a toda costa y atrás quedó también aquel niño que no hablaba o que no tenía voz. Las publicaciones en la actualidad hacen que los niños y las niñas no solo sean capaces de pensar y reflexionar, sino que les permiten preguntarse sobre el mundo en el que viven. En otras palabras, entregan más preguntas que respuestas; cuestionan más y dan menos certezas. Todo esto con el objetivo de formar personas críticas. Darle al niño voz es, sobre todo, un acto político. Es darle las herramientas para desarrollarse como persona en el futuro.

PEZ ESPIRAL

Contra la oscuridad y hacia las olas
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Ignoraré la pregunta ¿existe la literatura juvenil? Más que rondar, es una pregunta que acecha a los editores y puede espantar a los oyentes, por lo que empezaré con un tema más terrenal. Cuando a finales del 2018 se publicó Las durmientes en Libros del Pez Espiral, se proyectó como una colección, Pez Joya, que se enfocaría en textos que, idealmente, llegaran a ciertos receptores. Para embarcarse en una aventura editorial se necesitan dosis de convicción y valentía: convicción al pensar que el trabajo presentado es un texto necesario en el circuito y también urgente en ese momento; valentía, para arriesgarse en un libro que, una vez que circula, realiza su propio camino. Como en cualquier actividad cultural, ese camino está enmarcado en un contexto socioeconómico. En Chile, ya se ha consolidado un circuito de editoriales pequeñísimas y medianas, denominadas como independientes, que realizan la mayoría de sus actividades localmente y con un tiraje reducido. A su vez, existe un circuito de ferias donde se articulaban estas editoriales, y las distribuidoras y librerías se interesan en estos catálogos diversos que son recibidos por las y los lectores. Describo esto porque la literatura se enmarca en este circuito mayor que, mientras más robustecido, de mejor modo responde a las múltiples necesidades de quienes la componen (también conocido como cadena de libro, ecosistema literario). Y ese sistema se encuentra en una situación específica.

Camila Muñoz, editora

Entonces, hubo un cortocircuito: la revuelta de octubre del 2019 suspendió un transcurso, bifurcando el horizonte, abriendo posibilidades políticas, sociales y también estéticas. Luego una baja de voltaje: la pandemia suspendió el tiempo y también muchas vidas. En el ecosistema literario, las imprentas paralizaron, las editoriales quedaron sin actividad, cerraron librerías… Se apagaron dos importantes iniciativas: Biblioteca Viva, que en centros comerciales emplazaba bibliotecas públicas, y la Fundación Había una Vez, que lideraba una revista temática con entrevistas, reseñas y recomendaciones. Según mi parecer, esta desaparición priva la circulación, recepción y diálogo de y con ciertas obras que no siempre tienen cabida en otros espacios. Sin embargo, no quiero ver todo negro. Es una nueva primavera y la gente ansía reencontrarse: se han multiplicado los espacios de especialización en el ámbito académico en distintas ciudades, hay valientes que lideran proyectos editoriales de este tipo (insisto, en distintas ciudades), la producción nacional cada vez recorre más países junto con su reconocimiento y los premios han ampliado sus categorías para analizar estas producciones. Ahora nos encontramos con el conflicto de la escasez del papel, el alza de precios en todas las categorías y una posible recesión económica. El trabajo de edición es con la potencia textual, con la multiplicidad del lenguaje, pero para que un libro exista se entrecruzan estos aspectos.

¿Y qué ha pasado con Pez Joya? Hemos continuado publicando, de manera muy acotada y en tiempos muy distintos a los proyectados, esperando cerrar nuestro cuarto año con una colección compuesta por un total de siete libros, con autoras/es noveles, con otras/os que continúan su trayectoria creativa y con textos que pensamos contingentes y atingentes, dirigidos a un público al que se le ofrecen abundantes producciones extranjeras.

¿Existe la literatura dirigida para adolescencias y juventudes? En plural, porque nunca son una (sabrán en especial quienes están en cercanía con ellas). Sí, si se proyecta como una literatura que no posee únicamente una recepción en un aula educativa y/o mediada por un/a adulto/a. Sí, al comprobar todo el esfuerzo de las pequeñas editoriales —muchas de ellas unipersonales— por sacar un título que cumpla con el nivel alcanzado en nuestro sistema. ¡Sí!, cuando descubro que un/a autor/a puede continuar explorando su proyecto escritural. ¡Sí!, al conseguir uno de sus libros en una feria de libros, librerías u otros puntos de encuentro. ¡Sí!, cuando estudiantes y docentes se reúnen en un congreso para hablar de esta producción. ¡¡Sí!!, cuando se celebra una nueva premiación que reconoce las obras hechas en el país. Agradezco al equipo editorial, a las y los autoras/es que nos confían su trabajo y a las y los lectoras/es que nos permiten surcar estas —y futuras— marejadas.

PLAZAdelETRAS

¿De qué hablamos cuando hablamos de edición de LIJ?
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Nuestra labor como editores se vuelve cada vez más compleja, tanto por la época en que vivimos como por los contextos sociales que nos rodean, las temáticas que debemos escoger, las líneas editoriales y la relación con lectores y escritores. Son tantos los factores que nos involucran que nuestro trabajo se pone cuesta arriba y nadie habla de eso. Si nos vamos a la definición de la RAE, esta nos dice que un editor «es la persona que publica por medio de la imprenta u otro procedimiento una obra, ajena por lo regular, un periódico, un disco, etc., multiplicando los ejemplares». En mi opinión, los editores somos más que eso. Nuestra labor tiene tantas aristas que es imposible llegar a una definición que abarque todo. Ante todo, somos lectores que seleccionamos, valoramos y depuramos un texto. Para eso debemos ser críticos y apasionados por un trabajo que implica corregir, darle sonido, ritmo, coherencia y legibilidad, ayudar a que el texto del autor sea mejor.

Carla Salazar, editora

Si nos enfocamos en las temáticas de terror y misterio, quienes editamos debemos realizar una depuración mucho más cuidadosa, de su estética gráfica y narrativa, sobre todo si es una edición que va dirigida a un público infantil y/o juvenil, debido al valor del mensaje que transmite, ya que las miradas críticas siempre estarán pendientes de lo que se publica. En la editorial Plazadeletras y su sello Pozo de Arena, queremos que nuestros libros se alejen de las vertientes de lo habitual, a través de obras que el adulto teme mediar, especialmente cuando se trata de temáticas como el terror, lo gótico y el misterio, por el prejuicio de ser perturbadoras e inquietantes. Es ahí donde nosotros como editores nos encontramos en la compleja labor de erradicar ciertas creencias y preocupaciones que, como sociedad adultocéntrica, nos hemos impuesto, produciendo libros cuya estética y calidad hagan que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes disfruten. Teniendo en cuenta lo anterior, debemos preguntarnos ¿hasta qué punto estamos dispuestos o preparados de manera consciente para saber cuáles son los límites en la edición de un texto (visual o textual)? ¿Hasta qué punto el editor es responsable de publicar una obra que sea políticamente incorrecta o perturbadora, o de censurar un texto o imagen e incluso de infantilizar a un lector? ¿Dónde se ubica esa delgada línea en que el editor debe luchar y defender una obra que cree y siente que tiene valor?

Somos, además, promotores de nuevos autores y obras que aporten a nuestro catálogo. Debemos preocuparnos de estar al corriente de tendencias de diseño y diagramación, seguir atentos a los movimientos del mercado nacional e internacional, mantenernos informados de los intereses de nuestros lectores, e insertos en el entorno cultural, político y económico de nuestro país y el mundo, tener contacto directo con las imprentas, conocer sus precios e insumos de producción, comprender las diferencias de las distintas líneas editoriales, y todo esto debemos realizarlo como un gran mago invisible para que el resultado del trabajo haga destacar solo al autor.

¿Hasta dónde el editor cumple con una función que se define como línea editorial? ¿Qué decisiones debe tomar frente a temáticas complejas? ¿Debe cuestionarse lo que transmite la obra o edita pensando solo en convertirla en un éxito de ventas? ¿Cuál es el punto en que se sobre edita o sobre corrige una obra? O, por el contrario, ¿debe dejarla tal cual porque el autor lo quiso así? En pocas palabras, nuestra labor como editores es primordial en la industria del libro. Nuestra función no es neutra, es simultánea y muy poco se sabe de ella. Las palabras usadas, las imágenes insertas, los paratextos utilizados, el contexto que acompaña a la obra, todo ello comunica un mensaje que el lector absorbe, toma como propio y lo hace suyo, como bandera de lucha o modelo a seguir. Finalmente, son demasiados los factores que inciden en nuestra labor editorial y muchos de ellos determinan el éxito o fracaso de una obra. Nuestro desafío como Pozo de Arena es que aun cuando produzcamos obras cuyas temáticas y estéticas se alejan de lo habitual, estas sean capaces de sorprender al lector y ofrecerles una grata experiencia lectora.

SAPOSCAT

Pensamientos en curso
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Las estadísticas dicen que, desde el 2015 hasta hoy, la publicación de libros infantiles y juveniles en Chile ha aumentado en torno a un 20 por ciento cada año, hasta casi duplicar la cifra de títulos anuales (de unos 600 a más de 1.100, con un comprensible bajón en 2021). Se han multiplicado las editoriales locales que se dedican exclusivamente al público infantil y que no solo intentan cumplir con los mandatos de contenidos del Ministerio de Educación —aunque solo necesitamos que nos compre libros—, sino que apuestan por temas y estéticas propias y nuevas. Los escritores e ilustradores chilenos, en tanto, se han internacionalizado y publican su trabajo en diferentes países; al mismo tiempo, autores extranjeros son publicados en editoriales chilenas. Esta salud y crecimiento, sin duda, tienen que ver con los aportes de fomento del Estado y las estrategias sostenidas y profesionales de internacionalización del libro, pero sobre todo se sustentan en las editoriales que se han jugado por los libros infantiles, los cuales son, al contrario de lo que se podría pensar, mucho más difíciles de hacer que los para grandes. Como dice la autora y editora Lola Larra, un libro malo para grandes cae entre un público responsable que simplemente lo deshecha, pero un libro malo para niños puede quedar en la lista de las lecturas obligatorias.

Marcela Fuentealba, editora

¿Cómo puede suceder eso? Sucede porque la lectura para niños se sigue considerando como un espacio para comunicar y afirmar los valores y comportamientos que una sociedad espera de ellos. Niños respetuosos, tolerantes, conscientes de su entorno y de las diversidades humanas y naturales del mundo. Y eso, claro, está muy bien. Pero me parece que se trata, como se ha citado tanto a Natalia Ginzburg, de pequeñas virtudes —que ella identifica con el ahorro, la prudencia, la astucia, la diplomacia, el éxito— y no de las grandes —la generosidad, el valor frente al peligro, la franqueza, la abnegación, el deseo de ser y de saber. En la editorial Saposcat, hemos publicado una decena de libros que, creemos, no tienen una función pedagógica directa, ni intentan fomentar conciencias determinadas, ni dar lecciones emocionales o sociales. Se trata más bien de libros para el placer, para que cada quien pueda entender a su modo, para aprender a jugar con el lenguaje —valorarlo y desarmarlo—, para relativizar los conocimientos relativizables. Un libro como La playa de Sol Undurraga, que solo muestra un día de sol a sol con personajes reales e imaginarios; como El gran espíritu de Tomás Olivos y Nicolás Rojas, sobre un viaje espiritual en la selva. Como dos cuentos de Gógol ilustrados por Vendi Vernic, o la antología de poemas de animales de JooHee Yoon. Incluso como Vida. Una historia larga de Jakob Brodersen, Pernille Engsig y Kamilla Wichmann, que, si bien está lleno de contenidos “educativos”, porque explica cómo nació y evolucionó la vida en el planeta, tiene un relato apelativo para que el lector piense por sí mismo y unas ilustraciones que unen lo científico y lo artístico. Si tenemos orgullo de algo, es de que el libro fue escogido por un jurado de niñas y niños como el mejor del año en los premios Ibby Chile, lo que nos confirma que esa forma de narrar, que entrega un espacio creativo de comprensión sobre cómo ser parte del mundo, es la que nuestros lectores prefieren.

Otra colección reciente de Saposcat, Cuadernos para pensar la naturaleza, también obtuvo un premio Ibby, y también tiene la intención de que cada cual piense, investigue, explore, sobre la crisis medioambiental que vivimos. El medioambiente es uno de los contenidos prescriptivos del momento, por eso buscamos abordarlo con visiones claras y comprensibles, pero diversas, como un pensamiento en curso (lo contrario, en comparación, parecen proponer los libros que hacemos para adultos, muy afirmativos de verdades inapelables). De eso se trata con los niños: no son libros para fijar categorías ni reflexiones, sino libros para ser libres, como decía el lema que una vez llevamos juntas en una pancarta algunas autoras y editoras infantiles chilenas.

TRÍADA EDICIONES

Comunidad y hábitos lectores desde la adolescencia
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Si bien leer es un ejercicio personal e introspectivo, se transforma en colectivo cuando la lectura es compartida. Y no solo de mediación hablo, sino de comunidades. Los jóvenes, sobre todo, exploran la literatura en relación con lo que sus pares leen. Ya no podemos decir que no lo hacen basándonos en lo que antes se decía de ellos, porque, al menos en los últimos veinte años, la experiencia lectora entre los adolescentes se ha masificado y diversificado. Desde clubes de lectura en bibliotecas hasta grupos de fans de algún libro de moda, los adolescentes viven la literatura a su modo. Y aunque el hábito lector desde la más tierna infancia es importante para el correcto desarrollo cognitivo de los niños, es en la adolescencia donde los límites deben flexibilizarse y propiciar la lectura en comunidad para hacer de ellos adultos críticos, capaces de desenvolverse en diversos escenarios. En mi experiencia, la comunidad influyó muchísimo en lo que leí de adolescente, en lo que estudié de joven, en lo que trabajé de adulta y en el camino que he recorrido como editora.

Carolina Varela, editora

Desde el 2003, estuve vinculada a comunidades literarias y clubes de lectura que, además de ampliar mi registro de autores leídos y por leer, me llevaron a apreciar el mundo desde una nueva óptica, una que distaba en varios aspectos del conservadurismo y el prejuicio de mis cercanos. Una comunidad que echó raíces hasta hoy, estableciendo lazos con personas de distintas partes de Chile y en el exterior. Y es que la LIJ, sobre todo esa J que muchas veces dejamos de lado para centrarnos en lo infantil, es sin duda una puerta de entrada tanto a ampliar conocimientos como a derribar estructuras. Para algunos esto no significa nada nuevo, pero me gustaría recalcar la importancia del hábito lector y la comunidad en los adolescentes. En mi trabajo como librera, noto el entusiasmo de las alumnas de colegios cercanos cada vez que visitan la librería. Se llevan al menos un libro, uno que alguien les ha recomendado o el que ha despertado interés en el grupo después de verlo en redes sociales (sí, esas que vemos con fascinación y temor desde nuestra adultez). Juntan peso a peso para comprarlo, leerlo y luego incluirlos en sus bibliotecas, donde otras podrán apreciar el infinito tesoro que han juntado título a título. También he escuchado de aquellos que, en un principio, no tienen interés por la lectura o no se han criado en un entorno lector, pero que logran engancharse con una historia y la comparten con el curso al que asisten, y en seguida los demás lo piden en la biblioteca más cercana.

Algunos van más allá. No contentos con el final de una historia, con los personajes y las relaciones que el autor o la autora ha decidido para ellos, se vuelcan a escribir su propia versión en plataformas como Wattpad (antes también Fanfiction.net), las que han servido como puntapié inicial de carreras literarias más prolíficas.

Y si bien la calidad literaria de estas historias es discutible, les permite a lectoras y escritoras, en su mayoría mujeres, mostrar de forma indirecta sus luchas personales, sus anhelos y esperanzas, sus intereses, sus alegrías y locuras, sin tener que pasar por el juicio de un adulto. Incluso si los patrones se repiten y parece que leemos la misma historia una y otra vez, la mera interacción inmediata y recompensa ante la creatividad reafirma la confianza entre los adolescentes y los conmina, muchas veces, a experimentar amistades duraderas.

En Tríada Ediciones, iniciamos con títulos juveniles cuyas historias detrás estuvieron vinculadas a comunidades literarias, como El pasillo y Encierro de Carolina Pineda, y Condenados de Belén Cereceda, autoras que en su momento interactuaron con lectores en redes sociales de manera activa, a través de encuentros y conversatorios. Al día de hoy, nos hemos decantado también por las antologías como Imaginarias y Poliedro, las que están integradas por autoras y autores que conforman, a su vez, otras comunidades y que, muchas veces, han desarrollado su talento a propósito de estas y que pueden ser leídas desde la adolescencia. Es la lectura en comunidad un ejercicio integral, propicio para quienes se sintieron excluidos en su infancia o que no tuvieron las herramientas correctas para generar una autoestima sólida, pero que no deja de lado la introspección ni la apreciación personal. Experimentarla no hará más que enriquecer sus vidas.

VASALISA

Mundos dibujados
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Antes de crear Vasalisa Ediciones me había dedicado durante 10 años a mi personaje Julieta, con el que hice agendas, cómics y muchos productos relacionados con su mundo. Mientras yo en mi escritorio, con mis lápices, mi entusiasmo y mi imaginación dibujaba de día y de noche, Julieta llegaba a toda Latinoamérica marcando a una generación. De esa experiencia incorporé muchos aprendizajes: como autora e ilustradora a crear historias, desarrollar un personaje y construir su mundo, hacer cómics, productos entretenidos y diseños que pudieran renovarse cada temporada.

También tuve que saber cómo entregar los archivos para una imprenta, detalles técnicos muy importantes para que lo que estaba en mi mente pudiera concretarse en un objeto diseñado e ilustrado. Y mucho tuve que entender sobre contratos, tirajes, territorios, distribución, fechas de entrega, guías de arte y manejo de una licencia de un personaje que me pedía experimentar en distintos formatos y soportes. Después de esos diez años con Julieta, circunstancias internas y externas me hicieron cambiar de camino.

Florencia Olivos, editora

Tenía que reinventarme como autora, pero no estaba lista. Además, ahora era mamá y ya no contaba con el mismo tiempo de antes; volver a encontrar mi identidad como ilustradora necesitaba de un proceso largo. Tenía detrás de mí toda esa experiencia y muchas ideas, por lo que pensé que quizás no era necesario que todo lo que se me ocurría tenía que crearlo yo de principio a fin. Estaba maravillada con la explosión de personas talentosas que estaban ilustrando y pensé que podría ayudar a abrir más espacios dentro de un mundo todavía muy precario, pero que, con un buen desarrollo y una buena gestión, se podía hacer crecer para que pudiera llegar a más personas una propuesta estética y autoral. Hice un magíster de edición, que me ayudó a darle forma a la idea. Hablé con editores que me decían que era muy difícil, que mejor me quedara en la ilustración y autores que me decían que tenía mucha más onda ser editora. Lo que finalmente me hizo tomar la decisión fue ver lo que me diferenciaba como ilustradora, que no era por mi virtuosismo, sino por mi capacidad de inventar mundos y concretarlos en distintos formatos. Necesitaba una socia eso sí, una mente ordenada que pudiera ayudarme en la gestión y la administración, que no era mi fuerte. Tuve la suerte de que mi amiga Vero de toda la vida se quisiera subir al carro conmigo. Para algo así se necesita confianza y poder pasarlo bien trabajando juntas, además de tener roles claros y buena comunicación. Hasta el día de hoy, cuando tenemos un problema, me sorprendo de que siempre tenemos los mismos criterios y la misma forma de reaccionar frente a alguna adversidad: resolver lo mejor que se pueda, seguir trabajando con motivación y volver a conectarnos con nuestro propósito.

Trabajar con los distintos autores es para mí parte de la gracia de ser editora. La ilustración es un oficio solitario, y aquí puedo tener más interacción con personas creativas y a las que les apasiona lo mismo. Editar alguna publicación de otro autor o autora es sumergirme en su mundo y participar de él. Por eso, necesito enamorarme de cada proyecto que asumimos, para poder entregar lo mejor de mí y darle brillo a las ideas que trae cada uno de ellos.

Después de unos años volví a reinventarme, ahora ya no tengo que decidir. Soy editora y autora e ilustradora, y me muevo de un lado a otro. Tener esas dos perspectivas me ayuda a tener una buena comunicación y comprensión de los flujos de trabajo, los tiempos, las preocupaciones y las necesidades de cada autor y así proporcionar las condiciones para que cada uno de ellos pueda desplegar su talento y creatividad.

No habría armado una editorial si no tuviera la convicción de que puedo aportar con un punto de vista distinto del panorama de sellos que abordan la ilustración, la literatura infantil, juvenil y los cómics. Que quienes lleguen a Vasalisa puedan conectar con una propuesta estética que transporte a una atmósfera, a conocer personajes adorables, a poder —a través de la intimidad de un dibujo, unas viñetas, una frase— generar estados emocionales que conmuevan, que abran preguntas, que identifiquen o que cuestionen.

VIAJE LITERARIO

Cómo se gesta una colección
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Semog es una semilla a la que le cuesta germinar: lo intenta una y otra vez, fracasa, pero no desiste y, tras vivir una serie de aventuras, prospera. El personaje creado por JuanMa Díaz sobre el relato de Juan Grippaldi es quizás una buena metáfora sobre qué sucede en un proceso de edición, pues al recibir un proyecto una tiene claro el final: la impresión de una obra de calidad, pero ni se imagina todos los obstáculos que deparará el camino. Ese es uno de los libros inéditos que publicamos en Viaje Literario, un interesante proyecto en el que me embarqué cuando la editorial Caligrafix, especializada en libros educativos, me invitó a crear, coordinar y editar una colección de literatura. El primer paso fue leer mucho e investigar qué obras y temas podrían ser un aporte en un mercado competitivo de gran expansión. Para definir qué publicar, evaluamos la calidad literaria y artística de sus ilustraciones; cuentos cuyas tramas, personajes o tratamiento de los temas fuesen novedosos, que permitieran distintos niveles de lecturas, con temáticas que invitaran a reflexionar, a abrir conversaciones, que desafiaran a los lectores y que motivaran a los mediadores. La edición requirió de permanente diálogo con los autores, los ilustradores, la coeditora literaria, los diseñadores y la editorial, para así tomar decisiones en equipo: un proceso largo, de un ir y venir hasta llegar a la versión final.

Andrea Villena, coordinadora colección

Fuimos definiendo las características de la colección como los formatos, que fuese en tapa dura, con especial cuidado en los paratextos: desde potenciar las portadas, incluir guardas atractivas y biografías o colofones que permitieran conocer curiosidades de cada obra. Otro detalle fue intencionar el uso de tipografías chilenas y ajustar sus tamaños y la disposición de las frases para facilitar la lectura. De este modo, conseguimos reeditar en Chile varias obras de Dipacho, artista colombiano con enorme expresividad visual y tremendo sentido del humor, como Monstruo Comepalmeras, que aumentamos en formato y número de páginas. El humor también es característico en los cuentos del premiado autor Ilan Brenman, a quien tradujimos desde el portugués para destacar su particular mirada de la paternidad, su profundo conocimiento de la psicología infantil y de los relatos de tradición oral. Entre las obras inéditas destaca el despliegue creativo del diseñador JuanMa Díaz que en Semog convierte a una semilla en un héroe, historia que, a través de una explosión de formas, colores y detalles ilustrativos, desliza críticas a la devastación ambiental y a la pandemia. El arte de Matías Acosta con su minimalismo expresivo ilustra la prosa poética de Pilar Muñoz Lascano en libros tan distintos como el álbum para bebés El pulpo equivocado o Los versos del dragón, un peculiar poeta que encanta.

Para lectores adolescentes, Sebastián Santana evoca en Abajo la tensión histórica vivida en el rudo trabajo en las minas del carbón, mientras que la joven chilena María Jesús Parker en Sombra, con manchas negras sobre fondo blanco, aborda los problemas de salud mental. Del destacado artista visual uruguayo Fidel Sclavo resaltan Un lobo, un personaje inspirado en Caperucita, pero con un giro poético que lo convierte en entrañable, o La mujer que hablaba con los peces, en que una visita al mar es la excusa para una introspección profunda. Así, tras cinco años de coordinar la colección, editamos 35 libros. Se armó un catálogo variado en sus temáticas y propuestas estéticas en el que se puede pasear desde mundos de hadas o insectos enamorados hasta otros donde hay una explosión de creatividad y juego. También están los más realistas que tratan las tensiones infantiles ante la muerte de una mascota, el bullying, la baja autoestima o la relación con papá y mamá. Y para no olvidar que los clásicos viven por siempre, la colección incluye El diablito colorado escrito por el maestro Horacio Quiroga para sus hijos, cuento lleno de ironía, irreverencia y un final inesperado que se actualiza con la gráfica de Santana.

La experiencia de coordinar esta colección ha sido realmente satisfactoria, pues, al recibir los libros de imprenta, hemos constatado que la dedicación y los detalles que pusimos en su edición se evidencian. Ahora, la invitación es a conocer la colección, para que cada cual realice su propio viaje y descubra cuál lo seduce, interpela o lo invita a leer y releer.

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