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2022 - FRANCISCO DE GOYA
Arturo De Paz Lara
Created on September 29, 2022
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Transcript
FRANCISCO
DE GOYA
Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828), fue un pintor y grabador español, genial difícil de encasillar. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo, quizá uno de los precursores de las vanguardias históricas. En sus obras se encuentran rasgos que no se desarrollarán hasta cien o ciento cincuenta años después. Es interesante dividir sus obras en etapas:La etapa del inicio de su formación, la etapa de las pinturas civiles y religiosas, sus caprichos, la etapa de las pinturas negras y el fin de su vida. Con doce o trece años entra como aprendiz en el taller de pintura de José Luzán.
Vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, sirviendo a cuatro Reyes: Carlos III, Carlos IV, José Bonaparte y Fernando, VII. Allí conocerá a los hermanos Bayeu, lo que será fundamental en su biografía. Dominó todas las técnicas, la pintura mural y de caballete, los cartones para tapices y el grabado y abundó en todos los géneros del retrato, el bodegón, el cuadro religioso e histórico y la escena costumbrista. Sus comienzos fueron difíciles, rechazado por sus cuadros en España e Italia, pero su cuñado y padrino de bodas, Francisco Bayeu es un artista de éxito que reside en Madrid y en 1775 reclama a Goya para que se desplace a la Corte.
Casa natal de Francisco de Goya en Fuendetodos, provincia de Zaragoza, España.
Aníbal vencedor contempla por primera vez Italia desde los Alpes (1770 ).
Sacrificio a Pan (c. 1771).
Adoración del Nombre de Dios o La Gloria (1772)
Rondando los 30 años, Goya es contratado por la Real fábrica de Santa Bárbara para diseñar los cartones que sus artesanos convertirán en tapices. Con ello se decorarán los comedores y dormitorios de las “casitas” que los Príncipes de Asturias -los futuros Carlos IV y María Luisa de Parma- poseen El Escorial y en el Pardo. La moda impone lo pintoresco y Goya da un recital de tipos costumbristas: toreros, tonadilleras, actrices y gente del pueblo de Madrid, tales como lavanderas, moza de cántaro, jugadores de naipes y cacharreros. Son los manolos y manolas, majos y majas, resultado castizo de la mezcla de madrileños, de los barrios, de las Ventas y las Vistillas.
Entretanto, Goya no descuida el género que le iba a ocupar a la fama: el retrato. Retratos colectivos e individuales de cuerpo entero y de busto, de personajes de pie, sentados, recostados y ecuestres.
La Conducción de un Sillar (1786-1787).
El Cacharrero (1779).
Primera Serie
Perros en Traílla (1775).
La Gallina Ciega (1789).
SEGUNDA Serie
Tercera Serie
La vendimia o El otoño (1786-1787)
El Quitasol (1777).
tercera Serie
Cuarta Serie
La pradera de San Isidro (1788).
Los Zancos (1791-1792).
La pintura religiosa y Goya como retratista
En 1780, debido a la guerra con Inglaterra, la Corona suspende temporalmente sus gastos en materia artística y suntuaria (joyas, tapices, vestidos...) por lo que se para la producción de la Real Fábrica de tapices. Esto, lejos de perjudicar al genio aragonés, le beneficia ya que le libera de las imposiciones y límites que supone la tarea de pintar cartones para tapices. Además, es nombrado miembro de la Academia de San Fernando, y ya le ha dado tiempo a establecer relaciones con la aristocracia en la corte, y a gozar en ese momento de cierto prestigio como artista.
Detalle de Regina Martyrum, cúpula de la catedral del Pilar en Zaragoza (1780-1781).
Cristo crucificado (1780).
Bautismo de Cristo (1780).
La pintura religiosa y Goya como retratista
Años después, en 1798, Goya recibirá un encargo similar en este caso los frescos de la Ermita de San Antonio de la Florida, cuyas bóvedas dedica a la historia del santo y donde lo profano invadirá las escenas, prestándoles, según toda la crítica, una vida y encanto extraordinario. Técnicamente destaca la excepcional soltura de su pincelada y la utilización de grandes manchas, lo que sin duda es un desafío a su época. De su pintura religiosa debemos destacar La última comunión de San José de Calasanz (1819), de hondo sentimiento y emoción religiosa, que recoge perfectamente la obsesión de Goya por la muerte en la última etapa de su vida.
La última comunión de San José de Calasanz (1819).
La pintura religiosa y Goya como retratista
Queda mencionado que, en el paréntesis de la Real Fábrica de 1780, Goya va a desenvolverse bien entre los personajes de la corte, donde adquirirá fama como retratista, llegando a la amistad con algunos de estos personajes. Así, bajo los pinceles de Goya, pasarán las personalidades más destacadas de la época. Estos retratos alcanzan un punto de captación psicológica tal, que alguno de los más ilustres biógrafos de don Francisco hablan de que «No se contentaba con pintar, les juzgaba con perspicacia diabólica». Para él posan personajes tan destacados como Floridablanca (primer ministro del rey), el infante don Luis de Borbón (hermano de Carlos III) o los duques de Osuna. Son célebres sus retratos femeninos, como los de la duquesa de Alba, la marquesa de Pontejos o la condesa de Chinchón.
Condesa de Chinchón(1800).
La pintura religiosa y Goya como retratista
En su retrato de El infante don Luis de Borbón y su familia (1784) se aprecia el fantástico dominio de la luz que Goya ha ido adquiriendo. Esta obra describe una escena familiar y aburguesada alejada de los retratos oficiales y en la que incluye ya un autorretrato, cuestión que repetirá en otras obras a imitación de Velázquez en Las meninas. Famoso es también el retrato que realiza de Manuel Godoy, valido de Carlos IV en 1801. En él se percibe lo crítico que puede llegar a ser Goya. Godoy aparece con el bastón de mando entre las piernas en alusión directa a los idilios del personaje con la reina, cuestión por la que obtiene, desde el punto de vista del pintor, y no de pocos historiadores, su poder político.
La familia del infante don Luis de Borbón (1784).
Los duques de Osuna y sus hijos (1788)
La familia de Carlos IV (1800).
Retrato de Manuel Godoy (1801)
En 1792 viaja a Sevilla, donde contrae una penosa enfermedad que le deja como secuela la sordera total. Pasa la convalecencia en Cádiz, restableciéndose en el domicilio de su amigo, el comerciante y exportador de vinos Sebastián Martínez, dueño de una espléndida pinacoteca de obras antiguas. Cuatro años después regresará a Andalucía para decorar el oratorio religioso de la Santa Cueva Gaditana, y allí vivirá 6 meses como invitado de la Duquesa de Alba en su palacio sanluqueño del coto de Doñana.
Goya, cincuentón, gozó de la intimidad de la joven viuda Cayetana, a la que retrató como maja vestida y maja desnuda.
Maja Desnuda (1798).
Maja Vestida (1800–1805)
La invasión napoleónica y la guerra de la independencia quedarán reflejadas en los dramáticos grabados que componen los desastres y en los cuadros históricos de las jornadas del 2 y 03 de Mayo de 1808 en Madrid, en los desastres recoge las espantosas impresiones de la contienda, reprobando la crueldad de ambos bandos. Preso del desencanto por los desmanes de la guerra y la posguerra Goya se refugia brevemente en el mundo de los toros y alumbra la tauromaquia con la emoción de un viejo aficionado.
Los fusilamientos de la Moncloa o Sucesos del 3 de mayo de 1808 en la montaña del Príncipe Pío de Madrid (1814)
El dos de mayo de 1808 La carga de los mamelucos (1814)
Entre 1814 y 1816 graba la suerte del toreo inmortalizando faenas gloriosas y lidiadores heroicos como Martincho, Pepe-Hillo, Pedro Romero o Juanito Apiñani, ídolos del artista desde su juventud.
Ligereza y atrevimiento de Juanito Apiñani en la plaza de toros de Madrid (1814-1816)
GOYA GRABADOR
Los Caprichos.
Otra de las características de la modernidad de Goya es su confianza en el poder de la estampa como difusora de ideas. Además, se va a convertir en el medio ideal con el que libre de encargos, de modas y estilo, pueda expresar sus sentimientos, ideas, opiniones… acerca de su sociedad y del mundo en el que vive. Estas estampas quedarán recogidas en colecciones conocidas como Los Caprichos, Los Desastres, Los Disparates y La Tauromaquia. La técnica que utilizará el maestro para estos grabados será el aguafuerte y la aguatinta, con toques de buril. En su última colección con temas de tauromaquia ensayará la litografía.
Inicia esta serie tras contraer su enfermedad en 1792. Se compone de 80 láminas, cuyos dibujos tienen como denominador común la crítica social en clave de humor. En ellos aparece un mundo de brujas, prostitutas, alcahuetas, ladrones, asesinos, duendes, frailes, diablos… Para los títulos de cada grabado, casi tan geniales como los dibujos, utiliza el refranero popular con una clara voluntad de sátira.
GOYA GRABADOR
Al parecer las ideas políticas de Goya están más cercanas a las teorías que propone la Ilustración que a las del Antiguo Régimen, dominado por el absolutismo. Sin embargo los ejércitos franceses, herederos de la Ilustración y de su puesta en práctica, la Revolución francesa, son los que ahora traen la muerte y la destrucción a España, en una guerra que cuesta miles de vidas. Las luces ilustradas se vuelven sombras. Esta idea sume a Goya en la perplejidad y el desencanto. Todo ello lo muestra de manera ambigua en esta estampa. La misma ambigüedad que el pintor siente en su interior.
Los Caprichos.
El sueño de la razón produce monstruos de Goya (1799).
GOYA GRABADOR
Los Desastres.
82 estampas en las que basándose en sus visiones de la época de la Guerra de la Independencia hace un canto a lo absurdo de la violencia y al modo en que la guerra saca lo peor del ser humano, no habiendo nunca ni buenos ni malos. Todos resultan ser crueles. Estas estampas son sin duda el testimonio más desgarrador acerca de la Guerra de la Independencia, apareciendo en ellas sin ningún tipo de censura ahorcados, empalados, apaleados, ajusticiados, degollados, fusilados, mutilados…
GOYA GRABADOR
Los Disparates.
También denominados Proverbios o Sueños. Expresión de la huida hacia lo imaginario de Goya. Por eso es la más difícil de interpretar. Son 22 escenas enigmáticas, sombrías y grotescas. Goya da absoluta rienda suelta a su imaginación, en absoluta libertad creativa, llegando los temas tratados casi a lo absurdo. Algunos autores hablan de que es fruto más del subconsciente que de la razón, ya que presenta un mundo gobernado por la locura. Claros precedentes, por otra parte, del surrealismo.
Disparate n.º 13: «Modo de volar».
GOYA GRABADOR
La Tauromaquia.
No es un secreto que Goya siempre se sintió especialmente atraído por la fiesta nacional. Esta serie realizada ya en su vejez es de carácter muy distinto a las anteriores, claramente popular, de matiz mucho más amable. Goya sexagenario, sordo y solo, se refugia en su afición. En estas estampas se recogen las diversas y muy variadas suertes del toro. Formalmente gozan de gran movimiento y fuerza, unas veces de luminosidad intensa, otras de acentuado claroscurismo.
«La desgraciada muerte de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid.» Aguafuerte, aguatinta, punta seca y buril. 249 x 355 mm. Grabado número 33 de la serie La tauromaquia de Goya.
Este espejismo feliz se quiebra con una nueva enfermedad del pintor. Este sanó y entre 1819-1820 compró una finca en la ribera del Manzanares que será llamada en honor de su propietario: « La Quinta del Sordo», donde busca refugio y retiro. Allí, de noche, a la luz de las velas, que coloca sobre su sombrero, decorar las paredes con un mundo de aquelarres, brujas, machos, cabríos y el duelo a garrotazos entre españoles, donde está presente la semilla del odio que intenta depurar a los afrancesados. Son las expresionistas pinturas negras (1820-1823; Museo del Prado, Madrid). Reflejo de esta misma desazón son los grabados de su última serie los disparates una colección de pesadillas que reflejan lo absurdo de la existencia.
En las dos plantas de la casa Goya crea un mundo de pesadilla, monstruoso, demoníaco en ocasiones, con predominio de los colores oscuros y de los personajes casi de ultratumba que plasman la angustia interior del artista. El conjunto debía resultar espeluznante y sobrecogedor. A la vez estos frescos suponen un gigantesco paso adelante en la historia del arte, ya que se aprecian características surrealistas, expresionistas, informalistas… un siglo antes de que nazcan estas vanguardias.
Finca y casa de la Quinta de Goya en 1828. La gran maqueta o "Modelo de Madrid" de León Gil de Palacio, que conserva el Museo de Historia de Madrid, incluye la casa donde residió Francisco de Goya.
Duelo a garrotazos o La riña (1819)
Perro semihundido (1819-1823)
Dos viejos comiendo sopa ( 1819-1823)
Saturno devorando a su hijo (1819-1823)
Paseo del Santo Oficio (1820 - 1823)
Hombres leyendo, Dos hombres, La lectura o Los políticos (1819-1823)
El aquelarre o El gran cabrón (1820 - 1823)
Asmodea (1820 - 1823)
Dos mujeres y un hombre (1820 - 1823)
Las Parcas (Átropos) (1820 - 1823)
Una manola: Leocadia Zorrilla (1820 - 1823)
Dos viejos (1820 - 1823)
Judit y Holofernes (1820 - 1823)
La Romería de san Isidro (1820 - 1823)
Después de 1823 es acusado de obsceno ante el Santo Oficio por la maja desnuda. La situación se hace incómoda y busca el exilio en Francia, donde todavía tendrá tiempo de pintar La lechera de Burdeos: el adelanto más claro del Impresionismo.
La lechera de Burdeos (1825-1827).
Tras un prolongado olvido, en 1869 se efectuaron desde España distintas gestiones para trasladarle a Zaragoza o a Madrid, lo que no era posible legalmente hasta pasados cincuenta años. En 1888 (a los sesenta años) se hizo una primera exhumación —encontrándose los despojos de ambos esparcidos por el suelo y la cabeza de Goya desaparecida—, que por desidia española no confluyó en traslado. En 1899 se exhumaron de nuevo y llegaron finalmente a Madrid los restos de los dos, Goya y Goicoechea. Depositados provisionalmente en la cripta de la colegiata de San Isidro, pasaron en 1900 a una tumba colectiva de «hombres ilustres» en la Sacramental de San Isidro y finalmente, en 1919, a la ermita de San Antonio de la Florida, al pie de la cúpula que el aragonés pintara un siglo atrás, donde desde entonces permanecen.
El 28 de marzo de 1828 llegaron a verle a Burdeos su nuera y su nieto Mariano, pero no llegó a tiempo su hijo Javier. Su estado de salud era muy delicado, no solo por el proceso tumoral que se le había diagnosticado tiempo atrás, sino a causa de una reciente caída por las escaleras que le obligó a guardar cama, postración de la que ya no se recuperaría. Tras un empeoramiento a comienzos del mes, Goya murió a las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, acompañado en ese momento por sus deudos y por sus amigos Antonio de Brugada y José Pío de Molina. Al día siguiente se le enterró en el cementerio bordelés de La Chartreuse, en el mausoleo propiedad de la familia Muguiro de Iribarren, junto a su buen amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea, fallecido tres años atrás.
Posteriormente su influencia se denota en artistas como Isidro Nonell, José Gutiérrez Solana, Celso Lagar, Pedro Flores García y Antoni Clavé; mientras que, a nivel internacional, se nota su influjo en Eugène Delacroix, Édouard Manet, Honoré Daumier, Gustave Courbet, Gustave Doré, Odilon Redon, Alfred Kubin, Marc Chagall y James Ensor. El catálogo de las obras de Goya fue iniciado por Charles Yriarte en 1867 y ampliado o modificado sucesivamente por Viñaza (1887), Araujo (1896), Beruete (1916-1917), Mayer (1923), Desparmet Fitz-Gerald (1928-1950), Gudiol (1970) y Gassier-Wilson (1970).
Goya tuvo varios discípulos, ninguno de los cuales alcanzó su categoría: el más conocido es Asensio Juliá, además de Mariano Ponzano, Felipe Abás, León Ortega, Dionisio Gómez Coma, Felipe Arrojo, Agustín Esteve, Ignacio de Uranga y Luis Gil Ranz. A veces se incluye a su ahijada, Rosario Weiss Zorrilla. También dejó su impronta en numerosos artistas de su tiempo; los más inmediatos fueron Eugenio Lucas Velázquez y su hijo Eugenio Lucas Villaamil, Vicente López Portaña y el portugués Domingos António de Sequeira.