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Cuento La historia de Llivan por AMA Homeschooling

Ana Hernández

Created on May 23, 2022

Una historia para aprender de la tolerancia

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Transcript

Presenta:

TOLERANCIA

El valor que hace, de las diferencias, la gran fortaleza en la familia.

Tolerancia

Al propiciar el ejercicio de la tolerancia, desde nuestros entornos familiares, se forman seres humanos empático, preparados para el ejercicio social, con garantía de éxito en el intercambio de su persona con sus semejantes y demás seres que le rodean.La historia de Llivan, es un cuento infantil, de la serie “Valores para una sana convivencia en familia”, que muestra de forma sencilla como un niño con tolerancia, a las diferencias entre los seres humanos, hace de su vida una historia de felicidad. Estas líneas, son el extracto tomado de un cuento popular colombiano, adaptado especialmente para mis niños y niñas entre 9 y 12 años. Hacer lecturas en familia, relacionadas a los valores que les nutren, fortalece sus lazos y garantiza una familia unida en el tiempo. Espero sea disfrutado en familia y platicado con entusiasmo. La Autora

La Historia de Llivan

Adaptación de Cuento Popular Colombiano Con extractos de Cristina Rodríguez Lomba

TOMO 1 Serie “Valores importantes para una sana convivencia en familia”.

Ana Virginia Hernández

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En un país llamado Colombia, cerca de la cordillera de los Andes, habitaba una tribu indígena que llevaba muchísimos años instalada en esas tierras.

Sus miembros eran personas sencillas que convivían pacíficamente, hasta que un día el grupo de los jóvenes se reunió en asamblea y tomó una terrible decisión:

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¡Expulsar del poblado a todos los ancianos!

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Los muchachos con arrogancia, declararon que los viejitos se habían convertido en un estorbo para el buen funcionamiento de la comunidad, porque ya no tenían fuerzas para cargar los sacos de semillas y porque sus movimientos se habían vuelto tan torpes que necesitaban ayuda incluso para comer o asearse. Por estas razones, aseguraron, era necesario echarlos para siempre.

Tan solo un chico, bueno y generoso, llamado Llivan creyó que se estaba cometiendo una gran injusticia y se rebeló contra los demás:

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– ¿Están locos?… ¡No podemos hacer esa barbaridad! - Les debemos todo lo que somos, todo lo que poseemos.- Ellos siempre nos han ayudado y ahora somos nosotros quienes debemos cuidarlos con amor y respeto.

Desgraciadamente ninguno se conmovió y Llivan tuvo que contemplar horrorizado cómo los ancianos eran obligados a abandonar sus hogares.

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– ¡Esto es horrible! No merecen que le traten así. Cuando los vio alejarse del pueblo con la cabeza agachada y arrastrando los pies, decidió que no podía quedarse de brazos cruzados. Sin pararse a pensar, echó a correr hasta alcanzarlos.

– ¡Esperen, por favor, esperen!... Si me lo permiten iré con ustedes para que se sientan más seguros y ayudarles a buscar un buen lugar donde vivir. El de más edad sonrió y aceptó la propuesta en su nombre y en el de los demás. – Claro que sí, Llivan. Tú eres un buen muchacho y no un canalla. Agradecemos mucho tu compañía y toda la ayuda que nos puedas proporcionar.... – ¡Oh no, no me den las gracias! Siento que es mi deber, pero les aseguro que lo hago con gusto.

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– ¡Este es el lugar elegido para montar el nuevo poblado! La tierra es fértil, ideal para cultivar. Además, está atravesado por un rio en el que podremos pescar a diario. -¿No les parece perfecto? El más anciano reconoció que la elección era excelente.

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– Tienes buen ojo, Llivan. Ciertamente es un paraje maravilloso. Llivan respiró hondo y llenó sus pulmones de aire puro. - ¿Pues qué estamos esperando?… ¡Pongamos manos a la obra!

Durante semanas el muchacho con los ancianos más fuertes trabajaron a ritmo acelerado, construyendo casas de barro, madera y paja durante el día, y fabricando artículos de caza y pesca durante la noche a la luz de la hoguera.

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Él realizaba las tareas más pesadas ya que tenía más fuerza física que la mayoría, pero los ancianos, que poseían la sabiduría y la experiencia de toda una vida, también ponían su granito de arena dirigiendo las obras.... Gracias a los buenos consejos de los mayores y al gran esfuerzo de Llivan, el objetivo se consiguió antes de lo esperado.

Mientras tanto, en la otra tribu, los jóvenes tomaron el mando y todo se descontroló, principalmente porque ignoraban cómo se hacían las cosas y no había ancianos a los que pedir consejo.

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Esto era muy grave, sobre todo si alguien caía enfermo, pues los remedios a base de plantas medicinales solo los conocían los abuelos y allí no quedaba ni uno. Donde antes había paz y bienestar, ahora reinaba el caos.

Pasaban los años y Llivan se convertía en un adulto sano y fuerte, ya que se dejaba aconsejar por la sabiduría de los abuelos.

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Su vida con los ancianos era feliz.

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FIN

De

Para Padres que educan en casa