También con la vampira Marcela que siempre volaba cabeza abajo. Sabía unas adivinanzas divertidísimas.
En el roble centenario se encontraba con su amigo el brujo Bernardo, ensayando uno de sus hechizos.
Hacía unas semanas había llegado a la clase de al lado un alumno nuevo llamado Germán. Era un dragón verde limón, más alto que el tobogán del parque, que echaba fuego por la boca y rugía sin parar. ¡Ah!, y no dejaba de molestar a Polillo. Se burlaba de él a la entrada del cole ...
Pero de un tiempo a esta parte, a Polillo le dolía su fantasmal barriga cada vez que pensaba en el colegio. Ya no disfrutaba de los cuentos de miedo de la maestra, aullaba muy bajito y hasta el batido de niebla del pantano se le atragantaba.
Volvía a meterse con él en recreo.
Y lo esperaba a la salida para seguir riéndose a su costa.
La que preguntaba era Casilda, su profesora de Hechizos y Conjuros. Casilda era una
bruja de melena verde, murciélago en el hombro y una voz suave que parecía que
acariciaba al hablar. Polillo, entre hipidos fantasmales, le dijo que se sentía pequeñito
como un ratón. No, como un escarabajo. No, como una pulga.
Polillo lo pasaba tan mal que se volvía de color violeta, sentía que le faltaba el aire y le temblaba hasta la sábana.Eso pasó un día. Y otro. Y otro más. Hasta que… −Polillo, ¿qué te ocurre? Te noto muy triste.
–Bueno, un ratón puede asustar a un elefante –le
explicó Casilda–. El escarabajo pelotero empuja una
bola que pesa doscientas veces más que él. La
pulga es la mejor saltadora del reino animal.
–Pero es que... –ahogándose en sollozos, Polillo contó
a su maestra lo que le estaba sucediendo. Y solo por
contárselo, ya se sentía un poco mejor.
En cuanto dejó al fantasma, Casilda se fue a
consultar su Manual de Brujería. Y al pasar
junto a Germán, sacó del bolso su varita y
pronunció unas palabras mágicas:
Al día siguiente, a la entrada del cole, Germán se burló
de Polillo, como todas las mañanas
Pero en vez de entrarle ganas de reírse a carcajadas, se volvió de color violeta, sintió
que le faltaba el aire y empezó a temblarle hasta el rabo. Lo mismo le ocurrió cuando
quiso meterse con el fantasma en el recreo. Y a la salida del cole. Tan mal lo pasó que
se le quitaron las ganas de volverse a burlar de él. ¡Ni de nadie!
Y cuentan que en la fiesta de la primavera, la vampira bailó cabeza abajo y planteó
adivinanzas como esta:
Por su parte, Polillo aprendió una canción que le enseñó la bruja Casilda. Y desde
aquel día la cantaba todas las mañanas, con sus amigos el brujo y la vampira, camino
del cole.
El brujo Bernardo ensayó su mejor hechizo.
Polillo ganó el concurso de aullidos y el dragón preparó pizzas para todos con el
fuego de su nariz.
DÉJAME EN PAZ- SAVE THE CHILDREN
marfuensanta
Created on January 15, 2022
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También con la vampira Marcela que siempre volaba cabeza abajo. Sabía unas adivinanzas divertidísimas.
En el roble centenario se encontraba con su amigo el brujo Bernardo, ensayando uno de sus hechizos.
Hacía unas semanas había llegado a la clase de al lado un alumno nuevo llamado Germán. Era un dragón verde limón, más alto que el tobogán del parque, que echaba fuego por la boca y rugía sin parar. ¡Ah!, y no dejaba de molestar a Polillo. Se burlaba de él a la entrada del cole ...
Pero de un tiempo a esta parte, a Polillo le dolía su fantasmal barriga cada vez que pensaba en el colegio. Ya no disfrutaba de los cuentos de miedo de la maestra, aullaba muy bajito y hasta el batido de niebla del pantano se le atragantaba.
Volvía a meterse con él en recreo.
Y lo esperaba a la salida para seguir riéndose a su costa.
La que preguntaba era Casilda, su profesora de Hechizos y Conjuros. Casilda era una bruja de melena verde, murciélago en el hombro y una voz suave que parecía que acariciaba al hablar. Polillo, entre hipidos fantasmales, le dijo que se sentía pequeñito como un ratón. No, como un escarabajo. No, como una pulga.
Polillo lo pasaba tan mal que se volvía de color violeta, sentía que le faltaba el aire y le temblaba hasta la sábana.Eso pasó un día. Y otro. Y otro más. Hasta que… −Polillo, ¿qué te ocurre? Te noto muy triste.
–Bueno, un ratón puede asustar a un elefante –le explicó Casilda–. El escarabajo pelotero empuja una bola que pesa doscientas veces más que él. La pulga es la mejor saltadora del reino animal. –Pero es que... –ahogándose en sollozos, Polillo contó a su maestra lo que le estaba sucediendo. Y solo por contárselo, ya se sentía un poco mejor.
En cuanto dejó al fantasma, Casilda se fue a consultar su Manual de Brujería. Y al pasar junto a Germán, sacó del bolso su varita y pronunció unas palabras mágicas:
Al día siguiente, a la entrada del cole, Germán se burló de Polillo, como todas las mañanas
Pero en vez de entrarle ganas de reírse a carcajadas, se volvió de color violeta, sintió que le faltaba el aire y empezó a temblarle hasta el rabo. Lo mismo le ocurrió cuando quiso meterse con el fantasma en el recreo. Y a la salida del cole. Tan mal lo pasó que se le quitaron las ganas de volverse a burlar de él. ¡Ni de nadie!
Y cuentan que en la fiesta de la primavera, la vampira bailó cabeza abajo y planteó adivinanzas como esta:
Por su parte, Polillo aprendió una canción que le enseñó la bruja Casilda. Y desde aquel día la cantaba todas las mañanas, con sus amigos el brujo y la vampira, camino del cole.
El brujo Bernardo ensayó su mejor hechizo.
Polillo ganó el concurso de aullidos y el dragón preparó pizzas para todos con el fuego de su nariz.