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Tema 3 - El origen de la industrialización

Ramón Mikjail Mellad

Created on November 28, 2021

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Transcript

revolución industrial e imperialismo

Tema 3

¿Por qué en Inglaterra?

1. ¿Cómo cambió la producción de bienes con la Revolución Industrial?

A finales del siglo XVIII, la Revolución Industrial produjo la transformación más importante desde la revolución neolítica, cuando el ser humano empezó a cultivar la tierra. La industrialización significó el paso de la economía agraria a otra dominada por la industria, donde la producción de bienes se realizaba de forma mecanizada. Los cambios en los sistemas de producción implicaron una nueva organización de la economía (capitalismo) y transformaron la organización de la sociedad (sociedad de clases). El impacto de la industria fue tan grande, que los historiadores la denominaron "Revolución Industrial". ¿En qué consistió y qué factores la impulsaron?

A. Factores impulsores de la industrialización

La Revolución Industrial tuvo su origen en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII. Una serie de factores explican por qué Gran Bretaña fue la pionera y se convirtió en el primer país industrial, en el "taller del mundo":

  • Un sistema político en el que el poder de la monarquía estaba limitado por el Parlamento desde el siglo XVII y en el cual la influencia de la burguesía era grande.
  • Un crecimiento de la población que supuso el aumento de la demanda de productos y la disponibilidad de mano de obra para las nuevas fábricas.
  • Abundancia de recursos y materias primas, sobre todo de carbón, que se convirtió en la principal fuente de energía.
  • Facilidad de transporte a través de una amplia red de ríos y canales.
  • La posesión de un imperio colonial (conquista de la India en el siglo XVIII) permitió un fácil acceso a las nuevas materias primas (algodón) y generó un gran mercado para exportar la producción industrial.

B. Un conjunto de "revoluciones paralelas"

La Revolución Industrial fue posible gracias al desarrollo de una serie de cambios que, interconectados entre sí, provocaron una gran transformación del sistema económico. El elemento común de todos ellos fue la innovación, que produjo una serie de "revoluciones paralelas":

  • Una revolución agrícola: aumentó la cantidad de alimentos.
  • Una revolución demográfica: incrementó la población.
  • Una revolución tecnológica: puso al servicio de la industria nuevas máquinas y fuentes de energía.
  • Una revolución en el transporte y en el comercio: permitió vender la producción a mercados lejanos y extensos.
  • Una revolución en las finanzas: aportó nuevos sistemas para financiar a las empresas y facilitar los pagos.

C. El sistema fabril de producción

El nacimiento de la industria estuvo estrechamente vinculado a tres elementos que se han convertido en emblemáticos del proceso industrializador: la mecanización del proceso productivo, el uso de nuevas fuentes de energía y la fábrica como lugar de producción. Mecanización Consiste en el uso de máquinas, que sustituyen parcialmente al trabajo humano, para la producción de bienes. La mecanización sustituyó las tareas manuales y la tracción animal por las máquinas tanto para la fabricación industrial, como para el transporte de mercancías y pasajeros (ferrocarril).

La Revolución Industrial se inició en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y se difundió por Europa y Norteamérica durante el siglo siguiente. La nueva industria, que se basaba en la mecanización de la producción, las innovaciones técnicas y el sistema fabril de producción, provocó un fuerte crecimiento de la producción de bienes. La industrialización fue acompañada de una nueva organización de la economía (el capitalismo) y transformó la sociedad. El éxodo rural provocó el crecimiento de las ciudades, donde se desarrollaban las nuevas actividades industriales. Dos nuevas clases sociales vertebraron la sociedad capitalista: la burguesía, que poseía capital para invertir, y el proletariado, que trabajaba en las fábricas.

Las fuentes de energía Las fuentes de energía anteriores a la revolución procedían fundamentalmente de la fuerza humana o animal, del viento y del agua. La primera innovación fue el perfeccionamiento de la rueda hidráulica para mover las máquinas de la industria textil. La segunda, y la más innovadora, fue la utilización del carbón gracias a la máquina de vapor de Watt.

El sistema fabril La mecanización, el uso de grandes instalaciones para las nuevas fuentes de energía y el interés de un mayor control sobre la mano de obra provocaron la concentración de obreros y obreras en edificios destinados a la producción (fábricas). Esta nueva manera de producir se conoce como sistema fabril e implicó la producción en serie y un notable aumento de la productividad. La generalización del sistema fabril comportó la ruina de muchos artesanos y el fin de la producción realizada manualmente de forma artesanal. Con ello, los gremios, que controlaban la producción desde la Edad Media, fueron desapareciendo.

La individualización de la producción incentivó la mejora de las técnicas de cultivo y supuso el paso del sistema de campos abiertos (openfields) al de campos cerrados (enclosures). La concentración de la propiedad perjudicó a los campesinos pobres que, al no disponer de recursos para cercar tierras, tuvieron que vender sus propiedades y convertirse en jornaleros a cambio de un salario. Además, perdieron su derecho a usar los pastos y las tierras comunales. Como consecuencia del gran número de campesinos que buscaba trabajo, los salarios bajaron muy drásticamente y muchos se vieron obligados a emigrar a las ciudades.

2. Revolución Agrícola y tecnológica

A. La Revolución Agrícola La nueva estructura de la propiedad La subida del precio de los cereales estimuló a los propietarios rurales a adueñarse de las tierras de uso colectivo y a cercar sus propiedades. Con ello, grandes extensiones de tierras de labor y pastos pasaron a ser de propiedad privada. Una serie de leyes de cercamiento (Enclosure Acts) promulgadas por el Parlamento inglés avalaron este proceso que comportó una concentración de la propiedad. Esta nueva ordenación de la propiedad benefició a los grandes propietarios, que consiguieron producir más e incrementar sus beneficios.

Los cambios en el sistema de cultivo

La difusión de la rotación cuatrienal de cultivos (sistema Norfolk), que combinaba la siembra de cereales, que empobrecen la tierra, con plantas forrajeras (nabos, tréboles, alfalfa…), que la enriquecen porque ayudan a fijar nitrógeno en el suelo, sustituyó a la rotación trienal. El nuevo sistema de rotación de cultivos permitió suprimir el barbecho* de la rotación trienal y aumentar la superficie cultivada. El aumento de la producción de forraje permitió el incremento de la cabaña ganadera cuyo estiércol, a su vez, mejoró la fertilidad de la tierra. Al mismo tiempo, el incremento de cabezas de ganado aumentó la disponibilidad de carne y leche, permitiendo una mejora en la dieta humana.

La introducción de nuevas máquinas

La invención de nuevas máquinas permitió realizar con mayor facilidad y eficacia las tareas agrícolas. Una de las primeras innovaciones fue la siembra mecánica en surcos de hileras paralelas (método Jethro Tull), que permitió la recogida tanto de frutos como de malas hierbas de forma mucho más sencilla. El nuevo arado de Rotherham ayudó a remover los campos con mayor facilidad y profundidad y, además, cubrir las semillas con tierra para protegerlas del viento y de los animales. La introducción de la máquina de vapor y el desarrollo de la siderurgia permitieron utilizar nuevas máquinas segadoras y trilladoras que facilitaron la siega y la trilla. También se introdujeron nuevos cultivos (patatas, maíz…) que diversificaron la producción de alimentos. Además, la utilización del guano* como abono ayudó a mejorar la productividad

B. La Revolución tecnológica La máquina de vapor La máquina de vapor aprovecha la fuerza del vapor para generar un movimiento continuo que traslada a las máquinas. James Watt adaptó la máquina de vapor para impulsar los mecanismos industriales.Su aplicación en la mecanización de la industria textil (hilado y tejido) provocó el aumento de la productividad (cantidad producida por unidad de tiempo) y de la producción total (cantidad de bienes producidos). Ello permitió abaratar los costes y disminuir el precio de venta. La máquina de vapor se aplicó también a la maquinaria agrícola, en las fábricas de papel, los molinos de harina..., y fue muy importante en la minería, donde se utilizó para evacuar el agua de las galerías.

3. El crecimiento de la población y el desarrollo urbano

El aumento de la población fue un estímulo para el despegue industrial del siglo XIX porque comportó un aumento en el número de trabajadores disponibles y un incremento en la demanda de bienes de consumo. El incremento demográfico fue posible gracias a la mejora de la producción agrícola porque una población mejor alimentada se hizo más resistente a las enfermedades y, por tanto, la mortalidad empezó a disminuir. La industrialización, que necesita concentración de capitales y trabajadores, estimuló el crecimiento urbano. La burguesía instaló sus fábricas cerca de las ciudades y los campesinos emigraron del campo para trabajar en ellas. Así, la sociedad pasó de ser mayoritariamente agraria y rural a ser industrial y urbana. El crecimento de las ciudades dio lugar a su progresiva urbanización, que no ha cesado hasta nuestros días. El mundo actual es un mundo de ciudades.

La locomotora y el ferrocarril El ferrocarril fue el primer vehículo movido por la aplicación de la máquina de vapor. Surgió de la unión de dos mecanismos: El sistema de arrastrar vagonetas o diligencias de pasajeros tiradas por animales sobre raíles. La invención de la locomotora por Stephenson (1829) al utilizar una máquina de vapor para transmitir un movimiento continuo a las ruedas. El nuevo sistema de transporte permitió trasladar mayor cantidad de personas y mercancías en menos tiempo y a un costo reducido. Esta mejora estimuló el comercio de mercancías y desempeñó un papel fundamental en la articulación de un gran mercado interior. A principios del siglo XIX, la máquina de vapor se aplicó a los barcos de vela, que fueron sustituidos por barcos de vapor. Su puesta en funcionamiento acortó enormemente el tiempo de la travesía transatlántica entre Europa y América.

A. La revolución demográfica Hacia 1750, la población europea inició un proceso de crecimiento conocido como revolución demográfica. Esta se debió al aumento de la producción de alimentos y, posteriormente, a las mejoras en la medicina y en la higiene. La mejor alimentación permitió la desaparición de las grandes hambrunas e hizo a la población más resistente frente a las enfermedades. La mortalidad fue descendiendo paulatinamente mientras la natalidad tendía a mantenerse o a crecer ligeramente. La reducción de la mortalidad, sobre todo la infantil, hizo también posible un aumento de la esperanza de vida, que pasó de 38 años, a finales del siglo XVIII, a alcanzar los 50 a finales del XIX. Gran Bretaña fue el país europeo donde se inició la expansión demográfica y donde alcanzó mayores proporciones. Entre 1700 y 1800, su número de habitantes aumentó en casi un 69%. El conjunto de Europa pasó de 140 millones de habitantes en 1750, a 192 en 1800, y a 274 en 1850.

B. La expansión de las ciudades La industrialización convirtió las antiguas ciudades en grandes metrópolis y sus habitantes se multiplicaron. En este desarrollo urbano se derribaron las murallas, aparecieron barrios nuevos, se crearon nuevos medios de transporte (ferrocarril, tranvía...) y se construyeron infraestructuras (empedrado de calles, alcantarillado...) y nuevos servicios (hospitales, mercados, teatros, etc.). El crecimiento urbano fue consecuencia del éxodo rural. Los campesinos, a los que la mecanización de las tareas agrícolas y la concentración de la propiedad dejaron sin tierras y sin trabajo, acudieron a las ciudades en busca de un empleo en las fábricas. En la nueva ciudad industrial se produjo una fuerte segregación social por barrios, en los que se diferenciaban los elegantes barrios de la burguesía y los espacios industriales rodeados de suburbios obreros. La burguesía planificó nuevos barrios residenciales con edificaciones de varios pisos con lujosas y confortables viviendas, rodeadas de espacios ajardinados, comunicados con amplias avenidas y dotados de servicios. Los barrios obreros carecían de infraestructuras (las calles no estaban asfaltadas ni tenían alcantarillado) y la falta de espacio provocó el hacinamiento en las viviendas.

4.El triunfo del capitalismo

La Revolución Industrial impulsó el desarrollo del capitalismo, un sistema económico sustentado en el liberalismo económico. Esta doctrina, basada en la iniciativa privada, fue establecida por una serie de autores británicos, entre los que destacó Adam Smith.

"No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses". Es "la mano invisible del mercado", que hace que toda la sociedad se beneficie del hecho de que los individuos busquen su propio beneficio particular." Adam Smith. La Riqueza de las Naciones.

El capitalismo industrial El capitalismo es un sistema económico en el que los instrumentos de producción (las fábricas, la maquinaria y los stocks* de bienes) son predominantemente de propiedad privada. Las actividades económicas responden a la libre iniciativa de los individuos, que tienen como objetivo la búsqueda del máximo beneficio: es un sistema no planificado, en el que la intervención del Estado debe reducirse al mínimo. Los intereses de los particulares –vendedores o compradores– concurren en el mercado, que solo se regula mediante la ley de la oferta y la demanda. La competencia entre los empresarios para conquistar el mercado da lugar a una carrera para reducir costes y precios, lo que constituye un incentivo para la constante renovación tecnológica (ley de la competencia). El capitalismo se ve azotado por las crisis de sobreproducción provocadas por un exceso de producción en relación con la capacidad de consumo de la sociedad. Sus consecuencias son la disminución de ventas, la caída de precios y beneficios, el cierre de empresas y el paro obrero.

El crecimiento de las finanzas La industrialización comportó el desarrollo de las entidades bancarias que se multiplicaron y diversificaron, convirtiéndose en captadoras del ahorro (bancos de depósito) y suministradoras de capital a la industria (bancos de inversión). Además, los bancos actuaban como intermediarios entre empresas, proveedores y consumidores facilitando los pagos y los intercambios (letras de cambio, cheques, pagarés…). La necesidad de capital para fundar una nueva empresa llevó a la creación de sociedades anónimas, en las que el capital se divide en participaciones (acciones), que son adquiridas por accionistas y dan derecho al cobro de beneficios (dividendos). Estas acciones tiene un valor nominal, en relación con el capital de la empresa que emite las acciones. La compraventa de acciones se realiza en la bolsa, que se rige por la ley de la oferta y la demanda: si existen muchos compradores y pocas acciones a la venta, su cotización sube por encima de su valor nominal; cuando ocurre lo contrario, su valor disminuye.

Proteccionismo y librecambio Reino Unido, como país pionero del proceso de industrialización, se mostró partidario del librecambio, es decir, de la no intervención estatal en el comercio internacional. El libre intercambio de mercancías entre los distintos Estados sería un estímulo al comercio, al aumento de la producción y a la mejora de la competitividad empresarial. Para evitar la competencia del Reino Unido y fomentar el crecimiento de su propia industria, tanto los países del continente como Estados Unidos aplicaron medidas proteccionistas. El proteccionismo defiende la imposición de aranceles (impuestos) a la entrada de productos extranjeros, con el objetivo de encarecerlos para que no sea rentable su importación.

5. La nueva sociedad de clases

El capitalismo instauró la división entre capital y trabajo y organizó la sociedad en dos grupos o clases sociales: la burguesía y el proletariado. La burguesía poseía el capital, desarrollaba los negocios y era la propietaria de las fábricas, las entidades financieras y de las empresas comerciales. El proletariado, los obreros y obreras, vivían del trabajo que realizaban en las fábricas, minas y medios de transporte a cambio de un salario. A diferencia de la sociedad estamental, las clases son grupos sociales abiertos con movilidad social, en las que el poder económico es la categoría básica de definición social. ¿Qué desigualdades presentaba la nueva sociedad de clases?

El crecimiento de las finanzas En el nuevo mundo industrial, la gran burguesía, compuesta por empresarios, banqueros y grandes propietarios agrícolas, se convirtió en la nueva clase dominante. Su riqueza y su deseo de mostrar públicamente su poder y prestigio le permitieron, poco a poco, sustituir a la aristocracia en la vida social. Por debajo había una mediana burguesía compuesta por profesionales (abogados, médicos…), funcionarios y comerciantes, y una pequeña burguesía constituida por empleados, tenderos y artesanos cuyas condiciones de vida apenas se diferenciaban del proletariado. La nueva burguesía impuso sus valores sociales: la exaltación de la propiedad privada, la virtud del trabajo y del ahorro y el triunfo individual. De la burguesía provenían la mayoría de quienes accedían a la enseñanza universitaria, y formaban la intelectualidad: los profesores, ingenieros, jefes de las instituciones y de las empresas, dando lugar a verdaderas dinastías familiares.

B. El proletariado: la fuerza de trabajo En la nueva sociedad industrial, la clase obrera era la mano de obra necesaria para el funcionamiento de las máquinas y constituía el grupo social más desfavorecido. En los primeros tiempos de la industrialización, no existía ninguna legislación laboral que regulase las condiciones de trabajo, los salarios o garantizase alguna protección en caso de accidente o enfermedad. Los obreros estaban sometidos a una dura disciplina laboral donde los castigos y las penalizaciones eran frecuentes y podían ser despedidos en el momento que desease el empresario. Las jornadas en las fábricas o en las minas eran muy largas (14-16 horas), sin apenas descanso semanal, y se realizaban en condiciones muy deficientes, con ruidos y humos asfixiantes. Los salarios eran muy bajos y no se percibían en caso de enfermedad, accidente o vejez.

Los niños y las mujeres trabajaban en las mismas condiciones que los hombres, tanto en las fábricas como en las minas, pero sus salarios eran inferiores. En Inglaterra, el sueldo de los niños equivalía a un 10% del de los hombres, y el de las mujeres, alrededor de un 40%. Las pésimas condiciones de vida, la fatiga, las enfermedades profesionales, la desnutrición y las epidemias acababan muy pronto con la vida de las familias obreras. La esperanza de vida era baja y a los 50 años las personas ya estaban muy envejecidos.

6. Los nuevos movimientos sociales

Las asociaciones obreras La primera reacción obrera contra el trabajo industrial fue el ludismo. Este movimiento se inició en Inglaterra a principios del siglo XIX, y consistió en la destrucción violenta de máquinas, que consideraban responsables de los bajos salarios y del paro obrero. Algunos obreros empezaron a darse cuenta de la necesidad de crear asociaciones propias para defender sus intereses. Las primeras organizaciones fueron las Sociedades de Socorro Mutuo, que actuaban como sociedades de resistencia y ayudaban a los trabajadores en caso de enfermedad o paro. Estas sociedades organizaron las primeras huelgas gracias al cobro de cuotas que permitían crear cajas de resistencia. La derogación en Inglaterra de las leyes que prohibían las asociaciones obreras (Combination Laws, 1824), permitió la creación de los primeros sindicatos que reunían a los obreros de un mismo oficio o ramo, como por ejemplo el Sindicato de Hiladores. Más adelante, en 1834, se fundó la Great Trade Union, que agrupaba a trabajadores de distintos oficios. Sus primeras reivindicaciones sindicales fueron la defensa del derecho de asociación, la reducción de la jornada laboral, las mejoras salariales y la regulación del trabajo infantil.

La denuncia de la desigualdad social En la nueva sociedad industrial, algunos pensadores denunciaron las injusticias creadas por el capitalismo.

  • Los socialistas utópicos (Saint-Simon, Proudhon y Fourier) fueron los primeros en denunciar la propiedad privada como la principal causa de las desigualdades, y en proponer formas de propiedad colectiva.
  • A mediados del siglo XIX, algunos pensadores defendieron la necesidad de una revolución para acabar con el capitalismo y construir una nueva sociedad igualitaria. Estas ideas dieron lugar a dos grandes corrientes revolucionarias: el marxismo y el anarquismo.
  • La Iglesia católica se preocupó por la cuestión obrera y la desigualdad social. En 1890, el papa León XIII publicó la encíclica Rerum novarum, en la que proponía la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la clase obrera mediante la promulgación de leyes sociales.

Marxismo, anarquismo e internacionalismo El marxismo Es el resultado de la colaboración de Karl Marx y Friedrich Engels, que denunciaron la explotación de los trabajadores y defendieron la revolución para destruir el capitalismo. La revolución proletaria debería tener dos fases: La conquista del poder político para crear un Estado obrero (dictadura del proletariado) que destruiría la propiedad privada y la pondría en manos del Estado. La sociedad comunista, en la que desaparecerían las clases sociales y el Estado (comunismo). Los marxistas crearon partidos obreros socialistas. Su objetivo era la revolución obrera, pero también defendían la participación en las elecciones y la entrada en los parlamentos para impulsar leyes favorables a los trabajadores.

El anarquismo No es una doctrina única, sino que reúne las ideas de distintos pensadores como Bakunin y Kropotkin. Se basa en la exaltación de la libertad individual y de la solidaridad social, la defensa de la propiedad colectiva y el rechazo a toda autoridad. Defiende que la revolución debe ser el resultado de una huelga general que destruya el Estado para crear una sociedad igualitaria con formas de propiedad colectiva. Se opone a la participación en la política (elecciones) y a la organización en partidos políticos. Un sector defendía la acción violenta contra el capitalismo (burguesía, Ejército, Estado e Iglesia), y otro, la creación de sindicatos revolucionarios (anarcosindicalismo).

Las internacionales obreras Marxistas y anarquistas participaron en los conflictos obreros de su época y propusieron la necesidad de la unión de los obreros de todo el mundo para conseguir su emancipación social (internacionalismo proletario). A iniciativa de Karl Marx, en 1864, se creó la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional), a la que se adhirieron marxistas, anarquistas y sindicalistas, pero las discrepancias ideológicas entre ellos la hicieron inviable y acabó por desaparecer hacia 1876. En 1889, los marxistas fundaron la II Internacional, con el objetivo de coordinar los diferentes partidos socialistas. La II Internacional creó algunos de los símbolos de identidad del movimiento obrero, como el himno de La Internacional y la fiesta del Primero de Mayo (Día de los Trabajadores).

7. ¿Qué características tuvo la expansión imperialista europea del siglo XIX?

A partir del último tercio del siglo XIX, una Segunda Revolución Industrial transformó a la vez la economía y la sociedad de las principales potencias europeas. La aplicación de importantes descubrimientos científicos y técnicos, una nueva organización del trabajo y nuevas fórmulas empresariales permitieron un espectacular desarrollo de la producción, el comercio y los transportes. Aprovechando su superioridad técnica, militar y financiera, Europa se lanzó al dominio político y económico del resto del mundo. Mediante esta expansión, algunos países europeos consiguieron, por un lado, la explotación de los recursos de África, América Latina y Asia y, por otro, la dominación política de gran parte de estos continentes.

¿Por qué se produjo la expansión imperialista?

Los países europeos, aprovechando su superioridad económica, técnica y militar, se lanzaron al dominio del resto del mundo, especialmente a zonas sin Estados organizados. Entre 1870 y 1914 ocuparon territorios en África y Asia principalmente, y crearon imperios coloniales. ¿Qué llevó a los países industrializados a lanzarse a conquistar y dominar territorios en el mundo entero?¿Por qué pudieron hacerlo? ¿Cómo justificaron estos países el dominio y la explotación a que sometieron a las poblaciones de los territorios colonizados?

A. Los intereses económicos

Los países industrializados de Europa necesitaban buscar nuevos mercados donde vender el excedente de su producción industrial. También aspiraban a comprar materias primas (carbón, hierro, algodón, caucho…) y productos coloniales (azúcar, chocolate, té...) al mejor precio posible. Finalmente, querían invertir sus excedentes de capital en lugares fuera de Europa, donde la mano de obra, más barata, les permitía obtener mayores beneficios.

B. Una población en ascenso

Los cambios económicos a lo largo del siglo XIX dieron como resultado un gran aumento de la población europea, que alcanzó los 450 millones de habitantes en 1900. Esta expansión demográfica generó un volumen de población excedente, sobre todo en la agricultura, que estimuló la emigración hacia otros continentes. La posibilidad de contar con colonias hacia las que emigrar era una solución para las metrópolis* que así evitaban, en parte, los problemas de malestar social (paro, huelgas...).

C. La rivalidad entre las potencias

La expansión imperialista estuvo también provocada por el deseo de ampliar las zonas de influencia de cada una de las potencias industriales, como forma de aumentar su poder político y de obstaculizar la expansión de las potencias competidoras. En Europa, a partir de la unificación de Italia y de Alemania, que estabilizó las fronteras, los deseos de los países de ampliar su poder político solo podían hacerse realidad ocupando otros continentes. Los imperios coloniales eran la demostración de su capacidad de influencia en el contexto diplomático internacional. Todo ello promovió una carrera por controlar nuevos territorios. Los principales dirigentes políticos europeos consideraron la expansión colonial como una necesidad, pues querían utilizarla como base estratégica de su poder militar y para tratar de impedir la expansión de sus rivales.

D. El mito de la raza superior

Las causas profundas del imperialismo* son incomprensibles sin las concepciones racistas y nacionalistas. La idea de una raza blanca superior, cuyos atributos de inteligencia y laboriosidad la legitimaban para imponerse sobre el resto, se dio como un hecho, es más, como una verdad científica en casi todos los países europeos. Filósofos, científicos, escritores y políticos suscribieron sin rubor esa idea y arrastraron tras ellos a gran parte de la población. Asimismo, se impuso la idea de que para ejercer ese dominio legítimo, todos los medios eran válidos, incluso el de la guerra. Era considerada una manera de reafirmar la fuerza y la superioridad cultural de cada país. De ese modo, se extendió el convencimiento de que los europeos tenían el deber de difundir su cultura y civilización entre los pueblos considerados inferiores.

Todo lo que sabemos sobre los salvajes, o lo que puede inferirse de sus tradiciones y de los antiguos monumentos [...], muestra que desde los tiempos remotos las tribus exitosas han suplantado a las demás. Relictos de tribus extinguidas u olvidadas han sido encontradas en todas las regiones civilizadas de la tierra, en las llanuras de América, y en las islas lejanas del Océano Pacífico. Actualmente, las naciones civilizadas están suplantando a las naciones bárbaras en todas partes, excepto allí donde el clima impone una barrera mortífera Charles Darwin, El origen del hombre, 1871

8. El triunfo del capitalismo industrial

A finales del siglo XIX, el mundo entró en una nueva fase del proceso de industrialización. Es la llamada Segunda Revolución Industrial, en la que Europa Occidental y Estados Unidos se convirtieron en economías industrializadas.

La Segunda Revolución Industrial (1880-1914) A partir del último tercio del siglo XIX aparecieron y se desarrollaron nuevas fuentes de energía. La invención de la dinamo industrial (1869) permitió producir electricidad en centrales hidroeléctricas, mientras el alternador y el transformador (1897) hicieron posible el traslado de la corriente eléctrica. La electricidad logró múltiples aplicaciones en la industria (fuerza motriz de las máquinas), en los transportes (ferrocarril, tranvía…), en los sistemas de comunicación (teléfono, telégrafo, radio…), en el ocio (fonógrafo, cinematógrafo…) y en la iluminación. Por otro lado, el petróleo comenzó a extraerse en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, y la invención del motor de explosión posibilitó su utilización como combustible para los automóviles (1885), un medio de transporte fundamental en el siglo XX.

En esta etapa también se desarrollaron nuevos sectores industriales: la química (tintes, medicinas, etc.), la metalurgia del aluminio, la fabricación de automóviles y la aeronáutica, así como el enorme aumento de la producción de bienes corrientes (muebles, aparatos para el hogar, etc.); y continuaron desarrollándose las industrias tradicionales: textil, siderurgia, minería del carbón, etc. Gran parte del enorme salto tecnológico de finales del siglo XIX se debió a una unión entre la investigación científica y la industria, a través de la creación de laboratorios financiados por las empresas industriales, el Estado o fundaciones. Los descubrimientos científicos se aplicaron rápidamente a la técnica y a instrumentos que revolucionaron la vida cotidiana: bombilla, aspirador, cámara de fotos, radio, teléfono, plástico, aspirinas, etc.

Una nueva organización de la producción En 1903, Frederick Taylor revolucionó los métodos de producción inventando la organización científica del trabajo o taylorismo*. La producción se orientó hacia la fabricación en serie como la mejor manera de aumentar la productividad, disminuir el tiempo empleado y reducir costos de fabricación. Estos nuevos métodos de trabajo se basaron en la cadena de producción, en la que cada obrero realiza una parte muy concreta del proceso productivo. La fábrica de automóviles Ford, en Estados Unidos, fue una de las primeras en implantar una cadena de producción en serie de automóviles (fordismo). El resultado fue una producción estandarizada y masiva con unos costos reducidos, lo que permitió extender el consumo a sectores más amplios de la población.

La banca y la concentración empresarial Las elevadas inversiones de capital que requerían las innovaciones tecnológicas estimularon la relación entre banca e industria, y los bancos se convirtieron en financiadores del proceso industrial. Por otro lado, también se produjo una progresiva concentración industrial, y las empresas se hicieron cada vez mayores. Para restringir la competencia, las grandes empresas firmaban acuerdos entre ellas para fijar precios y establecer áreas de influencia. Así nacieron el cartel, el trust, el holding y el monopolio (derecho exclusivo de una empresa a comercializar un producto).

El dominio del comercio y las finanzas internacionales A finales del siglo XIX, los países industriales dominaban el comercio mundial. Europa realizaba la mitad de las exportaciones del mundo y absorbía tres cuartas partes de las importaciones mundiales. Asimismo, controlaba las rutas marítimas, los grandes puertos comerciales (Londres, Amberes, Hamburgo, Marsella y Nueva York), y disponía de grandes flotas y de bolsas de comercio. El aumento del volumen comercial fue posible gracias a los progresos del transporte (ferrocarriles transcontinentales, apertura de los canales de Suez en 1869 y Panamá en 1914, y a las innovaciones en las formas de venta (a plazos, por correo, grandes almacenes…). También Europa, y posteriormente Estados Unidos, tenían el dominio financiero del mundo. Su enorme riqueza les permitía invertir capitales en el mundo entero: prestaban dinero a los Estados e invertían en tierras, industrias o medios de transporte. Estas inversiones proporcionaban grandes intereses o beneficios a los bancos y a los particulares.

9. ¿Cómo se repartieron el mundo los imperios coloniales?

Las grandes potencias se lanzaron a la lucha por el reparto del mundo y llegaron a controlar parte de América, la mayoría de las islas del Pacífico, casi toda Asia y África y, finalmente, a partir del año 1919, la totalidad de Oriente Medio. Los principales imperios coloniales europeos fueron el francés y el británico, pero otros muchos países poseyeron colonias. El rey de Bélgica, Leopoldo II, adquirió como propiedad privada una gran colonia a lo largo del río Congo, que legó a Bélgica a su muerte. Alemanes e italianos llegaron tarde al reparto, pero Alemania se estableció en Tanganica y el África Sudoccidental, mientras que Italia ocupó Libia. Holanda controlaba posesiones en Indonesia, y Portugal, en África (Angola y Mozambique). Rusia se expandió por Asia desde el Turquestán hasta Manchuria, y España se asentó en la zona del golfo de Guinea, el Sahara y el Norte de Marruecos. Por último, dos potencias extraeuropeas, Estados Unidos y Japón, también se expandieron hacia América y Asia.

A. El Imperio británicoA finales del siglo XIX, el Reino Unido poseía el mayor imperio colonial y controlaba las rutas comerciales marítimas con bases en el Atlántico, el Índico, el Pacífico y el Mediterráneo. En África, los británicos formaron un imperio de Norte a Sur, que se extendía desde El Cairo (Egipto) hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica). La principal colonia británica fue la India. Con una numerosa población, la India se convirtió en un gran mercado para los productos británicos y en una importante proveedora de materias primas. Para garantizar un territorio de seguridad a su alrededor, los ingleses rivalizaron con Francia para anexionarse Birmania (1886), y con Rusia por el dominio de Afganistán y el Tíbet.

B. El Imperio francés El segundo gran imperio colonial era el de Francia. Los franceses se instalaron en diversas zonas, pero especialmente en África del Norte y en el Sudeste asiático. El proyecto francés de ocupar en África un vasto territorio de Este a Oeste, desde el mar Rojo al océano Atlántico, chocó con los intereses británicos en Sudán. Sin embargo, Francia consolidó su dominio en una amplia zona que se extendía por Marruecos, Argelia y Túnez, y más al Sur, en las llamadas África Occidental Francesa y África Ecuatorial Francesa. La presencia francesa en el Sudeste asiático (Cochinchina*), desde mediados del siglo XIX, se amplió con el establecimiento de una serie de protectorados que formaron la Indochina francesa (Camboya, Vietnam y Laos).

C. La liberalización de la economía Dos potencias de industrialización más tardía participaron en el reparto colonial: Estados Unidos y Japón. En Estados Unidos, tras la guerra de Secesión (1861-1865), se impuso el modelo industrial del Norte y sus enormes recursos energéticos y de materias primas, unidos a la utilización de la tecnología y los avances ya desarrollados en Europa, la convirtieron en pocas décadas en una gran potencia. La expansión colonial de EEUU fue hacia el Pacífico y el Caribe. En una guerra rápida expulsaron a los españoles de Filipinas, Cuba y Puerto Rico, y se apoderaron de una franja de Panamá, donde acabaron de construir el canal transoceánico. En Japón, la industrialización fue un proyecto de modernización del país, encabezado por el emperador Mitsuhito en 1868 (era Meiji*). Con el asesoramiento de técnicos occidentales, el apoyo de conglomerados financieros y la subvención del Estado, se realizó una rápida industrialización. Japón intervino para detener el avance ruso en la provincia china de Manchuria y ocupó las islas Kuriles, Corea y Formosa (Taiwán).

FIN