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Transcript
Anastasio Godoy Hervás
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AbenójarFosa: Cementerio de Abenójar
Anastasio Godoy, oriundo de Abenójar, nunca perdió la esperanza de volver abrazar a su mujer, Benita Lillo, y a su hijo Anastasio. Mientras estaba preso en la cárcel de Almodóvar del Campo solo podía comunicarse con ella por carta, ya que Lillo y el pequeño Anastasio fueron enviados a la prisión de Gerona. allí pasó un año de incertidumbre con pocas alegrías. Cuando su hijo cumplió tres años, en 1941, abandonó la celda en la que vivía con su madre y lo llevaron para que lo viese. “Benita, por fin he visto a Anastasio. […] Está hecho un hombrecillo, cuando me vio, se apenó y rompió a llorar como una persona mayor”, escribió Godoy en enero de aquel año. Nunca dejó de escribir para animar a su amor. Siempre al final de las cartas repetía la misma frase: “No te apures, que yo estoy bien y si Dios quiere ya nos juntará de nuevo y cubrirá nuestras necesidades. […] recibe muchos besos y abrazos de tu esposo que no te olvida un momento. Anastasio”. Nunca pasó. El 18 de octubre de 1941 Godoy fue fusilado a las 19.15 en la tapia oeste del cementerio de su pueblo.
En la foto, Anastasio Godoy y su mujer Benita Lillo, junto a su hijo Anastasio.
/Colección particular de la familia Godoy
“Anastasio, como no hay comunicación, viene de tarde en tarde. Está pequeñito. De mi madre hace unos días que no sé. En fin Benita, tendremos paciencia hasta que Dios quiera volvernos a juntar con nuestros pequeños”Carta de Godoy a su mujer firmada el 13 de marzo de 1941
Santiago Ruipérez
Ciudad Real Fosa: Cementerio de Ciudad Real
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De poco le sirvió a Santiago Ruipérez los escritos que envío al juez que instruía su caso para convencerle de que no era anticlerical. Antes de la guerra, según sus declaraciones en los documentos oficiales, realizó préstamos de ayuda a religiosas y a personas conservadoras. Varios testigos apoyaron su relato e incidieron que Ruipérez era “persona de confianza” de las Hermanas del Hospital de Caridad de Herencia, el pueblo donde fue alcalde durante diez meses de 1936. Tras dejar la alcaldía, siguió realizando labores de agente comercial durante el resto de la contienda. Después, su mujer Maruja, le buscó un piso en Madrid para esconderle. Finalmente, fue detenido y enviado a la cárcel de Ciudad Real, donde pasó tres años. Fue condenado a muerte y fusilado el 21 de marzo de 1944 a la edad de 44 años. Fue enterrado en una fosa común en el cementerio de dicha ciudad.
Santiago Ruipérez y su mujer Maruja en un paseo por Madrid. Sin fecha.
/Colección particular de Julia Ruipérez
“Con toda ilusión para mi Santiaguillo, a pesar de tener cara de niño enfadado, le dedica esta foto su traviesa Marujilla.”Dedicatoria de Maruja a su marido Santiago Ruipérez en una fotografía de ellos paseando por Madrid. Sin fecha.
/Colección particular de Julia Ruipérez
Gumersindo Molina Casado
CabezaradosFosa: Cementerio de Cabezarados
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“Me lo han degollado”. Esa fue la frase de Jorga Casado cuando encontró muerto en el Hospital Provincial de Ciudad Real a su hijo Gumersindo Molina. En la versión oficial, Molina murió en 1941 a causa de una infección de una muela, pero su familia cuenta que, al verle, “estaba demacrado” y tenía “un gran corte en la garganta”. Molina pasó unos meses en una cárcel improvisada de Almodóvar del Campo tras acabar la Guerra Civil, donde le condenaron a muerte. Por esa razón escribió dos cartas a su familia donde se declaraba inocente y les instaba a estar orgulloso de él. Se las escondió entre las ropas, con la esperanza de que alguien las encontrase. Molina murió sin saber que, días antes de ingresar en el hospital, su pena de muerte había sido revisada y conmutada por años de prisión. Su familia tampoco lo supo hasta hace unos años.
Gumersindo Molina posa para una fotografía. Sin fecha.
/Colección particular de la familia molina
“Madre cuatro letras solamente para despedida y además para en los días de vida que le queden a usted como a mis queridos hermanos los pasen con felicidad y no les falte nada en este mundo, y tengan ustedes el orgullo de que soy inocente, esto demasiado lo saben.”Fragmento de unas de las dos últimas cartas de Molina a su familia, 1940.
