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Análisis literario - Carta a una señorita en París
asantana
Created on October 29, 2021
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Transcript
Análisis literario
"Carta a una señorita en París"
"Todo parece tan natural como siempre, que no se sabe la verdad". J.C.
Autor - Obra
Julio Cortázar
Antología (1951)
Análisis
Carta a una señorita en París, es una historia de ambiente surrealista que se manfiesta a través del subgénero epistolar , acción de la cotidianidad del excéntrico Cortázar, quien en aquella época se mostraba atraído por varios movimientos trascedentales, como lo fuer on: el surrealismo, el simbolismo, el existencialismo y el psicoanálisis de Sigmund Freud. Su personalidad un poco neurótica e inestable, se veía fecundada por la adaptación de una nueva sociedad(París), misma que lo inducirían a calmar la ansiedad a través de la escritura, siendo partícipe de sus propias historias; por ello, es que podemos reconocer su presencia como narrador protagonista, en muchas de sus obras.
Cortázar nos adentra en su narrativa mostrándonos toda su metodología de expresión, en donde podemos ver reflejada su angustia, soledad, enajenación, inconformismo y su peculiar forma de entender y vivir en este mundo, a veces posiblemente alejado de la realidad, pero no menos real para él y para muchos de sus seguidores. Nos presenta un destinatario, Andrée, ¿quién será este personaje? Esta es la gran duda que nosotros como lectores debemos descifrar; si mantenemos la cotidianidad del escrito, este será alguien que acompaña en la obra o es el suplemento de la otredad, no olvidemos quién es el protagonista principal y qué periodo vive en el desahogo de esta escritura. Andrée, puede ser el simbolismo del mundo caótico del amor o simplemente la representación de su otro yo, de quien espera la comprensión, consejo y claridad de su propia vida.
El apartamento es un mundo incomprensible, en donde no haya comodidad, pese a que en él yacen los mejores recuerdos de Andrée; Andrée ama la música, Andrée se halla en París, Andrée conoce a varios autores, a grandes amantes, a pintores magníficos que la deleitarán a un nuevo espacio terrenal; pero él, solo está allí, encerrado, cuidando los detalles de ese pequeño y utópico espacio que ha sido parte de Andrée y que ante la angustia y pensar, solo le queda desahogar, a través del vómito de conejos; escena peculiar de la narrativa fantástica. Muestra culpabilidad ante la situación vivida y por ello busca disculparse ante el diálogo epistolar en donde dice: “Esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla […] No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro”. No hay duda alguna de la consideración y respeto valorada hacia la otra persona, quien denota racionalidad y orden lógico, frente a él, individuo inestable e irracional.
Los conejos son ideas, perturbaciones, obras que se muestran libres en el renacer de la noche, se podría decir que este periodo de luna, resulta ser un momento de tranquilidad para el cuerpo y que halla la paz después un día atroz; pero la mente es todo lo contrario, esta parece relajada en el día, desenvuelta, se amalgama en los quehaceres, hasta que llega la noche, tiempo oportuno de deliberaciones. Quizá no está mal deshacer estas perturbaciones con alcohol, pero mejor las alimenta con tréboles, acrecentando así una vida de verde esperanza, de suerte, no para mejorarla, pero sí para adaptarse en ella, para poder vivirla con esa tranquilidad que yace en el disfrute de Andrée. El tema de inestabilidad del autor está evidente en todo el escrito y este no solo refiere a sus pensamientos, sino a las líneas entreabiertas e inoportunas para los lectores, pero es un referente más de ilusión para el protagonista, quien espera que ante la incomprensión de su mundo, puedan remedir un mejor futuro para el personaje.
El escritor vive momentos de gran tensión, pero trata de sobrevivir al caos, no quiere mostrar a nadie estos pesares y se desenreda en esa sociedad un poco absurda para él. Para los amantes de Cortázar, puede extrañarles este actuar ilógico, pero no olviemos que somos parte de la humanidad y que la mejor conciliación de demostrar su imperfección es ante el actuar contardictorio e irracional de su personaje: “acaso ahora mismo, pero no, no ahora. En el ascensor, luego, o al entrar, ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan”. Diez conejos son aceptables,un número acorde a una a una posible cotidianidad, pero llegó un once y con estos no se cierra, en que puedan sumarse muchos más...Aquí yace el quebranto y se intuye ya no una carta de desahogo, sino de suicido. Claro está que el simbolismo es el protagonista enardeciente de esta escena. Esa es la maravillosidad fecunda de la literatura, en donde se puede gozar de los dulces placeres de elección de vida o de muerte.