Tema 2
La época de las revoluciones liberales
Índice
4. Napoleón domina Europa
5. El legado de la revolución francesa
1. ¿Por qué estalló una revolución en Francia?
6. Entre el absolutismo y el liberalismo
2. Etapas de la Revolución francesa
3. Olimpia de Gouges y los derechos de la mujer
7. ¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa?
carta de charlotte corday
Dirigido a los franceses amigos de las leyes y de la paz.
¿Hasta cuándo, oh malditos franceses, os deleitaréis en los problemas y las divisiones? Ya bastante y durante mucho tiempo los facciosos y bribones han puesto su propia ambición en el lugar del interés general; ¿por qué, víctimas de su furor, os habéis destruido a vosotros mismos, para establecer el deseo de su tiranía sobre las ruinas de Francia?
«Las facciones estallan por todas partes, la Montaña triunfa por el crimen y la opresión, algunos monstruos regados con nuestra sangre conducen estas detestables conspiraciones... ¡Trabajamos en nuestra propia perdición con más celo y energía que el que hemos empeñado jamás para conquistar la libertad! ¡Oh franceses, un poco más de tiempo, y no quedará de vosotros más que el recuerdo de vuestra existencia!»
Durante la primera mitad del siglo XIX se extendieron por Europa las revoluciones liberales, cuyo referente era la Revolución francesa de 1789. Estas revoluciones supusieron el fin del absolutismo y de los privilegios estamentales, así como la construcción de una nueva sociedad basada en la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
El nuevo sistema político se fundamentó sobre una Constitución legitimada por la soberanía nacional (derecho al sufragio).
El liberalismo también defendía el derecho de los pueblos a constituir un Estado propio. De este modo, la desmembración de los viejos Imperios dio lugar al surgimiento de nuevos Estados.
1. ¿Por qué estalló una revolución en Francia?
La difusión de los nuevos ideales propugnados por la Ilustración, el desarrollo de la burguesía en el siglo XVIII y el ejemplo de la Revolución americana estimularon los anhelos de cambio en Europa.
Una oleada revolucionaria, que se inició en Francia en 1789, se extendió por toda Europa a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, para acabar con el absolutismo y el Antiguo Régimen. Fueron las denominadas revoluciones liberales. Los revolucionarios aspiraban a poner fin a los privilegios feudales, a participar en la vida política y a que todos los ciudadanos fuesen considerados libres e iguales.
¿Qué factores coincidieron en la Francia de 1789 para que estallase una revolución que se convirtió en un modelo para el resto de Europa?
A. El impacto de la Ilustración y la Revolución americana
La Declaración de Independencia de Estados Unidos de América y su Constitución (1787) defendían los derechos inalienables del ciudadano, la separación de poderes, los principios de igualdad y libertad y el derecho a elegir a los gobernantes. Estos ideales coincidían con los que la Ilustración difundía en Europa y que se habían extendido entre las élites culturales y la nueva burguesía.
Los principios ilustrados y el ejemplo de la Revolución americana aportaron a la burguesía las nuevas ideas para enfrentarse al absolutismo y a la sociedad estamental, y propusieron nuevas formas de organización social y de gobierno. Todo ello propició el ciclo revolucionario que se inició en Francia en el año 1789.
B. La crisis social y económica
A finales del siglo XVIII, el Tercer Estado o estado llano –integrado por la burguesía, los campesinos y los artesanos– aspiraba a profundas reformas sociales. Los campesinos (el 80% de la población) se oponían a las pesadas cargas feudales impuestas por los señores. Los burgueses aspiraban al fin de los privilegios de que gozaban la nobleza y el clero, a la libertad de comercio y de negocios y a poder participar en la vida política. Con este descontento como telón de fondo, la coincidencia en 1789 de dos graves crisis económicas provocó el estallido de una revolución:
La crisis económica fue consecuencia de las malas cosechas que venían sucediéndose desde 1760. El alza del precio de los alimentos, sobre todo del pan, principal sustento popular, generó un gran descontento y un espíritu de rebeldía entre la población.
La crisis financiera tuvo su origen en la falta de dinero de la monarquía para sufragar los gastos del Estado. Para solucionarla, los ministros de Luis XVI habían propuesto que los privilegiados pagasen impuestos. Estos se negaron a aceptarlo y exigieron a Luis XVI que convocase los Estados Generales, único organismo que podía aprobar una reforma fiscal.
C. 1789: el estallido revolucionario
Los Estados Generales se abrieron en Versalles en mayo de 1789, presididos por el rey y formados por los representantes de la nobleza, el clero y el Tercer Estado. La negativa de los privilegiados a aceptar una mayor representación del Tercer Estado y que el voto fuese por persona y no por estamento hizo que los diputados del estado llano decidiesen abandonar la reunión.
Reunidos en un pabellón de Versalles (Jeu de Paume), los representantes del Tercer Estado se erigieron en Asamblea Nacional (representantes de toda la nación) y se comprometieron a elaborar una constitución que reflejase la voluntad de la mayoría de los franceses.
El pueblo de París respaldó las propuestas de la Asamblea y el 14 de julio asaltó la prisión de la Bastilla. La revolución se extendió al campo, donde se quemaron residencias nobiliarias (Gran Miedo).
Atemorizado por la situación, en otoño de 1789, Luis XVI aceptó la Asamblea Nacional, que había de convertir Francia en una monarquía constitucional y poner fin al Antiguo Régimen.
D. Las etapas de la revolución
La Revolución fue un proceso largo y complejo que superó sus objetivos iniciales. El rey y los sectores privilegiados (nobleza y clero) se negaron a aceptar los cambios propuestos por la Asamblea Nacional, y las clases populares lucharon por conseguir una mayor igualdad social. Por ello, la Revolución pasó por diferentes etapas:
La monarquía constitucional (1789-1792). Impulsada por la burguesía moderada, que aspiraba a abolir el Antiguo Régimen, elegir un parlamento por sufragio censitario y establecer una constitución (liberalismo moderado).
La república social (1792-1794). La burguesía radical, empujada por las clases populares, proclamó la república y emprendió una transformación de la sociedad en un sentido democrático (sufragio universal masculino) e igualitario (leyes sociales).
La república conservadora (1794-1799). Ante la radicalización de la Revolución, la burguesía moderada tomó el poder e implantó de nuevo el liberalismo moderado.
2. Etapas de la Revolución francesa
La monarquía constitucional (1789-1792)
En la primera etapa de la Revolución francesa, la burguesía moderada intentó llegar a un acuerdo con el rey y los privilegiados para convertir Francia en una monarquía constitucional y parlamentaria. Así, la Asamblea Nacional Constituyente* abolió los pilares del Antiguo Régimen:
- Decretó la abolición del feudalismo (estamentos, servidumbre personal, diezmos...) y promulgó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que reconocía los derechos y las libertades individuales, así como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y los impuestos (agosto de 1789).
- Promulgó una Constitución (1791) basada en la separación de poderes, la soberanía nacional y la igualdad legal, aunque reservaba al rey el derecho de veto*. Estableció el sufragio censitario, que daba el voto únicamente a los que poseían un determinado nivel de riqueza.
Tras la aprobación de la Constitución se formó una Asamblea Legislativa, que elaboró nuevas leyes para implantar el liberalismo, obligó a pagar impuestos a la nobleza y abolió la organización gremial. Para defender la Revolución, creó un nuevo ejército: la Guardia Nacional.
Finalmente, con el objetivo de solucionar la crisis financiera, se expropiaron los bienes que poseía la Iglesia (desamortización) y se vendieron a particulares. En contrapartida, el Estado se comprometió a financiar el culto, y una Constitución civil del clero separó la Iglesia y el Estado.
Aunque a mediados de 1791 parecía que la monarquía constitucional estaba consolidada, la familia real y los privilegiados no aceptaron los cambios y buscaron el apoyo de las monarquías absolutas de Europa para restablecer el absolutismo.
Austria organizó un ejército para invadir Francia y Luis XVI huyó de París para unirse a los austriacos (Fuga de Varennes, junio de 1791). Aunque el rey fue detenido, el ejército austriaco entró en Francia y avanzó hasta las puertas de París (septiembre de 1792).
La república social (1792-1794)
La traición del rey y la invasión militar provocaron la revuelta de las clases populares (sans-culottes). El 10 de agosto de 1792 se produjo el asalto al palacio real de las Tullerías, se encarceló a la familia real y se proclamó la república (septiembre de 1792).
La Convención girondina (1792-1793)
La república quedó en manos de los girondinos, representantes del sector más moderado de la burguesía. La nueva asamblea se llamó Convención Nacional y fue elegida por sufragio universal masculino (derecho al voto independientemente de la riqueza). La Convención inició un juicio contra el rey Luis XVI y la reina María Antonieta. Acusados de traición, fueron condenados y ejecutados en la guillotina (1793).
La muerte del rey provocó la alianza de las monarquías europeas, que formaron una coalición absolutista contra Francia, mientras en el interior del país estallaron revueltas contrarrevolucionarias y conspiraciones realistas protagonizadas por los antiguos grupos privilegiados.
La Convención jacobina (1793-1794)
En junio de 1793, los jacobinos*, el sector más radical de la burguesía, hizo suyas las demandas de los sectores populares, se hizo con el poder y la Revolución entró en su fase más extrema.
Se promulgó una nueva Constitución que reconocía la soberanía popular (sufragio universal masculino) y el derecho a la igualdad social. El ejecutivo quedó en manos de un Comité de Salvación Pública, que otorgó el poder a Robespierre, un dirigente jacobino.
Para rechazar la invasión austriaca se organizó una leva en masa, que obligaba a todos los ciudadanos a enrolarse en el ejército, y para acabar con los conspiradores se impulsó la política del Terror.
La Convención jacobina (1793-1794)
El Comité suspendió las libertades y unos tribunales revolucionarios castigaron con prisión o muerte en la guillotina a los que se oponían al gobierno (Ley de sospechosos).
Con el objetivo de satisfacer las demandas de los sans-culottes, se promulgaron una serie de leyes sociales: el control de los precios y salarios (Ley de máximum), la distribución de bienes de los contrarrevolucionarios entre los indigentes, la venta de las tierras del clero y la instrucción obligatoria.
El Terror y el proceder dictatorial del gobierno provocaron la oposición de buena parte de la población y, en julio de 1794, un golpe de Estado acabó con el gobierno jacobino. Robespierre y otros líderes jacobinos fueron ejecutados en la guillotina.
La república conservadora: el Directorio (1794-1799)
La burguesía moderada tomó de nuevo el control de la Revolución que entró en su tercera y última etapa. Se anularon las leyes jacobinas y se promovió el retorno de los exiliados a causa del Terror. Una Constitución (1795) otorgó el poder ejecutivo a un gobierno colegiado (Directorio) y restableció el sufragio censitario.
El nuevo Directorio vivió en una permanente inestabilidad porque tuvo que hacer frente tanto a la oposición de la aristocracia, que pretendía instaurar la monarquía y recuperar sus antiguos privilegios, como de las clases populares, que apoyaban el retorno de los jacobinos.
En ese contexto de crisis y en plena guerra contra las potencias absolutistas, en 1799, un joven general, Napoleón Bonaparte,protagonizó un golpe de Estado que puso fin al Directorio.
3. Olimpia de Gouges y los derechos de la mujer
Las mujeres participaron activamente en la Revolución francesa y algunas de ellas comenzaron a reivindicar la igualdad de derechos con los hombres. Entre ellas sobresalió Olimpia de Gouges, que elaboró una Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.
Sin embargo, el desarrollo de la Revolución francesa no contempló la igualdad entre ambos sexos y privó a las mujeres de la mayoría de los derechos sociales y políticos que había reconocido a los hombres como, por ejemplo, el derecho al voto y la igualdad jurídica.
A. El impulso de las mujeres en la Revolución
El 5 de octubre de 1789, las mujeres de París, armadas con picas y dagas, marcharon hacia Versalles donde residía la familia real. Su objetivo era protestar por la carestía del pan y exigir al rey la firma del decreto de abolición de la feudalidad.
Su actuación obligó al rey a abandonar Versalles y trasladarse al Palacio de las Tullerías en París.
Olimpia de Gouges Olimpia de Gouges era miembro de una familia de la pequeña burguesía y recibió una educación ilustrada. Escribió numerosos textos y obras de teatro en defensa de los derechos políticos y civiles de las mujeres. Con el estallido de la Revolución se posicionó al lado de los revolucionarios, pero se indignó al constatar que la Constitución de 1791 no otorgaba el voto a las mujeres.
Para hacer pública su posición, escribió un proyecto de Declaración de Derechos de la Mujer y tomó partido a favor del reconocimiento del divorcio.
Durante la Convención se posicionó al lado de los girondinos y se opuso a la pena de muerte contra el rey Luis XVI. Durante el Terror fue acusada de realista y guillotinada (1793).
B. Los clubs de mujeres
Las mujeres también fundaron sus propios clubs, nombre que recibían las organizaciones políticas creadas por los distintos grupos revolucionarios. En sus reuniones, leían los decretos de la Asamblea, los discutían, presentaban sus críticas y propuestas y también recolectaban fondos para los patriotas necesitados. El protagonismo de las mujeres no fue aceptado por buena parte de los revolucionarios y, en 1793, los clubs de mujeres fueron prohibidos por la Convención.
C. La Revolución de las mujeres
Actividad Elabora un discurso (150-180 palabras) inspirándote en los textos del apartado B, a favor o en contra de la inclusión de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho.
4. Napoleón domina Europa
El Consulado (1799-1804)
El golpe de Estado de Napoleón tuvo el respaldo de buena parte de la burguesía. Su intención no era el regreso al Antiguo Régimen, sino la consolidación de los principios moderados que habían inspirado la Revolución de 1789. Napoleón Bonaparte nació en 1769 en Córcega en una familia de la pequeña nobleza rural. Inició su carrera militar muy joven y obtuvo grandes éxitos en las campañas militares realizadas durante el Directorio. En 1799, el general fue nombrado cónsul y se inauguró el Consulado, que se caracterizó por un gobierno personalista y autoritario. Napoleón pretendía acabar con la inestabilidad política de los años de la Revolución, consolidar algunos de los principios revolucionarios y fomentar la reactivación económica, mediante un gobierno que representase los intereses de la burguesía.
El nuevo sistema político no contemplaba la separación de poderes ni incluía una declaración de derechos (Constitución de 1800). Las libertades quedaron muy limitadas y se impuso la censura para controlar la opinión pública.
Para reordenar y centralizar la administración del Estado se crearon las prefecturas, que hacían cumplir las órdenes del gobierno en las provincias, y se reformó la Hacienda. Con el objetivo de constituir una élite de funcionarios para la Administración, se impulsó la enseñanza con la fundación de los liceos (escuelas) del Estado.
También se permitió el regreso de los exiliados que aceptasen el nuevo orden, y se firmó un Concordato* para restablecer las relaciones con la Iglesia, rotas tras la desamortización. La elaboración de un Código civil pretendió regular la convivencia entre los ciudadanos.
Asimismo, para estimular la economía se elaboró un Código de comercio, se creó el Banco de Francia y se emitieron nuevos billetes bancarios.
El Imperio napoleónico (1804-1815)
A partir de 1803, Napoleón inició la conquista de Europa y en 1804 se hizo coronar emperador por el Papa. La organización de un gran ejército y el uso de nuevas tácticas militares le permitieron derrotar a las monarquías europeas.
La victoria napoleónica en Austerlitz (1805) sobre los dos emperadores (Austria y Rusia) marcó el momento álgido de la superioridad napoleónica. Algunos territorios conquistados fueron incorporados a Francia, y en otros casos, se crearon Estados satélites gobernados por franceses.
En 1808 invadieron España y José Bonaparte, hermano del emperador, fue coronado rey. En 1811, el Imperio napoleónico se hallaba en su cénit: se extendía de Alemania a España, y excepto el Reino Unido, buena parte de Europa estaba bajo el control de Francia.
¿Por qué fue derrotado Napoleón?
Las conquistas napoleónicas generaron una doble reacción en los países ocupados por los ejércitos franceses:
Por un lado, la abolición de las monarquías absolutas y la supresión de los derechos feudales despertaron las simpatías de los liberales de toda Europa.
Por otro lado, la invasión de un ejército extranjero, la violencia indiscriminada de sus soldados y la sumisión a los intereses de Francia generaron un fuerte sentimiento antifrancés entre la población.
El rechazo a la invasión
Los ejércitos napoleónicos sometieron por la fuerza a las naciones ocupadas y colocaron en su trono a familiares de Napoleón o a generales de su ejército. Además, favorecieron los intereses materiales de Francia (cobrar impuestos, hacer negocios, apropiarse de las riquezas, reclutar soldados…) por encima de la expansión de los ideales revolucionarios.
Todo ello provocó el surgimiento de movimientos de resistencia a la invasión y despertó un fuerte sentimiento patriótico en España, Polonia, Alemania e Italia.
La derrota del emperador
La imposibilidad de conquistar Rusia y de someter España marcaron el declive del Imperio napoleónico.
Los ejércitos imperiales fueron derrotados definitivamente en Waterloo por el Reino Unido y Prusia (1815).
Napoleón abdicó tras la derrota y fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
Actividad Realiza el comentario de mapa histórico ayudándote de la guía para comentar mapas disponible en el Classroom de la materia.
5. El legado de la revolución francesa
La Revolución francesa constituye uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad con el que se inicia una nueva etapa: la Edad Contemporánea. Con la Revolución dio comienzo una era en la que las sociedades occidentales iniciaron la construcción de un futuro basado en el respeto a los derechos fundamentales e inalienables del ser humano y en la convicción de que todos los ciudadanos tenían los mismos derechos y debían participar en el gobierno de la nación, eligiendo a sus representantes.
¿Qué ideales, qué elementos de los sistemas democráticos y qué formas de organizar la economía y la sociedad actuales tienen su origen en la Revolución francesa de 1789?
A. Las bases de la democracia
La organización de los Estados y las formas de hacer política que rigen en la mayor parte de los países democráticos occidentales tuvieron sus orígenes en los principios de la Revolución francesa:
La consideración de las personas como ciudadanos con derechos reconocidos por el Estado (Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano).
La soberanía nacional, es decir, el derecho de los ciudadanos a elegir mediante el voto a sus representantes, que se reúnen en un parlamento para elaborar las leyes y elegir el gobierno.
La Constitución como ley fundamental que establece los derechos y deberes tanto de los ciudadanos como de los gobernantes.
La igualdad de todas las personas ante la ley, que queda fijada y establecida en los códigos legales (civil, penal, militar...), y una justicia independiente del poder político.
La organización administrativa del Estado en departamentos (provincias) y ayuntamientos.
En los sistemas democráticos, la Asamblea o Parlamento, elegida por sufragio universal, debate y aprueba las leyes.
B. La vida política y la prensa
La vida política de los sistemas democráticos se vehicula a través de los partidos políticos, que tuvieron un antecedente claro en los clubs creados durante la Revolución. Los ciudadanos que defendían ideas y propuestas semejantes se agruparon en sociedades para participar en la política e influir en la Asamblea. El hecho actual de clasificar a los partidos en derechas e izquierdas se originó en la Asamblea Nacional francesa, cuando los diputados más moderados acostumbraron a sentarse en los escaños de la derecha, y los más radicales, en los de la izquierda.
La prensa política y de opinión nació también por el interés de los ciudadanos de contrastar las opiniones de los diferentes grupos y discutirlas entre ellos.
C. La liberalización de la economía
La Revolución y las leyes napoleónicas comportaron la liberalización de la economía, que permitió el desarrollo del capitalismo y de la burguesía: Se suprimieron los gremios que reglamentaban y obstaculizaban el crecimiento de la producción y se decretó la libertad de empresa y de contratación. Sin embargo, se prohibieron las asociaciones de obreros para defender sus derechos. Se eliminaron las aduanas interiores que gravaban el transporte de mercancías y dificultaban el comercio.
Se unificaron los sistemas de pesos y medidas para facilitar los intercambios. De este modo, se establecieron el metro, el gramo y el litro (sistema métrico decimal) como unidades de medición.
D. La enseñanza y la cultura públicas
Los revolucionarios defendieron la separación de la Iglesia y el Estado. El Estado debía ser laico, es decir, no tener ninguna religión oficial y aceptar la libertad de culto. Por primera vez se consideró que la enseñanza no debía estar en manos exclusivamente de la Iglesia, y que el Estado debía tener un papel importante en el desarrollo de la educación y en la promoción de la cultura, que no debían ser patrimonio de unas élites reducidas.
La Revolución defendió la necesidad de una enseñanza igual y obligatoria para todos los ciudadanos, aunque nunca llegó a ponerse en práctica. En la época napoleónica se crearon las primeras escuelas públicas regentadas por el Estado y no por la Iglesia.
Hasta aquel momento, el arte estaba en colecciones privadas de los grandes palacios. Para que el arte y la cultura fuesen accesibles a todos los ciudadanos, se crearon los primeros museos públicos, como el del Louvre en París, que se inauguró en 1793 aprovechando la colección real.
6. Entre el absolutismo y el liberalismo (1815-1848)
La restauración del absolutismo
Entre 1814 y 1815, los vencedores de Napoleón se reunieron, a propuesta del canciller austriaco Metternich, en el Congreso de Viena. Su objetivo era poner fin a la expansión de las ideas liberales y restaurar el absolutismo en Europa. Tras reponer a los monarcas en sus tronos, las cuatro potencias (Rusia, el Reino Unido, Prusia y Austria) remodelaron el mapa europeo en su provecho y sin tener en cuenta las aspiraciones de los pueblos. En el Congreso se acordó el regreso de Francia a sus fronteras de 1792 y la división del Imperio napoleónico entre los vencedores.
En Viena también se establecieron los principios ideológicos de la Restauración: legitimidad de los monarcas absolutos, negación de la soberanía nacional, equilibrio entre las grandes potencias mediante congresos periódicos y derecho de intervención en países extranjeros.
Con este objetivo se creó la Santa Alianza (1815), un tratado de ayuda mutua entre los monarcas absolutos frente a cualquier amenaza de revolución liberal.
La revolución de 1830
El Congreso de Viena no respetó ni los principios liberales ni las aspiraciones nacionales de algunos pueblos europeos. En consecuencia, a partir de 1815, liberalismo y nacionalismo se convirtieron en las dos fuerzas de oposición, que impulsaron las oleadas revolucionarias (1830 y 1848) que pusieron fin al sistema de la Restauración.
Las insurrecciones contaron con un importante apoyo popular y, donde triunfaron, significaron la sustitución del absolutismo por sistemas políticos liberales, basados en la soberanía nacional y el sufragio y regidos por una constitución, en los que la burguesía detentaba el poder.
El movimiento se inició en Francia, donde, en julio de 1830, se derrocó al monarca absoluto Carlos X, que había sido entronizado tras la muerte de Luis XVIII. La revolución situó a Luis Felipe de Orleans como nuevo monarca constitucional. Por ello fue denominado el "rey ciudadano".
En 1831 estalló también una revuelta en Polonia, que se hallaba bajo el dominio autocrático del Imperio ruso, pero fue duramente reprimida por el ejército zarista.
1848: La primavera de los pueblos
En la Europa del siglo XIX, muchos pueblos vivían bajo el dominio de un imperio (como el austriaco, el ruso o el turco) o se hallaban fragmentados en diversos Estados (como Alemania e Italia). Por ello, el surgimiento del liberalismo fue acompañado, en muchos territorios, de la expansión del nacionalismo, que defendía una Europa de naciones libres frente a los imperios absolutistas. La revolución de 1848, conocida como la "primavera de los pueblos", significó el despertar de las naciones que se hallaban sometidas a los grandes imperios. En ellas, las demandas nacionalistas fueron acompañadas del deseo de constituir nuevos gobiernos liberales.
En el Imperio austriaco, la revuelta tuvo un carácter liberal en Viena, donde la revolución obligó al canciller Metternich a dimitir. Pero también fue un levantamiento nacionalista en Hungría, Bohemia, el Norte de Italia y la Confederación Germánica.
En Francia, un levantamiento popular proclamó la II República, que adoptó una serie de medidas democráticas: sufragio universal masculino, libertad de prensa, abolición de la pena de muerte y reconocimiento de algunos derechos para los trabajadores. Aunque la mayoría de las revoluciones fueron sofocadas, las reformas democráticas y muchas aspiraciones nacionalistas se consolidaron en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.
7. ¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa?
El nacionalismo defiende el derecho de las naciones a ejercer su soberanía y a crear su propio Estado. De este modo, sostiene la necesidad de hacer coincidir Estado y nación, es decir, de reagrupar en el interior de unas determinadas fronteras a los miembros de una misma comunidad nacional. Los movimientos nacionalistas se expandieron por la Europa del siglo XIX y tuvieron un carácter disgregador en los imperios plurinacionales*, y unificador en las naciones fragmentadas.
¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa como consecuencia de estos movimientos liberales y nacionales?
A. La independencia de Grecia y Bélgica
En los imperios plurinacionales surgieron movimientos independentistas, como en el Imperio otomano (Grecia). En otros lugares, como en el Reino de los Países Bajos, Bélgica también demandó su independencia
Grecia (1821-1830) Grecia formaba parte del Imperio otomano o turco desde hacía siglos. Aunque algunas élites griegas formaban parte de la burocracia otomana, la mayoría de la población se sentía marginada, sometida a fuertes impuestos y dominada por un pueblo de distinta religión y cultura.
En 1822, los griegos proclamaron su independencia en Epidauro, que, al no ser reconocida por los turcos, provocó el inicio de una guerra. La causa griega contó con la solidaridad de los liberales europeos, que apoyaron un territorio considerado la cuna de la cultura europea.
En 1827, Francia y el Reino Unido intervinieron militarmente y ayudaron a derrotar al Imperio otomano, que reconoció la independencia griega en 1829, y entró en vigor en 1830.
Bélgica (1830-1839)
Bélgica había sido unida a Holanda en 1815 por el Congreso de Viena, creando el Reino de los Países Bajos. La expansión de las ideas liberales hizo que en 1830 triunfase la revolución, que estableció un sistema de monarquía liberal bajo el reinado de Leopoldo I.
El nuevo gobierno proclamó la independencia, y tras un conflicto armado, Holanda reconoció la nueva Bélgica en 1839.
B. Las unificaciones de Italia y Alemania
A principios del siglo XIX, Italia estaba dividida en diversos Estados y Austria había incorporado a su imperio la Lombardía y el Véneto. Alemania también estaba fraccionada en 36 Estados e integrada en la Confederación Germánica, donde rivalizaban las dos grandes potencias germánicas: Prusia y Austria. Italia
En 1859, el Piamonte, con la monarquía liberal de Saboya y gobernado por Cavour, inició un proceso unificador y se enfrentó a Austria, consiguiendo la anexión de la Lombardía. Paralelamente, un levantamiento popular, dirigido por Garibaldi, derrocó a los monarcas absolutos de los Estados del centro y Sur de Italia (Reino de las Dos Sicilias).
En 1861, el primer parlamento italiano proclamó rey de Italia a Víctor Manuel II de Saboya; en 1866, los austriacos abandonaron el Véneto, y en 1870 fueron anexionados los Estados Pontificios, convirtiendo Roma en la capital.
Alemania
Prusia tomó la iniciativa primero y, en 1834, potenció una unión aduanera (Zollverein) que agrupaba a gran parte de los Estados alemanes. En 1848, un intento de unificar estos Estados, liderado por un parlamento reunido en Frankfurt, fracasó porque el rey de Prusia no aceptó la corona de la nueva Alemania. El impulso definitivo llegó en la década de 1860, cuando Guillermo I accedió al trono prusiano y nombró canciller a Otto von Bismarck. El nuevo canciller impulsó una política agresiva con los Estados vecinos: en 1864 declaró la guerra a Dinamarca, en 1866, a Austria y, en 1870, a Francia.
La victoria en estos conflictos permitió unir a todos los Estados alemanes bajo el cetro del rey de Prusia y, en 1871, se produjo la proclamación del II Imperio (Reich) alemán y de Guillermo I como káiser (emperador).
FIN
Tema 2 - La época de las Revoluciones Liberales
Ramón Mikjail Mellad
Created on October 26, 2021
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Tema 2
La época de las revoluciones liberales
Índice
4. Napoleón domina Europa
5. El legado de la revolución francesa
1. ¿Por qué estalló una revolución en Francia?
6. Entre el absolutismo y el liberalismo
2. Etapas de la Revolución francesa
3. Olimpia de Gouges y los derechos de la mujer
7. ¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa?
carta de charlotte corday
Dirigido a los franceses amigos de las leyes y de la paz. ¿Hasta cuándo, oh malditos franceses, os deleitaréis en los problemas y las divisiones? Ya bastante y durante mucho tiempo los facciosos y bribones han puesto su propia ambición en el lugar del interés general; ¿por qué, víctimas de su furor, os habéis destruido a vosotros mismos, para establecer el deseo de su tiranía sobre las ruinas de Francia? «Las facciones estallan por todas partes, la Montaña triunfa por el crimen y la opresión, algunos monstruos regados con nuestra sangre conducen estas detestables conspiraciones... ¡Trabajamos en nuestra propia perdición con más celo y energía que el que hemos empeñado jamás para conquistar la libertad! ¡Oh franceses, un poco más de tiempo, y no quedará de vosotros más que el recuerdo de vuestra existencia!»
Durante la primera mitad del siglo XIX se extendieron por Europa las revoluciones liberales, cuyo referente era la Revolución francesa de 1789. Estas revoluciones supusieron el fin del absolutismo y de los privilegios estamentales, así como la construcción de una nueva sociedad basada en la igualdad de los ciudadanos ante la ley. El nuevo sistema político se fundamentó sobre una Constitución legitimada por la soberanía nacional (derecho al sufragio). El liberalismo también defendía el derecho de los pueblos a constituir un Estado propio. De este modo, la desmembración de los viejos Imperios dio lugar al surgimiento de nuevos Estados.
1. ¿Por qué estalló una revolución en Francia?
La difusión de los nuevos ideales propugnados por la Ilustración, el desarrollo de la burguesía en el siglo XVIII y el ejemplo de la Revolución americana estimularon los anhelos de cambio en Europa. Una oleada revolucionaria, que se inició en Francia en 1789, se extendió por toda Europa a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, para acabar con el absolutismo y el Antiguo Régimen. Fueron las denominadas revoluciones liberales. Los revolucionarios aspiraban a poner fin a los privilegios feudales, a participar en la vida política y a que todos los ciudadanos fuesen considerados libres e iguales. ¿Qué factores coincidieron en la Francia de 1789 para que estallase una revolución que se convirtió en un modelo para el resto de Europa?
A. El impacto de la Ilustración y la Revolución americana
La Declaración de Independencia de Estados Unidos de América y su Constitución (1787) defendían los derechos inalienables del ciudadano, la separación de poderes, los principios de igualdad y libertad y el derecho a elegir a los gobernantes. Estos ideales coincidían con los que la Ilustración difundía en Europa y que se habían extendido entre las élites culturales y la nueva burguesía. Los principios ilustrados y el ejemplo de la Revolución americana aportaron a la burguesía las nuevas ideas para enfrentarse al absolutismo y a la sociedad estamental, y propusieron nuevas formas de organización social y de gobierno. Todo ello propició el ciclo revolucionario que se inició en Francia en el año 1789.
B. La crisis social y económica
A finales del siglo XVIII, el Tercer Estado o estado llano –integrado por la burguesía, los campesinos y los artesanos– aspiraba a profundas reformas sociales. Los campesinos (el 80% de la población) se oponían a las pesadas cargas feudales impuestas por los señores. Los burgueses aspiraban al fin de los privilegios de que gozaban la nobleza y el clero, a la libertad de comercio y de negocios y a poder participar en la vida política. Con este descontento como telón de fondo, la coincidencia en 1789 de dos graves crisis económicas provocó el estallido de una revolución: La crisis económica fue consecuencia de las malas cosechas que venían sucediéndose desde 1760. El alza del precio de los alimentos, sobre todo del pan, principal sustento popular, generó un gran descontento y un espíritu de rebeldía entre la población. La crisis financiera tuvo su origen en la falta de dinero de la monarquía para sufragar los gastos del Estado. Para solucionarla, los ministros de Luis XVI habían propuesto que los privilegiados pagasen impuestos. Estos se negaron a aceptarlo y exigieron a Luis XVI que convocase los Estados Generales, único organismo que podía aprobar una reforma fiscal.
C. 1789: el estallido revolucionario
Los Estados Generales se abrieron en Versalles en mayo de 1789, presididos por el rey y formados por los representantes de la nobleza, el clero y el Tercer Estado. La negativa de los privilegiados a aceptar una mayor representación del Tercer Estado y que el voto fuese por persona y no por estamento hizo que los diputados del estado llano decidiesen abandonar la reunión. Reunidos en un pabellón de Versalles (Jeu de Paume), los representantes del Tercer Estado se erigieron en Asamblea Nacional (representantes de toda la nación) y se comprometieron a elaborar una constitución que reflejase la voluntad de la mayoría de los franceses. El pueblo de París respaldó las propuestas de la Asamblea y el 14 de julio asaltó la prisión de la Bastilla. La revolución se extendió al campo, donde se quemaron residencias nobiliarias (Gran Miedo). Atemorizado por la situación, en otoño de 1789, Luis XVI aceptó la Asamblea Nacional, que había de convertir Francia en una monarquía constitucional y poner fin al Antiguo Régimen.
D. Las etapas de la revolución
La Revolución fue un proceso largo y complejo que superó sus objetivos iniciales. El rey y los sectores privilegiados (nobleza y clero) se negaron a aceptar los cambios propuestos por la Asamblea Nacional, y las clases populares lucharon por conseguir una mayor igualdad social. Por ello, la Revolución pasó por diferentes etapas: La monarquía constitucional (1789-1792). Impulsada por la burguesía moderada, que aspiraba a abolir el Antiguo Régimen, elegir un parlamento por sufragio censitario y establecer una constitución (liberalismo moderado). La república social (1792-1794). La burguesía radical, empujada por las clases populares, proclamó la república y emprendió una transformación de la sociedad en un sentido democrático (sufragio universal masculino) e igualitario (leyes sociales). La república conservadora (1794-1799). Ante la radicalización de la Revolución, la burguesía moderada tomó el poder e implantó de nuevo el liberalismo moderado.
2. Etapas de la Revolución francesa
La monarquía constitucional (1789-1792) En la primera etapa de la Revolución francesa, la burguesía moderada intentó llegar a un acuerdo con el rey y los privilegiados para convertir Francia en una monarquía constitucional y parlamentaria. Así, la Asamblea Nacional Constituyente* abolió los pilares del Antiguo Régimen:
Tras la aprobación de la Constitución se formó una Asamblea Legislativa, que elaboró nuevas leyes para implantar el liberalismo, obligó a pagar impuestos a la nobleza y abolió la organización gremial. Para defender la Revolución, creó un nuevo ejército: la Guardia Nacional. Finalmente, con el objetivo de solucionar la crisis financiera, se expropiaron los bienes que poseía la Iglesia (desamortización) y se vendieron a particulares. En contrapartida, el Estado se comprometió a financiar el culto, y una Constitución civil del clero separó la Iglesia y el Estado. Aunque a mediados de 1791 parecía que la monarquía constitucional estaba consolidada, la familia real y los privilegiados no aceptaron los cambios y buscaron el apoyo de las monarquías absolutas de Europa para restablecer el absolutismo. Austria organizó un ejército para invadir Francia y Luis XVI huyó de París para unirse a los austriacos (Fuga de Varennes, junio de 1791). Aunque el rey fue detenido, el ejército austriaco entró en Francia y avanzó hasta las puertas de París (septiembre de 1792).
La república social (1792-1794)
La traición del rey y la invasión militar provocaron la revuelta de las clases populares (sans-culottes). El 10 de agosto de 1792 se produjo el asalto al palacio real de las Tullerías, se encarceló a la familia real y se proclamó la república (septiembre de 1792).
La Convención girondina (1792-1793) La república quedó en manos de los girondinos, representantes del sector más moderado de la burguesía. La nueva asamblea se llamó Convención Nacional y fue elegida por sufragio universal masculino (derecho al voto independientemente de la riqueza). La Convención inició un juicio contra el rey Luis XVI y la reina María Antonieta. Acusados de traición, fueron condenados y ejecutados en la guillotina (1793). La muerte del rey provocó la alianza de las monarquías europeas, que formaron una coalición absolutista contra Francia, mientras en el interior del país estallaron revueltas contrarrevolucionarias y conspiraciones realistas protagonizadas por los antiguos grupos privilegiados.
La Convención jacobina (1793-1794) En junio de 1793, los jacobinos*, el sector más radical de la burguesía, hizo suyas las demandas de los sectores populares, se hizo con el poder y la Revolución entró en su fase más extrema. Se promulgó una nueva Constitución que reconocía la soberanía popular (sufragio universal masculino) y el derecho a la igualdad social. El ejecutivo quedó en manos de un Comité de Salvación Pública, que otorgó el poder a Robespierre, un dirigente jacobino. Para rechazar la invasión austriaca se organizó una leva en masa, que obligaba a todos los ciudadanos a enrolarse en el ejército, y para acabar con los conspiradores se impulsó la política del Terror.
La Convención jacobina (1793-1794) El Comité suspendió las libertades y unos tribunales revolucionarios castigaron con prisión o muerte en la guillotina a los que se oponían al gobierno (Ley de sospechosos). Con el objetivo de satisfacer las demandas de los sans-culottes, se promulgaron una serie de leyes sociales: el control de los precios y salarios (Ley de máximum), la distribución de bienes de los contrarrevolucionarios entre los indigentes, la venta de las tierras del clero y la instrucción obligatoria. El Terror y el proceder dictatorial del gobierno provocaron la oposición de buena parte de la población y, en julio de 1794, un golpe de Estado acabó con el gobierno jacobino. Robespierre y otros líderes jacobinos fueron ejecutados en la guillotina.
La república conservadora: el Directorio (1794-1799)
La burguesía moderada tomó de nuevo el control de la Revolución que entró en su tercera y última etapa. Se anularon las leyes jacobinas y se promovió el retorno de los exiliados a causa del Terror. Una Constitución (1795) otorgó el poder ejecutivo a un gobierno colegiado (Directorio) y restableció el sufragio censitario. El nuevo Directorio vivió en una permanente inestabilidad porque tuvo que hacer frente tanto a la oposición de la aristocracia, que pretendía instaurar la monarquía y recuperar sus antiguos privilegios, como de las clases populares, que apoyaban el retorno de los jacobinos. En ese contexto de crisis y en plena guerra contra las potencias absolutistas, en 1799, un joven general, Napoleón Bonaparte,protagonizó un golpe de Estado que puso fin al Directorio.
3. Olimpia de Gouges y los derechos de la mujer
Las mujeres participaron activamente en la Revolución francesa y algunas de ellas comenzaron a reivindicar la igualdad de derechos con los hombres. Entre ellas sobresalió Olimpia de Gouges, que elaboró una Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Sin embargo, el desarrollo de la Revolución francesa no contempló la igualdad entre ambos sexos y privó a las mujeres de la mayoría de los derechos sociales y políticos que había reconocido a los hombres como, por ejemplo, el derecho al voto y la igualdad jurídica.
A. El impulso de las mujeres en la Revolución
El 5 de octubre de 1789, las mujeres de París, armadas con picas y dagas, marcharon hacia Versalles donde residía la familia real. Su objetivo era protestar por la carestía del pan y exigir al rey la firma del decreto de abolición de la feudalidad. Su actuación obligó al rey a abandonar Versalles y trasladarse al Palacio de las Tullerías en París.
Olimpia de Gouges Olimpia de Gouges era miembro de una familia de la pequeña burguesía y recibió una educación ilustrada. Escribió numerosos textos y obras de teatro en defensa de los derechos políticos y civiles de las mujeres. Con el estallido de la Revolución se posicionó al lado de los revolucionarios, pero se indignó al constatar que la Constitución de 1791 no otorgaba el voto a las mujeres. Para hacer pública su posición, escribió un proyecto de Declaración de Derechos de la Mujer y tomó partido a favor del reconocimiento del divorcio. Durante la Convención se posicionó al lado de los girondinos y se opuso a la pena de muerte contra el rey Luis XVI. Durante el Terror fue acusada de realista y guillotinada (1793).
B. Los clubs de mujeres
Las mujeres también fundaron sus propios clubs, nombre que recibían las organizaciones políticas creadas por los distintos grupos revolucionarios. En sus reuniones, leían los decretos de la Asamblea, los discutían, presentaban sus críticas y propuestas y también recolectaban fondos para los patriotas necesitados. El protagonismo de las mujeres no fue aceptado por buena parte de los revolucionarios y, en 1793, los clubs de mujeres fueron prohibidos por la Convención.
C. La Revolución de las mujeres
Actividad Elabora un discurso (150-180 palabras) inspirándote en los textos del apartado B, a favor o en contra de la inclusión de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho.
4. Napoleón domina Europa
El Consulado (1799-1804) El golpe de Estado de Napoleón tuvo el respaldo de buena parte de la burguesía. Su intención no era el regreso al Antiguo Régimen, sino la consolidación de los principios moderados que habían inspirado la Revolución de 1789. Napoleón Bonaparte nació en 1769 en Córcega en una familia de la pequeña nobleza rural. Inició su carrera militar muy joven y obtuvo grandes éxitos en las campañas militares realizadas durante el Directorio. En 1799, el general fue nombrado cónsul y se inauguró el Consulado, que se caracterizó por un gobierno personalista y autoritario. Napoleón pretendía acabar con la inestabilidad política de los años de la Revolución, consolidar algunos de los principios revolucionarios y fomentar la reactivación económica, mediante un gobierno que representase los intereses de la burguesía.
El nuevo sistema político no contemplaba la separación de poderes ni incluía una declaración de derechos (Constitución de 1800). Las libertades quedaron muy limitadas y se impuso la censura para controlar la opinión pública. Para reordenar y centralizar la administración del Estado se crearon las prefecturas, que hacían cumplir las órdenes del gobierno en las provincias, y se reformó la Hacienda. Con el objetivo de constituir una élite de funcionarios para la Administración, se impulsó la enseñanza con la fundación de los liceos (escuelas) del Estado. También se permitió el regreso de los exiliados que aceptasen el nuevo orden, y se firmó un Concordato* para restablecer las relaciones con la Iglesia, rotas tras la desamortización. La elaboración de un Código civil pretendió regular la convivencia entre los ciudadanos. Asimismo, para estimular la economía se elaboró un Código de comercio, se creó el Banco de Francia y se emitieron nuevos billetes bancarios.
El Imperio napoleónico (1804-1815) A partir de 1803, Napoleón inició la conquista de Europa y en 1804 se hizo coronar emperador por el Papa. La organización de un gran ejército y el uso de nuevas tácticas militares le permitieron derrotar a las monarquías europeas. La victoria napoleónica en Austerlitz (1805) sobre los dos emperadores (Austria y Rusia) marcó el momento álgido de la superioridad napoleónica. Algunos territorios conquistados fueron incorporados a Francia, y en otros casos, se crearon Estados satélites gobernados por franceses. En 1808 invadieron España y José Bonaparte, hermano del emperador, fue coronado rey. En 1811, el Imperio napoleónico se hallaba en su cénit: se extendía de Alemania a España, y excepto el Reino Unido, buena parte de Europa estaba bajo el control de Francia.
¿Por qué fue derrotado Napoleón?
Las conquistas napoleónicas generaron una doble reacción en los países ocupados por los ejércitos franceses: Por un lado, la abolición de las monarquías absolutas y la supresión de los derechos feudales despertaron las simpatías de los liberales de toda Europa. Por otro lado, la invasión de un ejército extranjero, la violencia indiscriminada de sus soldados y la sumisión a los intereses de Francia generaron un fuerte sentimiento antifrancés entre la población.
El rechazo a la invasión Los ejércitos napoleónicos sometieron por la fuerza a las naciones ocupadas y colocaron en su trono a familiares de Napoleón o a generales de su ejército. Además, favorecieron los intereses materiales de Francia (cobrar impuestos, hacer negocios, apropiarse de las riquezas, reclutar soldados…) por encima de la expansión de los ideales revolucionarios. Todo ello provocó el surgimiento de movimientos de resistencia a la invasión y despertó un fuerte sentimiento patriótico en España, Polonia, Alemania e Italia.
La derrota del emperador La imposibilidad de conquistar Rusia y de someter España marcaron el declive del Imperio napoleónico. Los ejércitos imperiales fueron derrotados definitivamente en Waterloo por el Reino Unido y Prusia (1815). Napoleón abdicó tras la derrota y fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
Actividad Realiza el comentario de mapa histórico ayudándote de la guía para comentar mapas disponible en el Classroom de la materia.
5. El legado de la revolución francesa
La Revolución francesa constituye uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad con el que se inicia una nueva etapa: la Edad Contemporánea. Con la Revolución dio comienzo una era en la que las sociedades occidentales iniciaron la construcción de un futuro basado en el respeto a los derechos fundamentales e inalienables del ser humano y en la convicción de que todos los ciudadanos tenían los mismos derechos y debían participar en el gobierno de la nación, eligiendo a sus representantes. ¿Qué ideales, qué elementos de los sistemas democráticos y qué formas de organizar la economía y la sociedad actuales tienen su origen en la Revolución francesa de 1789?
A. Las bases de la democracia La organización de los Estados y las formas de hacer política que rigen en la mayor parte de los países democráticos occidentales tuvieron sus orígenes en los principios de la Revolución francesa: La consideración de las personas como ciudadanos con derechos reconocidos por el Estado (Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano). La soberanía nacional, es decir, el derecho de los ciudadanos a elegir mediante el voto a sus representantes, que se reúnen en un parlamento para elaborar las leyes y elegir el gobierno. La Constitución como ley fundamental que establece los derechos y deberes tanto de los ciudadanos como de los gobernantes. La igualdad de todas las personas ante la ley, que queda fijada y establecida en los códigos legales (civil, penal, militar...), y una justicia independiente del poder político. La organización administrativa del Estado en departamentos (provincias) y ayuntamientos. En los sistemas democráticos, la Asamblea o Parlamento, elegida por sufragio universal, debate y aprueba las leyes.
B. La vida política y la prensa La vida política de los sistemas democráticos se vehicula a través de los partidos políticos, que tuvieron un antecedente claro en los clubs creados durante la Revolución. Los ciudadanos que defendían ideas y propuestas semejantes se agruparon en sociedades para participar en la política e influir en la Asamblea. El hecho actual de clasificar a los partidos en derechas e izquierdas se originó en la Asamblea Nacional francesa, cuando los diputados más moderados acostumbraron a sentarse en los escaños de la derecha, y los más radicales, en los de la izquierda. La prensa política y de opinión nació también por el interés de los ciudadanos de contrastar las opiniones de los diferentes grupos y discutirlas entre ellos.
C. La liberalización de la economía La Revolución y las leyes napoleónicas comportaron la liberalización de la economía, que permitió el desarrollo del capitalismo y de la burguesía: Se suprimieron los gremios que reglamentaban y obstaculizaban el crecimiento de la producción y se decretó la libertad de empresa y de contratación. Sin embargo, se prohibieron las asociaciones de obreros para defender sus derechos. Se eliminaron las aduanas interiores que gravaban el transporte de mercancías y dificultaban el comercio. Se unificaron los sistemas de pesos y medidas para facilitar los intercambios. De este modo, se establecieron el metro, el gramo y el litro (sistema métrico decimal) como unidades de medición.
D. La enseñanza y la cultura públicas Los revolucionarios defendieron la separación de la Iglesia y el Estado. El Estado debía ser laico, es decir, no tener ninguna religión oficial y aceptar la libertad de culto. Por primera vez se consideró que la enseñanza no debía estar en manos exclusivamente de la Iglesia, y que el Estado debía tener un papel importante en el desarrollo de la educación y en la promoción de la cultura, que no debían ser patrimonio de unas élites reducidas. La Revolución defendió la necesidad de una enseñanza igual y obligatoria para todos los ciudadanos, aunque nunca llegó a ponerse en práctica. En la época napoleónica se crearon las primeras escuelas públicas regentadas por el Estado y no por la Iglesia. Hasta aquel momento, el arte estaba en colecciones privadas de los grandes palacios. Para que el arte y la cultura fuesen accesibles a todos los ciudadanos, se crearon los primeros museos públicos, como el del Louvre en París, que se inauguró en 1793 aprovechando la colección real.
6. Entre el absolutismo y el liberalismo (1815-1848)
La restauración del absolutismo Entre 1814 y 1815, los vencedores de Napoleón se reunieron, a propuesta del canciller austriaco Metternich, en el Congreso de Viena. Su objetivo era poner fin a la expansión de las ideas liberales y restaurar el absolutismo en Europa. Tras reponer a los monarcas en sus tronos, las cuatro potencias (Rusia, el Reino Unido, Prusia y Austria) remodelaron el mapa europeo en su provecho y sin tener en cuenta las aspiraciones de los pueblos. En el Congreso se acordó el regreso de Francia a sus fronteras de 1792 y la división del Imperio napoleónico entre los vencedores. En Viena también se establecieron los principios ideológicos de la Restauración: legitimidad de los monarcas absolutos, negación de la soberanía nacional, equilibrio entre las grandes potencias mediante congresos periódicos y derecho de intervención en países extranjeros. Con este objetivo se creó la Santa Alianza (1815), un tratado de ayuda mutua entre los monarcas absolutos frente a cualquier amenaza de revolución liberal.
La revolución de 1830 El Congreso de Viena no respetó ni los principios liberales ni las aspiraciones nacionales de algunos pueblos europeos. En consecuencia, a partir de 1815, liberalismo y nacionalismo se convirtieron en las dos fuerzas de oposición, que impulsaron las oleadas revolucionarias (1830 y 1848) que pusieron fin al sistema de la Restauración. Las insurrecciones contaron con un importante apoyo popular y, donde triunfaron, significaron la sustitución del absolutismo por sistemas políticos liberales, basados en la soberanía nacional y el sufragio y regidos por una constitución, en los que la burguesía detentaba el poder. El movimiento se inició en Francia, donde, en julio de 1830, se derrocó al monarca absoluto Carlos X, que había sido entronizado tras la muerte de Luis XVIII. La revolución situó a Luis Felipe de Orleans como nuevo monarca constitucional. Por ello fue denominado el "rey ciudadano". En 1831 estalló también una revuelta en Polonia, que se hallaba bajo el dominio autocrático del Imperio ruso, pero fue duramente reprimida por el ejército zarista.
1848: La primavera de los pueblos En la Europa del siglo XIX, muchos pueblos vivían bajo el dominio de un imperio (como el austriaco, el ruso o el turco) o se hallaban fragmentados en diversos Estados (como Alemania e Italia). Por ello, el surgimiento del liberalismo fue acompañado, en muchos territorios, de la expansión del nacionalismo, que defendía una Europa de naciones libres frente a los imperios absolutistas. La revolución de 1848, conocida como la "primavera de los pueblos", significó el despertar de las naciones que se hallaban sometidas a los grandes imperios. En ellas, las demandas nacionalistas fueron acompañadas del deseo de constituir nuevos gobiernos liberales. En el Imperio austriaco, la revuelta tuvo un carácter liberal en Viena, donde la revolución obligó al canciller Metternich a dimitir. Pero también fue un levantamiento nacionalista en Hungría, Bohemia, el Norte de Italia y la Confederación Germánica.
En Francia, un levantamiento popular proclamó la II República, que adoptó una serie de medidas democráticas: sufragio universal masculino, libertad de prensa, abolición de la pena de muerte y reconocimiento de algunos derechos para los trabajadores. Aunque la mayoría de las revoluciones fueron sofocadas, las reformas democráticas y muchas aspiraciones nacionalistas se consolidaron en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.
7. ¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa?
El nacionalismo defiende el derecho de las naciones a ejercer su soberanía y a crear su propio Estado. De este modo, sostiene la necesidad de hacer coincidir Estado y nación, es decir, de reagrupar en el interior de unas determinadas fronteras a los miembros de una misma comunidad nacional. Los movimientos nacionalistas se expandieron por la Europa del siglo XIX y tuvieron un carácter disgregador en los imperios plurinacionales*, y unificador en las naciones fragmentadas. ¿Qué nuevos Estados se crearon en Europa como consecuencia de estos movimientos liberales y nacionales?
A. La independencia de Grecia y Bélgica En los imperios plurinacionales surgieron movimientos independentistas, como en el Imperio otomano (Grecia). En otros lugares, como en el Reino de los Países Bajos, Bélgica también demandó su independencia
Grecia (1821-1830) Grecia formaba parte del Imperio otomano o turco desde hacía siglos. Aunque algunas élites griegas formaban parte de la burocracia otomana, la mayoría de la población se sentía marginada, sometida a fuertes impuestos y dominada por un pueblo de distinta religión y cultura. En 1822, los griegos proclamaron su independencia en Epidauro, que, al no ser reconocida por los turcos, provocó el inicio de una guerra. La causa griega contó con la solidaridad de los liberales europeos, que apoyaron un territorio considerado la cuna de la cultura europea. En 1827, Francia y el Reino Unido intervinieron militarmente y ayudaron a derrotar al Imperio otomano, que reconoció la independencia griega en 1829, y entró en vigor en 1830.
Bélgica (1830-1839) Bélgica había sido unida a Holanda en 1815 por el Congreso de Viena, creando el Reino de los Países Bajos. La expansión de las ideas liberales hizo que en 1830 triunfase la revolución, que estableció un sistema de monarquía liberal bajo el reinado de Leopoldo I. El nuevo gobierno proclamó la independencia, y tras un conflicto armado, Holanda reconoció la nueva Bélgica en 1839.
B. Las unificaciones de Italia y Alemania A principios del siglo XIX, Italia estaba dividida en diversos Estados y Austria había incorporado a su imperio la Lombardía y el Véneto. Alemania también estaba fraccionada en 36 Estados e integrada en la Confederación Germánica, donde rivalizaban las dos grandes potencias germánicas: Prusia y Austria. Italia En 1859, el Piamonte, con la monarquía liberal de Saboya y gobernado por Cavour, inició un proceso unificador y se enfrentó a Austria, consiguiendo la anexión de la Lombardía. Paralelamente, un levantamiento popular, dirigido por Garibaldi, derrocó a los monarcas absolutos de los Estados del centro y Sur de Italia (Reino de las Dos Sicilias). En 1861, el primer parlamento italiano proclamó rey de Italia a Víctor Manuel II de Saboya; en 1866, los austriacos abandonaron el Véneto, y en 1870 fueron anexionados los Estados Pontificios, convirtiendo Roma en la capital.
Alemania Prusia tomó la iniciativa primero y, en 1834, potenció una unión aduanera (Zollverein) que agrupaba a gran parte de los Estados alemanes. En 1848, un intento de unificar estos Estados, liderado por un parlamento reunido en Frankfurt, fracasó porque el rey de Prusia no aceptó la corona de la nueva Alemania. El impulso definitivo llegó en la década de 1860, cuando Guillermo I accedió al trono prusiano y nombró canciller a Otto von Bismarck. El nuevo canciller impulsó una política agresiva con los Estados vecinos: en 1864 declaró la guerra a Dinamarca, en 1866, a Austria y, en 1870, a Francia. La victoria en estos conflictos permitió unir a todos los Estados alemanes bajo el cetro del rey de Prusia y, en 1871, se produjo la proclamación del II Imperio (Reich) alemán y de Guillermo I como káiser (emperador).
FIN