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TEORÍA DE LA PERSONALIDAD MISCHEL
GABRIELA REGINA DARDON RODRIGUEZ
Created on September 29, 2021
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TEORÍA DE LA PERSONALIDAD
Lic.Regina Dardon
Introducción a la teoría de la personalidad de Mischel
En general, existen dos tipos de teorías de la personalidad: las que consideran la personalidad como una entidad dinámica motivada por impulsos, percepciones, necesidades, objetivos y expectativas, y las que consideran que la personalidad depende de una serie de rasgos personales relativamente estables. Según este enfoque, el comportamiento procede de la interacción entre dinámicas cognitivas, afectivas y el entorno. La segunda categoría destaca la importancia de unos rasgos personales relativamente estables. Las teorías de Allport, Eysenck y McCrae y Costa entran dentro de esta categoría. Para ellos, las personas están motivadas por un número limitado de impulsos o rasgos personales que tienden a dar una cierta coherencia a su conducta.
En un principio, Walter Mischel se opuso a la explicación del comportamiento propuesta por la teoría de los rasgos y apoyó la idea de que las actividades cognitivas y las situaciones específicas desempeñan un papel muy importante en la determinación del comportamiento. Sin embargo, más recientemente, Mischel y sus colegas se han mostrado partidarios de una conciliación entre el enfoque de las dinámicas y el enfoque de los rasgos personales. Esta teoría cognitivo-afectiva de la personalidad sostiene que el comportamiento procede de rasgos personales relativamente estables y procesos cognitivo afectivos que tienen interacción con una situación concreta.
Biografía de Walter Mischel
Walter Mischel, que fue el segundo hijo de una familia de clase media-alta, nació el 22 de febrero de 1930 en Viena. Él y su hermano Theodore, que más adelante se especializaría en filosofía de la ciencia, se criaron en un entorno agradable, a poca distancia de la casa de Freud. Esta infancia tranquila sin embargo, fue alterada cuando los nazis invadieron Austria en 1938. Ese mismo año, la familia Mischel huyó de Austria y se trasladó a Estados Unidos. Después de vivir en distintas partes del país, finalmente se instalaron en Brooklyn, donde Walter cursó la escuela primaria y secundaria. Cuando se disponía a empezar sus estudios universitarios, su padre enfermó repentinamente y Walter tuvo que ponerse a trabajar. Finalmente, pudo estudiar en la Universidad de Nueva York, donde se sintió muy atraído por el arte (la pintura y la escultura) y donde repartía su tiempo entre la cultura, la psicología y la vida en Greenwich Village.
En la universidad, a Mischel le horrorizaron las clases de introducción a la psicología que trataban sobre experimentos con ratas y que le parecían estar muy lejos de la vida cotidiana de los humanos. Sus inclinaciones humanistas se consolidaron gracias a las lecturas de Freud, los pensadores existencialistas y los grandes poetas. Después de acabar la carrera, se matriculó en una maestría de psicología clínica en el City College de Nueva York. Mientras estudiaba dicho posgrado, trabajaba como asistente social en los suburbios de Lower East Side, trabajo que lo llevó a dudar de la utilidad de la teoría psicoanalítica y a percibir la necesidad de usar pruebas empíricas para evaluar todas las hipótesis de la psicología. La formación de Mischel como psicólogo sociocognitivo prosiguió con los estudios de doctorado en la Ohio State University entre 1953 y 1956. En aquel periodo, el departamento de psicología de Ohio State estaba dividido de manera no oficial en torno a sus dos profesores más infl uyentes, Julian Rotter y George Kelly. A diferencia de la mayoría de los estudiantes, que apoyaban claramente una u otra posición, Mischel admiraba tanto a Rotter como a Kelly y aprendió mucho de ambos.
Por consiguiente, la teoría sociocognitiva de Mischel está influida por la teoría del aprendizaje social de Rotter y por la teoría cognitiva de los constructos personales de Kelly. Rotter enseñó a Mischel la importancia del diseño de la investigación para mejorar las técnicas de evaluación y para medir la eficacia de los tratamientos terapéuticos; Kelly le enseñó que los participantes en experimentos de psicología se parecen a los psicólogos que los estudian porque son seres humanos que piensan y sienten. Entre 1956 y 1958, Mischel vivió la mayor parte del tiempo en el Caribe, estudiando cultos religiosos relacionados con la posesión del espíritu y el aplazamiento de la gratificación en un marco intercultural. Decidió que quería saber más sobre los motivos que llevan a las personas a preferir las recompensas valiosas futuras por encima de las inmediatas de valor inferior, gran parte de sus últimas investigaciones versaron sobre este tema.
Cuando estaba en Harvard, Mischel conoció a Harriet Nerlove, que también cursaba estudios de posgrado en psicología cognitiva, y se casó con ella. Antes de divorciarse, los Mischel se unieron para producir tres hijas y muchos proyectos científicos. De sus primeras obras, la más importante fue Personalidad y evaluación, una ampliación de sus esfuerzos por encontrar voluntarios adecuados para el Cuerpo de Paz. Sus experiencias como asesor del Cuerpo de Paz le enseñaron que, en las condiciones adecuadas, las personas están tan capacitadas para predecir su propia conducta como los test estandarizados. En Personalidad y evaluación, Mischel alegó que los rasgos eran indicadores poco sólidos del desempeño en diversas situaciones y que la situación es más importante que los rasgos en cuanto a su influencia sobre el comportamiento. Este libro disgustó a muchos psicólogos clínicos, que sostenían que la incapacidad de los rasgos personales para predecir el comportamiento en distintas situaciones se debía a la falta de fiabilidad e imprecisión de los instrumentos de medida de dichos rasgos. Algunos afirmaron que Mischel estaba intentando anular el concepto de los rasgos de la personalidad estables e incluso negando la existencia de la personalidad. Más adelante, Mischel respondería a estas críticas declarando que no se oponía a los rasgos en sí mismos, solo a los rasgos generalizados que anulan la individualidad y singularidad de cada persona.
Gran parte de la investigación de Mischel ha sido fruto de la cooperación con sus estudiantes de posgrado. En los últimos años, muchas de sus publicaciones han sido colaboraciones con Yuichi Shoda, que se doctoró en Columbia en 1990 y actualmente trabaja en la Universidad de Washington. El libro más popular de Mischel, Introducción a la personalidad fue publicado originalmente en 1971 y en 2004 se publicó la séptima edición revisada, en la que colaboraron como coautores Yuichi Shoda y Ronald D. Smith. Mischel ha obtenido varios premios, entre ellos el premio al Distinguished Scientist de la división de psicología clínica de la American Psychological Association (APA) en 1978 y el premio de la APA a la Distinguished Scientific Contribution en 1982.
Algunos teóricos, como Hans Eysenck y Gordon Allport, afirmaban que el comportamiento dependía, en gran medida, de una serie de rasgos de la personalidad relativamente estables. Sin embargo, Walter Mischel no estaba de acuerdo con este supuesto. Su primera investigación lo llevó a afirmar que el comportamiento dependía sobre todo de la situación. Paradoja de la consistencia Mischel constató que tanto los legos como los psicólogos profesionales parecen creer de manera intuitiva que el comportamiento de las personas es relativamente coherente. Sin embargo, las pruebas empíricas sugieren una gran variabilidad en el comportamiento, hecho que Mischel denominó la paradoja de la consistencia. Para muchas personas parece evidente que ciertos rasgos personales globales como la agresividad, la honestidad, la tacañería, la puntualidad, etc., explican gran parte de nuestra conducta.
Antecedentes del sistema cognitivo -afectivo de la personalidad
Las personas eligen a ciertos políticos para que ocupen cargos públicos porque los consideran honrados, confiables, firmes e íntegros; los responsables de personal seleccionan a personas que son puntuales, leales, serviciales, trabajadoras, organizadas y sociables. Una persona suele ser simpática y sociable, mientras que otra suele ser poco amistosa y taciturna. Durante mucho tiempo, los psicólogos y los profanos han resumido el comportamiento de las personas usando estos rasgos descriptivos. Por tanto, muchas personas suponen que los rasgos de la personalidad generales se manifestarán durante un periodo y también en distintas situaciones.
Mischel sugirió que, en el mejor de los casos, estas personas tienen razón solo en parte y afirmó que ciertos rasgos básicos se mantienen con el paso del tiempo, pero hay pocas pruebas de que estén presentes en situaciones distintas. Se opuso claramente a los argumentos a favor de atribuir conductas a estos rasgos globales, todo intento de clasificar a los individuos como amables, extravertidos, responsables, etc., puede ser un modo de definir la personalidad, pero es una taxonomía estéril incapaz de explicar el comportamiento.
Por ejemplo, un estudiante puede haber sido responsable en cuanto al trabajo intelectual, pero no en la limpieza de su apartamento o el mantenimiento de su automóvil para que funcione bien. Esta falta de responsabilidad en la limpieza del apartamento puede deberse al desinterés y el descuido del automóvil puede derivarse de la falta de conocimiento. Por tanto, la situación específica tiene interacción con las capacidades, intereses, objetivos, valores, expectativas, etc., de la persona, y esta interacción permite predecir el comportamiento. Según Mischel, esta noción de los rasgos o rasgos personales, aunque es relevante para la predicción del comportamiento humano, pasa por alto la importancia de la situación específica en la que funcionan las personas.
Interacción persona-situación
Con el tiempo, sin embargo, Mischel, llegó a percibir que las personas no son recipientes vacíos sin rasgos de la personalidad estables. Reconoció que la mayoría de las personas muestran una cierta coherencia en su conducta, pero siguió insistiendo en que la situación tiene una fuerte influencia en el comportamiento. Las objeciones de Mischel al uso de los rasgos para predecir el comportamiento no se apoyaban en su inestabilidad temporal sino en su inconsistencia en situaciones diferentes. Observó que muchos rasgos básicos se pueden mantener durante un largo periodo.
Los rasgos personales influyen en el comportamiento solo bajo ciertas condiciones y en ciertas situaciones. Este enfoque sugiere que el comportamiento no es causado por los rasgos personales generales, sino por la percepción que las personas tienen de sí mismas en una situación concreta. Por ejemplo, un joven que por lo general es muy tímido con las mujeres jóvenes podría comportarse de manera sociable y extravertida cuando está con otros hombres o con mujeres mayores. Entonces cabe preguntarse si es tímido o extravertido, Mischel diría que es ambas cosas, según las condiciones que afectan al joven en una situación concreta. El enfoque de las condiciones sostiene que el comportamiento está determinado por los rasgos personales más los procesos cognitivos y afectivos específicos de la persona. Mientras la teoría de los rasgos sugeriría que los rasgos generales predicen el comportamiento, Mischel sostiene que las opiniones, los valores, los objetivos, las cogniciones y los sentimientos de la persona tienen interacción con esos rasgos para determinar el comportamiento.
Como “Carlo a veces le pega a otros niños”, los adultos fueron más específicos, con afirmaciones como “cuando lo provocan, Carlo reacciona con violencia”. Estas conclusiones sugieren que las personas reconocen fácilmente la interrelación entre situaciones y conducta y que, de manera intuitiva, tienen la idea de que las condiciones afectan a los rasgos. Ni la situación ni los rasgos de la personalidad estables determinan el comportamiento por sí solos; antes bien, el comportamiento es fruto de ambos. Por ello, Mischel y Shoda han propuesto un sistema cognitivo-afectivo de la personalidad que intenta conciliar estos dos enfoques para predecir el comportamiento humano.
Para resolver la clásica paradoja de la consistencia, Mischel y Shoda propusieron un sistema cognitivo-afectivo de la personalidad (cognitive-affective personality system, CAPS; también llamado sistema de procesos cognitivo-afectivos) que explica la variabilidad en distintas situaciones y la estabilidad del comportamiento de una persona. Las aparentes inconsistencias en el comportamiento de la persona no se deben ni a errores aleatorios ni a la situación. Antes bien, son conductas potencialmente previsibles que reflejan pautas de variación estables en una persona. El sistema cognitivo-afectivo de la personalidad prevé que el comportamiento de una persona cambiará según la situación, pero de una manera coherente.
Sistema cognitivo -afectivo de la personalidad
"Mischel y Shoda, afirman que las variaciones en el comportamiento se pueden formular del siguiente modo: Si se cumple A, entonces se producirá X; pero si se cumple B, entonces se producirá Y. Por ejemplo, si Mark es provocado por su mujer, reaccionará de manera agresiva. Sin embargo, cuando la condición cambia, también cambiará la consecuencia. Si Mark es provocado por su jefe, reaccionará mostrándose sumiso. El comportamiento de Mark puede parecer incoherente porque reacciona de manera diferente al mismo estímulo. Mischel y Shoda, sin embargo, alegarían que ser provocado por dos personas distintas no constituye el mismo estímulo. El comportamiento de Mark no es incoherente y puede reflejar perfectamente una pauta de reacción estable durante toda su vida. Esta interpretación, según Mischel y Shoda, resuelve la paradoja de la consistencia al tener en cuenta el largo historial de observaciones de variabilidad en el comportamiento y la idea intuitiva de psicólogos y legos de que la personalidad es relativamente estable. La variabilidad en el comportamiento observada a menudo es simplemente una parte fundamental de la estabilidad unificadora de la personalidad. Esta teoría no sugiere que las conductas son una extensión de unos rasgos estables y generales de la personalidad. Si las conductas se derivaran de rasgos generales, habría poca variación individual en el comportamiento.
Su pauta de variabilidad es el distintivo de conducta de su personalidad, es decir, su manera coherente de adoptar distintas conductas en situaciones específicas. Su personalidad tiene una marca que permanece estable en distintas situaciones, aunque su conducta varíe. Mischel afirma que una teoría de la personalidad adecuada debería “intentar predecir y explicar esta marca de la personalidad, en lugar de eliminarla o ignorarla”. Predicción del comportamiento Mischel es uno de los pocos teóricos de la personalidad que lo hacen. Su posicionamiento teórico para la predicción y explicación es el siguiente: “Si la personalidad es un sistema estable que procesa información sobre situaciones, externas o internas, entonces, si los individuos se encuentran en situaciones diferentes, sus conductas variarán en función de la situación”. Este posicionamiento teórico puede generar una serie de hipótesis sobre los resultados de la conducta. Supone que la personalidad puede tener estabilidad temporal y que las conductas pueden variar según la situación. También supone que la predicción del comportamiento se apoya en información sobre el modo y el momento en que se activan varias unidades cognitivo-afectivas. Estas unidades incluyen codificaciones, expectativas, opiniones, capacidades, planes y estrategias de autocontrol, así como afectos y objetivos.
Variables de situación Mischel afirma que la influencia relativa de las variables de situación y las cualidades personales se pueden determinar observando la uniformidad o diversidad de las respuestas de las personas en una situación dada. Cuando distintas personas se comportan de manera muy similar, por ejemplo, cuando están viendo la escena emotiva de una película muy interesante, las variables de situación son más intensas que las características personales. Por otro lado, los hechos que parecen iguales pueden producir reacciones muy distintas porque las características personales anulan a las variables de situación. Por ejemplo, varios trabajadores pueden ser despedidos de su empresa, pero las diferencias individuales provocarán conductas diversas, según la necesidad de trabajar de cada uno de ellos, la confianza en sus aptitudes y la capacidad que creen tener para encontrar otro empleo. Mischel y sus colegas también mostraron que los niños pueden usar sus procesos cognitivos para hacer fácil una situación difícil. Por ejemplo, Mischel y Ebbe B. Ebbesen constataron que algunos niños podían usar su capacidad cognitiva para cambiar una espera desagradable por un obsequio en una situación más grata. En este estudio sobre el aplazamiento de la gratificación, se explicó a un grupo de niños de edad preescolar que recibirían un pequeño premio después de un intervalo de tiempo breve, y un obsequio más grande, si podían esperar durante un intervalo más largo.
En 1973, Mischel propuso un conjunto de cinco variables personales que se superponen parcialmente y son relativamente estables, y en su interacción con la situación determinan el comportamiento. Más de 30 años de investigación llevaron a Mischel y sus colegas a ampliar su concepción de estas variables, que ellos denominan unidades cognitivo-afectivas, a lo que hace esa persona en una situación concreta. Lo que hace una persona abarca algo más que sus actos, incluye capacidades cognitivas y afectivas como pensar, planificar, sentir y evaluar. Las unidades cognitivo-afectivas incluyen todos los aspectos psicológicos, sociales y fisiológicos de las personas que las llevan a relacionarse con su entorno con una pauta de variación relativamente estable. Estas unidades abarcan: (1) estrategias de codificación (2) capacidades y estrategias de autocontrol(3) expectativas y opiniones(4) objetivos y valores y (5) respuestas afectivas
Unidades cognitivo-afectivas
Una unidad cognitivo-afectiva importante que, en última instancia, afecta al comportamiento son los constructos personales y estrategias de codificación de las personas; es decir, el modo en que las personas clasifican la información que reciben de los estímulos externos. Las personas utilizan procesos cognitivos para transformar estos estímulos en constructos personales, que incluyen el concepto de sí mismo y de otras personas, y su visión del mundo. Las distintas personas codifican los mismos hechos de manera distinta, lo que explica las diferencias individuales en los constructos personales.
Estrategias de codificación
Nuestro comportamiento depende en parte de las conductas potenciales disponibles , nuestra opinión sobre lo que podemos hacer, nuestros planes y estrategias para llevar a cabo ciertas conductas y nuestras expectativas de éxito. Nuestra opinión sobre lo que podemos hacer está relacionada con nuestras capacidades. Mischel usó el término “capacidades ” para referirse a ese enorme conjunto de información que adquirimos sobre el mundo y nuestra relación con este. Mediante la observación de nuestras propias conductas y las de los demás, aprendemos lo que podemos hacer en una situación concreta y, también, lo que no podemos hacer. Coincide con Bandura en que no prestamos la misma atención a todos los estímulos de nuestro entorno, sino que construimos de manera selectiva nuestra propia versión del mundo real. Por tanto, adquirimos un conjunto de opiniones sobre nuestras capacidades de desempeño, a menudo en ausencia de desempeño real.
Capacidades y estrategias de autocontrol
Expectativas y creencias Toda situación trae consigo una enorme cantidad de potenciales de conducta, pero el modo en que se comportan las personas depende de sus expectativas y creencias específicas sobre las consecuencias de cada una de las opciones de conducta. El conocimiento de las hipótesis u opiniones de las personas sobre las consecuencias de cualquier situación es un mejor indicador del comportamiento que el conocimiento de su capacidad de desempeño. A partir de sus experiencias previas y la observación de los demás , las personas aprenden a ejecutar los comportamientos que, según sus previsiones, generarán los resultados más valiosos para ellos. Cuando las personas no tienen información sobre lo que pueden esperar de una conducta, llevarán a cabo las conductas que recibieron un refuerzo mayor en situaciones similares anteriores.
Objetivos y valores Las personas no reaccionan de manera pasiva a las distintas situaciones, sino que son activas y actúan orientadas hacia una meta. Formulan objetivos, conciben planes para cumplir esos objetivos e intervienen en la creación de sus propias situaciones. Los objetivos , valores y preferencias subjetivos de las personas representan una cuarta unidad cognitivo-afectiva.
Respuestas afectivas Mischel y sus colegas han incorporado las respuestas afectivas a la lista de unidades cognitivo-afectivas importantes. Las respuestas afectivas incluyen emociones, sentimientos y reacciones fisiológicas. Para Mischel las respuestas afectivas son inseparables de las cogniciones y las unidades cognitivo-afectivas entrelazadas son más básicas que el resto de unidades cognitivo-afectivas. Las respuestas afectivas, por tanto, no existen de manera aislada. No solo son inseparables de los procesos cognitivos, sino que además influyen en cada una de las demás unidades cognitivo-afectivas.
INVESTIGACIÓN RELACIONADA
Las ideas de Rotter sobre el control interno y externo han generado una considerable cantidad de investigación en psicología; muchos estudiosos de diversas disciplinas han bordado sobre los conceptos de Rotter para realizar sus propias investigaciones. Aunque es un modelo relativamente nuevo de la personalidad (fue propuesto en su totalidad a mediados de la década de 1990), el modelo CAPS de Mischel ha producido un sólido cuerpo de trabajo, considerando su edad; de esto, diversos estudios se enfocan en el marco de referencia “si-entonces” que ya analizamos.
Locus de control y los héroes del Holocausto Algunos son bastante mundanos y rutinarios, como si La Juan cabeceará durante una conferencia aburrida, mientras que otros son extraordinarios, como si La Juan obtendrá su grado en psicología. Pero quizás ningún resultado es tan extraordinario que el elegido por la psicóloga Elizabeth Midlarsky y sus colegas, quienes buscaron utilizar variables de personalidad para predecir quién era un héroe del Holocausto y quién un mero espectador durante los años trágicos de la Segunda Guerra Mundial. Para investigar el poder de la personalidad para predecir dichos actos heroicos extraordinarios, Midlarsky y sus colegas reunieron una notable muestra de gente, que consistía en 80 rescatistas de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, 73 espectadores que vivían en Europa durante la guerra pero que no ayudaron a los judíos, y una muestra de comparación de 43 personas que provenían de Europa pero emigraron a Norteamérica antes del conflicto. En el momento del estudio, la edad promedio de los participantes era de unos 72 años, lo que significa que muchos de ellos estaban en sus veinte durante la Segunda Guerra Mundial. El estatus de rescatista fue verificado por el testimonio de supervivientes del Holocausto que realmente fueron rescatados por los participantes en el estudio.
Los investigadores incluyeron diversas variables de personalidad, en su esfuerzo por predecir quién era un héroe y quién un observador; una de esas variables fue el locus de control. Se predijo que el orientarse más hacia un sentido interno de control se relacionaba con haber sido un héroe del Holocausto, porque dichos individuos piensan que tienen control sobre los eventos de la vida, y que el éxito no se debe a la suerte ni a la casualidad (como creería una persona con un sentido de control interno). Para utilizar el lenguaje de Rotter, quienes tienen control interno tienen la expectativa generalizada de que sus actos tendrán éxito en salvar la vida de sus vecinos perseguidos. Otras variables examinadas por Midlarsky y colegas fueron la autonomía (poseer un sentido de independencia), toma de riesgos, responsabilidad social, autoritarismo (asociado a tener actitudes prejuiciosas hacia grupos minoritarios, como opuesto a la tolerancia), empatía y razonamiento moral altruista (cuyos altos niveles requieren de razonamiento abstracto, incluyendo el empleo de valores internalizados). Todas las variables de personalidad fueron medidas con valores estándar de autoevaluación, y los participantes completaron los reactivos durante entrevistas cara a cara con uno de los investigadores, en sus propias casas.
Autocontrol a lo largo de la vida Como se mencionó en este capítulo, las primeras investigaciones de Walter Mischel sobre la psicología de la personalidad fueron sobre el retraso de la gratificación. Recordemos que en estos primeros estudios con Ebbesen, Mischel descubrió que los niños que podían resistir la tentación (en este caso, no comerse un malvavisco, sino esperar a recibir dos malvaviscos más tarde) lo hicieron con el empleo de una variedad de estrategias cognitivas y conductuales. Desde aquellos primeros trabajos, han pasado décadas de investigaciones longitudinales en las que se ha hecho el seguimiento de esos preescolares a lo largo de su vida para explorar los mecanismos que permitieron ese eficaz autocontrol.