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FRANCISCO DE GOYA
Arturo De Paz Lara
Created on September 23, 2021
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FRANCISCO
DE GOYA
Goya (1746-1828) es uno de los grandes maestros de la pintura universal. Su genio hará que sea un reconocido y afamado artista entre sus contemporáneos, y, a la vez, un referente y una influencia decisiva para sus sucesores. Es decir, Goya puede pintar al gusto del siglo XVIII y a la vez ser un claro precursor de las vanguardias contemporáneas. Esa es quizá una de las características de los artistas universales, pintan en o para su época, pero la trascienden siendo disfrutados con igual o mayor intensidad en siglos posteriores.
El aragonés Francisco de Goya y Lucientes [Fuendetodos (Zaragoza) 1746 - Burdeos, (Francia) 1828] es un pintor genial, difícil de encasillar. Vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, sirviendo a cuatro Reyes: Carlos III, Carlos IV, José Bonaparte y Fernando, VII. Cultivó el neoclasicismo y el romanticismo y a lo largo y ancho de su vasta producción, anticipa los cambios radicales que va a experimentar la sensibilidad pictórica contemporánea, la ligereza de su pincelada preludia el impresionismo. Sus fantasías oníricas desembocan en el surrealismo y su desgarrado mundo interior. Abre paso a la temática expresionista. Dominó todas las técnicas, la pintura mural y de caballete, los cartones para tapices y el grabado y abundó en todos los géneros del retrato, el bodegón, el cuadro religioso e histórico y la escena costumbrista.
Esta es una de las claves para entender a Goya, no se trata de un pintor aislado, ni al margen de su tiempo ni de las ideas de su época, es más, en muchas ocasiones se le presenta como un primer periodista que refleja con pasmosa nitidez lo que está ocurriendo en la convulsa época que le tocó vivir. Sin embargo, en sus obras se encuentran rasgos que no se desarrollarán hasta cien o ciento cincuenta años después. Como ahora veremos, Goya no fue un artista precoz, ni su obra será rápidamente reconocida. A lo largo de su dilatada vida, su arte y su técnica irán evolucionando, por lo que para su estudio es interesante dividir sus obras en etapas. Así apreciaremos la enorme diferencia entre sus primeras obras y pinturas, y las que realizará en su madurez y vejez.
Rondando los 30 años, Goya es contratado por la Real fábrica de Santa Bárbara para diseñar los cartones que sus artesanos convertirán en tapices. Con ello se decorarán los comedores y dormitorios de las “casitas” que los Príncipes de Asturias -los futuros Carlos IV y María Luisa de Parma- poseen El Escorial y en el Pardo. La moda impone lo pintoresco y Goya da un recital de tipos costumbristas: toreros, tonadilleras, actrices y gente del pueblo de Madrid, tales como lavanderas, moza de cántaro, jugadores de naipes y cacharreros. Son los manolos y manolas, majos y majas, resultado castizo -escribe su contemporáneo, el escritor Mesonero Romanos- de la mezcla de madrileños, de los barrios, de las Ventas y las Vistillas “Con buscadores de fortuna llegado de Triana en Sevilla, la mantelería de Valladolid y de las huertas de Murcia”.
Los comienzos no pudieron ser más difíciles. Se presentó por 2 veces al concurso de la Academia de San Fernando en busca de la ansiada beca de Roma, pero el jurado rechaza sus cuadros. Ante las adversidades y de pagarse personalmente el viaje a Italia y en Parma opta al premio convocado por su Academia con el lienzo “Aníbal cruzando los Alpes” (1771; Fundación Selgas, Cudillero), que tampoco resulta vencedor. De regreso a Zaragoza, trabaja en la bóveda del Coreto de la Basílica del Pilar y se casa con Josefa Bayeu. Perteneciente a una acreditada familia de pintores aragoneses. Su cuñado y padrino de bodas, Francisco Bayeu es un artista de éxito que reside en Madrid y en 1775 reclama a Goya para que se desplace a la Corte.
La influyente casa de Osuna, le proporciona también un encargo religioso, los cuadros de la vida de San Francisco de Borja para la Catedral de Valencia. Posteriormente, ahondará en la temática Sacra Pintando al fresco la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid.Entretanto, Goya no descuida el género que le iba a ocupar a la fama: el retrato. Retratos colectivos e individuales de cuerpo entero y de busto, de personajes de pie, sentados, recostados y ecuestres. Con distancia en el tiempo representó a los grandes arquitectos neoclásicos: Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva; a los literatos e intelectuales ilustrados: Jovellanos, Meléndez, Valdés, Fernández de Moratín y Ceán Bermúdez; al director del recién creado Banco de San Carlos: Cabarrús y a la nobleza femenina la condesa de Chinchón y Haro, las marquesas de Pontejos y Santa Cruz, y las duquesas de Osuna y Alba. Retratando con maestría inigualable a condes, marqueses y duques, consigue ser nombrado
Otro contemporáneo, el sainetista Ramón de la Cruz, Distinguen a crónica literaria de la sociedad de su tiempo entre el “majo de ordinario” que vestía de acuerdo con su condición plebeya, y el distinguido “majo de rumbo”, perteneciente a la clase alta que se mezclaba libremente con la gente llana en sus juegos, bailes y romerías, adoptando hábitos e indumentaria popular. El género pastoril el petrimete y la damisela rococó de la Corte Francesa se han transformado con los borbones españoles en tronío, majismo y manolería, según se adivina en El quitasol. Consecuentemente, la aristocracia madrileña encargará también a Goya cuadros de diversión para decorar sus gabinetes de lectura y salas de conversación. La cucaña y el columpio (1787; colección del Duque de Montellano, Madrid) pintados para el palacete de la Alameda que poseen los Duques de Osuna responden a este gusto garboso y colorista.
La insuperable obra gráfica de Goya se inicia en 1799 con la serie Los caprichos, concebida en forma de libro ilustrado para hacer comentado sus grabados en las tertulias. Es una sátira sin piedad de los vicios y debilidades sociales: la concentración de poder, el abuso sobre los débiles, la ignorancia y la superstición. En suma, arremete contra la sinrazón y la injusticia. Goya se reveló al control de la producción y editó personalmente los grabados. El miércoles 06 de febrero de 1799, el Diario de Madrid insertaba un anuncio donde se leía «Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventados y grabados al aguafuerte por don Francisco de Goya. Se venden en la calle del desengaño número uno, tienda de perfumes y licores, pagando por cada colección de a 80 estampas, 320 reales de vellón». El periódico añadía: «Persuadido Goya de que la censura de los errores y vicios humanos puede también ser objeto de la pintura. Ha escogido como asuntos entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad
primer pintor de cámara de Carlos IV de quien realizará en Aranjuez su grupo familiar, fijándose el artista en la penumbra a imitación de Velázquez en las Meninas. En 1792 viaja a Sevilla, donde contrae una penosa enfermedad que le deja como secuela la sordera total. Pasa la convalecencia en Cádiz, restableciéndose en el domicilio de su amigo, el comerciante y exportador de vinos Sebastián Martínez, dueño de una espléndida pinacoteca de obras antiguas. Cuatro años después regresará a Andalucía para decorar el oratorio religioso de la Santa Cueva Gaditana, y allí vivirá 6 meses como invitado de la Duquesa de Alba en su palacio sanluqueño del coto de Doñana.
Goya, cincuentón, gozó de la intimidad de la joven viuda Cayetana, a la que retrató como maja vestida y maja desnuda.
la caballería africana que auxiliaba a Napoleón y los fusilamientos de la Moncloa, que ilustra la represión francesa a los patriotas, el horrible sacrificio de víctimas inocentes ante el pelotón de ejecución. Preso del desencanto por los desmanes de la guerra y la posguerra Goya se refugia brevemente en el mundo de los toros y alumbra la tauromaquia con la emoción de un viejo aficionado.
civil [...] aquellos que ha creído más aptos a suministrar material para el ridículo y ejercita al mismo tiempo la fantasía del artífice». La jerarquía al verse tan grotescamente caricaturizada, prohibió su venta y el 19 de febrero se retiraba al anuncio de la prensa por orden de la Inquisición. La invasión napoleónica y la guerra de la independencia quedarán reflejadas en los dramáticos grabados que componen los desastres y en los cuadros históricos de las jornadas del 2 y 03 de mayo de 1808 en Madrid. En los desastres recoge las espantosas impresiones de la contienda, reprobando la crueldad de ambos bandos. En 1814, cuando estas series circulaba por España, se ofrece al gobierno de la Regencia para “perpetuar por medio del pincel la más notable y heroicas acciones de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa”. Goya representa La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol, mostrando la violencia del estallido popular ante
Entre 1814 y 1816 graba la suerte del toreo inmortalizando faenas gloriosas y lidiadores heroicos como Martincho, Pepe-Hillo, Pedro Romero o Juanito Apiñani, ídolos del artista desde su juventud.
Este espejismo feliz se quiebra con una nueva enfermedad del pintor. Sana y en 1819 compró una finca en la ribera del Manzanares que se llamará en honor de su propietario, la «Quinta del sordo», donde busca refugio y retiro. Allí, de noche, a la luz de las velas, que coloca sobre su sombrero, decorar las paredes con un mundo de aquelarres, brujas, machos, cabríos y el duelo a garrotazos entre españoles, donde está presente la semilla del odio que intenta depurar a los afrancesados. Son las expresionistas pinturas negras (1820-1823; Museo del Prado, Madrid). Reflejo de esta misma desazón son los grabados de su última serie los disparates una colección de pesadillas que reflejan lo absurdo de la existencia.
En 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis restaura la monarquía absoluta de Fernando VII. El monarca es recibido con los gritos de “Muera la Constitución” y “Viva la Inquisición”. Goya retrata al rey, pero siente miedo. Le recuerdan que había realizado para el Ayuntamiento de la capital de España una alegoría de la Villa de Madrid presentando al pueblo un retrato de José Bonaparte como rey de los españoles. Por si fuera poco, es acusado de obsceno ante el Santo Oficio por la maja desnuda. La situación se hace incómoda y busca el exilio en Francia, donde todavía tendrá tiempo de pintar La lechera de Burdeos: el adelanto más claro del Impresionismo.
Etapa de formación y PRIMEROS ENCARGOS
Francisco de Goya y Lucientes nace casualmente en Fuendetodos en 1746, ya que su familia residirá habitualmente en Zaragoza. Allí trabará amistad con Martín Zapater, con quien mantendrá una rica correspondencia, esencial no solo para conocer al artista y su obra, sino también para comprender mejor los acontecimientos históricos de esta época. Con doce o trece años entra como aprendiz en el taller de pintura de José Luzán.
Casa natal de Francisco de Goya en Fuendetodos, provincia de Zaragoza.
Etapa de formación y PRIMEROS ENCARGOS
Allí conocerá a los hermanos Bayeu, lo que será fundamental en su biografía. En 1764, trata de ganar una de las becas que ofrecía la Academia de San Fernando para ir a estudiar a Italia, a beber de las fuentes del clasicismo. Goya fracasa en dos ocasiones por lo que decide hacer el viaje por su cuenta. De este viaje tenemos noticias de un cuadro: Aníbal cruzando los Alpes, presentado a concurso en la Academia de Parma, y que le vale una mención especial. Estas obras aún revelan un estilo bastante convencional pero con apuntes de modernidad como su sentido del color, la composición y la iconografía nada tradicional. Además comenzará a percibirse un sentido innovador en el cromatismo, una incipiente huida del detalle y el papel destacado de la luz que comienza a ser protagonista de sus obras.
Aníbal vencedor contempla por primera vez Italia desde los Alpes (1770 ).
Etapa de formación y PRIMEROS ENCARGOS
De vuelta a Zaragoza recibe su primer gran encargo: la decoración al fresco de la Bóveda del Coreto del Pilar en 1771, aún en una línea teatral de último barroco e incluso con rasgos rococó. Pese a ello ya encontramos elementos que le acompañarán toda su vida: pincelada rápida, masas abocetadas, juegos de luces, expresividad característica en los personajes y monumentalidad de los espacios. Entre 1772 a 1774 pinta la capilla de la Cartuja del Aula Dei de Zaragoza, en la misma línea del Coreto del Pilar, pero mostrando una mayor calidad y libertad de estilo.
Adoración del Nombre de Dios o La Gloria (1772).Decoración al fresco de la bóveda del coreto de la Basílica del Pilar en Zaragoza,
Su relación con la Real Fábrica durará 15 años, en dos periodos de 1774 a 1780 y de 1786 a 1791, con un total de 63 cartones, realizados en varias series. En ellos se va apreciando una progresiva liberalización del estilo y de lenguaje, pese a las imposi- ciones más o menos rigurosas de Bayeu y de los bordadores de los tapices, a los cuales les va complicando su trabajo al ir ganando los cartones de Goya en juegos de luces, difuminaciones y abocetamiento. Destacados cartones para tapices son La gallina ciega, La vendimia, de similar factura a El quitasol y El chatarrero, ya de la tercera serie con un aumento en la libertad de ejecución de los temas. En el Albañil herido, continúa la misma temática costumbrista pero ya mostrando una preocupación social que aparecerá en muchas de sus obras posteriores.
Goya llega a la corte. Los cartones para tapices
En 1773 se casa con Josefa Bayeu. Su cuñado, que ya era pintor de corte, logra un puesto para Goya como pintor de cartones para tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara, lo que para él será una primera escala en su ambicionada plaza como pintor del rey. En estos cartones para tapices todavía podemos encontrar rasgos característicos de la pintura de Rococó: los temas galantes, el acercamiento a lo cotidiano, la preferencia por las tonalidades pastel, la luz difusa y esa dulzura y alegría de vivir que marcan su primera etapa.
La gallina ciega (1789)
La vendimia o El otoño (1786-1787)
El quitasol de Goya (1777)
A los temas de caza de la primera serie les sustituyen los de la segunda, con aspectos amables de la sociedad de la época, del galanteo y de los majos y fiestas populares. Temas lúdicos que Goya realiza magistralmente, aún con elementos rococós, aunque ya anuncian un nuevo estilo (Museo del Prado, Madrid).
Si cronológicamente pertenece al neoclásico, Goya huye del academicismo para investigar en los problemas plásticos, con lo cual pone la piedra fundacional del arte moderno. Goya es un innovador artístico que se deja llevar por sus impulsos creativos no siempre coronados por el triunfo. Mien¬tras románticos y neoclásicos buscan sus temas en e l entorno, Goya los halla dentro de sí m ismo, en la introspección de su alma, que es el reflejo del alma universal de la hum anidad. El factor hum ano es el principal protagonista de su obra, lo que es un rasgo prefigurador de los artistas modernos. Resulta paradó¬jico que un español de u n país retrasado y no u n revolucionario sea el artífice creador de la nueva sensibilidad, que dará origen a la pintura contem poránea. La justifica¬ción podría venir de su posición central en las pugnas partidistas de absolutistas y liberales. En su larga trayectoria artísti¬ca pueden distinguirse varias etapas:
El primer acercamiento de Goya a la corte fue a través de su puesto como pintor de cartones para tapices de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Su cometido era pintar las escenas que luego servirían como modelo a los bordadores para tejer los tapices. En estos cartones se puede observar la progresión que sufre Goya en su arte durante los años que desarrolla esta función. Esta evolución irá encaminada hacia la adquisición de libertad a la hora de dar rienda suelta a su genio. En estas primeras series la temática impuesta y las directrices estilísticas marcadas hacen surgir elementos cercanos al gusto rococó: tonos apastelados, escenas amables, de caza, de fiesta, de costumbres… Las sucesivas series irán descubriendo características más modernas del genio aragonés: abocetamientos, temas (aunque impuestos) tratados con más profundidad, aparición de sentimientos…
La pintura religiosa y Goya como retratista
En 1780, debido a la guerra con Inglaterra, la Corona suspende temporalmente sus gastos en materia artística y suntuaria (joyas, tapices, vestidos...) por lo que se para la producción de la Real Fábrica de tapices. Esto, lejos de perjudicar al genio aragonés, le beneficia ya que le libera de las imposiciones y límites que supone la tarea de pintar cartones para tapices. Además, es nombrado miembro de la Academia de San Fernando, y ya le ha dado tiempo a establecer relaciones con la aristocracia en la corte, y a gozar en ese momento de cierto prestigio como artista.
La pintura religiosa y Goya como retratista
Años después, en 1798, Goya recibirá un encargo similar en este caso los frescos de la Ermita de San Antonio de la Florida, cuyas bóvedas dedica a la historia del santo y donde lo profano invadirá las escenas, prestándoles, según toda la crítica, una vida y encanto extraordinario. Técnicamente destaca la excepcional soltura de su pincelada y la utilización de grandes manchas, lo que sin duda es un desafío a su época. De su pintura religiosa debemos destacar La última comunión de San José de Calasanz (1819), de hondo sentimiento y emoción religiosa, que recoge perfectamente la obsesión de Goya por la muerte en la última etapa de su vida.
La última comunión de San José de Calasanz (1819).
La pintura religiosa y Goya como retratista
Queda mencionado que, en el paréntesis de la Real Fábrica de 1780, Goya va a desenvolverse bien entre los personajes de la corte, donde adquirirá fama como retratista, llegando a la amistad con algunos de estos personajes. Así, bajo los pinceles de Goya, pasarán las personalidades más destacadas de la época. Estos retratos alcanzan un punto de captación psicológica tal, que alguno de los más ilustres biógrafos de don Francisco hablan de que «No se contentaba con pintar, les juzgaba con perspicacia diabólica». Para él posan personajes tan destacados como Floridablanca (primer ministro del rey), el infante don Luis de Borbón (hermano de Carlos III) o los duques de Osuna. Son célebres sus retratos femeninos, como los de la duquesa de Alba, la marquesa de Pontejos o la condesa de Chinchón.
Condesa de Chinchón(1800).
La pintura religiosa y Goya como retratista
La familia del infante don Luis de Borbón (1784).
En su retrato de El infante don Luis de Borbón y su familia (1784) se aprecia el fantástico dominio de la luz que Goya ha ido adquiriendo. Esta obra describe una escena familiar y aburguesada alejada de los retratos oficiales y en la que incluye ya un autorretrato, cuestión que repetirá en otras obras a imitación de Velázquez en Las meninas. Famoso es también el retrato que realiza de Manuel Godoy, valido de Carlos IV en 1801. En él se percibe lo crítico que puede llegar a ser Goya. Godoy aparece con el bastón de mando entre las piernas en alusión directa a los idilios del personaje con la reina, cuestión por la que obtiene, desde el punto de vista del pintor, y no de pocos historiadores, su poder político.
La pintura religiosa y Goya como retratista
Con la subida de Carlos IV al trono (1789), Goya es nombrado «pintor de cámara del rey», lo que le dará la oportunidad de representar a toda la realeza. Su obra más famosa en este periplo es, sin duda, La familia de Carlos IV, una vez más sus pinceles actúan con tremenda perspicacia. En el apartado retratístico no debemos olvidar los autorretratos del propio Goya, aunque su imagen más conocida es la que nos queda del retrato que le hizo Vicente López.
En el apartado como retratista encontramos dos de las obras maestras del pintor aragonés: Las majas (desnuda y vestida) (1803-1806) y La familia de Carlos IV (1800). En 1792, Goya contrae una grave enfermedad que, a la postre, le dejará sordo. Parte de su convalecencia la pasará en Cádiz, donde al no trabajar de manera oficial sino por puro placer, dotará a sus lienzos de un carácter más puro y personal. En esta época es cuando al parecer intima con la duquesa de Alba, relación probable, aunque no confirmada, que ha hecho correr ríos de tinta. De aquí van a surgir varios retratos de la duquesa. Años más tarde Goya pinta su maja desnuda y vestida, en los que muchos historiadores han vuelto a ver a la duquesa como modelo, aunque su verdadera identidad sigue siendo un misterio
Los duques de Osuna y sus hijos (1788)
GOYA y la Guerra de la Independencia
Goya lo capta, aunque no de la fría manera académica y altisonante del neoclasicismo (por ejemplo, El juramento de los Horacios de J.-L. David) sino de una manera mucho más humana, más real, más dramática. Goya marcha hacia la libertad pictórica y hacia la posibilidad de expresar sin ningún tipo de cortapisas sus emociones interiores. Su obra presenta un marcado carácter onírico, de pesadilla que ya anuncia su camino hacia sus visionarias Pinturas negras. Dentro de esta obra relacionada con la Guerra de la Independencia habría que destacar su colección de grabados titulados Desastres de la guerra que estudiaremos con más profundidad más adelante.
En 1814, finalizada la guerra, Goya presenta al Consejo de Regencia la solicitud para ilustrar episodios sobresalientes de la insurrección de Madrid contra los ejércitos franceses de Napoleón. El resultado serán dos obras maestras: Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío (1814) y La carga de los mamelucos (1814). Son cuadros históricos, pero carecen del acento oficial, académico, que solía hacerse en este tipo de cuadros. No hay héroes, ni personajes importantes. Solo la valentía del pueblo llano que combate y muere por defender a su país.
El dos de mayo de 1808 La carga de los mamelucos (1814)
Las pinturas negras
Por otra parte, el significado de este conjunto sigue siendo un misterio. Muchos historiadores han tratado de desentrañar, a veces de forma plausible, su intención última y la relación entre las diferentes escenas, tan enigmáticas como el Saturno devorando a su hijo, Dos viejos comiendo sopa, El duelo a garrotazos, El perro semihundido, El aquellarre, etc; aunque es posible que Goya se llevará a la tumba todo los significados de sus pinturas de la Quinta del Sordo.
En 1820, Goya acusado de afrancesado, investigado por la Inquisición, sordo y angustiado, decide comprar y retirarse a una casa a las orillas del Manzanares, llamada La Quinta, y popularmente conocida después del paso del genio por ella como la «Quinta del Sordo». Allí decide utilizar sus muros para dar completa rienda suelta a sus demonios interiores. En las dos plantas de la casa Goya crea un mundo de pesadilla, monstruoso, demoníaco en ocasiones, con predominio de los colores oscuros y de los personajes casi de ultratumba que plasman la angustia interior del artista. El conjunto debía resultar espeluznante y sobrecogedor. A la vez estos frescos suponen un gigantesco paso adelante en la historia del arte, ya que se aprecian características surrealistas, expresionistas, informalistas… un siglo antes de que nazcan estas vanguardias.
Finca y casa de la Quinta de Goya en 1828. La gran maqueta o "Modelo de Madrid" de León Gil de Palacio, que conserva el Museo de Historia de Madrid, incluye la casa donde residió Francisco de Goya.
Duelo a garrotazos o La riña (1819)
Perro semihundido (1819-1823)
Dos viejos comiendo sopa ( 1819-1823)
Saturno devorando a su hijo (1819-1823)
Paseo del Santo Oficio (1820 - 1823)
Hombres leyendo, Dos hombres, La lectura o Los políticos (1819-1823)
El aquelarre o El gran cabrón (1820 - 1823)
Asmodea (1820 - 1823)
Dos mujeres y un hombre (1820 - 1823)
Las Parcas (Átropos) (1820 - 1823)
Una manola: Leocadia Zorrilla (1820 - 1823)
Dos viejos (1820 - 1823)
Judit y Holofernes (1820 - 1823)
La Romería de san Isidro (1820 - 1823)
introducción
GOYA GRABADOR
Los Caprichos.
Otra de las características de la modernidad de Goya es su confianza en el poder de la estampa como difusora de ideas. Además, se va a convertir en el medio ideal con el que libre de encargos, de modas y estilo, pueda expresar sus sentimientos, ideas, opiniones… acerca de su sociedad y del mundo en el que vive. Estas estampas quedarán recogidas en colecciones conocidas como Los Caprichos, Los Desastres, Los Disparates y La Tauromaquia. La técnica que utilizará el maestro para estos grabados será el aguafuerte y la aguatinta, con toques de buril. En su última colección con temas de tauromaquia ensayará la litografía.
Inicia esta serie tras contraer su enfermedad en 1792. Se compone de 80 láminas, cuyos dibujos tienen como denominador común la crítica social en clave de humor. En ellos aparece un mundo de brujas, prostitutas, alcahuetas, ladrones, asesinos, duendes, frailes, diablos… Para los títulos de cada grabado, casi tan geniales como los dibujos, utiliza el refranero popular con una clara voluntad de sátira.
introducción
GOYA GRABADOR
En estas estampas Goya utiliza las técnicas del aguafuerte y aguatinta. Esta es una de sus estampas más conocidas con un título y significado ambiguo. ¿Cuando la razón está dormida aparecen monstruos? o cuando se persigue y se anhela un mundo en el que predomina la razón, ¿aparecen los monstruos? (Museo del Grabado de Goya, Fuendetodos, Zaragoza). Al parecer las ideas políticas de Goya están más cercanas a las teorías que propone la Ilustración que a las del Antiguo Régimen, dominado por el absolutismo. Sin embargo los ejércitos franceses, herederos de la Ilustración y de su puesta en práctica, la Revolución francesa, son los que ahora traen la muerte y la destrucción a España, en una guerra que cuesta miles de vidas. Las luces ilustradas se vuelven sombras. Esta idea sume a Goya en la perplejidad y el desencanto. Todo ello lo muestra de manera ambigua en esta estampa. La misma ambigüedad que el pintor siente en su interior.
Los Caprichos.
El sueño de la razón produce monstruos de Goya (1799).
introducción
GOYA GRABADOR
Los Desastres.
82 estampas en las que basándose en sus visiones de la época de la Guerra de la Independencia hace un canto a lo absurdo de la violencia y al modo en que la guerra saca lo peor del ser humano, no habiendo nunca ni buenos ni malos. Todos resultan ser crueles. Estas estampas son sin duda el testimonio más desgarrador acerca de la Guerra de la Independencia, apareciendo en ellas sin ningún tipo de censura ahorcados, empalados, apaleados, ajusticiados, degollados, fusilados, mutilados…
introducción
GOYA GRABADOR
Los Disparates.
También denominados Proverbios o Sueños. Expresión de la huida hacia lo imaginario de Goya. Por eso es la más difícil de interpretar. Son 22 escenas enigmáticas, sombrías y grotescas. Goya da absoluta rienda suelta a su imaginación, en absoluta libertad creativa, llegando los temas tratados casi a lo absurdo. Algunos autores hablan de que es fruto más del subconsciente que de la razón, ya que presenta un mundo gobernado por la locura. Claros precedentes, por otra parte, del surrealismo.
Disparate n.º 13: «Modo de volar».
introducción
GOYA GRABADOR
La Tauromaquia.
No es un secreto que Goya siempre se sintió especialmente atraído por la fiesta nacional. Esta serie realizada ya en su vejez es de carácter muy distinto a las anteriores, claramente popular, de matiz mucho más amable. Goya sexagenario, sordo y solo, se refugia en su afición. En estas estampas se recogen las diversas y muy variadas suertes del toro. Formalmente gozan de gran movimiento y fuerza, unas veces de luminosidad intensa, otras de acentuado claroscurismo.
«La desgraciada muerte de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid.» Aguafuerte, aguatinta, punta seca y buril. 249 x 355 mm. Grabado número 33 de la serie La tauromaquia de Goya.
introducción
El 28 de marzo de 1828 llegaron a verle a Burdeos su nuera y su nieto Mariano, pero no llegó a tiempo su hijo Javier. Su estado de salud era muy delicado, no solo por el proceso tumoral que se le había diagnosticado tiempo atrás, sino a causa de una reciente caída por las escaleras que le obligó a guardar cama, postración de la que ya no se recuperaría. Tras un empeoramiento a comienzos del mes, Goya murió a las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, acompañado en ese momento por sus deudos y por sus amigos Antonio de Brugada y José Pío de Molina. Al día siguiente se le enterró en el cementerio bordelés de La Chartreuse, en el mausoleo propiedad de la familia Muguiro de Iribarren, junto a su buen amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea, fallecido tres años atrás. Tras un prolongado olvido, en 1869 se efectuaron desde España distintas gestiones para trasladarle a Zaragoza o a Madrid, lo que no era posible legalmente hasta pasados cincuenta años.
GOYA GRABADOR
Los Desastres y Los Disparates fueron perseguidos por la represión del absolutismo de Fernando VII, en cambio la colección de La Tauromaquia tuvo gran difusión al convertirse en exponente de los valores tradicionales de la fiesta. Sin duda todas estas estampas son el claro ejemplo de un artista que traspasa las fronteras temporales de su época, acercándose a concepciones estéticas plenamente contemporáneas.
introducción
También dejó su impronta en numerosos artistas de su tiempo; los más inmediatos fueron Eugenio Lucas Velázquez y su hijo Eugenio Lucas Villaamil, Vicente López Portaña y el portugués Domingos António de Sequeira. Posteriormente su influencia se denota en artistas como Isidro Nonell, José Gutiérrez Solana, Celso Lagar, Pedro Flores García y Antoni Clavé; mientras que, a nivel internacional, se nota su influjo en Eugène Delacroix, Édouard Manet, Honoré Daumier, Gustave Courbet, Gustave Doré, Odilon Redon, Alfred Kubin, Marc Chagall y James Ensor. El catálogo de las obras de Goya fue iniciado por Charles Yriarte en 1867 y ampliado o modificado sucesivamente por Viñaza (1887), Araujo (1896), Beruete (1916-1917), Mayer (1923), Desparmet Fitz-Gerald (1928-1950), Gudiol (1970) y Gassier-Wilson (1970).
En 1888 (a los sesenta años) se hizo una primera exhumación —encontrándose los despojos de ambos esparcidos por el suelo y la cabeza de Goya desaparecida—, que por desidia española no confluyó en traslado. En 1899 se exhumaron de nuevo y llegaron finalmente a Madrid los restos de los dos, Goya y Goicoechea. Depositados provisionalmente en la cripta de la colegiata de San Isidro, pasaron en 1900 a una tumba colectiva de «hombres ilustres» en la Sacramental de San Isidro y finalmente, en 1919, a la ermita de San Antonio de la Florida, al pie de la cúpula que el aragonés pintara un siglo atrás, donde desde entonces permanecen. Goya tuvo varios discípulos, ninguno de los cuales alcanzó su categoría: el más conocido es Asensio Juliá, además de Mariano Ponzano, Felipe Abás, León Ortega, Dionisio Gómez Coma, Felipe Arrojo, Agustín Esteve, Ignacio de Uranga y Luis Gil Ranz. A veces se incluye a su ahijada, Rosario Weiss Zorrilla.