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ARTE ROCOCÓ Y ARTE NEOCLÁSICO

Arturo De Paz Lara

Created on September 13, 2021

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ARTE ROCOCÓ

El siglo XVIII políticamente estará marcado por la lucha entre el Antiguo Régimen y las nuevas ideas que la Ilustración trae y que se plasmarán de manera práctica en la Revolución francesa de 1789. Artísticamente parece que los acontecimientos discurren paralelos a la historia política. Contra la pervivencia del Barroco surgirá una reacción, en un primer momento refinada, ligera y elitista que corresponde al Rococó y, a continuación, una más radical formalmente protagonizada por el arte Neoclásico, mucho más cercano a la racionalidad, divinizada por la Ilustración. En medio de este panorama surge el genio universal de Francisco de Goya, que con los pies en su época es capaz de trascenderla y superarla, marcando caminos no recorridos hasta un siglo después. Supone la exaltación de la decoración del Barroco hasta sus más altas cotas de refinamiento y extravagancia, sobre todo en los aspectos ornamentales. El estilo rococó es una creación francesa desarrollada durante los reinados de Luis XV y Luis XVI. El término que define este estilo proviene de la palabra francesa «rocaille», que designa un elemento asimétrico, de aspecto cartilaginoso, medio vegetal, medio mineral, que invade la arquitectura y todas las artes decorativas rococós. También puede participar en la denominación del nuevo estilo la palabra «coquille» que significa 'concha marina'. Las características generales del rococó son la elegancia, la opulencia, la ligereza, la fragilidad y la gracia. Es un estilo aristocrático y de las clases altas burguesas que revela el gusto por lo refinado, lo íntimo y lo delicado. Nace como reacción al barroco clasicista impuesto por Luis XIV, y armonizará extraordinariamente con la vida despreocupada y agradable de la alta sociedad del siglo XVIII. Por todo ello no es raro que en ocasiones se haya tachado a este estilo de frívolo y de exclusivo. Formalmente se caracteriza por la riqueza decorativa de las estancias, basadas en líneas ondulantes y asimétricas. En este sentido alcanzará gran difusión el gusto por lo chino, con sus telas, lacas y porcelanas.

RQUITECTURA

Ya hemos comentado que los edificios mantienen un tratamiento externo simple mientras que en los interiores la decoración es desbordante. Arquitectónicamente las estancias se iluminan de color, de elegancia y de movimientos ondulantes. En España destacan la portada de la Catedral de Valencia, realizada por Conrad Rudolf, y sobre todo la Catedral de Cádiz, proyectada en 1722 por Vicente Acero, que se tiene como obra más representativa del rococó español. El Palacio Real de Madrid. También llamado popularmente Palacio de Oriente. Podemos decir que es una construcción muy difícil de encuadrar dentro de un estilo concreto, ya que, aunque algunas de sus salas son famosas por su decoración en estilo rococó, sus trazas arquitectónicas son deudoras del proyecto barroco de Bernini para el Palacio del Louvre. El Palacio se construyó en el mismo solar que el viejo Alcázar de los Austrias, incendiado en la Navidad de 1734. Su construcción se llevó a cabo a partir de los planos del arquitecto Filippo Juvara y de su discípulo Sachetti, a las órdenes de este participaron otros arquitectos como Ventura Rodríguez y Sabatini. La planta desarrollada por Sachetti (ya que Juvara muere en 1736) conserva la forma tradicional española con patio central casi cuadrado con fuertes salientes en los ángulos que recuerdan a las torres del antiguo Alcázar. Las fachadas como hemos dicho son deudoras de los proyectos de Bernini para el Louvre donde une las innovaciones italianas con la elegancia propia del arte francés.

La construcción de la Catedral de Cádiz comienza en 1722 y finaliza en 1838. Eso explica la mezcla de estilos que en ella se dan: barroco, rococó y neoclásico.

Catedral de Cádiz de Vicente Acero (1722-1838).

Palacio Real de Madrid de Juvara (1736-1764).

SCULTURA

La impronta de Bernini va a ser decisiva en la escultura del siglo XVIII si bien esta se va a dividir en dos ramas: a) una que adquirirá características de refinamiento, gracilidad y elegancia más propias del rococó y b) otra línea más severa que desembocará en el neoclasicismo. Los principales escultores rococó serán franceses: Bouchardon, Pigalle y Falconet. En España la fundación de la Academia de San Fernando pretendió renovar la tradición escultórica en madera orientando a los artistas hacia Italia. Importancia tuvieron los Reales Sitios y la necesidad de esculturas decorativas para sus salones y jardines.

Mausoleo del Mariscal d´Harcourt de Pigalle (1776). Escultor de la corte de madame Pompadour. Su gusto por la teatralidad queda patente en esta obra todavía deudora del Barroco (Nôtre Dame, París).

INTURA

Es en la pintura quizá donde mejor podamos apreciar ese nuevo sentido lúdico, agradable, sensual que aporta el rococó a la historia del arte en oposición a la gravedad y seriedad barroca. Los temas se convierten en anecdóticos, intrascendentes, pero a la vez amables, aptos para el disfrute sensual. Sus características formales irán en consonancia con los temas: mucha luz, colorido, tonos pastel, gusto por plasmar las calidades de los objetos… En Francia destaca la obra de cuatro pintores: Watteau, Boucher, Fragonard y Quentin La Tour.

    • Watteau (1684-1721) se erigirá como el cronista de la nueva sociedad, representando bailes, fiestas campestres, paseos… reflejando con ello a la clase social en ascenso: la burguesía.
    • Boucher (1703-1770). Tendrá gran influencia en la pintura italiana, sobre todo de Correggio y de la escuela veneciana.
    • Fragonard (1732-1806). Es un autor plenamente rococó por su estilo, por la belleza de la naturaleza que representa, por el paisaje y por los temas intimistas, agradables y siempre lúdicos. Formalmente destaca por su pincelada rápida y cremosa. Todas estas cuestiones aparecen en su obra más conocida: El columpio.
    • Quentin La Tour (1704-1788). Destacado retratista del momento. Toda la alta sociedad posó para él. En sus obras denota la influencia barroca de su gran referente: Van Dyck.

El aseo de Venus de François Boucher (1751), y, el columpio de Fragonard (1768).

En Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII se produce la búsqueda de un arte original a partir del retrato y del paisaje. En este proceso va a tener un destacado papel la sociedad acomodada londinense, cuyo gusto estético y preferencias temáticas se verán reflejadas en la pintura de este momento. En algunas ocasiones como reflejo directo y bajo el patrocinio de estas élites y en otras ocasiones como crítica más o menos velada a sus costumbres y forma de vida. Sus principales pintores son Hogarth, Reynolds y Gainsborough.

    • Hogarth (1697-1764). Será el maestro de la sátira social y de la política en contacto directo con la literatura del momento.
    • Reynolds (1723-1792). Es el prototipo de artista que viaja por Italia y Flandes y tiene una gran cultura pictórica. Reinterpreta a la inglesa las diferentes influencias que conoce, entre ellas el barroco español, sobre todo Murillo, y las del arte del siglo XVII en su país. De ahí que en su obra puedan encontrarse ecos de Van Dyck.
    • Gainsborough (1727-1788). También centrará sus obras en el retrato y en el paisaje. Pese a que su técnica y su temática encajan perfectamente en el rococó, su intimismo y su pincelada suelta y ligera le hacen precursor del pintoresquismo romántico.

Matrimonio a la moda de Hogarth (1774), y, Robert Andrews y su esposa de Gainsborough (1748-1749).

En Italia pese a perder su papel protagonista en la pintura occidental en el siglo XVIII sigue contando con grandes figuras dentro del panorama artístico como son Canaletto y Tiépolo.

    • Canaletto (1697-1768). Va a desarrollar un nuevo género denominado las vedutte o vistas urbanas. Él cultivará magistralmente este género, centrando sus pinturas en Venecia, donde describirá minuciosamente los canales y los principales monumentos de la ciudad.
    • Tiépolo (1696-1770). Su arte se va a inspirar en la tradición renacentista y barroca, sobre todo en Veronés. Va a gozar de un gran éxito, siendo requerido por numerosas cortes europeas, entre ellas la española, para participar en la decoración del Palacio Real de Madrid.

La laguna de San Marcos y el regreso del Bucentauro el día de la Ascensión de Canaletto (1735-1741).Típicas de Canaletto son estas vedutte, que representan perfectamente la maravillosa luz de Venecia (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid).

NEOCLASICISMO

Es un término acuñado en la década de 1880 para hacer referencia a la última etapa de la tradición clásica en la arquitectura, la escultura, la pintura y las artes decorativas. El Neoclasicismo fue el movimiento sucesor del Rococó en la segunda mitad del siglo XVIII y estuvo relevado por varios estilos historicistas en la primera mitad del siglo XIX. Formó una parte fundamental de la Ilustración en su cuestionamiento radical de las nociones recibidas de los esfuerzos humanos. Este movimiento también se involucró profundamente en la necesidad de tomar nuevas posturas históricas frente al pasado, tanto clásicas como no clásicas, estimuladas por una gama de descubrimientos arqueológicos sin precedentes que se extendieron desde el sur de Italia y la zona este del Mediterráneo hasta Egipto y Oriente Medio durante la segunda mitad del siglo XVIII. La nueva conciencia de la pluralidad de los estilos históricos motivó la búsqueda de formas de expresión nuevas y contemporáneas. Este concepto de modernidad diferenció al neoclasicismo de las anteriores recuperaciones de estilos antiguos, estilos con los que, no obstante, guardaba una estrecha relación. Casi paradójicamente, la búsqueda de una forma de expresión atemporal (el “estilo verdadero”, como se le denominó entonces) abarcaba distintos enfoques respecto al diseño que se centraban notablemente en los aspectos del estilo greco-romano. Focillon, historiador del arte francés, en su célebre obra «La vida de las formas» defiende que los estilos en el mundo del arte evolucionan siempre de una manera similar: a un periodo artístico le sucederá otro con valores contrapuestos. Es decir, para este autor la historia convencional del arte está basada en la reacción y decadencia de una sucesión de estilos. Un buen ejemplo que ratifica esta teoría es el neoclasicismo, que surge como reacción contra el recargado barroco y el estiloso y vacuo rococó. A su vez el romanticismo aparecerá en contraposición a la decadencia y frialdad del neoclasicismo. El término neoclásico lo aplicamos a aquellas obras plásticas literarias y musicales aparecidas entre mediados del siglo XVIII y el siglo XIX, con la principal característica de querer volver al mundo grecolatino, a partir de los descubrimientos arqueológicos de esa época, que reimpulsaron y redescubrieron el arte supremo clásico. Pero esta definición resultaría muy simplista si no tuviéramos en cuenta otros elementos que van a convertirse en las características formales del nuevo estilo.

Características:

  • La principal sería la ya mencionada vuelta al mundo clásico, en especial del arte griego, huyendo del decorativismo del arte barroco y de la ligereza del rococó. Estilísticamente, se volverá a los postulados de luminosidad, exactitud, equilibrio y proporción que caracterizan al clasicismo.
  • El neoclasicismo llevará la admiración y la imitación de lo clásico hasta el paroxismo. Para ello empleará dos caminos distintos: el arqueológico y el estético. En el arqueológico, a los descubrimientos escultóricos y arquitectónicos de época renacentista se unen los hallazgos en Herculano (1738) y Pompeya (1748), que dejan a la vista elementos artísticos perfectamente conservados de estas dos ciudades romanas, sepultadas por las cenizas del Vesubio en el año 79. En lo estético, por otra parte, destacan Winckelmann, con tres obras fundamentales en la historia del arte: La historia del arte en la Antigüedad (1764), Lo bello en el arte (1769) y Reflexiones sobre la imitación de los griegos en escultura y pintura (1755), y Lessing con su Laoconte (1766). El primero defenderá que hay que imitar el arte griego porque es el estilo más bello de toda la historia del arte y, además, es el más acorde con la naturaleza, el más libre, el más independiente y sobre todo porque es el que más acercó a la felicidad a los que disfrutaron de él en la Antigüedad.
  • Otra cuestión clave del neoclasicismo es que se trata de un estilo paralelo e influido por la Ilustración. Estéticamente esto se aprecia en los valores racionales, puros, independientes de cualquier artificio que pueda resultar superfluo o distraer de la verdadera función de la construcción. Así el nuevo arte en muchas ocasiones servirá a los intereses ilustrados. En este orden de cosas se considera al arte neoclásico como el primer arte no cristiano en Occidente desde la Antigüedad.

Características:

  • Por influencia de la corriente ilustrada se sustituye a Dios por la razón, con lo cual el neoclasicismo se convierte en la vertiente artística de la secularización de la cultura promovida, por el propio movimiento ilustrado. Por este motivo, el arte neoclásico tiene un carácter intelectualista y normativo que lo convierte en el arte del racionalismo:
      • La razón prima sobre a la imaginación.
      • La capacidad intelectual sobre la capacidad creativa.
      • La disciplina sobre la inspiración (lo que será reprendido por el romanticismo).De esta última característica se deriva la creación y el desarrollo de las academias que sustituirán la fuerza expresiva y pasional del arte barroco por un estilo marcado por el «buen gusto», caracterizado por la uniformidad estilística lograda a través del aprendizaje del arte del buen dibujo, la copia de modelos clásicos y del dibujo al natural.
  • El neoclasicismo requerirá para el artista una formación de rigor intelectual y fidelidad a las grandes artes del pasado. Precisamente contra este academicismo reaccionarán no solamente el romanticismo, sino también el impresionismo y, en última instancia, las vanguardias.
  • Roma retomará la capitalidad del arte mundial, convirtiéndose en centro de destino indispensable de los artistas en formación para educar su gusto y formular sus ideas estéticas a partir de los vestigios del arte clásico. París será el otro foco artístico relevante dado sus cambios políticos y sociales que harán posible el desarrollo del nuevo arte.
  • Pero este nuevo arte extenderá su influencia y sus fuentes de inspiración hacia otros lugares como las colonias inglesas de América, donde se unirán los elementos constructivos de la Antigüedad a las influencias de la arquitectura italiana del Renacimiento, en especial la obra de Andrea Palladio, que se vinculará a los intereses independientes de la clase dominante.

RQUITECTURA

La

Neoclásica

A nivel general podemos distinguir unas características que nos pueden servir para diferenciar a las construcciones neoclásicas:

    • Simplicidad espacial y compositiva.
    • Uniformidad estilística, como consecuencia de la formación de los artistas en las academias.
    • Predominancia de elementos arquitectónicos tomados del clasicismo: órdenes, frontones, cúpulas, fachadas rectas, pórticos con columnas…
    • Desnudez en cuanto a elementos ornamentales superfluos. La arquitectura debe transmitir valores eternos a través de sus elementos propios, estructurales en su mayoría.
Muchos autores además hablan de una doble vertiente del neoclasicismo. Por una parte, aquella que responde aún a la ideología barroca de exaltación del poder y de la autoridad, aunque en reacción estética contra la recarga ornamental barroca y rococó, lo que dará lugar a una arquitectura simple y libre de decoración muy en consonancia con el espíritu de la Roma clásica. Y por otra parte una arquitectura también desnuda pero centrada en su carácter funcional, cargada muchas veces de intención simbólica, constituyendo la verdadera «arquitectura de la razón», que los revolucionarios utilizaron para ponerla al servicio de una sociedad nueva.

La arquitectura neoclásica en Francia

Dentro de la primera corriente antes mencionada de grandes edificaciones, símbolos de poder y autoridad, con una estética simple y desprovista de decoración superflua, muy influida por los templos grecolatinos, se sitúan autores y obras francesas como la fachada de la Iglesia de San Sulpicio (1732), y sobre todo el gran edificio del Panteón, antigua Iglesia de Santa Genoveva, obra maestra de Soufflot (1713-1780), que es el arquitecto más destacado de esta corriente. Formado en la tradición del barroco clasicista francés, y en la influencia de Bernini y de los edificios de la Antigüedad romana. Desarrolla una producción arquitectónica muy variada dentro de los parámetros de la época. En esta corriente se inscribe Vignon (1763-1828), autor de la Iglesia de la Madeleine de París inspirada en los templos romanos. Todavía en Francia cabe destacar la Iglesia de La Madeleine de París, obra de Vignon (1763-1828), en la que se puede apreciar la enorme influencia de la arquitectura de los templos romanos en esta época. La arquitectura de la razón se desarrolla en Francia, epicentro de los nuevos ideales revolucionarios que defienden la adecuación de la forma del edificio a su función. Nacen así arquitecturas utilitarias al servicio del Estado o de la colectividad (bolsas, bibliotecas, teatros, cementerios, hospitales, cárceles…). Sus arquitectos más destacados son Ledoux (1736-1806) y Boullé (1728-1799) vinculados ambos a la Revolución, quedando sus obras más ambiciosas en proyecto por su carácter, en muchas ocasiones, utópico. Aunque su radical preocupación por la relación forma-función en el edificio y por el gusto en los volúmenes puros y en la desnudez ornamental, los hace tremendamente modernos.

El Panteón (antes Iglesia de Santa Genoveva) de Soufflot (1758-1789).

Esta obra es resultado de una magnífica simbiosis: el pórtico de claras reminiscencias del Panteón de Roma, la cúpula, con influencias palladiana, miguelangelesca y de la Catedral de San Pablo de Londres. Sus esculturas tienen un claro recuerdo de la Antigüedad griega, aunque vinculada a la tradición constructiva francesa y con un elemento nuevo que es el colosalismo que rompe con la serenidad grecolatina (París).

Iglesia de La Madeleine de Vignon (1806).

Esta obra es un perfecto ejemplo para captar la enorme influencia del mundo clásico en el siglo XVIII. Debemos ver la modernidad de este edificio en su estado de conservación y en su monumentalidad para distinguirlo a simple vista de los originales romanos. Es un templo períptero, octástilo y de orden corintio, con frontón poblado de estatuas y levantado sobre un pódium. En época ya Napoleónica está claramente insertado en la política propagandística y de exaltación de poder del nuevo emperador (París). A la vista de esta obra parece indudable la reacción formal que supone el arte neoclásico respecto a las formas barrocas. Cierto es que el barroco francés está caracterizado por el clasicismo y que este estilo constructivo nunca perdió del todo los referentes y elementos de la Antigüedad grecolatina. Cuestión que sí ocurrió en otros lugares de Europa, por ejemplo, Italia, España o Centroeuropa, donde el Barroco adquiere otras características alejadas de las directrices clásicas.

La arquitectura neoclásica en Inglaterra

En el siglo XVIII convergen en este país dos tradiciones: a) La de los estudios clásicos y de Palladio y b) La persistencia del gótico, tan arraigado en Inglaterra. Así, la arquitectura conocerá desde la copia casi exacta de la Antigüedad, encarnada en el arquitecto Robert Adam (1728-1792), hasta la interpretación renacentista de la misma a través de las obras de Palladio con lord Burlington (1694-1753) o la pervivencia del gótico nacional como se puede apreciar en Strawberry Hill. Por último, el interés por la fusión de la arquitectura y la naturaleza que se consigue a través del desarrollo de un nuevo tipo de jardín, el jardín inglés: sin diseñar, sin reticular, libre y espontáneo, no planificado ni medido como el francés, cuya máxima expresión es Versalles.

Smirke el museo británico.

La arquitectura neoclásica en Alemania

Alemania va a ser uno de los lugares donde el neoclasicismo arraigue de manera más fuerte, sobre todo en las zonas de Prusia y Baviera. Esto se verá tanto en sus obras artísticas como en los ensayos teóricos de personajes tan involucrados en el estilo como Winckelmann o el pintor Mengs. Sus edificios se inspirarán claramente en la Grecia clásica, creándose museos con el fin de albergar la cultura material griega, como el Museo Antiguo de Berlín, inspirado en una Stoa griega. Se construyen puertas monumentales, como la de Brandemburgo en Berlín (a semejanza de los Propileos de la Acrópolis), teatros como el de Postdam o Berlín, pórticos… todo en el marco de grandes avenidas y plazas regulares. Sus arquitectos principales son Langans (1733-1808), autor de la Puerta de Brandemburgo; Skinkel (1781-1841), quizá el artista que mejor expresa las ideas racionalistas de inspiración griega; y Leo von Klenze (1784-1864), quien destaca por su trabajo en la Baviera de Luis I, sobresaliendo sus trabajos en Múnich donde diseño la Gliptoteca, pensada como un «templo al arte».

Se aprecia la notable inspiración de los propileos de Mnesicles en la Acrópolis de Atenas. Lo que era la entrada monumental a un recinto sacro, se transpone ahora como entrada monumental a la ciudad (Berlín).

Puerta de Brandemburgo de Langans (1789-1791), y, Gliptoteca de Von Klenze (1816-1830).

Su estilo es menos severo que el de Schinkel aunque las referencias a la Grecia clásica son evidentes, sobre todo en la portada, inspirada elemento por elemento en los templos griegos (Múnich).

La arquitectura neoclásica en Estados Unidos

Un personaje destacado en la llegada del neoclasicismo a Estados Unidos es Thomas Jefferson (1743-1826), quien llegó a ser presidente en 1801. Participa en las ideas para la fundación de Washington, ciudad para la que proyecta una arquitectura que fuera expresión del idealismo democrático que imperaba en el país. De esta manera, se crea el Capitolio como lugar que cobije y represente la función del gobernante. Con la misma idea se construye la Casa Blanca en mármol de color blanco (color de la arquitectura neoclásica) y pórtico también neoclásico.

La arquitectura neoclásica en España

Ya hemos mencionado la gran importancia y la pervivencia del barroco en la España del siglo XVIII. A esto hay que añadir la resistencia a aceptar un estilo vinculado con «lo francés», como lo era el neoclásico desde el punto de vista político. Con todo ello, y auspiciado desde las altas instancias del poder, tanto políticas como culturales, el neoclasicismo termina imponiéndose como estilo constructivo. Un ejemplo perfecto de ello lo representa la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que realiza una verdadera fiscalización de cuanto se construye en España a partir de 1780, propugnando el estudio de la arquitectura clásica, enviando pensionados a Italia y a París. Tres son las características fundamentales de la nueva arquitectura: • Inspiración en el legado clásico, aunque manteniendo algunos elementos del Renacimiento y sobre todo del Barroco. • Papel fundamental, como hemos visto, de las academias como depuradoras del arraigado barroco castizo de Churriguera y Ribera. • Individualismo y fuerza creativa de los diferentes artistas, que crean tanto espacios devocionales como edificios para el desarrollo del saber, los Reales Sitios o monumentos urbanos.

La arquitectura neoclásica en España

Los arquitectos más destacados del neoclasicismo español son: • Ventura Rodríguez (1717-1785). De formación barroca, evoluciona hacia el neoclasicismo. Esto puede ejemplificarse con el seguimiento de sus obras, pues realiza construcciones de clara influencia borrominesca en planta, como en la Iglesia de San Marcos en Madrid, pero sin embargo en los alzados va desnudando los elementos clásicos, dejando los paramentos sin decoración y realizando pórticos a la manera griega, como es el caso de una de sus obras más conocidas, la fachada de la Catedral de Pamplona. • Sabatini (1722-1797). Arquitecto de Carlos III, quien le encarga uno de sus objetivos más deseados, la remodelación, saneamiento y embellecimiento de la capital del reino. Dentro de este plan, en el que se incluye la mejora de los accesos a Madrid, se inscribe la Puerta de Alcalá. • Juan de Villanueva (1739-1811). Es sin duda el más representativo y el más neoclásico de los arquitectos españoles. Su gran aportación al estilo es lograr adecuar forma, inserción urbana y misión científica, lo que le hace ser el único de los grandes arquitectos españoles en acercarse a la arquitectura de la razón. Las principales características de sus obras son el sentido admirable de sus proporciones, la sobriedad y la elegancia, que se pueden apreciar en sus obras más conocidas: El Observatorio Astronómico de Madrid y el Museo del Prado, antiguo Gabinete de Ciencias Naturales.

Fachada de la Catedral de Pamplona de Ventura Rodríguez (1780).

Podemos apreciar el eclecticismo de este autor, con claros elementos barrocos como las torres y el clasicismo de la columnata, recordando los templos griegos.

Museo del Prado de Juan de Villanueva (1785).

SCULTURA

La

Neoclásica

Varias son las cuestiones que marcan la escultura dentro del estilo neoclásico. En primer lugar, la cantidad y calidad de las obras clásicas conservadas y la idealización que estas tienen en la segunda mitad del siglo XVIII, que hace que muchos escultores neoclásicos se sientan abrumados por la superioridad de sus predecesores grecolatinos, con lo que no se conformarán con imitarlos, sino que pasarán a copiarlos mecánicamente. Por otro lado, será también continuo el deseo de liberarse de la tradición barroca, lo que sin duda afectará a las características del nuevo estilo, como también lo harán las ideas ilustradas. Las características de la escultura neoclásica son: • Predominio del empleo del mármol blanco como símbolo de pureza, de belleza clásica y de perfección, por ser el color de la escultura grecorromana. Sin embargo, hoy sabemos que las esculturas clásicas conservadas en los museos, en su día, estuvieron ricamente policromadas o son copias romanas en mármol de los originales griegos en bronce. • Belleza formal, fría, sin expresión, ni sentimiento alguno. • Perfección técnica y formal lograda a través del sacrificio de toda emoción, sentimiento o pasión. • En su lucha contra el barroco se prescinde de movimientos violentos, escorzos y diagonales, reduciendo la obra a un solo punto de vista: el frontal. • Influencia clásica que roza la obsesión, alejándose del modelo natural, restaurando o incluso copiando estatuas anteriores. • Mayor variedad temática: desarrollo de la estatuaria funeraria y de la construcción de cementerios.

Principales autores

Tres serán los escultores más destacados de esta época. • Houdon (1741-1828). Es autor de bellas mitologías y sobre todo de obras retratísticas. Ante él posarán los personajes más importantes del momento, a los que dotará de gran vitalidad; Diderot, Voltaire, Washington, Jefferson, B. Franklin, Napoleón… • Antonio Canova (1757-1822). Es el paradigma de la escultura neoclásica. Entiende su arte de una manera muy moderna, creyendo que su función era la de proyectar, más que hacer, por lo que se rodea de buenos técnicos en mármol para realizar casi todas sus estatuas. Alcanza unos logros espectaculares en su tratamiento del mármol, al que casi hace parecer materia viva como se puede apreciar en Paulina Bonaparte (1805-1808), una de sus obras más conocidas. En ella retrata a la hermana de Napoleón como una Venus clásica, y el mármol adquiere, bajo premisas neoclásicas, valores casi táctiles y de sorprendente naturalismo y perfección técnica. Aunque quizá donde muestra mayor originalidad es en sus monumentos funerarios, como los que hace para Clemente XIV y Clemente XIII, donde además de la omnipresente influencia grecolatina, también se aprecian reminiscencias de Bernini. Y sobre todo en la tumba de Victorio Alfieri (1804-1810) o en su famoso monumento funerario de María Cristina de Austria (1798-1805), en el cual el sepulcro se convierte en una pirámide y el retrato funerario es sustituido por un medallón sostenido por un ángel. Llama poderosamente la atención la negra abertura hacia el interior del sepulcro, que contrasta con la blancura y la luminosidad del exterior. • Thorwaldsen (1768-1844). Seguidor y discípulo de Cánova. Entre sus características destacan una refinada gracia y sensibilidad de belleza serena, aunque frío, amanerado y terriblemente académico. Sus obras más conocidas son: Gamínedes y el águila (1817) y Jasón (1803).

Pese a las características de cierta frialdad neoclásica, Houdon logra dentro de los parámetros de este estilo, mostrar el carácter del retratado (Museo de Bellas Artes de Dijon).

Retrato de Napoleón de Houdon (1777-1778).

Paulina Bonaparte de Cánova (1807).

Una de las esculturas fundamentales del neoclasicismo. El dominio técnico del mármol blanco es sorprendente, basado en un idealismo tomado de la Grecia clásica y un acabado final que nos hace olvidar que estamos ante una escultura de piedra y no ante una mujer tumbada en un blando diván (Galería Borghese, Roma).

Hecho en mármol ubicado en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma, Italia.

Sepulcro de Clemente XIII de Antonio Canova (1783-1792).

Hecha en mármol, la escultura se encuentra Victoria an Albert Museum, Londres, y National Gallery of Scotlan, Edimburgo, en régimen de propiedad compartida. Las tres Gracias, hijas de Zeus, personifican en el mundo clásico la sonrisa de la dicha frente al dolor. El arte las representa desnudas, mimosas y abrazadas, simbolizando la liberalidad de dar, de recibir y de agradecer. El artista recupera la esbeltez clásica, las la cálida opulencia que prestó a sus formas Rubens. Canova realizó esta obra para el aristócrata inglés John Russel, sexto duque de Bedford, adquiriéndola en 1994 los museos de Londres y Edimburgo por 7600000 libras esterlinas que igualaban la oferta de la Fundación Getty, de Malibú y evitaban su exportación en Estados Unidos.

Las tres Gracias de Antonio Canova (1815-1817).

INTURA

La

Neoclásica

Si en la escultura la influencia clásica es manifiesta, la pintura es un campo en el cual la inspiración y la estética de los artistas tienen una mayor proyección. La pintura neoclásica se encuentra con una dificultad que no tienen la arquitectura y la escultura, y es la práctica total ausencia de pintura grecolatina como modelo para el nuevo arte. Esta falta en muchas ocasiones se tratará de suplir con la influencia de los grandes maestros renacentistas como Rafael y Corregio, quienes destacan por su perfección formal, su serenidad suave y la estudiada dulzura del tema, además de por un aspecto fundamental de esta época, como es la predominancia del dibujo sobre el color. En este sentido muchas obras pictóricas neoclásicas recordarán a esculturas clásicas, en concreto a figuras helenísticas. Por otra parte, la Ilustración dejará su impronta a partir de los nuevos valores morales, en oposición al hedonismo del rococó, símbolo de la perversión moral de las clases en el poder, lo que llevará a la identificación platónica entre belleza, bondad y virtud. Así, por ejemplo, Diderot, uno de los primeros críticos de arte, ilustrado y autor de la Enciclopedia, defiende la responsabilidad del artista que debe subordinar sus temas e iconografías a representar aquellas acciones y escenas que muevan a la virtud, al heroísmo, a despertar en el espectador la moral cívica que debe ser la base de la nueva sociedad. Estos postulados los encarnará a la perfección el pintor Da vid, quien, como los demás autores neoclásicos destacados, buscará estos modelos en la Antigüedad grecorromana. Las virtudes cívicas, el alto sentido moral y la austeridad de la Roma republicana y de las grandes tragedias griegas serán las fuentes de inspiración de los pintores neoclásicos.

Los pintores neoclásicos

• Jacques Louis David (1748-1825). Es el gran maestro de la pintura neoclásica. Además, encarna el prototipo del artista revolucionario que pondrá sus pinceles al servicio de estos ideales. Sus cuadros sugieren un compromiso y estéticamente crea escuela, hasta el punto que la estética que sale de sus obras es la que posteriormente se relacionará con el academicismo. Su deuda con el clasicismo es clara en cuanto a temas y al recuerdo de la escultura griega, además elaborará un estilo severo y equilibrado inconfundible. El color siempre funcionará subordinado al dibujo, y los sentimientos aparecerán contenidos y graves, subordinados al tema y no a la expresividad y a las actitudes de los personajes. Entre sus obras podemos destacar: aquellas basadas en temas clásicos, que sirven de ejemplo para los seguidores de la Revolución, como El juramento de los Horacios (1784) o El rapto de las Sabinas (1799); los temas de exaltación del Imperio y de Napoleón como La coronación de Napoleón (1806) o Napoleón cruzando los Alpes (1801); o episodios contemporáneos con imágenes casi periodísticas, aunque cargadas de subjetividad como Marat asesinado (1793) o El juramento de la pelota (1791).

Los pintores neoclásicos

David [París, 1748 Bruselas, 1825] representa al pintor político, comprometido con los ideales de la Revolución francesa y con el Imperio napoleónico, que no duda en poner su arte al servicio de la propaganda. La aventura social que retumba en sus cuadros anticipa la pintura moderna. En 1785 pinta en Roma El juramento de los Horacios, que se convierte en el manifiesto de la pintura neoclásica europea. Representa la promesa que hacen los tres hermanos Horacios, designados por suerte entre el pueblo romano, para enfrentarse a otros tantos albanos y decidir, en un combate singular, los destinos de Roma y Alba, que se encontraban en guerra. David se centra en el momento en que los Horacios reciben las espadas de su padre, comprometiéndose a defender el futuro de Roma hasta la muerte. El cuadro glorifica las virtudes de patriotismo y sacrificio, pero lo que llamó la atención a sus contemporáneos, y convierte a David en un precursor de la modernidad, es el abandono intencionado de la narración literaria de la historia para concentrarse en la expresión pasional de un instante dramático. Esta impresión trágica es la que cautivó a los espectadores. Técnicamente abusa del claroscuro, mientras que la composición de los personajes en un mismo plano deriva de los bajorrelieves clásicos. David regresa a París en loor de multitudes. A la anterior obra de ambiente romano le sigue otra de inspiración griega: La muerte de Sócrates (1787; Metropolitan Museum, Nueva York), donde el padre de la Filosofía está a punto de beber la cicuta, rodeado de doce discípulos como Cristo en la Sagrada Cena. La injusticia de su condena por el simple hecho de dedicarse a la enseñanza guarda relación con los mártires políticos de la Revolución francesa, a quienes también representa. Tal es el caso de Marat asesinado.

Esta pintura es todo un manifiesto del arte del neoclasicismo. Los Horacios juran ante su padre sacrificar sus vidas por el Estado. La herencia clásica-romana no solo proviene del tema, sino también de las propias vestimentas de los personales y de los fondos arquitectónicos. Además, las figuras toman una pose muy en relación con la estatuaria grecolatina. Y el conjunto adquiere una grandilocuencia y un sentido elevado propio del drama griego. Pese a ser un encargo real, los revolucionarios adoptan esta obra, mostrándola como arte ejemplificante, en el que se aprecia cómo es necesario sacrificar la vida privada por las ideas, por el Estado y por la revolución. Se convierte pues en un canto a la virtud política (Museo del Louvre, París).

El juramento de los Horacios de David (1784).

Quizá sea una de las obras con mayor carga sentimental y dramática de su autor y en general de todo el estilo (Museo de Royaux des Beaux Arts, Bruselas).

Marat asesinado de David (1793).

Los pintores neoclásicos

Cuando la Revolución estalla, David es nombrado diputado y vota la decapitación de Luis XVI. Identificado el Antiguo Régimen con el Barroco, las clases medias y populares ven entonces en el Neoclasicismo de David el espíritu de una nueva época. David impone también las modas y el gusto: peinados cortos y sueltos en los hombres, túnicas a la romana en la vestimenta femenina y diseño clásico en el mobiliario, corno resume en el retrato de Madame Récamier, que anticipa a la Paulina Borghese, de Canova. Al mismo tiempo, organizó el ceremonial y la puesta en escena de los fastos revolucionarios. Caído Robespierre, fue encarcelado y, tras recobrar la libertad, rindió culto a las glorias imperiales de Bonaparte con su célebre Retrato ecuestre de Napoleón cruzando los Alpes y La coronación de Napoleón en Notre-Dame (1805-1807; Museo del Louvre, París). Después de Waterloo, huye a Bruselas, donde aclara los tonos neutros de su paleta anticipando el Romanticismo.

Retrato ecuestre de Napoleón cruzando los Alpes de David (1801).

La coronación de Napoleón en Notre-Dame de David (1805-1807).

Los pintores neoclásicos

• Jean Auguste Ingres (1780-1867). Discípulo de David y fuertemente influido, como él mismo reconoce, por Rafael. Será director de la Academia de Bellas Artes, desde donde defenderá vehementemente la tradición clásica frente al romanticismo, personificado en la figura de Delacroix. Famosa será la disputa entre los dos maestros con férrea defensa de Ingres de la primacía del dibujo frente al color, mientras que Delacroix defiende lo contrario. Su gran preocupación, como fue la de los clásicos, es la belleza, con la diferencia que él la buscó en el cuerpo, y sobre todo en el desnudo femenino, no en el masculino como los griegos. Sus acabados son especialmente delicados, táctiles y en ocasiones sus cuerpos aparecen tan tersos que han sido comparados con el marfil. En esta búsqueda descuida, porque no le interesan o porque entorpecen su objetivo, aspectos como la perspectiva, la proporción o el equilibrio compositivo, por lo que fue duramente criticado por sus contemporáneos. Por otra parte, es significativa la atención que presta a los objetos inanimados (textura de los ropajes, mesa, espejos…) que forman parte del cuadro. Su temática se basa en la belleza material: numerosas escenas de baño, de harén, de bailarinas. Se inspira, además, en la literatura y en la Antigüedad y formalmente su dibujo tiene toques rafaelistas.

La gran odalisca (1814) Museo del Louvre

La bañista de Valpinçon (1808)Museo del Louvre