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Neoclásico español: Moratín y Samaniego
Bruno Cardoza Vargas
Created on July 31, 2021
Neoclasicismo español
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Transcript
NEOCLASICISMO ESPAÑOL
FERNÁNDEZ DE mORATÍN Y SAMANIEGO
A pesar de que en España la burguesía apenas tenía poder y la sociedad se encontraba cerrada a cualquier influencia exterior, un buen puñado de ilustrados pudieron generar un cambio permanente en el panorama artístico e incluso político. Fue en el último período del siglo XVII, cuando empieza a decaer el Barroco, cuando comenzó a gestarse las ideas de la ilustración. Reinaba Felipe V (1683-1746) el que centralizó todos los poderos del estado en Madrid, eliminando privilegios de reinos o casas nobiliarias. A la par, el rey se enfrentó con la Iglesia al anteponer las necesidades de la corona a los de la Santa Sede. Esto provocó enfrentamientos con algunas órdenes religiosas, especialmente con la Compañía de Jesús, que se saldó, a la larga (en 1767), con su expulsión del país. La instrucción y los estudios se ampliaron con obras hasta entonces prohibidas o, sencillamente, vetadas a la circulación. Ni que decir tiene que esto contribuyó al avance de las nuevas ideas procedentes de Europa que fueron el germen del neoclasicismo español. Las obras de Voltaire y Rousseau, consideradas revolucionarias, comenzaron a leerse y a estudiarse en España. Como sus colegas europeos, los ilustrados españoles que formaban el neoclasicismo español creían en el espíritu positivista burgués, en el poder de la instrucción, en la necesidad de imponer la razón crítica en cualquier orden de la vida, en la posibilidad de crecimiento y de felicidad de la humanidad en su conjunto.
Leandro fernández de Moratín
(Madrid, 1760 - París, 1828) Poeta y dramaturgo español, máximo exponente en España del teatro neoclásico. Hijo de Nicolás Fernández de Moratín, estudió en los jesuitas de Calatayud y fue alumno de la Universidad de Valladolid. Se dio a conocer como poeta con el romance heroico en endecasílabos La toma de Granada, premiado por la Real Academia Española en 1779.
En 1782 volvió a ser premiado por Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía española, escrito en tercetos y que le sirvió para atacar al teatro barroco. Obtuvo el puesto de secretario del conde Francisco Cabarrús en 1787, lo cual le permitió visitar varios países europeos, entre ellos Francia y el Reino Unido. Amigo de Jovellanos y protegido de Godoy, logró sus mejores éxitos en el campo teatral. Intentó introducir en España los moldes del teatro neoclásico francés, es decir, el respeto a las tres unidades de tiempo, lugar y acción y la finalidad moralizante, aunque no llegaron a calar entre el público. Su primera comedia fue El viejo y la niña (1790), que pasó sin pena ni gloria, aunque el éxito le llegaría tan solo dos años más tarde con La comedia nueva o el café.
En 1782 volvió a ser premiado por Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía española, escrito en tercetos y que le sirvió para atacar al teatro barroco. Obtuvo el puesto de secretario del conde Francisco Cabarrús en 1787, lo cual le permitió visitar varios países europeos, entre ellos Francia y el Reino Unido. Amigo de Jovellanos y protegido de Godoy, logró sus mejores éxitos en el campo teatral. Intentó introducir en España los moldes del teatro neoclásico francés, es decir, el respeto a las tres unidades de tiempo, lugar y acción y la finalidad moralizante, aunque no llegaron a calar entre el público. Su primera comedia fue El viejo y la niña (1790), que pasó sin pena ni gloria, aunque el éxito le llegaría tan sólo dos años más tarde con La comedia nueva o el café.
De los primeros años del siglo XIX datan sus mejores comedias, escritas con un perfecto dominio del castellano, y en las que critica las costumbres de la época y la hipocresía social: El barón, La mojigata y El sí de las niñas. Esta última es considerada como su mejor obra y el mejor logro español dentro de la corriente de comedia de salón dieciochesca, que arranca de Molière y culmina en Carlo Goldoni. Nombrado secretario de la Interpretación de Lenguas y miembro de la Junta de Teatros, Leandro Fernández de Moratín abandonó sus cargos cuando se produjo el levantamiento popular de 1808 contra la invasión napoleónica. Más tarde, en 1811, José Bonaparte lo nombró bibliotecario mayor. Como la mayoría de afrancesados, abandonó la capital a raíz de la retirada de las tropas francesas, para dirigirse a Valencia y luego a Barcelona.
"Aparta la amistad de la persona, que si te ve en riesgo, te abandona"
"A la sombra del mérito se ve crecer la envidia"
"La sonrisa es el idioma universal de los inteligentes"
Leandro Fernández de Moratín
Félix María de Samaniego
Tomás de Iriarte
Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Sabala
(Laguardia, 1745 - id., 1801) Escritor español, famoso por sus Fábulas morales. Junto con Tomás de Iriarte es considerado el mejor de los fabulistas españoles; la violenta enemistad surgida entre ambos ha pasado a la historia de la literatura.
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Samaniego
A su regreso a España contrajo matrimonio y se estableció primeramente en Vergara, donde participó en la Sociedad Patriótica Vascongada, tendente a la difusión de la cultura en los medios populares, y de la cual llegó a ser presidente. Las fábulas escritas para que sirvieran de lectura a los alumnos del Real Seminario Patriótico Vascongado de Vergara son su obra más conocida. En 1781 se publicaron en Valencia los cinco primeros libros con el título de Fábulas en verso castellano, y en 1784 apareció en Madrid la versión definitiva, titulada Fábulas morales y formada por nueve libros con 157 fábulas.
Perteneciente a una familia noble y rica, tras los primeros estudios (llevados a cabo en el hogar paterno) fue enviado a cursar derecho a la Universidad de Valladolid, donde permaneció dos años sin llegar a concluir la carrera. En un viaje de placer a Francia se entusiasmó con los enciclopedistas, y se quedó mucho tiempo en tierra francesa; allí se le contagió la inclinación a la crítica mordaz contra la política y la religión tan grata a los hombres del siglo, y cierto espíritu libertino y escéptico que le indujo a burlarse de los privilegios y a rechazar, incluso, un alto empleo en la corte que le ofreció el conde de Floridablanca.
Las fábulas de Samaniego se inspiran en las obras de los fabulistas clásicos Esopo y Fedro, y también del francés La Fontaine y del inglés John Gay; todas ellas tienen una finalidad didáctica. De estilo bastante sencillo y métrica variada, muchas fábulas destacan por su espontaneidad y gracia: La lechera, Las ranas que pedían rey, El parto de los montes, La cigarra y la hormiga, La codorniz, Las moscas, El asno y el cochino, La zorra y el busto o El camello y la pulga.
LAS FÁBULAS
Publicadas en 1784, la Fábulas morales recogen un total de 157 composiciones, distribuidas en nueve libros y precedidas de un prólogo. Fueron compuestas para los alumnos del Colegio de Vergara, en cuya labor pedagógica colaboraba. Su intención está dentro del carácter didáctico de la literatura neoclásica e ilustrada y respondía a la máxima estética de instruir deleitando. Debieron de influir en la elección del género sus conocimientos de la literatura francesa, en especial de La Fontaine, aunque Samaniego no es un mero traductor, sino que actualiza la materia tradicional desde las fuentes clásicas (Esopo y Fedro), aumenta los datos explicativos y dramatiza las escenas en relación con la función didáctica que pretende.
El tipo de moralidad de las fábulas no es cristiana, ni tan siquiera ingenua. Se aplica, siguiendo la tradición, el concepto naturalista de la moral. Las bases están próximas a la ideología de Rousseau, pero en realidad es una ética de supervivencia y de lucha por la vida la que los animales parlantes nos predican. Una moral en la que tienen cabida el egoísmo, la venganza, la astucia, la desconfianza... Tampoco debemos olvidar el rico caudal de ideas ilustradas o de estética neoclásica. Otras veces son simples principios de convivencia o reflexiones dictadas por la experiencia, de puro valor práctico. Por eso no es extraño que las moralejas estén tan cerca de la filosofía del refrán y que a veces se formulen con uno de ellos, literalmente o con ligeras modificaciones por imperativos de la rima.
A grandes rasgos puede afirmarse que Samaniego es el autor de la moral bonachona, del optimismo y de las verdades mediocres; todas las virtudes y defectos de la literatura moral y didáctica del siglo XVIII están contenidos en su libro. Samaniego trata los asuntos de la fabulística tradicional de una manera fácil, mediante el instrumento de un verso ligero y sonoro, lo que da a su obra un carácter de agilidad que no tiene la obra de Iriarte, aunque hay que destacar que el propósito de ambos autores es diferente. Samaniego las escribió con la finalidad de ofrecer ejemplos a los niños del Seminario, mientras que la intención de Iriarte es proporcionar una "educación" literaria, reafirmando y defendiendo los principios y reglas del gusto literario neoclásico.
EL Neoclasicismo
SIGLO DE LAS LUCES