La consagración (o coronación) del emperador Napoleón I
Jacques-Louis David, 1806-1807.
Napoleón fue proclamado emperador en mayo de 1804 y consagrado el 2 de diciembre en la catedral de Notre Dame. El boceto inicial contemplaba una autocoronación, pero la pintura final mostró al gobernante menos egocéntrico al colocar la corona a la emperatriz Josefina. El soberano quería “una monumental obra que glorificara el evento” y David, su pintor personal, logró articular una gigantesca escena de esplendor con más de un centenar de personajes, que transmitió un claro mensaje político y simbólico.
Napoleón I en su trono imperial
Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1806.
Ingres captó y legitimó la majestad imperial con un impresionante retrato en el que sobresalen el collar de la Legión de Honor, el manto de terciopelo púrpura que remite al Imperio romano, la corona de laurel como símbolo de victoria, Carlomagno presente en un cetro y en la espada, una vara de la mano de la justicia y las abejas doradas del traje (junto a las águilas fueron emblemas).
El emperador Napoleón en su estudio en las Tullerías
Jacques-Louis David, 1812.
No aborda un episodio de la carrera militar del estratega, sino la quietud de un estadista en su gabinete. Entre los detalles cuidadosamente estudiados por el pintor figuran el formato de cuerpo entero en pose formal y la mano derecha dentro del chaleco (gesto que pasó a la posteridad), mientras el reloj que marca las 4:13, la vela casi agotada y documentos desperdigados, como el famoso Código Civil, dan cuenta de una madrugada de trabajo.
Napoleón I en Fontainebleau el 31 de marzo de 1814
Paul Delaroche, 1840.
El 31 de marzo de 1814 el caudillo se encerró en su estudio del palacio de Fontainebleau. Estaba cansado y abatido por la ocupación de París y la derrota frente a sus enemigos de la coalición europea. Así plasmó Delaroche esos momentos de angustia, en la antesala de la primera abdicación de Napoleón y posterior confinamiento en la isla de Elba, donde pasó nueve meses y huyó en un intento de retomar las riendas del poder durante los llamados Cien Días, en la primavera de 1815.
Bonaparte cruzando el paso del Gran San Bernardo
Jacques-Louis David, 1800.
Esta pieza angular en la pictórica que rodeó al conquistador galo, en actitud triunfante sobre un caballo encabritado (aunque el cruce lo realizó sobre una mula), fue un encargo del rey Carlos IV de España. Napoleón requirió tres copias, mientras David optó por quedarse con una quinta. Las obras se diferencian entre sí por el color del pelaje del caballo y los arreos, etc. Un lienzo más realista del mismo hecho histórico es “Bonaparte cruzando los Alpes” de Paul Delaroche.
Napoleón en su lecho de muerte
Horace Vernet, 1826.
Napoleón murió a los 51 años, el 5 de mayo de 1821, en la isla de Santa Elena, un remoto sitio del Atlántico adonde fue desterrado por los británicos, tras perder la batalla de Waterloo en junio de 1815. Se reconoce como causa de la muerte un cáncer de estómago, aunque hay versiones sobre una supuesta conspiración para envenenarlo. Sus restos fueron repatriados a Francia en 1840.
Bicentenario Napoleón Bonparte
Paola Ponce
Created on April 29, 2021
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La consagración (o coronación) del emperador Napoleón I
Jacques-Louis David, 1806-1807.
Napoleón fue proclamado emperador en mayo de 1804 y consagrado el 2 de diciembre en la catedral de Notre Dame. El boceto inicial contemplaba una autocoronación, pero la pintura final mostró al gobernante menos egocéntrico al colocar la corona a la emperatriz Josefina. El soberano quería “una monumental obra que glorificara el evento” y David, su pintor personal, logró articular una gigantesca escena de esplendor con más de un centenar de personajes, que transmitió un claro mensaje político y simbólico.
Napoleón I en su trono imperial
Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1806.
Ingres captó y legitimó la majestad imperial con un impresionante retrato en el que sobresalen el collar de la Legión de Honor, el manto de terciopelo púrpura que remite al Imperio romano, la corona de laurel como símbolo de victoria, Carlomagno presente en un cetro y en la espada, una vara de la mano de la justicia y las abejas doradas del traje (junto a las águilas fueron emblemas).
El emperador Napoleón en su estudio en las Tullerías
Jacques-Louis David, 1812.
No aborda un episodio de la carrera militar del estratega, sino la quietud de un estadista en su gabinete. Entre los detalles cuidadosamente estudiados por el pintor figuran el formato de cuerpo entero en pose formal y la mano derecha dentro del chaleco (gesto que pasó a la posteridad), mientras el reloj que marca las 4:13, la vela casi agotada y documentos desperdigados, como el famoso Código Civil, dan cuenta de una madrugada de trabajo.
Napoleón I en Fontainebleau el 31 de marzo de 1814
Paul Delaroche, 1840.
El 31 de marzo de 1814 el caudillo se encerró en su estudio del palacio de Fontainebleau. Estaba cansado y abatido por la ocupación de París y la derrota frente a sus enemigos de la coalición europea. Así plasmó Delaroche esos momentos de angustia, en la antesala de la primera abdicación de Napoleón y posterior confinamiento en la isla de Elba, donde pasó nueve meses y huyó en un intento de retomar las riendas del poder durante los llamados Cien Días, en la primavera de 1815.
Bonaparte cruzando el paso del Gran San Bernardo
Jacques-Louis David, 1800.
Esta pieza angular en la pictórica que rodeó al conquistador galo, en actitud triunfante sobre un caballo encabritado (aunque el cruce lo realizó sobre una mula), fue un encargo del rey Carlos IV de España. Napoleón requirió tres copias, mientras David optó por quedarse con una quinta. Las obras se diferencian entre sí por el color del pelaje del caballo y los arreos, etc. Un lienzo más realista del mismo hecho histórico es “Bonaparte cruzando los Alpes” de Paul Delaroche.
Napoleón en su lecho de muerte
Horace Vernet, 1826.
Napoleón murió a los 51 años, el 5 de mayo de 1821, en la isla de Santa Elena, un remoto sitio del Atlántico adonde fue desterrado por los británicos, tras perder la batalla de Waterloo en junio de 1815. Se reconoce como causa de la muerte un cáncer de estómago, aunque hay versiones sobre una supuesta conspiración para envenenarlo. Sus restos fueron repatriados a Francia en 1840.