Los pueblos originarios de Bolivia
La lengua: un indicador de la cultura
Por lo general, la lengua materna de una persona o de un grupo humano señala su pertenencia a un de- terminado pueblo o cultura. Normalmente, los individuos y los grupos, además del idioma materno, presentan una serie de características comunes que los identifican; por ejemplo, las creencias, la vestimenta, la comida, las fiestas, etc.En las ciudades bolivianas, donde predomina el uso del castellano, las lenguas originarias han encontrado también un ambiente en el que permanecen y se van haciendo fuertes. Esto ocurre con el aimara en La Paz, El Alto y Oruro; con el quechua en Cochabamba, Sucre y Potosí; y con el guaraní aunque en menor medida en Santa Cruz de la Sierra. Son varios los canales de televisión y las radios que transmiten programas en idiomas nativos. En las escuelas se aprende la lengua originaria predominante en la región y las universidades ofrecen carreras de lingüística nativa.
El mapa etnolingüístico de Bolivia
Un mapa etnolingüístico muestra la ubicación de los pueblos que hablan ciertas lenguas en un espacio determinado, debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:Los espacios coloreados no guardan una relación proporcional con el número de habitantes de cada pueblo, sino que muestran la distribución de esa lengua en el espacio. Así, aunque el “globo” de los guarasugwes es más grande que el de los mosetenes, el primer grupo tiene 42 habitantes y el otro, 1989. Los espacios blancos están ocupados por población que habla diferentes lenguas. El predominio del idioma originario es mayor en los Andes que en el Oriente. En general, los pueblos de las tierras bajas, especialmente los más reducidos en número, han ido perdiendo aceleradamente el uso de sus lenguas; muchas de ellas solo se emplean en el contexto familiar. El mapa se circunscribe a los límites políticos de Bolivia, lo que quiere decir que el territorio de muchos pueblos que viven en dos o más países no está representado en su totalidad. Hay también casos especiales. El pueblo afroboliviano, considerado como nación indígena en la CPE, es hablante de castellano y aimara. Algunos pueblos consignados en la CPE y que no se hallan en el mapa se incluyen dentro de otros pueblos (el chipaya y el murato dentro del pueblo uru; el kallawaya dentro del quechua) o han tomado otra denominación.
Los pueblos de las tierras altasLos quechuas: origen e idioma
De los 2 800 000 indígenas (mayores de 15 años) que hay en Bolivia, cerca de 2480 000 (88,5%) viven en la región andina o de las tierras altas. Dos pueblos conforman la mayoría de la población indígena: los quechuas y los aimaras. Los quechuas constituyen la nación indígena más nu-merosa de Bolivia, con 1281000 miembros entre los mayores de quince años (Censo 2012). Se ubican mayoritariamente en los departamentos de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca; también un gran número de que- chuaparlantes habita en Santa Cruz de la Sierra. La lengua quechua es hablada por cerca de 12 millones de personas en el continente americano. El área lingüística del quechua cubre pequeños reductos en Ecuador, toda la zona andina de Perú, el área suroccidental de Bolivia y varios sectores del norte argentino. No todos los grupos que en la actualidad son hablan- tes del quechua tienen el mismo origen. En el caso de Bolivia, se presume que algunos de ellos fueron ori- ginalmente aimaras y urus. Durante la etapa colo- nial se pretendió que el quechua sea aprendido y ha- blado por todos los indígenas de la región, pero esta política no tuvo éxito. Hoy, con la educación intercultural, el Estado boliviano ha determinado que todos los niños de la región de tradición quechua (departamentos de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca) aprendan este idioma en la escuela.
Los pueblos de las tierras altasLos aimaras: origen e idioma
Los aimaras son el segundo pueblo originario más numeroso en Bolivia, con 1191000 miembros entre los mayores de 15 años. Habitan en el altiplano y los valles de La Paz y Oruro. La lengua aimara es hablada por cerca de 300 000 personas en Perú y por unos pocos miles en Chile. Así, el aimara es la tercera lengua originaria más hablada en América; entre dos y tres millones de perso nas la consideran su lengua materna. Los aimaras llegaron al altiplano al mismo tiempo que decaía Tiwanaku. Tomaron el control de la región que hoy ocupan y dominaron a pueblos menos belicosos, como los urus. Durante el dominio inca, los aimaras establecieron alianzas con los invasores y pudieron mantener su idioma y aspectos importantes de su cultura, que, por otra parte, tenía varios elementos en común con la quechua. En la etapa colonial, el aimara perma- neció como uno de los idiomas más importantes de la región de Charcas (hoy Bolivia). El bilingüismo con el castellano es la situación más común entre los indígenas bolivianos, tanto en las tierras altas como en las tierras bajas. Así, en la actualidad, son pocos los hablantes exclusivos del quechua o del aimara. En varias zonas del altiplano y los valles, los pobladores hablan tanto quechua como aimara, además del castellano. Esto se da, por ejemplo, en el norte de La Paz (Charazani, Amarete) y en el norte de Potosí (Chayanta, San Pedro de Buenavista). En estos últimos casos, hablamos de trilingüismo. Con relación al aprendizaje actual de esta lengua en la escuela, la zona considerada aimara comprende los departamentos de La Paz y Oruro.
Otros pueblos de las tierras altas
Además de los quechuas y los aimaras, en las tierras altas de Bolivia viven tres pueblos con pocos representantes.Urus. Se dividen en tres grupos: – Iruitos, que habitan en Puno (Perú) y en Machaca (La Paz), cerca del río Desaguadero. – Muratos, que viven en los alrededores del lago Poopó, hoy desecado. Su lengua prácticamente ha desaparecido y el pueblo ha sido casi totalmente asimilado por los aimaras. – Chipayas, que habitan en las cercanías del salar de Coipasa y la cuenca del río Lauca. Su lengua se mantiene vigente y se ha creado un alfabeto uru con el que se enseñan las primeras letras. Kallawayas. Son un grupo de habla quechua en- clavado en la región aimara del altiplano norte de La Paz. Famosos por sus conocimientos de medicina tradicional, su cultura fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2005. La CPE los con- signa como un pueblo independiente y denomina a su lengua como machajuyai-kallawaya. Afrobolivianos. Descienden de los esclavos africanos que trajeron los españoles a las haciendas cocaleras de los yungas de La Paz. No son propiamente un pueblo originario, pero nos referimos a ellos junto con los kallawayas y los urus porque es- tán considerados como un pueblo campesino en la CPE. Hablan castellano y aimara.
Tecnologías y expresiones culturales de los pueblos andinos
Agua para los cultivosEn muchos casos, los pueblos de los Andes debieron enfrentarse a un medio ambiente en el que escaseaba el agua. Con el fin de acceder a este elemento vital, desarrollaron tecnologías que les permitían asegurar el riego permanente de los cultivos. Los sukakollus no se construyen en la actualidad porque suponen la participación de mucha mano de obra, lo cual encarece la producción. Uso del suelo El relieve accidentado de los Andes obligó a los pue- blos a desarrollar tecnologías para sembrar en las laderas, optimizando el uso del suelo. Estas técnicas aún se utilizan y, según el tipo de cultivo, la región y el material utilizado, son: Terrazas de cultivo. Consisten en muros de piedra que sujetan el terreno e impiden que la tierra se deslice con el agua. Se utilizaron ampliamente en la época inca para el cultivo de maíz. Takanas. En los valles más profundos y húmedos de la vertiente oriental de los Andes, se construyeron terrazas más angostas con muros de piedra tejida; estos últimos se armaban con piedras y se reforzaban con el crecimiento de las raíces de las plantas tropicales. Se emplearon especialmente en las regiones donde se cultivaba coca. Wachus. Son graderías de tierra apisonada que se construyeron en laderas de las zonas aptas para el cultivo de coca, pero que no contaban con mucha piedra. Aún no se sabe si es una tecnología prehis- pánica o si surgió posteriormente.
La espiritualidad andina y la cultura
Los pueblos de las tierras altas se pusieron en contac- to con el cristianismo tempranamente, en el siglo XVI. Sin embargo, en sus costumbres persisten muchos elementos andinos, como el culto a la Madre Tierra o Pachamama. Este se refleja en la ch’alla, una ofrenda que la familia o la comunidad hace a la tierra como agradecimiento por los bienes recibidos. También se reverencia a los grandes nevados de la Cordillera, llamados achachilas, espíritus de los antepasados que protegen al pueblo. Los pueblos andinos los veneran y les ofrecen oraciones y ofrendas. Muchas fiestas de la región de los Andes coinciden con momentos del ciclo agrícola (siembra, aporque, cosecha, etc.). En ellas, no faltan las danzas acom- pañadas de música apropiada para la estación: en la época seca se tocan sikus y quenas; en la época de lluvias, pinkillos y tarkas. Las danzas características de la región aimara son el suri sikuri y el choquela; entre los quechuas destacan el potolo y el pujllay ta- rabuqueño. En las localidades grandes y en las ciuda- des se bailan más bien danzas mestizas. Otra expresión característica de las culturas andinas es el tejido. Cada pueblo ha creado formas y símbolos que los distinguen de los demás. Entre los quechuas, los grupos de tejedores más notables son los jalq’a y los tarabuqueños (Chuquisaca). Entre los aimaras, destacan los carangas (norte de Oruro).
Los pueblos de las tierras bajas
LOS PUEBLOS DE LAS TIERRAS BAJAS
Muchos pueblos, pocos habitantesA diferencia de lo que ocurre en las tierras altas, pobladas por dos naciones predominantes con abundante población (la quechua y la aimara), las tierras bajas de Bolivia se caracterizan por sus numerosos pueblos con menor cantidad de habitantes. En esta inmensa región, que cubre dos tercios de la superficie del país, los habitantes se hallan muy dispersos; es decir, la densidad poblacional es muy baja. Los pueblos más numerosos son el chiquitano (88 000 hab.), el guaraní (59 000 hab.) y el moxeño (31000 hab.). En total, todos los pueblos de las llanuras llegan a contabilizar 320 000 habitantes, frente a los 2480 000 de la región andina. Cada pueblo de las tierras bajas tiene una lengua propia, lo cual repercute en la existencia de importantes diferencias culturales. Sin embargo, en la actualidad hay organizaciones indígenas que los agrupan para lograr objetivos comunes. Exceptuando a los guaraníes, los demás pueblos han perdido en buena parte el uso de su idioma, y este solo es recordado por los ancianos.
LOS PUEBLOS DE LAS TIERRAS BAJAS
El medio geográfico Las tierras bajas se dividen en tres ecorregiones: Amazonía, al norte. Se caracteriza por tener selva; clima cálido y húmedo, sin estaciones; abundantes y caudalosos ríos; suelo no apto para la agricultura. Llanos centrales, al centro. En esta región predomina la sabana; clima cálido y húmedo, con estación lluviosa; muchos ríos; suelo apto para la agricultura en pequeña escala. Chaco, al sur. Esta ecorregión tiene estepa; clima cálido templado y seco; suelo poco apto para la agricultura, según las zonas. La vida en la Amazonía Como se ve en la tabla, los pueblos amazónicos son muchos, pero tienen pocos miembros. En esta ecorregión de clima extremo, las temperaturas son muy elevadas y la humedad excesiva todo el año. Durante milenios, la vegetación de la selva ha impedido que se practique la agricultura, y los pueblos eran, en su ma- yoría, nómadas. Hoy, estos cultivan yuca, arroz, plá- tano y otras especies, en pequeños chacos. Las lenguas de los pueblos menos numerosos están en peligro de desaparecer, puesto que tienen cada vez menos hablantes jóvenes. Sin embargo, algunos pueblos, como el mosetén, el tsimane y el tacana, cuentan con grupos muy activos, entre los propios indígenas, que luchan por instaurar programas educativos que revitalicen su idioma y sus tradiciones.
En Moxos y Chiquitos
En algunos estudios, la parte norte de la región de los llanos centrales se incluye en la Amazonía. No obstante, las características geográficas de esta región son distintas, pues la sabana de Moxos (Beni) es menos húmeda y se presta para la cría de ganado. Por su parte, en las llanuras de Chiquitos (Santa Cruz), a pesar de su fragilidad, se han sembrado cultivos agroindustriales y se practica la ganadería intensiva. Los llanos centrales se caracterizan por haber dado pie a un gran desarrollo cultural: la cultura hidráulica de Moxos. Los pueblos de la sabana beniana se dedican a la agricultura en pequeña escala y a la ganadería. Hablan una gran pluralidad de idiomas, pero la mayoría de ellos están en proceso de desaparición. La lengua más extendida, el moxeño, tiene varios dialectos, hablados casi exclusivamente por los ancianos. Los chiquitanos, en general, hablan solo español. El bësiro, lengua considerada propia de este pueblo (el más numeroso de estas tierras), se habla en pocas comunidades aisladas y solo por los ancianos. Esta lengua fue utilizada por los jesuitas como len- gua común en las misiones de la región (siglo XVIII), pero no era propia de todos los grupos étnicos. Los guarayos. Son un pueblo que habita en la re- gión limítrofe entre Moxos y Chiquitos; su idioma tiene raíz tupí-guaraní. Los ayoréode o ayoreos. Habitan la región que se extiende entre el Chaco y las llanuras del Pantanal. Algunas fuentes los incluyen entre los pueblos del Chaco. Hasta hace pocas décadas fueron seminó- madas y hoy tienen una agricultura de subsistencia.
Los desafíos de la vida en el Chaco
El Chaco boliviano presenta regiones diferenciadas en las que viven distintos pueblos. Los guaraníes. Habitan en la faja subandina de Tarija y Chuquisaca, y en la provincia Cordillera de Santa Cruz, región apta para practicar la agricultu- ra familiar y la ganadería. Constituyen el pueblo más numeroso de la región. Rebeldes por naturaleza, llegaron al Chaco en los siglos XV y XVI, y permanecieron independientes durante la Colonia y el siglo XIX. Han mantenido el guaraní como lengua viva, de tal suerte que hoy es el idioma nativo que se enseña en las escuelas de Santa Cruz de la Sierra y Tarija. Los tapietés y los weenhayeks. Habitan en el Chaco boreal, a orillas del Pilcomayo. Se dedican sobre todo a la pesca y son aún pueblos seminómadas que se movilizan según la disponibilidad de recursos.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Sembrando en la Amazonía A pesar de las condiciones adversas que presenta la Amazonía para la agricultura, en algunas zonas se han hallado restos que denotan la producción organizada de frutas, nueces y palmas. Se aplicaba una tecnología conocida en Brasil como terra preta (tierra negra): cuando un grupo abandonaba su campamen- to, sabía que la basura orgánica servía para abonar la tierra a la que podía regresar posteriormente.En la actualidad, los pueblos amazónicos despejan los terrenos que desean cultivar mediante la técnica de tala y roza, que generalmente se lleva a cabo en su- perficies con árboles de tamaño reducido. Estos son cortados y la vegetación de arbustos y hierba es que- mada; la ceniza sirve posteriormente para abonar el terreno. La siembra se realiza con un palo puntiagudo y la cosecha se hace a mano.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Aprovechamiento y control del agua Los llanos de Moxos sufren inundaciones estacio- nales entre los meses de noviembre y marzo. Duran- te este tiempo, el río Mamoré y sus afluentes experi- mentan crecidas y el agua cubre extensas áreas. Hacia el año 500 d.C., los pueblos del entorno, que pertenecían a varios grupos étnicos, encontraron el modo de aprovechar las crecidas. Controlando los cauces y los caudales, construyeron un sistema de te- rraplenes para ubicar las viviendas, así como camello- nes de cultivo y canales de riego y pesca en una vasta región en el centro del actual departamento del Beni. La cultura hidráulica de Moxos alcanzó un desa- rrollo social elevado, en el que la sociedad se dividió en estratos diferenciados por el trabajo. Su auge duró aproximadamente hasta el año 1200 d.C.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Conservación de los alimentos En los ambientes cálidos y húmedos, los alimentos deben consumirse casi inmediatamente, porque la putrefacción es acelerada. Para asegurar un acceso permanente al alimento, los seres humanos desarrollaron técnicas de conservación como la salazón de la carne y el pescado (charque), que es empleada des- de la Amazonía hasta el Chaco. En cuanto a la conservación del arroz y el maíz, los guaraníes, chiquitanos y guarayos utilizan depósitos aireados en altura para evitar el contacto del producto con la tierra. En la Amazonía y los llanos centrales se elabora harina de yuca, ingrediente central para la preparación de diversas masas y del chivé, una bebida típica de la región. También es muy consumida la chicha de maní. Las bebidas se conservan en recipientes de cerámi- ca, que mantienen mejor la frescura del producto.
La fuerza de los mitos
Todos los pueblos poseen creaciones mitológicas que se refieren a su relación con la naturaleza. Entre los personajes míticos que han pervivido hasta la actualidad, se cuentan los siguientes ejemplos: Los dueños del monte. Estos seres castigan seve- ramente a quien osa interrumpir el ciclo de la vida en el bosque, cortando árboles pequeños o contaminando el agua. Sus historias son frecuentes en- tre los tsimanes y los guaraníes. Los abuelos guarayos. Se trata de antepasados míticos que tienen un papel creador. Los abuelos actuaron cuando el mundo todavía estaba desierto; no existía el agua ni los árboles. Ellos comenzaron a trabajar y enseñaron a los seres humanos a sembrar la yuca. Los jichis. Se trata de seres fantásticos con cuerpo de serpiente o gran lagarto, que habitan en los curiches o lagunas cuidando el agua. Son propios de la mitología de los grupos chiquitanos.
Expresiones religiosas y culturales
Varios grupos étnicos de Moxos y Chiquitos fueron convertidos al cristianismo por los jesuitas en el siglo XVIII. Se crearon misiones multiétnicas en las que, además de la agricultura y la ganadería, los indígenas practicaban las artes y la música. Esta tradición se mantiene, y la música es una manifestación fundamental de la vida religiosa de los pueblos que fueron misionados. Se han creado orquestas y coros en Moxos, en Chiquitos y en la región guaraya, los cuales tienen proyección internacional. En todas las localidades se celebran las fiestas de la Semana Santa y el Corpus Christi con danzas y música que combinan las tradiciones indígenas y mi- sionales. Otras celebraciones representativas son la de San José de Chiquitos (1 de mayo) y la Ichapekene Piesta de San Ignacio de Moxos (7 de julio al 5 de agosto). En Chiquitos destaca la danza de los abuelos; en Moxos, las de achus, toritos y macheteros. Entre los guaraníes, la fiesta más importante es el arete guasu (carnaval), en la que se agradece a la tierra por la cosecha del maíz y el fin del año agrícola. Asimismo, destaca la fiesta de Guadalupe (primer domingo de octubre) que se celebra en Entre Ríos (Tarija). El tejido es otra expresión importante de los pueblos de las tierras bajas. La región chiquitana destaca por la elaboración de hermosas hamacas de algodón; los ayoreos y los weenhayeks tejen bolsos y hamacas con la fibra de carahuatá, una planta del Chaco.
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LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE BOLIVIA
EDWIN ORELLANA LEDEZMA
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Los pueblos originarios de Bolivia
La lengua: un indicador de la cultura
Por lo general, la lengua materna de una persona o de un grupo humano señala su pertenencia a un de- terminado pueblo o cultura. Normalmente, los individuos y los grupos, además del idioma materno, presentan una serie de características comunes que los identifican; por ejemplo, las creencias, la vestimenta, la comida, las fiestas, etc.En las ciudades bolivianas, donde predomina el uso del castellano, las lenguas originarias han encontrado también un ambiente en el que permanecen y se van haciendo fuertes. Esto ocurre con el aimara en La Paz, El Alto y Oruro; con el quechua en Cochabamba, Sucre y Potosí; y con el guaraní aunque en menor medida en Santa Cruz de la Sierra. Son varios los canales de televisión y las radios que transmiten programas en idiomas nativos. En las escuelas se aprende la lengua originaria predominante en la región y las universidades ofrecen carreras de lingüística nativa.
El mapa etnolingüístico de Bolivia
Un mapa etnolingüístico muestra la ubicación de los pueblos que hablan ciertas lenguas en un espacio determinado, debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:Los espacios coloreados no guardan una relación proporcional con el número de habitantes de cada pueblo, sino que muestran la distribución de esa lengua en el espacio. Así, aunque el “globo” de los guarasugwes es más grande que el de los mosetenes, el primer grupo tiene 42 habitantes y el otro, 1989. Los espacios blancos están ocupados por población que habla diferentes lenguas. El predominio del idioma originario es mayor en los Andes que en el Oriente. En general, los pueblos de las tierras bajas, especialmente los más reducidos en número, han ido perdiendo aceleradamente el uso de sus lenguas; muchas de ellas solo se emplean en el contexto familiar. El mapa se circunscribe a los límites políticos de Bolivia, lo que quiere decir que el territorio de muchos pueblos que viven en dos o más países no está representado en su totalidad. Hay también casos especiales. El pueblo afroboliviano, considerado como nación indígena en la CPE, es hablante de castellano y aimara. Algunos pueblos consignados en la CPE y que no se hallan en el mapa se incluyen dentro de otros pueblos (el chipaya y el murato dentro del pueblo uru; el kallawaya dentro del quechua) o han tomado otra denominación.
Los pueblos de las tierras altasLos quechuas: origen e idioma
De los 2 800 000 indígenas (mayores de 15 años) que hay en Bolivia, cerca de 2480 000 (88,5%) viven en la región andina o de las tierras altas. Dos pueblos conforman la mayoría de la población indígena: los quechuas y los aimaras. Los quechuas constituyen la nación indígena más nu-merosa de Bolivia, con 1281000 miembros entre los mayores de quince años (Censo 2012). Se ubican mayoritariamente en los departamentos de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca; también un gran número de que- chuaparlantes habita en Santa Cruz de la Sierra. La lengua quechua es hablada por cerca de 12 millones de personas en el continente americano. El área lingüística del quechua cubre pequeños reductos en Ecuador, toda la zona andina de Perú, el área suroccidental de Bolivia y varios sectores del norte argentino. No todos los grupos que en la actualidad son hablan- tes del quechua tienen el mismo origen. En el caso de Bolivia, se presume que algunos de ellos fueron ori- ginalmente aimaras y urus. Durante la etapa colo- nial se pretendió que el quechua sea aprendido y ha- blado por todos los indígenas de la región, pero esta política no tuvo éxito. Hoy, con la educación intercultural, el Estado boliviano ha determinado que todos los niños de la región de tradición quechua (departamentos de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca) aprendan este idioma en la escuela.
Los pueblos de las tierras altasLos aimaras: origen e idioma
Los aimaras son el segundo pueblo originario más numeroso en Bolivia, con 1191000 miembros entre los mayores de 15 años. Habitan en el altiplano y los valles de La Paz y Oruro. La lengua aimara es hablada por cerca de 300 000 personas en Perú y por unos pocos miles en Chile. Así, el aimara es la tercera lengua originaria más hablada en América; entre dos y tres millones de perso nas la consideran su lengua materna. Los aimaras llegaron al altiplano al mismo tiempo que decaía Tiwanaku. Tomaron el control de la región que hoy ocupan y dominaron a pueblos menos belicosos, como los urus. Durante el dominio inca, los aimaras establecieron alianzas con los invasores y pudieron mantener su idioma y aspectos importantes de su cultura, que, por otra parte, tenía varios elementos en común con la quechua. En la etapa colonial, el aimara perma- neció como uno de los idiomas más importantes de la región de Charcas (hoy Bolivia). El bilingüismo con el castellano es la situación más común entre los indígenas bolivianos, tanto en las tierras altas como en las tierras bajas. Así, en la actualidad, son pocos los hablantes exclusivos del quechua o del aimara. En varias zonas del altiplano y los valles, los pobladores hablan tanto quechua como aimara, además del castellano. Esto se da, por ejemplo, en el norte de La Paz (Charazani, Amarete) y en el norte de Potosí (Chayanta, San Pedro de Buenavista). En estos últimos casos, hablamos de trilingüismo. Con relación al aprendizaje actual de esta lengua en la escuela, la zona considerada aimara comprende los departamentos de La Paz y Oruro.
Otros pueblos de las tierras altas
Además de los quechuas y los aimaras, en las tierras altas de Bolivia viven tres pueblos con pocos representantes.Urus. Se dividen en tres grupos: – Iruitos, que habitan en Puno (Perú) y en Machaca (La Paz), cerca del río Desaguadero. – Muratos, que viven en los alrededores del lago Poopó, hoy desecado. Su lengua prácticamente ha desaparecido y el pueblo ha sido casi totalmente asimilado por los aimaras. – Chipayas, que habitan en las cercanías del salar de Coipasa y la cuenca del río Lauca. Su lengua se mantiene vigente y se ha creado un alfabeto uru con el que se enseñan las primeras letras. Kallawayas. Son un grupo de habla quechua en- clavado en la región aimara del altiplano norte de La Paz. Famosos por sus conocimientos de medicina tradicional, su cultura fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2005. La CPE los con- signa como un pueblo independiente y denomina a su lengua como machajuyai-kallawaya. Afrobolivianos. Descienden de los esclavos africanos que trajeron los españoles a las haciendas cocaleras de los yungas de La Paz. No son propiamente un pueblo originario, pero nos referimos a ellos junto con los kallawayas y los urus porque es- tán considerados como un pueblo campesino en la CPE. Hablan castellano y aimara.
Tecnologías y expresiones culturales de los pueblos andinos
Agua para los cultivosEn muchos casos, los pueblos de los Andes debieron enfrentarse a un medio ambiente en el que escaseaba el agua. Con el fin de acceder a este elemento vital, desarrollaron tecnologías que les permitían asegurar el riego permanente de los cultivos. Los sukakollus no se construyen en la actualidad porque suponen la participación de mucha mano de obra, lo cual encarece la producción. Uso del suelo El relieve accidentado de los Andes obligó a los pue- blos a desarrollar tecnologías para sembrar en las laderas, optimizando el uso del suelo. Estas técnicas aún se utilizan y, según el tipo de cultivo, la región y el material utilizado, son: Terrazas de cultivo. Consisten en muros de piedra que sujetan el terreno e impiden que la tierra se deslice con el agua. Se utilizaron ampliamente en la época inca para el cultivo de maíz. Takanas. En los valles más profundos y húmedos de la vertiente oriental de los Andes, se construyeron terrazas más angostas con muros de piedra tejida; estos últimos se armaban con piedras y se reforzaban con el crecimiento de las raíces de las plantas tropicales. Se emplearon especialmente en las regiones donde se cultivaba coca. Wachus. Son graderías de tierra apisonada que se construyeron en laderas de las zonas aptas para el cultivo de coca, pero que no contaban con mucha piedra. Aún no se sabe si es una tecnología prehis- pánica o si surgió posteriormente.
La espiritualidad andina y la cultura
Los pueblos de las tierras altas se pusieron en contac- to con el cristianismo tempranamente, en el siglo XVI. Sin embargo, en sus costumbres persisten muchos elementos andinos, como el culto a la Madre Tierra o Pachamama. Este se refleja en la ch’alla, una ofrenda que la familia o la comunidad hace a la tierra como agradecimiento por los bienes recibidos. También se reverencia a los grandes nevados de la Cordillera, llamados achachilas, espíritus de los antepasados que protegen al pueblo. Los pueblos andinos los veneran y les ofrecen oraciones y ofrendas. Muchas fiestas de la región de los Andes coinciden con momentos del ciclo agrícola (siembra, aporque, cosecha, etc.). En ellas, no faltan las danzas acom- pañadas de música apropiada para la estación: en la época seca se tocan sikus y quenas; en la época de lluvias, pinkillos y tarkas. Las danzas características de la región aimara son el suri sikuri y el choquela; entre los quechuas destacan el potolo y el pujllay ta- rabuqueño. En las localidades grandes y en las ciuda- des se bailan más bien danzas mestizas. Otra expresión característica de las culturas andinas es el tejido. Cada pueblo ha creado formas y símbolos que los distinguen de los demás. Entre los quechuas, los grupos de tejedores más notables son los jalq’a y los tarabuqueños (Chuquisaca). Entre los aimaras, destacan los carangas (norte de Oruro).
Los pueblos de las tierras bajas
LOS PUEBLOS DE LAS TIERRAS BAJAS
Muchos pueblos, pocos habitantesA diferencia de lo que ocurre en las tierras altas, pobladas por dos naciones predominantes con abundante población (la quechua y la aimara), las tierras bajas de Bolivia se caracterizan por sus numerosos pueblos con menor cantidad de habitantes. En esta inmensa región, que cubre dos tercios de la superficie del país, los habitantes se hallan muy dispersos; es decir, la densidad poblacional es muy baja. Los pueblos más numerosos son el chiquitano (88 000 hab.), el guaraní (59 000 hab.) y el moxeño (31000 hab.). En total, todos los pueblos de las llanuras llegan a contabilizar 320 000 habitantes, frente a los 2480 000 de la región andina. Cada pueblo de las tierras bajas tiene una lengua propia, lo cual repercute en la existencia de importantes diferencias culturales. Sin embargo, en la actualidad hay organizaciones indígenas que los agrupan para lograr objetivos comunes. Exceptuando a los guaraníes, los demás pueblos han perdido en buena parte el uso de su idioma, y este solo es recordado por los ancianos.
LOS PUEBLOS DE LAS TIERRAS BAJAS
El medio geográfico Las tierras bajas se dividen en tres ecorregiones: Amazonía, al norte. Se caracteriza por tener selva; clima cálido y húmedo, sin estaciones; abundantes y caudalosos ríos; suelo no apto para la agricultura. Llanos centrales, al centro. En esta región predomina la sabana; clima cálido y húmedo, con estación lluviosa; muchos ríos; suelo apto para la agricultura en pequeña escala. Chaco, al sur. Esta ecorregión tiene estepa; clima cálido templado y seco; suelo poco apto para la agricultura, según las zonas. La vida en la Amazonía Como se ve en la tabla, los pueblos amazónicos son muchos, pero tienen pocos miembros. En esta ecorregión de clima extremo, las temperaturas son muy elevadas y la humedad excesiva todo el año. Durante milenios, la vegetación de la selva ha impedido que se practique la agricultura, y los pueblos eran, en su ma- yoría, nómadas. Hoy, estos cultivan yuca, arroz, plá- tano y otras especies, en pequeños chacos. Las lenguas de los pueblos menos numerosos están en peligro de desaparecer, puesto que tienen cada vez menos hablantes jóvenes. Sin embargo, algunos pueblos, como el mosetén, el tsimane y el tacana, cuentan con grupos muy activos, entre los propios indígenas, que luchan por instaurar programas educativos que revitalicen su idioma y sus tradiciones.
En Moxos y Chiquitos
En algunos estudios, la parte norte de la región de los llanos centrales se incluye en la Amazonía. No obstante, las características geográficas de esta región son distintas, pues la sabana de Moxos (Beni) es menos húmeda y se presta para la cría de ganado. Por su parte, en las llanuras de Chiquitos (Santa Cruz), a pesar de su fragilidad, se han sembrado cultivos agroindustriales y se practica la ganadería intensiva. Los llanos centrales se caracterizan por haber dado pie a un gran desarrollo cultural: la cultura hidráulica de Moxos. Los pueblos de la sabana beniana se dedican a la agricultura en pequeña escala y a la ganadería. Hablan una gran pluralidad de idiomas, pero la mayoría de ellos están en proceso de desaparición. La lengua más extendida, el moxeño, tiene varios dialectos, hablados casi exclusivamente por los ancianos. Los chiquitanos, en general, hablan solo español. El bësiro, lengua considerada propia de este pueblo (el más numeroso de estas tierras), se habla en pocas comunidades aisladas y solo por los ancianos. Esta lengua fue utilizada por los jesuitas como len- gua común en las misiones de la región (siglo XVIII), pero no era propia de todos los grupos étnicos. Los guarayos. Son un pueblo que habita en la re- gión limítrofe entre Moxos y Chiquitos; su idioma tiene raíz tupí-guaraní. Los ayoréode o ayoreos. Habitan la región que se extiende entre el Chaco y las llanuras del Pantanal. Algunas fuentes los incluyen entre los pueblos del Chaco. Hasta hace pocas décadas fueron seminó- madas y hoy tienen una agricultura de subsistencia.
Los desafíos de la vida en el Chaco
El Chaco boliviano presenta regiones diferenciadas en las que viven distintos pueblos. Los guaraníes. Habitan en la faja subandina de Tarija y Chuquisaca, y en la provincia Cordillera de Santa Cruz, región apta para practicar la agricultu- ra familiar y la ganadería. Constituyen el pueblo más numeroso de la región. Rebeldes por naturaleza, llegaron al Chaco en los siglos XV y XVI, y permanecieron independientes durante la Colonia y el siglo XIX. Han mantenido el guaraní como lengua viva, de tal suerte que hoy es el idioma nativo que se enseña en las escuelas de Santa Cruz de la Sierra y Tarija. Los tapietés y los weenhayeks. Habitan en el Chaco boreal, a orillas del Pilcomayo. Se dedican sobre todo a la pesca y son aún pueblos seminómadas que se movilizan según la disponibilidad de recursos.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Sembrando en la Amazonía A pesar de las condiciones adversas que presenta la Amazonía para la agricultura, en algunas zonas se han hallado restos que denotan la producción organizada de frutas, nueces y palmas. Se aplicaba una tecnología conocida en Brasil como terra preta (tierra negra): cuando un grupo abandonaba su campamen- to, sabía que la basura orgánica servía para abonar la tierra a la que podía regresar posteriormente.En la actualidad, los pueblos amazónicos despejan los terrenos que desean cultivar mediante la técnica de tala y roza, que generalmente se lleva a cabo en su- perficies con árboles de tamaño reducido. Estos son cortados y la vegetación de arbustos y hierba es que- mada; la ceniza sirve posteriormente para abonar el terreno. La siembra se realiza con un palo puntiagudo y la cosecha se hace a mano.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Aprovechamiento y control del agua Los llanos de Moxos sufren inundaciones estacio- nales entre los meses de noviembre y marzo. Duran- te este tiempo, el río Mamoré y sus afluentes experi- mentan crecidas y el agua cubre extensas áreas. Hacia el año 500 d.C., los pueblos del entorno, que pertenecían a varios grupos étnicos, encontraron el modo de aprovechar las crecidas. Controlando los cauces y los caudales, construyeron un sistema de te- rraplenes para ubicar las viviendas, así como camello- nes de cultivo y canales de riego y pesca en una vasta región en el centro del actual departamento del Beni. La cultura hidráulica de Moxos alcanzó un desa- rrollo social elevado, en el que la sociedad se dividió en estratos diferenciados por el trabajo. Su auge duró aproximadamente hasta el año 1200 d.C.
Tecnologías y expresiones culturales en las tierras bajas
Conservación de los alimentos En los ambientes cálidos y húmedos, los alimentos deben consumirse casi inmediatamente, porque la putrefacción es acelerada. Para asegurar un acceso permanente al alimento, los seres humanos desarrollaron técnicas de conservación como la salazón de la carne y el pescado (charque), que es empleada des- de la Amazonía hasta el Chaco. En cuanto a la conservación del arroz y el maíz, los guaraníes, chiquitanos y guarayos utilizan depósitos aireados en altura para evitar el contacto del producto con la tierra. En la Amazonía y los llanos centrales se elabora harina de yuca, ingrediente central para la preparación de diversas masas y del chivé, una bebida típica de la región. También es muy consumida la chicha de maní. Las bebidas se conservan en recipientes de cerámi- ca, que mantienen mejor la frescura del producto.
La fuerza de los mitos
Todos los pueblos poseen creaciones mitológicas que se refieren a su relación con la naturaleza. Entre los personajes míticos que han pervivido hasta la actualidad, se cuentan los siguientes ejemplos: Los dueños del monte. Estos seres castigan seve- ramente a quien osa interrumpir el ciclo de la vida en el bosque, cortando árboles pequeños o contaminando el agua. Sus historias son frecuentes en- tre los tsimanes y los guaraníes. Los abuelos guarayos. Se trata de antepasados míticos que tienen un papel creador. Los abuelos actuaron cuando el mundo todavía estaba desierto; no existía el agua ni los árboles. Ellos comenzaron a trabajar y enseñaron a los seres humanos a sembrar la yuca. Los jichis. Se trata de seres fantásticos con cuerpo de serpiente o gran lagarto, que habitan en los curiches o lagunas cuidando el agua. Son propios de la mitología de los grupos chiquitanos.
Expresiones religiosas y culturales
Varios grupos étnicos de Moxos y Chiquitos fueron convertidos al cristianismo por los jesuitas en el siglo XVIII. Se crearon misiones multiétnicas en las que, además de la agricultura y la ganadería, los indígenas practicaban las artes y la música. Esta tradición se mantiene, y la música es una manifestación fundamental de la vida religiosa de los pueblos que fueron misionados. Se han creado orquestas y coros en Moxos, en Chiquitos y en la región guaraya, los cuales tienen proyección internacional. En todas las localidades se celebran las fiestas de la Semana Santa y el Corpus Christi con danzas y música que combinan las tradiciones indígenas y mi- sionales. Otras celebraciones representativas son la de San José de Chiquitos (1 de mayo) y la Ichapekene Piesta de San Ignacio de Moxos (7 de julio al 5 de agosto). En Chiquitos destaca la danza de los abuelos; en Moxos, las de achus, toritos y macheteros. Entre los guaraníes, la fiesta más importante es el arete guasu (carnaval), en la que se agradece a la tierra por la cosecha del maíz y el fin del año agrícola. Asimismo, destaca la fiesta de Guadalupe (primer domingo de octubre) que se celebra en Entre Ríos (Tarija). El tejido es otra expresión importante de los pueblos de las tierras bajas. La región chiquitana destaca por la elaboración de hermosas hamacas de algodón; los ayoreos y los weenhayeks tejen bolsos y hamacas con la fibra de carahuatá, una planta del Chaco.
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