Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En Torno a la Resiliencia
La resiliencia, en el contexto de la psicología positiva, se entiende como un mecanismo de autoprotección que no sólo ayuda a afrontar una adversidad, sino a salir fortalecido de ella.
Sumario
1. Preámbulo.
2. Adentrándonos en el tema
2.1. Naturaleza resiliente
2.2. Personas resilientes
2.3. Sorprendente descubrimiento de Weiner
2.4. Origen de la resiliencia
3. Qué es la resiliencia
4. Vulnerabilidad y resiliencia
5. Mecanismos protectores de la resiliencia
5.1. Cambio de chip
5.2. Reveladores ejemplos de nuestro mundo
5.3. Mecanismos varios
6. Factores que fomentan la resiliencia
6.1. Introducción
6.2. Los seis pilares de la resiliencia, según Rojas Marcos
6.3. Los nueve pilares de la resiliencia, según Aldo Mejillo
6.4.Claves para construir la resiliencia
7. Acabando ya
1. Preámbulo
Nuestro punto de mira está en la resiliencia, un mecanismo de autoprotección que nos ayuda a afrontar cualquier adversidad.
Nos preguntaremos cuál es su origen, cómo se va conformando, qué relación tiene con la invulnerabilidad, qué mecanismos ejercen un efecto protector sobre ella, para acabar analizando cuáles son los factores que la fomentan, lo que denominaremos como pilares de la resiliencia.
¿Qué está en juego? Que podamos salir indemnes de muchas situaciones adversas con que nos encontremos, incluso fortalecidos.
"En nuestros momentos más oscuros podemos encontrar nuestros tesoros más brillantes. En la vida todo tiene su razón de ser.(Mark Allen)
2. Adentrándonos en el tema
2.1. Naturaleza resiliente
Hoy es uno de tantos días que he salido a la montaña. A propósito, un amigo mío suele corregirme: "Eso que haces tú, no es montaña, es media montaña." "De acuerdo: tomo nota", le digo. Pues siempre que hago una salida de 'media montaña', nunca olvido meter en mi mochila la cámara de fotos, un buen libro y una libreta en la que poder anotar cualquier sorpresa que movilice mi capacidad de asombro.
Autor: Quino Villa
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7 de febrero de 2021
Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Al cabo de una hora de camino, me detengo en un cerro. La luz es espectacular. Me siento un poco para disfrutar del paisaje. De pronto, mi curiosidad se ve atraída por un acontecimiento singular que tiene lugar a escasos centímetros de mis pies.
Desde hace un buen rato, está soplando una brisa muy agradable. Concentro mi mirada en unos pocos tallos herbáceos esbeltos y alargados. Veo cómo danzan, en maravillosa sincronía, al son del céfiro orquestal.
Sin abandonar mi éxtasis, fijo mi cámara a un pequeño trípode y, tras seleccionar una velocidad baja, intento captar ese sorprendente espectáculo. Ahora que llega un golpe de aire, los tallos se inclinan hasta casi tocar el suelo; cuando cesa el flujo, vuelven a recuperar su estado natural. Y así durante un buen rato.
Abro mi bloc y tomo nota. Durante ese vaivén prodigioso e ininterrumpido, no he escuchado lamento alguno por parte de esas plantas. Tampoco las he visto afectadas por semejante perturbación. Ni heridas. Ni resentidas. Ni impotentes ante la adversidad. Ni tampoco tristes.
Tras cada bamboleo, no sólo son capaces de recuperar su estado inicial, sino de generar más y más normalidad en su ciclo vital. ¡Qué curioso!
2.2. Personas resilientes
Ese espectáculo tan impresionante que está aconteciendo delante —lo más grande latiendo en lo aparentemente pequeño—, me lleva a recordar el testimonio de varias personas entrevistadas recientemente y que, siendo niñas, habían sufrido los tremendos embates de una guerra civil y, seguidamente, las precariedades no menos desdichadas de una consecuente posguerra. Al inicio de la contienda, contarían entre 2 y 9 años.
Lo que más me sorprendió de muchas de ellas fue no sólo su gran capacidad para hacer frente a tantas adversidades sino, pasado un tiempo, su capacidad para transformar todas aquellas dificultades en retos, en oportunidades, acabando finalmente fortalecidas.
Todos esos testimonios ni siquiera los había buscado expresamente. Me los encontré casualmente, mientras me estaba documentando para escribir una novela ambientada en la guerra civil española. Y debo confesar que el descubrimiento me sorprendió gratamente.
Autor: Quino Villa
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La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
2.3. Sorprendente descubrimiento de Weiner
Acudamos ahora al ámbito científico de la psicología. La psicóloga del desarrollo Emmy E. Weiner en 1955 estudió a 798 bebés de la isla de Kavai, en el archipiélago de Hawai (retrato suyo, en la parte inferior).
Todos ellos habían nacido en el seno de familias pobres. Además, una tercera parte habían sufrido experiencias de estrés, y fueron creciendo en familias en las que había peleas frecuentes, con presencia de alcoholismo y enfermedades mentales.
Esa investigadora estadounidense regresó al mismo lugar 35 años más tarde, con el fin de realizar un seguimiento de parte de los sujetos de su estudio.
Quería conocer qué había sido de los 201 niños y niñas de ámbitos más desfavorecidos, cómo habían salido adelante.
Encontró que el 35% de ellos y ellas, un total de 72, habían tenido un desarrollo normal, a pesar de no haber contado con atenciones especiales.
Fue la primera vez que se habló de resiliencia.
¿Y qué circunstancias comunes se daban entre los 72 resilientes? La más importante: que habían crecido en contextos de afecto, y el amor incondicional de sus cuidadores y figuras de apego, principalmente de la madre, les había hecho sentir personas valiosas, lo que, con el tiempo, a su vez había ayudado a que más fácilmente encontraran sentido a su vida.
Podría parecernos escaso ese 35% de personas poco vulnerables o resilientes. La apuesta del psiquiatra Boris Cyrulnik aún va más lejos, pues afirma que un 65% de infantes son capaces de superar las adversidades y salir adelante, con independencia de su ambiente familiar y socio-cultural.
2.4. Origen de la resiliencia
La resiliencia, ¿tiene base genética, o se entiende más bien como una potencialidad adquirida? Luego comentamos esta cuestión.
Otra pregunta que podríamos hacernos es: ¿la resiliencia se da de forma excepcional en algunas personas? A determinado nivel, aparece en todos nosotros. Con el tiempo, todos acabamos adaptándonos a situaciones especialmente dramáticas o difíciles que vamos encontrando a lo largo de nuestra vida. No obstante, hay unas personas más resilientes que otras.
¿Pero qué nos permite adaptarnos a esas situaciones?: pues una serie de factores psicológicos, biológicos y sociales, que conforman lo que conocemos como resiliencia.
Aunque esté influenciada por factores genéticos —determinados rasgos de personalidad—, también se adquiere en los distintos contextos de socialización, si bien determinados entornos resultan más facilitadores de la resiliencia que otros.
Recientemente, y desde modelos menos unidireccionales, la resiliencia se entiende como una potencialidad más relacionada con el optimismo y la confianza, luego resulta entrenable, y va más allá de la resistencia a la adversidad.
Autor: Quino Villa
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7 de abril de 2021
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En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Tiene que ver con lo que Maslow, en su teoría motivacional, denominaba autorrealización, que es una tendencia de todo ser humano a realizar al máximo su potencial. Es en los momentos cumbre es cuando éste se halla más dispuesto a sentir que la vida, en general, merece la pena. Hablamos de ello en el multimedia nº 26 (si deseas acceder a él, pinchar en el icono adjunto).
Como rasgos de personalidad de las personas menos vulnerables, esto es, más resilientes, se han señalado:
-Autonomía: capacidad de decisión independiente, sin la influencia de otras personas.
-Actitud social positiva: disposición a ayudar a otras personas.
-Autocontrol emocional: capacidad para gestionar, de forma adecuada, y en función de las circunstancias, nuestras emociones.
Aún hablando de rasgos, es posible la sensibilización y el aprendizaje de estrategias a fin de que el individuo consiga acomodarlos a su proyecto de vida.
En cuanto a diferencias personales en la forma de afrontar situaciones difíciles, se han señalado, entre otras:
-La autoestima: valoración que cada cual hace de sí mismo; cómo se ve y, sobre todo, cómo se siente siendo quien es y como es. Más adelante hablaremos de ella, como uno de los pilares de la resiliencia.
-La autoeficacia percibida: capacidad que se percibe en uno mismo, en una misma para afrontar situaciones y metas.
-Locus de control interno: atribución resultante de percibir que un acontecimiento es contingente con características estables de la propia persona. No importa que se trate de una fantasía; lo importante es que se crea realmente, a fin de interpretar un determinado resultado como consecuencia de lo que uno ha hecho.
Sí se han encontrado diferencias en cuanto a la variable sexo.
Los varones se suelen exponer más a situaciones de peligro; también suelen ser más osados e impulsivos. A diferencia, las mujeres son más capaces de percibir el peligro. Todo ello puede ser explicado por diferencias hormonales, y también por diferencias en la configuración cerebral, que a su vez están media-das por la cascada hormonal.
Se han hallado diferencias, por sexos, en determinadas estructuras: hipocampo, amígdala, hipotálamo, cerebelo... No obstante, también es verdad que se da una mayor variabilidad entre los cerebros de varones, que entre los de las mujeres.
En definitiva, la resiliencia, aún requiriendo tiempo y esfuerzo, es una habilidad que es entrenable, puede aprenderse.
Autor: Quino Villa
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En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
3. Qué es la resiliencia
Comencemos por conocer la definición que hace de resiliencia el diccionario de la RAE. En su primera acepción, dice: 'Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.'
Se trata de un término que se popularizó en el contexto de la psicología positiva, ese paradigma de finales del siglo XX cuyo interés fundamental está en el desarrollo del bienestar tanto de las personas como de las organizaciones, y que ha supuesto un cambio de rumbo con respecto a la psicología tradicional, más centrada en el afrontamiento y alivio del malestar.
Citamos, en el punto anterior, a Emmy Weiner. Otro autor que popularizó el término de resiliencia fue Boris Cyrulnik (foto adjunta), que lo entendía, básicamente, como renacer del sufrimiento. Él lo había tomado del mundo de la física. Tampoco pasa desapercibido para el diccionario de la RAE, pues en su segunda acepción, dice: 'capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.'
Son bien conocidas unas palabras de Boris Cyrulnik, que me encantan: "La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino." No se puede decir más con tan pocas palabras.
La APA (Asociación Americana de Psicología) define la resiliencia como el proceso de adaptarse bien a la adversidad, ya sea un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras.
Resiliencia tiene, pues, su origen en el término latino 'resilire', que significa rebotar. De alguna manera, ser resiliente tiene que ver —y ese es el significado utilizado en la física— con absorber energía y deformarse, evitando así romperse, esto es, rebotar ante una situación difícil, como lo haría una pelota de goma al chocar contra un muro.
La investigación ha demostrado, y volvemos a repetirlo, que la resiliencia es una potencialidad ordinaria, no extraordinaria. Todas las personas ponen en marcha mecanismos de resiliencia.
Y ser resiliente no tiene nada que ver con el hecho de que la persona no experimente dificultades. Es más, el dolor emocional y la tristeza son comunes a las personas que han sufrido grandes adversidades en sus vidas, no en vano estamos hablando de una de las grandes señas de la existencia.
Como conclusión, la resiliencia es:
-un mecanismo de autoprotección que no sólo ayuda a afrontar una adversidad, sino a salir fortalecido de ella.
-se trata, pues, de una dimensión que incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona (para más información, picar en el icono de la derecha).
Como información complementaria, la psicóloga Rosario Linares propone 12 hábitos que practican las personas resilientes, y que nos pueden resultar de interés.
Autor: Quino Villa
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4. Vulnerabilidad y resiliencia
Merece la pena que nos detengamos un instante en la vulnerabilidad, ya que hemos identificado como resilientes a las personas menos vulnerables.
Comencemos por el principio. Todos somos seres necesitados, luego influenciables por el mundo en el que vivimos. Y de ninguna manera podemos renunciar a nuestra verdad.
Ahora viene la segunda parte: nos han hecho creer que no es bueno ser vulnerable, pues los otros nos agredirán y nos destruirán. ¿Y cómo hay que ser, pues? Poderosos. Sí, ésa es otra de las patrañas que también nos han hecho creer: que poder y vulnerabilidad son términos antagonistas.
¿Y si poder y vulnerabilidad fueran dos energías complementarias, de las que depende nuestro equilibrio interno?
Si renunciamos a la vulnerabilidad, estamos renunciando a nuestra Verdad, a nuestra misma esencia, lo que abrirá en nuestro interior una brecha de dolor y frustración, y nunca conseguiremos experimentar la intimidad, la plenitud.
Si renunciamos al poder, nos sentiremos indefensos, amenazados, en un mundo con sus propias sinergias e intereses, y que tantas veces se nos muestra hostil.
Ahí está el reto: cultivar facetas y energías complementarias, como son el poder y la vulnerabilidad. Y todo ello, además, puede dar sentido a nuestra vida.
A propósito de las investigaciones de E. Weiner, la resiliencia se alimenta en buena parte de los momentos más gozosos de nuestra vida en los que, cuando el tiempo aún no había sido urdido, nos mostrábamos a nuestras figuras de apego con una vulnerabilidad extrema, tal y como éramos.
Todo ello nos lleva a afirmar que reconocer esa vulnerabilidad que vibra en lo más profundo de nuestra esencia sería un signo de fortaleza, una manera de autoafirmar nuestro poder.
Ahora pasemos a una segunda estancia. Son bastantes los autores que han utilizado el término de resiliencia como sinónimo de fortaleza, y también de invulnerabilidad.
La invulnerabilidad, en ese contexto, se interpreta como rasgo de personalidad y, como tal, más o menos permanente. Dicho rasgo capacitaría a la persona para resistirse a la adversidad y/o para responder a ella de un modo más o menos inmediato.
A diferencia, la resiliencia, como hemos sugerido antes, parece un constructo más adquirido a través de los distintos contextos de socialización y de aprendizaje.
Eso sí, repetimos, parece que los estilos parentales de apego seguro, en los que el papel de la madre resulta decisivo, ejercen una influencia importantísima en la modulación del nivel de resiliencia que esa persona manifestará a lo largo de su vida. Y hablamos de modulación, con sus altibajos, en función de los contextos, de los niveles de agresión, etc.
Este argumento último tendría que animarnos a entender la resiliencia como algo educable, entrenable, que puede enriquecer nuestra persona. Y como un constructo que va más allá de la invulnerabilidad.
Autor: Quino Villa
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5. Mecanismos protectores de la resiliencia
5.1. Cambio de chip
Responder con eficacia a cualquier adversidad implica un cambio de chip, esto es, tomar conciencia de que está ocurriendo algo excepcional o fuera de lo normal. Y no se trata de pensar, entendido como simple proceso cognitivo, sino de sentir, proceso emocional que desencadenará no sólo pensamientos, sino también una determinada acción.
Yo, de los 7 a los 9 años, sufrí atroces episodios de bullying por parte de desalmados mozalbetes que me pasaban 4 ó 5 años. Algunas veces he vuelto sobre algunos de aquellos incidentes que, vistos desde fuera, podrían ser catalogados de estremecedores.
Mi conciencia, la conciencia de un indefenso niño de 7 años, me advertía de que algo muy excepcional estaba aconteciendo. Ésta es una primera condición que puede llevar a responder con cierta eficacia ante la situación adversa.
Y yo lo sentía, sentía cada ataque, cada aguijonazo, cada arremetida, cada acorralamiento del que imposible escapar; y ésa es una segunda condición. El sentir era algo que surgía espontáneamente. Seguro que si alguien me hubiera preguntado por ello (que nadie me habría preguntado pues, salvo los sujetos del delito, nadie más era conocedor de aquellas agresiones), yo hubiera admitido, sin dudarlo, que mejor no sentir.
Pero sentía. Y por ello, aún sin saberlo, en el seno de semejante infortunio, aún era afortunado.
Cuando ellos daban por finalizado el episodio de maltrato, que solía ser a la anochecida, yo salía, caminando, hasta un paraje cercano, yendo al encuentro de un árbol amigo. Y me sinceraba con él, le contaba todos mis padecimientos. En mi caso, el hecho de poder contar a alguien mi experiencia traumática (el árbol era ese alguien, por cierto, alguien que siempre acogía de buen grado mis lamentos, cada uno de mis gemidos), aún sin saberlo, debió funcionar como factor protector de la resiliencia en cada uno de aquellos episodios de bullying.
Y no sé por qué estoy utilizando el término de bullying, pues en la etapa de mi vida que ahora estoy recordando, ese término aún no había sido inventado (lo haría Dan Olwen unos pocos años más tarde).
Así que cambiar el chip implica un acto de conciencia que lleva a sentir, lo que a su vez suele desembocar en la movilización de estrategias de afrontamiento. De momento, quedémonos con este simple esquema práctico.
Autor: Quino Villa
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5.2. Reveladores ejemplos de nuestro mundo
El psiquiatra Luis Rojas Marcos, en su obra 'Superar la Adversidad: el poder de la resiliencia', ilustra los mecanismos protectores de la resiliencia con un acontecimiento que conmocionó al mundo entero: el avión estrellado, en otoño de 1972, en la Cordillera de los Andes, a 4.000 m. de altura. De los 45 pasajeros, 16 fueron encontrados con vida al cabo de 72 días, ya en pleno invierno. Pudimos hacernos eco de aquel percance tanto a través de la obra literaria 'Viven', como de la correspondiente película (referencia bibliográfica de la obra de Rojas Marcos al lado).
Rojas Marcos cuenta cómo aconteció ese cambio de chip en el grupo de supervivientes. El ser conscientes de que corrían un gran peligro, movilizó en el grupo estrategias de acción adecuadas a la situación: producción de agua, cuidado de los heridos, mantenimiento del refugio en la parte del fuselaje aún no destrozada, racionamiento escrupuloso de la comida... Con el paso de los días, tuvieron que seguir inventando más estrategias para sobrevivir, como la de la antropofagia, todo ello desde profundos planteamientos morales y espirituales. Finalmente, un siniestro alud, en la misma antesala del invierno más crudo, movilizó a los dos compañeros menos debilitados para que se atrevieran con un nuevo reto: atravesar todas aquellas interminables montañas nevadas. Al cabo de 10 largos días, arribaron a un poblado. E inmediatamente, el 22 de diciembre fueron rescatados, y su odisea coronada por el éxito.
Pero tampoco entonces acabó su calvario, pues todo el grupo tuvo que enfrentarse al ojo acusador, como consecuencia de los episodios de antropofagia.
Sigue contando Rojas Marcos que a los 35 años del siniestro, en 2007, los supervivientes se reunieron con motivo de la conmemoración del aniversario.
Todos ellos habían superado el acontecimiento, sin duda, más doloroso de su vida. Y merece la pena señalar los elementos clave que fortalecieron su capacidad de resiliencia:
-El liderazgo y la organización grupal.
-La persistencia.
-El sentido del humor.
-La esperanza.
-Y la espiritualidad.
Tras el rescate, aparecieron otros dos elementos potenciadores de la resiliencia:
-La oportunidad de contar todo lo vivido.
-Y la comprensión y solidaridad por parte de personas cercanas y, a la postre, del mundo entero.
Rojas Marcos concluye esa parte de su obra así:
"Cuando nos enfrentamos a una situación extrema, tenemos que cambiar el chip. Esto implica dejar a un lado las normas, las conductas y hasta la jerarquía de valores que hasta ese momento han guiado nuestra vida cotidiana. Supone, pues, reorganizar las prioridades y poner en marcha recursos mentales y físicos que ni usamos habitualmente."
Autor: Quino Villa
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Otro episodio tremendo que Rojas Marcos incluye en su obra es el del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, acontecido el 11 de septiembre de 2001.
Unas 16.000 personas consiguieron salvar sus vidas.
Pero la estrecha línea que separó a los supervivientes de los que allí perecieron fue que estos últimos no fueron conscientes de la gravedad del siniestro: -sí oyeron la orden de desalojo inmediato del edificio.
-pero durante 6 minutos cruciales: guardaron documentos, apagaron ordenadores, hicieron algunas llamadas telefónicas... en lugar de salir zumbando de allí.
Algo parecido volvió a repetirse, en 2005, en la ciudad de Nueva Orleans, con motivo del huracán Katrina.
Se sabe que la percepción subjetiva del riesgo está menos organizada en las personas poco resilientes.
Una buena percepción del riesgo lleva a afrontar con firmeza la situación adversa. Sensibilicémonos con ello, pues puede estar en juego nuestra vida.
5.3. Mecanismos varios
Seguimos en compañía de Rojas Marcos. Él cita en su obra varios mecanismos que ejercen un efecto protector sobre la resiliencia. Presentamos únicamente una breve reseña de cada uno de ellos.
1. Ver lo que no esperamos ver.
Habitualmente, nos hacemos trampa; somos unos auténticos tramposos: anticipamos una situación, y seguidamente, a través de mecanismos sutiles, tendemos a confirmarla; mientras, pasamos por alto lo que no esperábamos. Ese mecanismo, que ha sido bien estudiado, daña nuestra flexibilidad cognitiva, necesaria para captar amenazas de peligro, y para responder a sucesos inesperados. De ahí la propuesta de Rojas Marcos: sensibilizarnos para ver lo que no esperamos ver.
2. Intuición.
Como dice Rojas Marcos, se trata de una respuesta emocional premonitoria con un enorme poder. La intuición, a través de mecanismos aún no bien conocidos, pone ante nuestros ojos varios indicios del riesgo, lo que alimenta nuestra sensación de control ante la situación.
Además de experimentos controlados en situación de laboratorio, son innumerables los casos documentados en que fiarse de la intuición ha salvado la vida de muchas personas.
3.Altruismo y liderazgo.
Ante una situación de desastre, las personas que se movilizan para proteger a otras es más fácil que superen la coyuntura; el altruismo alimenta la resiliencia, y también otros muchos aspectos considerados como pilares de ella. Ése precisamente es un efecto colateral del voluntariado.
También se sabe que las personas damnificadas, en situaciones críticas, buscan a aquellas que puedan guiarles, buscan líderes competentes.
Autor: Quino Villa
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4. Explicar el sufrimiento.
La explicación que damos al sufrimiento, Rojas Marcos la ilustra con este simple ejemplo: "No damos el mismo significado a una cicatriz si es consecuencia de una operación quirúrgica que si es el resultado de una acción violenta."
En definitiva, el significado que damos a la adversidad, fortalecerá o minará nuestra capacidad de resiliencia.
Con respecto al sufrimiento, me gusta acudir al enfoque existencialista de Frankl. Para ampliar información, ir al multimedia nº 22 de esta serie, El dia- rio de mi vida.
Tambiéna adjuntamos unas pocas citas suyas referidas al sufri-miento (icono adjunto).
5. Sentido del humor.
Rojas Marcos resume el efecto del humor así: "En las crisis, el sentido del humor es algo muy serio."
Ayuda a establecer distancia emocional con respecto a la situación estresante. También resulta eficaz como defensa ante la desesperación. Y, además, suele suscitar un compendio de emociones beneficiosas que conocemos como risa.
Valga como botón de muestra un comentario que Rojas Marcos escuchó en la sala de espera de un neurólogo: "¿Sabes qué es lo mejor del Alzheimer? Que todos los días conoces a alguien nuevo."
6.Narrar, compartir y solidarizar.
Evocar y relatar emociones, sentimientos, sensaciones, recuerdos... resulta beneficioso; es una manera de ir poniendo luz en ese infra-mundo oscuro. Abordamos esa cuestión en dos de los multimedias dedicados al diario, en el contexto del autoconocimiento (enlaces al margen).
7.Pasar página.
Superar una situación angustiosa implica pasar página, renunciando a nuestro papel de víctima.
En ese pasar página, Rojas Marcos señala tres claves: olvidar, adaptarse a la nueva situación y perdonar.
En cuanto al perdón, y con ello cerramos este apartado, transcribo un interesante fragmento de su obra de referencia:
"Se acostumbra a pensar que el perdón requiere un intercambio voluntario y personal entre el agresor y el agredido: el primero expresa genuinamente pesar y arrepentimiento, y el segundo lo absuelve. La realidad, sin embargo, no es así en la gran mayoría de casos. Casi siempre la decisión de perdonar nace en la mente de la víctima; es subjetiva y privada, y consiste en un proceso íntimo y silencioso de introspección, en el que no suelen entrar criterios éticos ni religiosos. No exige la participación ni el remordimiento o contrición a los culpables.../... El objetivo principal de perdonar es liberarse de la enorme carga opresiva que suponen el rencor enquistado y la debilitante identidad de víctima, para poder curar la herida, recuperar la paz interior y concentrar las energías en reconstruir con entusiasmo una nueva vida y controlar la propia suerte."
Autor: Quino Villa
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6. Factores que fomentan la resiliencia
6.1. Introducción
La pregunta obligada: ¿hay alguna forma de construir la resiliencia? Sí. Se conocen los factores que más contribuyen a desarrollar la resiliencia; hay autores como Rojas Marcos que hablan de los seis pilares de la resiliencia, que luego comentaremos.
El factor más importante —y en eso coinciden diversos autores— tiene que ver con el hecho de disponer de relaciones íntimas, tanto dentro como fuera de la familia. Esas relaciones aportan seguridad, necesaria para que la persona pueda autoafirmarse.
Otros factores que contribuyen a desarrollar la resiliencia son:
-La capacidad para hacer planes realistas y seguir una serie de pasos necesarios para llevarlos a cabo.
-Una visión positiva de uno mismo, y confianza en las propias fortalezas.
-Destrezas comunicativas.
-Buenas estrategias de resolución de problemas.
-Capacidad para manejar sentimientos.
Todos estos factores son modificables, luego se pueden entrenar y mejorar.
6.2. Los seis pilares de la resiliencia, según Rojas Marcos
Luis Rojas Marcos, en la obra ya citada 'Superar la adversidad. El poder de la resiliencia', habla de seis pilares o factores que alimentan la resiliencia. Todos ellos se complementan, formando un tándem perfecto.
Vamos a presentar una breve reseña de cada uno de esos seis factores.
1. Conexiones afectivas
-Los vínculos de cariño, de apoyo mutuo, de intimidad... cons- tituyen el principal pilar de la resiliencia. -No importa que esa conexión emocional se establezca con varias personas o con una sola; tampoco importa el sexo, la edad, la clase social de la persona con la que se conecte; el resultado siempre fortalecerá la resiliencia.
-La conexión afectiva, como ya hemos dejado claro antes, se imprime de una manera especial durante las primeras etapas del apego, especialmente a través de los vínculos con la madre.
-La Neurociencia habla del cerebro social, formado por una compleja red que conecta muy diversas regiones cerebrales, y que nos permite comunicarnos con otras personas. A fin de cuentas, tenemos un cerebro social porque somos seres sociales.
-O como dice Eduardo Punset, "lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás." Pues deberíamos añadir: el contacto social nos hace, además, resilientes.
-Y si la calidad de la conexión continúa a lo largo del desarrollo, los hijos irán interiorizando, a la vez que normas de conducta y metas atractivas de vida, resiliencia.
-Así que estar felizmente emparejados, o contar con una red social de apoyo o con una persona cercana, del tipo que sea, nos habla de una mayor capacidad de resiliencia para afrontar los desafíos o situaciones difíciles de la vida.
Como ejemplo ilustrativo, recordemos la investigación sobre resiliencia llevaba a cabo por Emmy Weiner (aparece en la imagen adjunta), y que le llevó a con-cluir que la condición más importante para desarrollar la resiliencia es una relación de calidad con alguna figura de apego.
Autor: Quino Villa
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2. Funciones ejecutivas
-Rojas se refiere, con ese nombre, como 2º pilar de la resiliencia, al control de emociones, pensamientos y conductas, a la planificación, a la ordenación de prioridades, a la toma de decisiones, al establecimiento de metas.
-La base neurológica de las funciones ejecutivas se sitúa en el lóbulo frontal.
-El componente principal de las funciones ejecutivas es la introspección, esto es, el hecho de observarnos a nosotros mismos, tratando de comprender nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras acciones. A través de ese diálogo con nosotros mismos podemos resolver problemas, implementar la proactividad (aclaración en el icono adjunto), satisfacer nuestros deseos.
La introspección también resulta de gran ayuda cuando inesperadamente nos encontramos ante un peligro.
-Otra función ejecutiva importante es el autocontrol emocional. Éste nos lleva a no derrochar energía mental innecesaria, en pro de perseguir mejores objetivos a más largo plazo.
-En definitiva, como dice Rojas Marcos: "Sentir que se es feliz... para vencer situaciones adversas, fomenta pensamientos como 'yo puedo', 'estoy preparado'. Y, como consecuencia, dedicamos más esfuerzo a superar los retos."
3. Centro de control interno
-El centro de control interno es el 3º factor que alimenta la resiliencia. Es lo que la teoría atribucional denomina locus de control.
-La persona resiliente cree dominar las circunstancias, pues cree que el control de la situación se sitúa dentro de sí misma —locus de control interno—. Si cree que el resultado está en sus manos, se enfrentará más eficazmente a la adversidad.
-Por el contrario, quien crea que las fuerzas externas —azar, destino, mala suerte— son ingobernables, se sentirá indefenso, y responderá con resignación y pasividad.
Vamos a describir tres ejemplos ilustrativos que Rojas Marcos nos muestra en su obra.
Una amenaza real en algunas áreas críticas, en EEUU, es la de los tornados.
J. Sims y D. Baumann llevaron a cabo un estudio para dilucidar por qué en Alabama el número de muertos era 5 veces mayor que en algunos estados del N, como Illinois, cuando ni la fuerza ni la duración de los tornados podía explicarlo.
Encontraron que frases como "¡que sea lo que Dios quiera!" y similares, desplazaban el locus de control fuera de los habitantes de Alabama, poniendo su destino en manos del azar o de las fuerzas sobrenaturales.
A diferencia, los habitantes de Illinois, en lugar de encomendarse a las deidades, se movilizaban: buscaban refugio, avisaban a los vecinos, se aprovisionaban de víveres... planificaban estrategias preventivas desde un locus de control interno.
Autor: Quino Villa
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Otro estudio trataba de investigar el efecto de las oraciones, por parte de terceros, en pacientes sometidos a operación de corazón.
Fue llevado a cabo por un grupo de cardiólogos, dirigidos por Herbert Benson, de la Universidad de Harvard, con casi 2.000 enfermos.
Los resultados fueron los esperados: los pacientes que sabían que alguien rezaba por ellos, sufrieron muchas más complicaciones postoperatorias.
Conclusión: uno puede rezar cuanto quiera, pero es mejor no contarlo al supuesto beneficiario mientras éste yazca convaleciente.
-De nuevo el locus de control es el responsable de los diferentes resultados. -Los mensajes más reconfortantes son aquellos que proceden de su voz interna, lo que se traduce en esperanza, protegiendo por tanto la indefensión.
El tercer ejemplo que cita Rojas Marcos, mero chascarrillo, también resulta bien ilustrativo.
Va de un arrogante psiquiatra que sube a un ferri en día de marea. Y escucha a una mujer vanagloriarse: "Estas mareas no me producen el más mínimo miedo."
El psiquiatra, al oírla, se acerca a ella y le espeta: "Negar la realidad es uno de los mecanismos de defensa inconscientes más usados. Ha desperdiciado media vida."
Unos minutos más tarde, la tormenta va a más, y el trasbordador comienza a escorarse. Es entonces cuando la buena mujer le pregunta al doctor si sabe nadar; al escuchar que no, añade con resolución: "Pues me temo que usted ha desperdiciado toda su vida. Nos estamos hundiendo."
Sin duda que centrarnos en nuestros recursos y competencias, nos puede resultar de gran ayuda en el manejo de situaciones complicadas.
4. Autoestima
-Vamos con el 4º factor que alimenta la resiliencia.
-Autoestima es la valoración que cada cual hace de sí mismo, de sí misma; cómo se ve y, sobre todo, cómo se siente siendo quien es y como es.
-Es esa resonancia emocional que acompaña a una, a uno, y que abarca, antes que facetas concretas, la totalidad de su persona.
-Es la manera que una o uno tiene de relacionarse consigo mismo, ordenando todas sus experiencias (su forma de ser, todo lo vivido con otras personas, sus emociones y sentimientos...) en lo que se denominayo personal.
-Según se encuentre la autoestima de la persona, vibrarán de una manera u otra sus aspiraciones en la vida, lo que piensa de sí misma, cómo se toma los fracasos, cómo se comporta consigo misma, incluso cómo se muestra a los demás y cómo los demás la perciben.
Una autoestima positiva constituye un ingrediente primordial de la resiliencia, porque:
-moviliza la confianza.
-moviliza, también, la esperanza.
-y todo ello tiene que ver con la capacidad de dirigir la propia vida.
Todos nos habremos enfrentado a diversidad de situaciones humillan-tes. Pero algunas personas consiguen minimizar su efecto: a través del olvido, alterando esos recuerdos y haciéndolos menos dolorosos, desviando la culpa hacia fuera. No obstante, aunque todo ello tiene un límite, sobrepasado el cual, nos haría más daño que otra cosa.
Autor: Quino Villa
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7 de febrero de 2021
Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Como dice Reinhold Niebuhr (citado por Rojas Marcos), lo ideal es:
-aceptar con serenidad las cosas que no podemos cambiar.
-tener valor para cambiar lo que podemos cambiar.
-y sabiduría para distinguir las unas de las otras.
Rojas Marcos cita una estrategia más que protege nuestra estima, como es la de dar importancia a la satisfacción obtenida en una faceta de nuestra vida (la realización profesional, por ejemplo) para compensar otra (un fracaso en las relaciones íntimas).
5. Pensamiento positivo
-El pensamiento positivo constituye el 5º factor que alimenta la resiliencia, y tiene mucho que ver con el optimismo.
-Una de las cosas que ha aclarado la Neurociencia es que los estados de ánimo agradables estimulan los recuerdos placenteros y también la esperanza, mientras que los negativos estimulan recuerdos desagradables.
El pensamiento positivo se mide a partir de 3 parámetros relacionados con la dimensión temporal: valoración de las experiencias del pasado, explicaciones que se dan a los sucesos que están afectando en el presente, y nivel de esperanza proyectado en el futuro.
1.Valoración de las experiencias del pasado.
-Las personas optimistas tienden a evocar los buenos recuerdos; y eso les predispone a confiar en el presente y en el futuro.
-A diferencia, las personas que se ciñen a una visión negativa, cargan con sentimientos de temor, culpa y desconfianza.
2.Explicaciones que se dan a los sucesos que están afectando en el presente.
-Siempre, incluso en las peores situaciones, se pueden encontrar aspectos positivos.
-Pueden resultar útiles comparaciones como éstas:
."No soy el único a quien le ocurre ese tipo de cosas."
."Aún hubiera podido ser peor."
3.Nivel de esperanza proyectado en el futuro.
-Hay una frase que Rojas Marcos recogió de un sabio médico, que dice: "Los seres humanos podemos vivir 40 días sin comida, 3 días sin beber agua, pero sólo unos segundos sin esperanza."
-"La esperanza es la esencia del pensamiento positivo", suma este psiquiatra.
Cuando alguien espera que algo le vaya bien, se predispone a ello; ahí está la clave de la profecía autocumplida.
Ésa es la esperanza específica, que se alimenta de:
-confianza y seguridad en uno mismo.
-motivación para planificar y seguir el plan.
-voluntad, diligencia y determinación. (enlace a vídeo).
La autoafirmación adquiere este matiz: "Tal vez me cueste, sí, pero soy capaz."
Si deseas ampliar información sobre el constructo 'determinación', 'grit', en inglés, adjuntamos enlace a un estupendo vídeo '¿La clave del éxito? Determinación', de Angela Lee Duckworth.
Algunos de los efectos conocidos del optimismo:
-aumenta la resistencia al sufrimiento psíquico.
-frena el decaimiento mental.
-en definitiva, alimenta la persistencia para sobreponerse a la adversidad.
El pensamiento positivo no sólo potencia la resiliencia, también la autoestima, los estados de ánimo positivo, e incluso las funciones del cerebro ejecutivo.
Y, además, ejerce un efecto positivo en la conexión afectiva con los demás.
Autor: Quino Villa
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La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
6. Motivos para vivir
-Tener un motivo para vivir constituye el 6º factor que alimenta la resiliencia.
-Es en las épocas tempestuosas cuando esas cuestiones más irrumpen en nuestra conciencia.
-El hecho de captar la finalidad existencial de la vida ayuda a tolerar mejor las experiencias difíciles.
-Viktor Frankl sobrevivió tres años en los campos de exterminio nazi de Auschwitz y Dachau; y uno de los secretos de su supervivencia fue la esperanza de volver a ver a su amada esposa, y haber encontrado sentido a la vida (allí elaboró los fundamentos de la psicoterapia existencial conocida como logoterapia).
-Cada persona utiliza diferentes estrategias para encontrar sentido a su vida:
.apoyo en teorías filosóficas.
.creencia en dogmas religiosos.
-Dice Rojas Marcos que "las religiones son espejos donde los creyentes reflejan la esperanza de sus mentes", ya sea en forma de felicidad perpetua o de inmortalidad.
-De ahí que los creyentes perciban la vida de manera más positiva.
Según una investigación de Rojas Marcos, parece que la resiliencia:
-no se nutre mucho de interpretaciones filosóficas o místicas.
-y sí de razones concretas para vivir; es entonces cuando aparecen más motivos que ayudan a vencer la adversidad.
Los motivos para vivir que la gente cita con más frecuencia:
-el amor, en sus diversas facetas; es una forma de estar conectado a los seres queridos; estamos hablando de los deseos más profundos de los seres humanos.
-el miedo a la muerte.
-sentir que estamos cumpliendo una misión aquí.
-sentir en todo ello un deber moral para no rendirse.
El miedo a la muerte "yace incrustado en nuestros genes", dice Rojas Marcos. Se halla presente ya a partir de los siete u ocho años. De ahí la fuerza tremenda que tiene la ilusión de inmortalidad.
Ya lo decía Viktor Frankl: "La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino sólo por falta de significado y propósito." También afirma: "Sólo en la misma medida en que el ser humano se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa misma medida se autorrealiza."
6.3. Los nueve pilares de la resiliencia, según Aldo Mejillo
A partir de la investigación de Emmy Werner, ya comentada, Aldo Melillo fija nueve pilares o factores protectores de la resiliencia, que pasamos a enumerar.
1. Autoestima consistente
Está considerada como la base de los demás factores. La calidad de las experiencias de apego de los primeros años de nuestra vida nos acompañará siempre.
2. Introspección
Aldo Melilllo la define como el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Implica tomar conciencia de los propios sentimientos. Cuando alguien busca una identificación excesiva en el grupo de iguales es porque no ha logrado encontrarse a sí mismo, cosa que ocurre en los inicios de la drogodependencia o de la delincuencia.
Autor: Quino Villa
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3. Independencia
Saber fijar límites entre uno mismo y el medio. Tiene que ver con saber mantener una distancia emocional y física prudente, sin caer en el aislamiento.
4. Capacidad de relacionarse
Habilidad para establecer lazos e inti-midad con otras personas, encontrando el equilibrio entre la propia necesidad de afecto y el dar y compartir.
5. Iniciativa
Tiene que ver con exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más
exigentes.
6. Humor
Se trata de algo tan sencillo como saber encontrar lo cómico en la propia tragedia; esto es, no dilapidar sentimientos negativos, que no aportarían nada bueno.
7. Creatividad
La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden.
La Neurociencia ha dejado evidencias de que la creatividad implica a redes neuronales a gran escala: a nivel atencional, a nivel de simulaciones mentales, tendiendo puentes entre los recuerdos personales y un futuro idílico, utilizando patrones flexibles entre imaginación y ejecución, silenciando la crítica interna, e incluso llevando a la persona a un estado de flujo.
8. Moralidad
Desde un punto de vista personal, hacer el bien, manteniendo un compromiso con los valores universales. Desde un punto de vista social, deseo de bienestar para todos los seres humanos.
9. Capacidad de pensamiento crítico
Igual que la autoestima, implica al resto de factores. Supone analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se está sufriendo. Y a partir de ello proponer modos de enfrentarlas y cambiarlas.
6.4. Claves para construir la resiliencia
La Asociación Americana de Psicología propone 10 claves para construir la resiliencia. Por si se desea conocer esa informa-ción, adjuntamos enlace.
Resiliencia y educación.
Para aquellas personas interesadas en construir resiliencia en el contexto educativo, adjuntamos varios enlaces interesantes, y dos vídeos del neurólogo Boris Cyrulnik.
Resiliencia familiar.
La resiliencia familiar es definida por E. Gómez y M. A. Kotliarenco como el conjunto de procesos de reorganización de significados y comportamientos que activa una familia sometida a estrés para recuperar y mantener niveles óptimos de funcionamiento y bienestar, equilibrando sus recursos y necesidades familiares. (Fuente de la definición) Adjuntamos varios enlaces.
Autor: Quino Villa
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La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
7. Acabando ya
-Nuestra especie lleva miles de años afrontando desafíos y situaciones amenazantes. Y en ello persistimos.
-Pero tenemos la barita mágica para lidiar con la adversidad; digo que 'mágica' porque cada cual puede infundirle poder.
-Ahí está nuestra vulnerabilidad pidiendo, a gritos, intimidad, estableciendo lazos afectivos con otras personas. Ahí está la introspección o diálogo con nosotros mismos a fin de hacer conscientes nuestros estados emocionales. O el locus de control interno. O el pensamiento positivo... Todos esos factores conforman nuestra varita mágica; una varita que no hay que comprar; disponemos ya de ella; únicamente hace falta activarla.
Entre aquellas personas entrevistadas, que comentaba al comienzo de este multimedia, me viene a la mente Carolina. Ella cuenta ahora con 85 años. Desde que su marido muriera, hace cosa de dos, vive sola. Pero en absoluto se siente sola. Desde siempre, ha mantenido con sus vecinos relaciones cordiales; y ahora todos ellos están pendientes por si necesitara algo.
Sí, por supuesto que sus hijos son los primeros que se desviven por ella, pero trabajan lejos, y durante los repetidos confinamientos han tenido que pasar varias semanas sin poder ir a visitarla.
Por lo que he podido conocer, Carolina es un vivo ejemplo de persona resiliente.
-Conoce sus fortalezas, y también sus limitaciones; ello le permite trazarse, en el día a día, metas realistas. "Hace unos días que está nevando", me contaba hace no mucho. "Por la noche han bajado mucho las temperaturas, y las calles se han puesto casi intransitables por las planchas de hielo, que resultan peligrosas. Pues cuando salgo de casa, para i a cuidar a mis conejos y mis gallinas, me pongo crampones y camino con cuidado."
-Ella tiene consciencia del presente; sigue asombrándose de los pequeños momentos que la vida nos regala -ella, más que nadie, sabe que lo grande late en lo pequeño-. Y es una persona optimista. Decía Abraham Lincoln que podemos quejarnos porque los rosales tienen espinos o alegrarnos porque los espinos tienen rosas: ésta segunda es la opción preferente de Carolina. A propósito, una de sus pasiones son las flores y, en concreto, las rosas. Adjunto una foto de su casa, captada el último verano.
-Ella muestra patrones claros de flexibilidad mental. Me contaba hace un tiempo: "Me gusta mucho leer, pero ahora (debido a un problema degenerativo de retina y mácula) debo hacerlo en días de sol, y hacia el mediodía." No le oí quejarse por ello; algo me recordó a una cita de Vivian Greene, que dice: "La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia." Hablaba de flexibilidad cognitiva; pues ésta
junto a su perseverancia le llevan a no renunciar a sus metas; única-mente a buscar la senda más adecuada.
Sabe cuidar sus relaciones y sus amistades -me reitero-, es una persona que rezuma empatía. Qué curioso: la siguen visitando personas que pasaron por su casa hace más de 20 años; en tiempos, la tuvo dedicada a turismo rural.
Autor: Quino Villa
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En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Es una persona que, a lo largo de su vida, y en repetidas ocasiones, ha dado muestras de tolerar bien la frustración. En lugar de instalarse en la queja, ha sabido convertir esas situaciones aparentemente ad-versas, en oportunidad, en nuevos retos. En verdad que Carolina es una persona que ha sabido salir inmune de muchas situaciones realmente complicadas.
Al inicio del confinamiento en casa, como a las dos semanas, me enteré que la habían llamado del servicio de teleasistencia por si necesitaba alguna ayuda extra. Ni qué decir tiene que las profesionales de ese servicio, y son casi todas mujeres, derrochan amabi-lidad y simpatía por los cuatro costados. Pues la operadora que llamó a Carolina, tras un rato de amena cháchara, quiso agasajarla así: "Siga así, Carolina, que la veo muy animada."
A lo que ella añadió: "Pues sí. Aunque esto de la pandemia se está po-niendo feo, ¿para qué me voy a preocupar antes de tiempo? Si llega el caso, y según cómo vayan las cosas, ya me preocuparé cuando toque. ¡Con una vez, más que suficiente!"
No preocupada por un posible contagio, pero diligente en cuanto a res-petar al máximo las medidas preventivas. Y ésta, una simple anécdota.
En un mundo en el que tantas personas se sienten atrapadas por el miedo, incluso son presas del pánico (y me refiero al miedo disfuncional, no a aquel adaptativo que nos da seguridad, pues nos permite evitar peligros), ella, Carolina, nos envía un mensaje velado, que me he tomado la libertad de traducir con estas palabras: "El miedo es del futuro, un tiempo mental que ni siquiera tiene entidad propia. En cada maravilloso aquí-ahora no hay lugar para el miedo. Todo es ocupado por la vida, que nos está sonriendo a cada instante."
Para qué andar con más rodeos: me gusta mirarme en Carolina como un verdadero modelo resiliente.
Unas pocas citas sobre resiliencia
No me juzgues por mis éxitos,
júzgame por las veces que me caí
y volví a levantarme.
(Nelson Mandela)
Recuerda siempre que eres más grande que tus circunstancias,
eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir.
(Anthony Robbins)
Soy más que mis cicatrices.
(Andrew Davidson) Utiliza tus cicatrices para recordar
que sobreviviste a heridas profundas.
(Steve Goodier)
La mayor gloria no está en no caer nunca,
sino en levantarnos cada vez que caemos.
(Confucio)
Puedes acceder al multimedia nº 28, Lecciones de Resiliencia, complemento de éste, aa través del enlace adjunto.
Autor: Quino Villa
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7 de febrero de 2021
27.En Torno a la Resiliencia
Quino Villa
Created on February 7, 2021
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino, afirma Boris Cyrulnik.
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Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En Torno a la Resiliencia
La resiliencia, en el contexto de la psicología positiva, se entiende como un mecanismo de autoprotección que no sólo ayuda a afrontar una adversidad, sino a salir fortalecido de ella.
Sumario
1. Preámbulo. 2. Adentrándonos en el tema 2.1. Naturaleza resiliente 2.2. Personas resilientes 2.3. Sorprendente descubrimiento de Weiner 2.4. Origen de la resiliencia 3. Qué es la resiliencia 4. Vulnerabilidad y resiliencia 5. Mecanismos protectores de la resiliencia 5.1. Cambio de chip 5.2. Reveladores ejemplos de nuestro mundo 5.3. Mecanismos varios 6. Factores que fomentan la resiliencia 6.1. Introducción 6.2. Los seis pilares de la resiliencia, según Rojas Marcos 6.3. Los nueve pilares de la resiliencia, según Aldo Mejillo 6.4.Claves para construir la resiliencia 7. Acabando ya
1. Preámbulo
Nuestro punto de mira está en la resiliencia, un mecanismo de autoprotección que nos ayuda a afrontar cualquier adversidad.
Nos preguntaremos cuál es su origen, cómo se va conformando, qué relación tiene con la invulnerabilidad, qué mecanismos ejercen un efecto protector sobre ella, para acabar analizando cuáles son los factores que la fomentan, lo que denominaremos como pilares de la resiliencia.
¿Qué está en juego? Que podamos salir indemnes de muchas situaciones adversas con que nos encontremos, incluso fortalecidos.
"En nuestros momentos más oscuros podemos encontrar nuestros tesoros más brillantes. En la vida todo tiene su razón de ser.(Mark Allen)
2. Adentrándonos en el tema
2.1. Naturaleza resiliente
Hoy es uno de tantos días que he salido a la montaña. A propósito, un amigo mío suele corregirme: "Eso que haces tú, no es montaña, es media montaña." "De acuerdo: tomo nota", le digo. Pues siempre que hago una salida de 'media montaña', nunca olvido meter en mi mochila la cámara de fotos, un buen libro y una libreta en la que poder anotar cualquier sorpresa que movilice mi capacidad de asombro.
Autor: Quino Villa
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Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Al cabo de una hora de camino, me detengo en un cerro. La luz es espectacular. Me siento un poco para disfrutar del paisaje. De pronto, mi curiosidad se ve atraída por un acontecimiento singular que tiene lugar a escasos centímetros de mis pies.
Desde hace un buen rato, está soplando una brisa muy agradable. Concentro mi mirada en unos pocos tallos herbáceos esbeltos y alargados. Veo cómo danzan, en maravillosa sincronía, al son del céfiro orquestal.
Sin abandonar mi éxtasis, fijo mi cámara a un pequeño trípode y, tras seleccionar una velocidad baja, intento captar ese sorprendente espectáculo. Ahora que llega un golpe de aire, los tallos se inclinan hasta casi tocar el suelo; cuando cesa el flujo, vuelven a recuperar su estado natural. Y así durante un buen rato.
Abro mi bloc y tomo nota. Durante ese vaivén prodigioso e ininterrumpido, no he escuchado lamento alguno por parte de esas plantas. Tampoco las he visto afectadas por semejante perturbación. Ni heridas. Ni resentidas. Ni impotentes ante la adversidad. Ni tampoco tristes.
Tras cada bamboleo, no sólo son capaces de recuperar su estado inicial, sino de generar más y más normalidad en su ciclo vital. ¡Qué curioso!
2.2. Personas resilientes
Ese espectáculo tan impresionante que está aconteciendo delante —lo más grande latiendo en lo aparentemente pequeño—, me lleva a recordar el testimonio de varias personas entrevistadas recientemente y que, siendo niñas, habían sufrido los tremendos embates de una guerra civil y, seguidamente, las precariedades no menos desdichadas de una consecuente posguerra. Al inicio de la contienda, contarían entre 2 y 9 años.
Lo que más me sorprendió de muchas de ellas fue no sólo su gran capacidad para hacer frente a tantas adversidades sino, pasado un tiempo, su capacidad para transformar todas aquellas dificultades en retos, en oportunidades, acabando finalmente fortalecidas.
Todos esos testimonios ni siquiera los había buscado expresamente. Me los encontré casualmente, mientras me estaba documentando para escribir una novela ambientada en la guerra civil española. Y debo confesar que el descubrimiento me sorprendió gratamente.
Autor: Quino Villa
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En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
2.3. Sorprendente descubrimiento de Weiner
Acudamos ahora al ámbito científico de la psicología. La psicóloga del desarrollo Emmy E. Weiner en 1955 estudió a 798 bebés de la isla de Kavai, en el archipiélago de Hawai (retrato suyo, en la parte inferior).
Todos ellos habían nacido en el seno de familias pobres. Además, una tercera parte habían sufrido experiencias de estrés, y fueron creciendo en familias en las que había peleas frecuentes, con presencia de alcoholismo y enfermedades mentales.
Esa investigadora estadounidense regresó al mismo lugar 35 años más tarde, con el fin de realizar un seguimiento de parte de los sujetos de su estudio.
Quería conocer qué había sido de los 201 niños y niñas de ámbitos más desfavorecidos, cómo habían salido adelante.
Encontró que el 35% de ellos y ellas, un total de 72, habían tenido un desarrollo normal, a pesar de no haber contado con atenciones especiales. Fue la primera vez que se habló de resiliencia.
¿Y qué circunstancias comunes se daban entre los 72 resilientes? La más importante: que habían crecido en contextos de afecto, y el amor incondicional de sus cuidadores y figuras de apego, principalmente de la madre, les había hecho sentir personas valiosas, lo que, con el tiempo, a su vez había ayudado a que más fácilmente encontraran sentido a su vida.
Podría parecernos escaso ese 35% de personas poco vulnerables o resilientes. La apuesta del psiquiatra Boris Cyrulnik aún va más lejos, pues afirma que un 65% de infantes son capaces de superar las adversidades y salir adelante, con independencia de su ambiente familiar y socio-cultural.
2.4. Origen de la resiliencia
La resiliencia, ¿tiene base genética, o se entiende más bien como una potencialidad adquirida? Luego comentamos esta cuestión.
Otra pregunta que podríamos hacernos es: ¿la resiliencia se da de forma excepcional en algunas personas? A determinado nivel, aparece en todos nosotros. Con el tiempo, todos acabamos adaptándonos a situaciones especialmente dramáticas o difíciles que vamos encontrando a lo largo de nuestra vida. No obstante, hay unas personas más resilientes que otras.
¿Pero qué nos permite adaptarnos a esas situaciones?: pues una serie de factores psicológicos, biológicos y sociales, que conforman lo que conocemos como resiliencia.
Aunque esté influenciada por factores genéticos —determinados rasgos de personalidad—, también se adquiere en los distintos contextos de socialización, si bien determinados entornos resultan más facilitadores de la resiliencia que otros.
Recientemente, y desde modelos menos unidireccionales, la resiliencia se entiende como una potencialidad más relacionada con el optimismo y la confianza, luego resulta entrenable, y va más allá de la resistencia a la adversidad.
Autor: Quino Villa
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7 de abril de 2021
Serie Un Nuevo Aliento Infografía nº 27
En torno a la Resiliencia
La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
Tiene que ver con lo que Maslow, en su teoría motivacional, denominaba autorrealización, que es una tendencia de todo ser humano a realizar al máximo su potencial. Es en los momentos cumbre es cuando éste se halla más dispuesto a sentir que la vida, en general, merece la pena. Hablamos de ello en el multimedia nº 26 (si deseas acceder a él, pinchar en el icono adjunto).
Como rasgos de personalidad de las personas menos vulnerables, esto es, más resilientes, se han señalado: -Autonomía: capacidad de decisión independiente, sin la influencia de otras personas. -Actitud social positiva: disposición a ayudar a otras personas. -Autocontrol emocional: capacidad para gestionar, de forma adecuada, y en función de las circunstancias, nuestras emociones.
Aún hablando de rasgos, es posible la sensibilización y el aprendizaje de estrategias a fin de que el individuo consiga acomodarlos a su proyecto de vida.
En cuanto a diferencias personales en la forma de afrontar situaciones difíciles, se han señalado, entre otras:
-La autoestima: valoración que cada cual hace de sí mismo; cómo se ve y, sobre todo, cómo se siente siendo quien es y como es. Más adelante hablaremos de ella, como uno de los pilares de la resiliencia. -La autoeficacia percibida: capacidad que se percibe en uno mismo, en una misma para afrontar situaciones y metas. -Locus de control interno: atribución resultante de percibir que un acontecimiento es contingente con características estables de la propia persona. No importa que se trate de una fantasía; lo importante es que se crea realmente, a fin de interpretar un determinado resultado como consecuencia de lo que uno ha hecho.
Sí se han encontrado diferencias en cuanto a la variable sexo. Los varones se suelen exponer más a situaciones de peligro; también suelen ser más osados e impulsivos. A diferencia, las mujeres son más capaces de percibir el peligro. Todo ello puede ser explicado por diferencias hormonales, y también por diferencias en la configuración cerebral, que a su vez están media-das por la cascada hormonal. Se han hallado diferencias, por sexos, en determinadas estructuras: hipocampo, amígdala, hipotálamo, cerebelo... No obstante, también es verdad que se da una mayor variabilidad entre los cerebros de varones, que entre los de las mujeres.
En definitiva, la resiliencia, aún requiriendo tiempo y esfuerzo, es una habilidad que es entrenable, puede aprenderse.
Autor: Quino Villa
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7 de febrero de 2021
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La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino
3. Qué es la resiliencia
Comencemos por conocer la definición que hace de resiliencia el diccionario de la RAE. En su primera acepción, dice: 'Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.'
Se trata de un término que se popularizó en el contexto de la psicología positiva, ese paradigma de finales del siglo XX cuyo interés fundamental está en el desarrollo del bienestar tanto de las personas como de las organizaciones, y que ha supuesto un cambio de rumbo con respecto a la psicología tradicional, más centrada en el afrontamiento y alivio del malestar.
Citamos, en el punto anterior, a Emmy Weiner. Otro autor que popularizó el término de resiliencia fue Boris Cyrulnik (foto adjunta), que lo entendía, básicamente, como renacer del sufrimiento. Él lo había tomado del mundo de la física. Tampoco pasa desapercibido para el diccionario de la RAE, pues en su segunda acepción, dice: 'capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.'
Son bien conocidas unas palabras de Boris Cyrulnik, que me encantan: "La resiliencia hace que ninguna herida sea un destino." No se puede decir más con tan pocas palabras.
La APA (Asociación Americana de Psicología) define la resiliencia como el proceso de adaptarse bien a la adversidad, ya sea un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras.
Resiliencia tiene, pues, su origen en el término latino 'resilire', que significa rebotar. De alguna manera, ser resiliente tiene que ver —y ese es el significado utilizado en la física— con absorber energía y deformarse, evitando así romperse, esto es, rebotar ante una situación difícil, como lo haría una pelota de goma al chocar contra un muro.
La investigación ha demostrado, y volvemos a repetirlo, que la resiliencia es una potencialidad ordinaria, no extraordinaria. Todas las personas ponen en marcha mecanismos de resiliencia. Y ser resiliente no tiene nada que ver con el hecho de que la persona no experimente dificultades. Es más, el dolor emocional y la tristeza son comunes a las personas que han sufrido grandes adversidades en sus vidas, no en vano estamos hablando de una de las grandes señas de la existencia.
Como conclusión, la resiliencia es: -un mecanismo de autoprotección que no sólo ayuda a afrontar una adversidad, sino a salir fortalecido de ella. -se trata, pues, de una dimensión que incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona (para más información, picar en el icono de la derecha).
Como información complementaria, la psicóloga Rosario Linares propone 12 hábitos que practican las personas resilientes, y que nos pueden resultar de interés.
Autor: Quino Villa
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7 de febrero de 2021
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4. Vulnerabilidad y resiliencia
Merece la pena que nos detengamos un instante en la vulnerabilidad, ya que hemos identificado como resilientes a las personas menos vulnerables.
Comencemos por el principio. Todos somos seres necesitados, luego influenciables por el mundo en el que vivimos. Y de ninguna manera podemos renunciar a nuestra verdad.
Ahora viene la segunda parte: nos han hecho creer que no es bueno ser vulnerable, pues los otros nos agredirán y nos destruirán. ¿Y cómo hay que ser, pues? Poderosos. Sí, ésa es otra de las patrañas que también nos han hecho creer: que poder y vulnerabilidad son términos antagonistas.
¿Y si poder y vulnerabilidad fueran dos energías complementarias, de las que depende nuestro equilibrio interno?
Si renunciamos a la vulnerabilidad, estamos renunciando a nuestra Verdad, a nuestra misma esencia, lo que abrirá en nuestro interior una brecha de dolor y frustración, y nunca conseguiremos experimentar la intimidad, la plenitud.
Si renunciamos al poder, nos sentiremos indefensos, amenazados, en un mundo con sus propias sinergias e intereses, y que tantas veces se nos muestra hostil. Ahí está el reto: cultivar facetas y energías complementarias, como son el poder y la vulnerabilidad. Y todo ello, además, puede dar sentido a nuestra vida.
A propósito de las investigaciones de E. Weiner, la resiliencia se alimenta en buena parte de los momentos más gozosos de nuestra vida en los que, cuando el tiempo aún no había sido urdido, nos mostrábamos a nuestras figuras de apego con una vulnerabilidad extrema, tal y como éramos.
Todo ello nos lleva a afirmar que reconocer esa vulnerabilidad que vibra en lo más profundo de nuestra esencia sería un signo de fortaleza, una manera de autoafirmar nuestro poder.
Ahora pasemos a una segunda estancia. Son bastantes los autores que han utilizado el término de resiliencia como sinónimo de fortaleza, y también de invulnerabilidad.
La invulnerabilidad, en ese contexto, se interpreta como rasgo de personalidad y, como tal, más o menos permanente. Dicho rasgo capacitaría a la persona para resistirse a la adversidad y/o para responder a ella de un modo más o menos inmediato.
A diferencia, la resiliencia, como hemos sugerido antes, parece un constructo más adquirido a través de los distintos contextos de socialización y de aprendizaje.
Eso sí, repetimos, parece que los estilos parentales de apego seguro, en los que el papel de la madre resulta decisivo, ejercen una influencia importantísima en la modulación del nivel de resiliencia que esa persona manifestará a lo largo de su vida. Y hablamos de modulación, con sus altibajos, en función de los contextos, de los niveles de agresión, etc.
Este argumento último tendría que animarnos a entender la resiliencia como algo educable, entrenable, que puede enriquecer nuestra persona. Y como un constructo que va más allá de la invulnerabilidad.
Autor: Quino Villa
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5. Mecanismos protectores de la resiliencia
5.1. Cambio de chip
Responder con eficacia a cualquier adversidad implica un cambio de chip, esto es, tomar conciencia de que está ocurriendo algo excepcional o fuera de lo normal. Y no se trata de pensar, entendido como simple proceso cognitivo, sino de sentir, proceso emocional que desencadenará no sólo pensamientos, sino también una determinada acción.
Yo, de los 7 a los 9 años, sufrí atroces episodios de bullying por parte de desalmados mozalbetes que me pasaban 4 ó 5 años. Algunas veces he vuelto sobre algunos de aquellos incidentes que, vistos desde fuera, podrían ser catalogados de estremecedores.
Mi conciencia, la conciencia de un indefenso niño de 7 años, me advertía de que algo muy excepcional estaba aconteciendo. Ésta es una primera condición que puede llevar a responder con cierta eficacia ante la situación adversa.
Y yo lo sentía, sentía cada ataque, cada aguijonazo, cada arremetida, cada acorralamiento del que imposible escapar; y ésa es una segunda condición. El sentir era algo que surgía espontáneamente. Seguro que si alguien me hubiera preguntado por ello (que nadie me habría preguntado pues, salvo los sujetos del delito, nadie más era conocedor de aquellas agresiones), yo hubiera admitido, sin dudarlo, que mejor no sentir.
Pero sentía. Y por ello, aún sin saberlo, en el seno de semejante infortunio, aún era afortunado.
Cuando ellos daban por finalizado el episodio de maltrato, que solía ser a la anochecida, yo salía, caminando, hasta un paraje cercano, yendo al encuentro de un árbol amigo. Y me sinceraba con él, le contaba todos mis padecimientos. En mi caso, el hecho de poder contar a alguien mi experiencia traumática (el árbol era ese alguien, por cierto, alguien que siempre acogía de buen grado mis lamentos, cada uno de mis gemidos), aún sin saberlo, debió funcionar como factor protector de la resiliencia en cada uno de aquellos episodios de bullying.
Y no sé por qué estoy utilizando el término de bullying, pues en la etapa de mi vida que ahora estoy recordando, ese término aún no había sido inventado (lo haría Dan Olwen unos pocos años más tarde).
Así que cambiar el chip implica un acto de conciencia que lleva a sentir, lo que a su vez suele desembocar en la movilización de estrategias de afrontamiento. De momento, quedémonos con este simple esquema práctico.
Autor: Quino Villa
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5.2. Reveladores ejemplos de nuestro mundo
El psiquiatra Luis Rojas Marcos, en su obra 'Superar la Adversidad: el poder de la resiliencia', ilustra los mecanismos protectores de la resiliencia con un acontecimiento que conmocionó al mundo entero: el avión estrellado, en otoño de 1972, en la Cordillera de los Andes, a 4.000 m. de altura. De los 45 pasajeros, 16 fueron encontrados con vida al cabo de 72 días, ya en pleno invierno. Pudimos hacernos eco de aquel percance tanto a través de la obra literaria 'Viven', como de la correspondiente película (referencia bibliográfica de la obra de Rojas Marcos al lado).
Rojas Marcos cuenta cómo aconteció ese cambio de chip en el grupo de supervivientes. El ser conscientes de que corrían un gran peligro, movilizó en el grupo estrategias de acción adecuadas a la situación: producción de agua, cuidado de los heridos, mantenimiento del refugio en la parte del fuselaje aún no destrozada, racionamiento escrupuloso de la comida... Con el paso de los días, tuvieron que seguir inventando más estrategias para sobrevivir, como la de la antropofagia, todo ello desde profundos planteamientos morales y espirituales. Finalmente, un siniestro alud, en la misma antesala del invierno más crudo, movilizó a los dos compañeros menos debilitados para que se atrevieran con un nuevo reto: atravesar todas aquellas interminables montañas nevadas. Al cabo de 10 largos días, arribaron a un poblado. E inmediatamente, el 22 de diciembre fueron rescatados, y su odisea coronada por el éxito.
Pero tampoco entonces acabó su calvario, pues todo el grupo tuvo que enfrentarse al ojo acusador, como consecuencia de los episodios de antropofagia.
Sigue contando Rojas Marcos que a los 35 años del siniestro, en 2007, los supervivientes se reunieron con motivo de la conmemoración del aniversario.
Todos ellos habían superado el acontecimiento, sin duda, más doloroso de su vida. Y merece la pena señalar los elementos clave que fortalecieron su capacidad de resiliencia: -El liderazgo y la organización grupal. -La persistencia. -El sentido del humor. -La esperanza. -Y la espiritualidad.
Tras el rescate, aparecieron otros dos elementos potenciadores de la resiliencia: -La oportunidad de contar todo lo vivido. -Y la comprensión y solidaridad por parte de personas cercanas y, a la postre, del mundo entero.
Rojas Marcos concluye esa parte de su obra así: "Cuando nos enfrentamos a una situación extrema, tenemos que cambiar el chip. Esto implica dejar a un lado las normas, las conductas y hasta la jerarquía de valores que hasta ese momento han guiado nuestra vida cotidiana. Supone, pues, reorganizar las prioridades y poner en marcha recursos mentales y físicos que ni usamos habitualmente."
Autor: Quino Villa
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Otro episodio tremendo que Rojas Marcos incluye en su obra es el del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, acontecido el 11 de septiembre de 2001.
Unas 16.000 personas consiguieron salvar sus vidas.
Pero la estrecha línea que separó a los supervivientes de los que allí perecieron fue que estos últimos no fueron conscientes de la gravedad del siniestro: -sí oyeron la orden de desalojo inmediato del edificio. -pero durante 6 minutos cruciales: guardaron documentos, apagaron ordenadores, hicieron algunas llamadas telefónicas... en lugar de salir zumbando de allí.
Algo parecido volvió a repetirse, en 2005, en la ciudad de Nueva Orleans, con motivo del huracán Katrina.
Se sabe que la percepción subjetiva del riesgo está menos organizada en las personas poco resilientes.
Una buena percepción del riesgo lleva a afrontar con firmeza la situación adversa. Sensibilicémonos con ello, pues puede estar en juego nuestra vida.
5.3. Mecanismos varios
Seguimos en compañía de Rojas Marcos. Él cita en su obra varios mecanismos que ejercen un efecto protector sobre la resiliencia. Presentamos únicamente una breve reseña de cada uno de ellos.
1. Ver lo que no esperamos ver. Habitualmente, nos hacemos trampa; somos unos auténticos tramposos: anticipamos una situación, y seguidamente, a través de mecanismos sutiles, tendemos a confirmarla; mientras, pasamos por alto lo que no esperábamos. Ese mecanismo, que ha sido bien estudiado, daña nuestra flexibilidad cognitiva, necesaria para captar amenazas de peligro, y para responder a sucesos inesperados. De ahí la propuesta de Rojas Marcos: sensibilizarnos para ver lo que no esperamos ver.
2. Intuición. Como dice Rojas Marcos, se trata de una respuesta emocional premonitoria con un enorme poder. La intuición, a través de mecanismos aún no bien conocidos, pone ante nuestros ojos varios indicios del riesgo, lo que alimenta nuestra sensación de control ante la situación. Además de experimentos controlados en situación de laboratorio, son innumerables los casos documentados en que fiarse de la intuición ha salvado la vida de muchas personas.
3.Altruismo y liderazgo. Ante una situación de desastre, las personas que se movilizan para proteger a otras es más fácil que superen la coyuntura; el altruismo alimenta la resiliencia, y también otros muchos aspectos considerados como pilares de ella. Ése precisamente es un efecto colateral del voluntariado. También se sabe que las personas damnificadas, en situaciones críticas, buscan a aquellas que puedan guiarles, buscan líderes competentes.
Autor: Quino Villa
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4. Explicar el sufrimiento. La explicación que damos al sufrimiento, Rojas Marcos la ilustra con este simple ejemplo: "No damos el mismo significado a una cicatriz si es consecuencia de una operación quirúrgica que si es el resultado de una acción violenta."
En definitiva, el significado que damos a la adversidad, fortalecerá o minará nuestra capacidad de resiliencia. Con respecto al sufrimiento, me gusta acudir al enfoque existencialista de Frankl. Para ampliar información, ir al multimedia nº 22 de esta serie, El dia- rio de mi vida.
Tambiéna adjuntamos unas pocas citas suyas referidas al sufri-miento (icono adjunto).
5. Sentido del humor. Rojas Marcos resume el efecto del humor así: "En las crisis, el sentido del humor es algo muy serio." Ayuda a establecer distancia emocional con respecto a la situación estresante. También resulta eficaz como defensa ante la desesperación. Y, además, suele suscitar un compendio de emociones beneficiosas que conocemos como risa.
Valga como botón de muestra un comentario que Rojas Marcos escuchó en la sala de espera de un neurólogo: "¿Sabes qué es lo mejor del Alzheimer? Que todos los días conoces a alguien nuevo."
6.Narrar, compartir y solidarizar. Evocar y relatar emociones, sentimientos, sensaciones, recuerdos... resulta beneficioso; es una manera de ir poniendo luz en ese infra-mundo oscuro. Abordamos esa cuestión en dos de los multimedias dedicados al diario, en el contexto del autoconocimiento (enlaces al margen).
7.Pasar página. Superar una situación angustiosa implica pasar página, renunciando a nuestro papel de víctima. En ese pasar página, Rojas Marcos señala tres claves: olvidar, adaptarse a la nueva situación y perdonar.
En cuanto al perdón, y con ello cerramos este apartado, transcribo un interesante fragmento de su obra de referencia: "Se acostumbra a pensar que el perdón requiere un intercambio voluntario y personal entre el agresor y el agredido: el primero expresa genuinamente pesar y arrepentimiento, y el segundo lo absuelve. La realidad, sin embargo, no es así en la gran mayoría de casos. Casi siempre la decisión de perdonar nace en la mente de la víctima; es subjetiva y privada, y consiste en un proceso íntimo y silencioso de introspección, en el que no suelen entrar criterios éticos ni religiosos. No exige la participación ni el remordimiento o contrición a los culpables.../... El objetivo principal de perdonar es liberarse de la enorme carga opresiva que suponen el rencor enquistado y la debilitante identidad de víctima, para poder curar la herida, recuperar la paz interior y concentrar las energías en reconstruir con entusiasmo una nueva vida y controlar la propia suerte."
Autor: Quino Villa
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6. Factores que fomentan la resiliencia
6.1. Introducción
La pregunta obligada: ¿hay alguna forma de construir la resiliencia? Sí. Se conocen los factores que más contribuyen a desarrollar la resiliencia; hay autores como Rojas Marcos que hablan de los seis pilares de la resiliencia, que luego comentaremos.
El factor más importante —y en eso coinciden diversos autores— tiene que ver con el hecho de disponer de relaciones íntimas, tanto dentro como fuera de la familia. Esas relaciones aportan seguridad, necesaria para que la persona pueda autoafirmarse.
Otros factores que contribuyen a desarrollar la resiliencia son: -La capacidad para hacer planes realistas y seguir una serie de pasos necesarios para llevarlos a cabo. -Una visión positiva de uno mismo, y confianza en las propias fortalezas. -Destrezas comunicativas. -Buenas estrategias de resolución de problemas. -Capacidad para manejar sentimientos. Todos estos factores son modificables, luego se pueden entrenar y mejorar.
6.2. Los seis pilares de la resiliencia, según Rojas Marcos
Luis Rojas Marcos, en la obra ya citada 'Superar la adversidad. El poder de la resiliencia', habla de seis pilares o factores que alimentan la resiliencia. Todos ellos se complementan, formando un tándem perfecto. Vamos a presentar una breve reseña de cada uno de esos seis factores.
1. Conexiones afectivas -Los vínculos de cariño, de apoyo mutuo, de intimidad... cons- tituyen el principal pilar de la resiliencia. -No importa que esa conexión emocional se establezca con varias personas o con una sola; tampoco importa el sexo, la edad, la clase social de la persona con la que se conecte; el resultado siempre fortalecerá la resiliencia.
-La conexión afectiva, como ya hemos dejado claro antes, se imprime de una manera especial durante las primeras etapas del apego, especialmente a través de los vínculos con la madre. -La Neurociencia habla del cerebro social, formado por una compleja red que conecta muy diversas regiones cerebrales, y que nos permite comunicarnos con otras personas. A fin de cuentas, tenemos un cerebro social porque somos seres sociales. -O como dice Eduardo Punset, "lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás." Pues deberíamos añadir: el contacto social nos hace, además, resilientes.
-Y si la calidad de la conexión continúa a lo largo del desarrollo, los hijos irán interiorizando, a la vez que normas de conducta y metas atractivas de vida, resiliencia. -Así que estar felizmente emparejados, o contar con una red social de apoyo o con una persona cercana, del tipo que sea, nos habla de una mayor capacidad de resiliencia para afrontar los desafíos o situaciones difíciles de la vida.
Como ejemplo ilustrativo, recordemos la investigación sobre resiliencia llevaba a cabo por Emmy Weiner (aparece en la imagen adjunta), y que le llevó a con-cluir que la condición más importante para desarrollar la resiliencia es una relación de calidad con alguna figura de apego.
Autor: Quino Villa
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2. Funciones ejecutivas -Rojas se refiere, con ese nombre, como 2º pilar de la resiliencia, al control de emociones, pensamientos y conductas, a la planificación, a la ordenación de prioridades, a la toma de decisiones, al establecimiento de metas. -La base neurológica de las funciones ejecutivas se sitúa en el lóbulo frontal.
-El componente principal de las funciones ejecutivas es la introspección, esto es, el hecho de observarnos a nosotros mismos, tratando de comprender nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras acciones. A través de ese diálogo con nosotros mismos podemos resolver problemas, implementar la proactividad (aclaración en el icono adjunto), satisfacer nuestros deseos.
La introspección también resulta de gran ayuda cuando inesperadamente nos encontramos ante un peligro.
-Otra función ejecutiva importante es el autocontrol emocional. Éste nos lleva a no derrochar energía mental innecesaria, en pro de perseguir mejores objetivos a más largo plazo. -En definitiva, como dice Rojas Marcos: "Sentir que se es feliz... para vencer situaciones adversas, fomenta pensamientos como 'yo puedo', 'estoy preparado'. Y, como consecuencia, dedicamos más esfuerzo a superar los retos."
3. Centro de control interno -El centro de control interno es el 3º factor que alimenta la resiliencia. Es lo que la teoría atribucional denomina locus de control. -La persona resiliente cree dominar las circunstancias, pues cree que el control de la situación se sitúa dentro de sí misma —locus de control interno—. Si cree que el resultado está en sus manos, se enfrentará más eficazmente a la adversidad. -Por el contrario, quien crea que las fuerzas externas —azar, destino, mala suerte— son ingobernables, se sentirá indefenso, y responderá con resignación y pasividad.
Vamos a describir tres ejemplos ilustrativos que Rojas Marcos nos muestra en su obra. Una amenaza real en algunas áreas críticas, en EEUU, es la de los tornados.
J. Sims y D. Baumann llevaron a cabo un estudio para dilucidar por qué en Alabama el número de muertos era 5 veces mayor que en algunos estados del N, como Illinois, cuando ni la fuerza ni la duración de los tornados podía explicarlo.
Encontraron que frases como "¡que sea lo que Dios quiera!" y similares, desplazaban el locus de control fuera de los habitantes de Alabama, poniendo su destino en manos del azar o de las fuerzas sobrenaturales.
A diferencia, los habitantes de Illinois, en lugar de encomendarse a las deidades, se movilizaban: buscaban refugio, avisaban a los vecinos, se aprovisionaban de víveres... planificaban estrategias preventivas desde un locus de control interno.
Autor: Quino Villa
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Otro estudio trataba de investigar el efecto de las oraciones, por parte de terceros, en pacientes sometidos a operación de corazón. Fue llevado a cabo por un grupo de cardiólogos, dirigidos por Herbert Benson, de la Universidad de Harvard, con casi 2.000 enfermos. Los resultados fueron los esperados: los pacientes que sabían que alguien rezaba por ellos, sufrieron muchas más complicaciones postoperatorias.
Conclusión: uno puede rezar cuanto quiera, pero es mejor no contarlo al supuesto beneficiario mientras éste yazca convaleciente. -De nuevo el locus de control es el responsable de los diferentes resultados. -Los mensajes más reconfortantes son aquellos que proceden de su voz interna, lo que se traduce en esperanza, protegiendo por tanto la indefensión.
El tercer ejemplo que cita Rojas Marcos, mero chascarrillo, también resulta bien ilustrativo. Va de un arrogante psiquiatra que sube a un ferri en día de marea. Y escucha a una mujer vanagloriarse: "Estas mareas no me producen el más mínimo miedo." El psiquiatra, al oírla, se acerca a ella y le espeta: "Negar la realidad es uno de los mecanismos de defensa inconscientes más usados. Ha desperdiciado media vida."
Unos minutos más tarde, la tormenta va a más, y el trasbordador comienza a escorarse. Es entonces cuando la buena mujer le pregunta al doctor si sabe nadar; al escuchar que no, añade con resolución: "Pues me temo que usted ha desperdiciado toda su vida. Nos estamos hundiendo." Sin duda que centrarnos en nuestros recursos y competencias, nos puede resultar de gran ayuda en el manejo de situaciones complicadas.
4. Autoestima -Vamos con el 4º factor que alimenta la resiliencia. -Autoestima es la valoración que cada cual hace de sí mismo, de sí misma; cómo se ve y, sobre todo, cómo se siente siendo quien es y como es. -Es esa resonancia emocional que acompaña a una, a uno, y que abarca, antes que facetas concretas, la totalidad de su persona.
-Es la manera que una o uno tiene de relacionarse consigo mismo, ordenando todas sus experiencias (su forma de ser, todo lo vivido con otras personas, sus emociones y sentimientos...) en lo que se denominayo personal. -Según se encuentre la autoestima de la persona, vibrarán de una manera u otra sus aspiraciones en la vida, lo que piensa de sí misma, cómo se toma los fracasos, cómo se comporta consigo misma, incluso cómo se muestra a los demás y cómo los demás la perciben.
Una autoestima positiva constituye un ingrediente primordial de la resiliencia, porque: -moviliza la confianza. -moviliza, también, la esperanza. -y todo ello tiene que ver con la capacidad de dirigir la propia vida.
Todos nos habremos enfrentado a diversidad de situaciones humillan-tes. Pero algunas personas consiguen minimizar su efecto: a través del olvido, alterando esos recuerdos y haciéndolos menos dolorosos, desviando la culpa hacia fuera. No obstante, aunque todo ello tiene un límite, sobrepasado el cual, nos haría más daño que otra cosa.
Autor: Quino Villa
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Como dice Reinhold Niebuhr (citado por Rojas Marcos), lo ideal es: -aceptar con serenidad las cosas que no podemos cambiar. -tener valor para cambiar lo que podemos cambiar. -y sabiduría para distinguir las unas de las otras.
Rojas Marcos cita una estrategia más que protege nuestra estima, como es la de dar importancia a la satisfacción obtenida en una faceta de nuestra vida (la realización profesional, por ejemplo) para compensar otra (un fracaso en las relaciones íntimas).
5. Pensamiento positivo -El pensamiento positivo constituye el 5º factor que alimenta la resiliencia, y tiene mucho que ver con el optimismo. -Una de las cosas que ha aclarado la Neurociencia es que los estados de ánimo agradables estimulan los recuerdos placenteros y también la esperanza, mientras que los negativos estimulan recuerdos desagradables.
El pensamiento positivo se mide a partir de 3 parámetros relacionados con la dimensión temporal: valoración de las experiencias del pasado, explicaciones que se dan a los sucesos que están afectando en el presente, y nivel de esperanza proyectado en el futuro.
1.Valoración de las experiencias del pasado. -Las personas optimistas tienden a evocar los buenos recuerdos; y eso les predispone a confiar en el presente y en el futuro. -A diferencia, las personas que se ciñen a una visión negativa, cargan con sentimientos de temor, culpa y desconfianza.
2.Explicaciones que se dan a los sucesos que están afectando en el presente. -Siempre, incluso en las peores situaciones, se pueden encontrar aspectos positivos. -Pueden resultar útiles comparaciones como éstas: ."No soy el único a quien le ocurre ese tipo de cosas." ."Aún hubiera podido ser peor."
3.Nivel de esperanza proyectado en el futuro. -Hay una frase que Rojas Marcos recogió de un sabio médico, que dice: "Los seres humanos podemos vivir 40 días sin comida, 3 días sin beber agua, pero sólo unos segundos sin esperanza." -"La esperanza es la esencia del pensamiento positivo", suma este psiquiatra.
Cuando alguien espera que algo le vaya bien, se predispone a ello; ahí está la clave de la profecía autocumplida. Ésa es la esperanza específica, que se alimenta de: -confianza y seguridad en uno mismo. -motivación para planificar y seguir el plan. -voluntad, diligencia y determinación. (enlace a vídeo). La autoafirmación adquiere este matiz: "Tal vez me cueste, sí, pero soy capaz."
Si deseas ampliar información sobre el constructo 'determinación', 'grit', en inglés, adjuntamos enlace a un estupendo vídeo '¿La clave del éxito? Determinación', de Angela Lee Duckworth.
Algunos de los efectos conocidos del optimismo: -aumenta la resistencia al sufrimiento psíquico. -frena el decaimiento mental. -en definitiva, alimenta la persistencia para sobreponerse a la adversidad. El pensamiento positivo no sólo potencia la resiliencia, también la autoestima, los estados de ánimo positivo, e incluso las funciones del cerebro ejecutivo. Y, además, ejerce un efecto positivo en la conexión afectiva con los demás.
Autor: Quino Villa
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6. Motivos para vivir -Tener un motivo para vivir constituye el 6º factor que alimenta la resiliencia. -Es en las épocas tempestuosas cuando esas cuestiones más irrumpen en nuestra conciencia. -El hecho de captar la finalidad existencial de la vida ayuda a tolerar mejor las experiencias difíciles. -Viktor Frankl sobrevivió tres años en los campos de exterminio nazi de Auschwitz y Dachau; y uno de los secretos de su supervivencia fue la esperanza de volver a ver a su amada esposa, y haber encontrado sentido a la vida (allí elaboró los fundamentos de la psicoterapia existencial conocida como logoterapia).
-Cada persona utiliza diferentes estrategias para encontrar sentido a su vida: .apoyo en teorías filosóficas. .creencia en dogmas religiosos. -Dice Rojas Marcos que "las religiones son espejos donde los creyentes reflejan la esperanza de sus mentes", ya sea en forma de felicidad perpetua o de inmortalidad. -De ahí que los creyentes perciban la vida de manera más positiva.
Según una investigación de Rojas Marcos, parece que la resiliencia: -no se nutre mucho de interpretaciones filosóficas o místicas. -y sí de razones concretas para vivir; es entonces cuando aparecen más motivos que ayudan a vencer la adversidad.
Los motivos para vivir que la gente cita con más frecuencia: -el amor, en sus diversas facetas; es una forma de estar conectado a los seres queridos; estamos hablando de los deseos más profundos de los seres humanos. -el miedo a la muerte. -sentir que estamos cumpliendo una misión aquí. -sentir en todo ello un deber moral para no rendirse. El miedo a la muerte "yace incrustado en nuestros genes", dice Rojas Marcos. Se halla presente ya a partir de los siete u ocho años. De ahí la fuerza tremenda que tiene la ilusión de inmortalidad.
Ya lo decía Viktor Frankl: "La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino sólo por falta de significado y propósito." También afirma: "Sólo en la misma medida en que el ser humano se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa misma medida se autorrealiza."
6.3. Los nueve pilares de la resiliencia, según Aldo Mejillo
A partir de la investigación de Emmy Werner, ya comentada, Aldo Melillo fija nueve pilares o factores protectores de la resiliencia, que pasamos a enumerar.
1. Autoestima consistente Está considerada como la base de los demás factores. La calidad de las experiencias de apego de los primeros años de nuestra vida nos acompañará siempre.
2. Introspección Aldo Melilllo la define como el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Implica tomar conciencia de los propios sentimientos. Cuando alguien busca una identificación excesiva en el grupo de iguales es porque no ha logrado encontrarse a sí mismo, cosa que ocurre en los inicios de la drogodependencia o de la delincuencia.
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3. Independencia Saber fijar límites entre uno mismo y el medio. Tiene que ver con saber mantener una distancia emocional y física prudente, sin caer en el aislamiento.
4. Capacidad de relacionarse Habilidad para establecer lazos e inti-midad con otras personas, encontrando el equilibrio entre la propia necesidad de afecto y el dar y compartir.
5. Iniciativa Tiene que ver con exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes.
6. Humor Se trata de algo tan sencillo como saber encontrar lo cómico en la propia tragedia; esto es, no dilapidar sentimientos negativos, que no aportarían nada bueno.
7. Creatividad La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. La Neurociencia ha dejado evidencias de que la creatividad implica a redes neuronales a gran escala: a nivel atencional, a nivel de simulaciones mentales, tendiendo puentes entre los recuerdos personales y un futuro idílico, utilizando patrones flexibles entre imaginación y ejecución, silenciando la crítica interna, e incluso llevando a la persona a un estado de flujo.
8. Moralidad Desde un punto de vista personal, hacer el bien, manteniendo un compromiso con los valores universales. Desde un punto de vista social, deseo de bienestar para todos los seres humanos.
9. Capacidad de pensamiento crítico Igual que la autoestima, implica al resto de factores. Supone analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se está sufriendo. Y a partir de ello proponer modos de enfrentarlas y cambiarlas.
6.4. Claves para construir la resiliencia
La Asociación Americana de Psicología propone 10 claves para construir la resiliencia. Por si se desea conocer esa informa-ción, adjuntamos enlace.
Resiliencia y educación. Para aquellas personas interesadas en construir resiliencia en el contexto educativo, adjuntamos varios enlaces interesantes, y dos vídeos del neurólogo Boris Cyrulnik.
Resiliencia familiar. La resiliencia familiar es definida por E. Gómez y M. A. Kotliarenco como el conjunto de procesos de reorganización de significados y comportamientos que activa una familia sometida a estrés para recuperar y mantener niveles óptimos de funcionamiento y bienestar, equilibrando sus recursos y necesidades familiares. (Fuente de la definición) Adjuntamos varios enlaces.
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7. Acabando ya
-Nuestra especie lleva miles de años afrontando desafíos y situaciones amenazantes. Y en ello persistimos. -Pero tenemos la barita mágica para lidiar con la adversidad; digo que 'mágica' porque cada cual puede infundirle poder. -Ahí está nuestra vulnerabilidad pidiendo, a gritos, intimidad, estableciendo lazos afectivos con otras personas. Ahí está la introspección o diálogo con nosotros mismos a fin de hacer conscientes nuestros estados emocionales. O el locus de control interno. O el pensamiento positivo... Todos esos factores conforman nuestra varita mágica; una varita que no hay que comprar; disponemos ya de ella; únicamente hace falta activarla.
Entre aquellas personas entrevistadas, que comentaba al comienzo de este multimedia, me viene a la mente Carolina. Ella cuenta ahora con 85 años. Desde que su marido muriera, hace cosa de dos, vive sola. Pero en absoluto se siente sola. Desde siempre, ha mantenido con sus vecinos relaciones cordiales; y ahora todos ellos están pendientes por si necesitara algo.
Sí, por supuesto que sus hijos son los primeros que se desviven por ella, pero trabajan lejos, y durante los repetidos confinamientos han tenido que pasar varias semanas sin poder ir a visitarla. Por lo que he podido conocer, Carolina es un vivo ejemplo de persona resiliente.
-Conoce sus fortalezas, y también sus limitaciones; ello le permite trazarse, en el día a día, metas realistas. "Hace unos días que está nevando", me contaba hace no mucho. "Por la noche han bajado mucho las temperaturas, y las calles se han puesto casi intransitables por las planchas de hielo, que resultan peligrosas. Pues cuando salgo de casa, para i a cuidar a mis conejos y mis gallinas, me pongo crampones y camino con cuidado." -Ella tiene consciencia del presente; sigue asombrándose de los pequeños momentos que la vida nos regala -ella, más que nadie, sabe que lo grande late en lo pequeño-. Y es una persona optimista. Decía Abraham Lincoln que podemos quejarnos porque los rosales tienen espinos o alegrarnos porque los espinos tienen rosas: ésta segunda es la opción preferente de Carolina. A propósito, una de sus pasiones son las flores y, en concreto, las rosas. Adjunto una foto de su casa, captada el último verano.
-Ella muestra patrones claros de flexibilidad mental. Me contaba hace un tiempo: "Me gusta mucho leer, pero ahora (debido a un problema degenerativo de retina y mácula) debo hacerlo en días de sol, y hacia el mediodía." No le oí quejarse por ello; algo me recordó a una cita de Vivian Greene, que dice: "La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia." Hablaba de flexibilidad cognitiva; pues ésta
junto a su perseverancia le llevan a no renunciar a sus metas; única-mente a buscar la senda más adecuada.
Sabe cuidar sus relaciones y sus amistades -me reitero-, es una persona que rezuma empatía. Qué curioso: la siguen visitando personas que pasaron por su casa hace más de 20 años; en tiempos, la tuvo dedicada a turismo rural.
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Es una persona que, a lo largo de su vida, y en repetidas ocasiones, ha dado muestras de tolerar bien la frustración. En lugar de instalarse en la queja, ha sabido convertir esas situaciones aparentemente ad-versas, en oportunidad, en nuevos retos. En verdad que Carolina es una persona que ha sabido salir inmune de muchas situaciones realmente complicadas.
Al inicio del confinamiento en casa, como a las dos semanas, me enteré que la habían llamado del servicio de teleasistencia por si necesitaba alguna ayuda extra. Ni qué decir tiene que las profesionales de ese servicio, y son casi todas mujeres, derrochan amabi-lidad y simpatía por los cuatro costados. Pues la operadora que llamó a Carolina, tras un rato de amena cháchara, quiso agasajarla así: "Siga así, Carolina, que la veo muy animada."
A lo que ella añadió: "Pues sí. Aunque esto de la pandemia se está po-niendo feo, ¿para qué me voy a preocupar antes de tiempo? Si llega el caso, y según cómo vayan las cosas, ya me preocuparé cuando toque. ¡Con una vez, más que suficiente!" No preocupada por un posible contagio, pero diligente en cuanto a res-petar al máximo las medidas preventivas. Y ésta, una simple anécdota.
En un mundo en el que tantas personas se sienten atrapadas por el miedo, incluso son presas del pánico (y me refiero al miedo disfuncional, no a aquel adaptativo que nos da seguridad, pues nos permite evitar peligros), ella, Carolina, nos envía un mensaje velado, que me he tomado la libertad de traducir con estas palabras: "El miedo es del futuro, un tiempo mental que ni siquiera tiene entidad propia. En cada maravilloso aquí-ahora no hay lugar para el miedo. Todo es ocupado por la vida, que nos está sonriendo a cada instante." Para qué andar con más rodeos: me gusta mirarme en Carolina como un verdadero modelo resiliente.
Unas pocas citas sobre resiliencia
No me juzgues por mis éxitos, júzgame por las veces que me caí y volví a levantarme. (Nelson Mandela) Recuerda siempre que eres más grande que tus circunstancias, eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir. (Anthony Robbins) Soy más que mis cicatrices. (Andrew Davidson) Utiliza tus cicatrices para recordar que sobreviviste a heridas profundas. (Steve Goodier) La mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos. (Confucio)
Puedes acceder al multimedia nº 28, Lecciones de Resiliencia, complemento de éste, aa través del enlace adjunto.
Autor: Quino Villa
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