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Crónicas marcianas - videoresumen
Irene Jones
Created on February 1, 2021
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Transcript
Ray Bradbury
CRÓNICAS MARCIANAS
RESUMEN
Ylla
Ylla K es una mujer marciana que vive con su marido en las afueras de una ciudad marciana. Ella se dedica a las tareas del hogar y él trabaja fuera de la casa. Ambos viven una vida rutinaria, muy similar a la de dos seres humanos.
"El señor K y su mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto, en la misma casa en que habían vivido sus antepasados (...). Ahora no eran felices. La señora K esperaba. Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier momento pudiera arrojar algo resplandeciente y maravilloso. Nada ocurría."
Una noche, Ylla tiene un sueño extraño. En él, un hombre alto, de ojos azules y tez blanca baja del cielo y se presenta. Dice llamarse Nathaniel York y venir de la Tierra. Luego, le dice que la encuentra hermosa y la besa. Su marido la escucha murmurar entre sueños y la despierta. Ylla le cuenta acerca del sueño que ha tenido pero a él parece no gustarle nada. El señor K dice que ese hombre debe ser un "gigante deforme".
"Ylla se dejó caer en una silla y cerró los ojos. Y tuvo el sueño. -Soñé con un hombre -dijo su mujer -¿Con un hombre? -Un hombre alto, de un metro ochenta de estatura. -Qué absurdo. Un gigante, un gigante deforme. -Vino en una cosa de metal que relucía a la luz del sol. El hombre me miró y me dijo: 'Vengo del tercer planeta. Me llamo Nathaniel York…'"
Durante los días siguientes, Ylla vuelve a soñar con este extraño humano llamado Nathaniel York, pero decide no contarle a su marido. Una extraña melodía se le había pegado a la memoria, y no podía parar de cantarla.
"Caía la tarde, y mientras se paseaba por entre las susurrantes columnas de lluvia, la señora K se puso a cantar. Repitió la canción, una y otra vez. -Nunca oí esa canción. ¿Es tuya? -le preguntó el señor K mirándola fijamente. -No. Sí… No sé -titubeó la mujer-. Ni siquiera comprendo las palabras. Son de otro idioma."
El señor K sospecha de los sueños que está teniendo su esposa. Es por ello que, una noche, decide espiarla mientras duerme. Al despertar Ylla, le dice que ha concertado una cita con el médico para que examine la raíz de dichas ensoñaciones.
"Abrió los ojos. El señor K, de pie, la observaba como si hubiera estado junto a ella, inmóvil, durante horas y horas. Sin saber por qué, Ylla apartó los ojos. -Has soñado otra vez -dijo el señor K-. Hablabas en voz alta y me desvelaste. Creo realmente que debes ver a un médico. -¿Qué soñaste? Ylla reflexionó unos instantes y luego recordó. Luego -dijo Ylla-, ese hombre de nombre tan raro, Nathaniel York, me dijo que yo era hermosa y… y me besó. -¡Ah! -exclamó su marido, dándole la espalda."
Enfurecido por el contenido del sueño, el señor K sale de su casa diciendo que se va a cazar. Le pide a Ylla que no abandone la casa puesto que el Dr. Nlle iría a verla. Ella se siente impotente, desea escapar, pero a pesar de todo asiente y le dice a su marido que se quedará allí.
"-Lo siento, lo siento mucho. -El señor K corrió detrás de su mujer, como preocupado por un olvido.- No sé cómo he podido olvidarlo. Le dije al doctor Nlle que viniera esta tarde. Ylla no contestó. Quería escaparse, correr. Quería gritar. Pero se sentó, volvió lentamente las manos, y se las miró inexpresivamente. -Ylla -dijo el señor K en voz baja-. ¿Te quedarás aquí, no es cierto? -Sí -dijo Ylla al cabo de un momento-. Me quedaré aquí. -¿Toda la tarde? -Toda la tarde."
Ylla permanece en su casa toda la tarde (una casa de cristal) esperando al Dr. Nlle. Pero este nunca llegó. Cuando su marido regresó, le dijo que prbablemente habría confundido las fechas, pero ella sospechaba que le estaba mintiendo, puesto que había oído disparos. Esa noche Ylla se sintió triste, muy triste, sin razón aparente. Recordó la canción y se puso a llorar.
"-Estaba cazando, eso es todo. De vez en cuando me gusta cazar. ¿Vino el doctor Nlle? -No. -Déjame pensar -el señor K castañeteó fastidiado los dedos-. Claro, ahora recuerdo. No iba a venir hoy, sino mañana. Qué tonto soy. Se sentaron a la mesa. Ylla miraba la comida, con las manos inmóviles. -Aquella canción -respondió Ylla-, aquella dulce y hermosa canción. Cerró los ojos y tarareó algo, pero no la canción. -La he olvidado y no sé por qué. No quisiera olvidarla. Quisiera recordarla siempre -dijo, y se echó a llorar."
Los hombres de la tierra
Es la historia de la segunda expedición humana a Marte. El capitán y sus tres tripulantes bajan de la nave y tocan a la puerta de las casas marcianas para presentarse. Sin embargo, los habitantes marcianos no parecen darle importancia y cada uno lo deriva a otro vecino.
"Quienquiera que fuese el que golpeaba la puerta, no se cansaba de hacerlo. La señora Ttt abrió la puerta de par en par.-¿Y bien? -¡Venimos de la Tierra! -No tengo tiempo -dijo la mujer-. Hay mucho que cocinar y coser y limpiar… Ustedes, probablemente, querrán ver al señor Ttt. Está arriba, en su despacho."
El capitan y los tripulantes no entendían por qué ningún marciano les llevaba el apunte. Pensaron que quizás debian marcharse.
"Los cuatro viajeros no se movieron, desconcertados. Finalmente dijo el capitán:-Ya encontraremos quien nos escuche. -Quizá debiéramos irnos y volver -sugirió un hombre con voz melancólica-. Quizá debiéramos elevarnos y descender de nuevo. Darles tiempo de organizar una fiesta."
Finalmente, fueron atendidos. El Sr. Iii los hizo pasar a su oficina y luego de presentarse les pidió que firmaran unos papeles. Los hombres de la tierra no entendían por qué era necesario eso, pero accedieron. Luego los llevó a una sala y se fue, sin más explicaciones.
"El señor lii era alto, delgado, y llevaba unas gafas de gruesos cristales azules sobre los ojos amarillos. Se inclinó sobre el escritorio y se puso a estudiar unos papeles. De cuando en cuando alzaba la vista y observaba con atención a sus visitantes.-¿No dice que viene de la Tierra? Pues tiene que firmar. El capitán escribió su nombre. -¿Es necesario que firmen también los tripulantes? El señor Iii miró al capitán, luego a los otros tres, y estalló en una carcajada burlona."
En aquella sala por fin encontraron el recibimiento que buscaban. Todos allí se mostraban interesados por su procedencia. Pero al hablar un poco más, los marcianos comenzaron a afirmar que ellos también venían de la Tierra. Y todo se tornó muy confuso...
El capitán carraspeó y habló, interrumpido por los ¡oh! y ¡ah! del auditorio. Presentó a sus compañeros, y todos pronunciaron un discursito, azorados por el estruendo de los aplausos.-Es agradable ver a otros de la Tierra. Yo también soy de allí. -¿Qué ha dicho usted? -Aquí somos muchos los terrestres. El capitán lo miró fijamente. -Yo soy de Júpiter -dijo uno pavoneándose. -Yo de Saturno -dijo otro. Los ojos le brillaban maliciosamente.
El capitán y sus tripulantes se dieron cuenta de que estaban en un manicomio: los habían creído locos, y por eso ningún marciano les había prestado atención cuando llegaron. Ahora estaban encerrados con locos de verdad.
Todos callaron; los marcianos, ojerosos, de pupilas amarillas y brillantes, volvieron a agruparse alrededor de las mesas de banquete, extrañamente vacías. El capitán observó, por primera vez, que la habitación no tenía ventanas. La luz parecía filtrarse por las paredes. No había más que una puerta. Se estremeció, se volvió hacia sus hombres y los miró sombríamente.-¡Comprenden qué es esto? -¿Qué, señor?-Es un manicomio.
A la mañana siguiente, el Dr. Xxx les abrió la puerta y los llevó a su oficina. Le reveló que no solo creía que estaban locos, sino que los miembros de la tripulación eran sus alucinaciones. El capitán decidió no contradecirlo, confiado en que, al ver la nave, se daría cuenta de que realmente eran humanos que venían de la Tierra.
"-Yo no creo que todos estén locos -replicó el siquiatra señalando con una varita al capitán-. El único loco es usted. Los otros son alucinaciones secundarias.Los casos como el suyo necesitan un tratamiento especial. Las personas de aquella sala son casos muy simples. Pero cuando se llega como usted, debo advertírselo, a alucinaciones primarias, secundarias, auditivas, olfativas y labiales, y a fantasías táctiles y ópticas, el asunto es grave.-¡No diga estupideces! ¡Le enseñaremos nuestro cohete! -gritó el capitán."
Harto de la situación, el Capitán guió al Dr. Xxx hasta la nave, quien la examinó por un buen rato. Finalmente, concluyó que se trataba de la alucinación más compleja que jamás había visto. Pese a los argumentos del capitán, el Dr. decidió que era mejor matarlo puesto que no tenía cura.
"El siquiatra se acercó a la nave y la golpeó. El metal resonó suavemente.-Y bien, ¿está usted convencido? -gritó el capitán. -Nunca conocí ejemplo más increíble de alucinación sensorial y sugestión hipnótica.Qué demencia más hermosa.¡Qué poder de concentración! El señor Xxx sacó un arma pequeña: -Es usted incurable, por supuesto. Muerto será más feliz. ¿Quiere usted confiarme su última voluntad? -¡Quieto, por Dios! ¡No haga fuego! ¡Soy de la Tierra! Me llamo Jonathan Williams y estos… -Sí, ya lo sé -dijo suavemente el señor Xxx, y disparó su arma."
La tercera expedición
Las primeras dos expediciones no han regresado a la Tierra y los humanos sospechan de que algo anda mal. El capitán John Black lidera esta tercera expedición junto a Lustig y Hinkson, miembros de la tripulación. Los tres hombres eran oriundos de pequeños pueblos del oeste. Deciden aterrizar y al bajar de la nave observan que ese pueblo marciano que se parece mucho a los pueblos de su infancia.
"Alrededor del cohete y en las cuatro direcciones se extendía el pueblo, verde ytranquilo bajo el cielo primaveral de Marte. Había casas blancas y de ladrillos rojos, y álamos altos que se movían en el viento. En el porche de una de las casas crecían unos geranios, y una vieja hamaca colgaba del techo y se balanceaba. Los hombres del cohete miraron fuera y vieron todo esto. Luego se miraron unos a otros y miraron otra vez fuera."
Los hombres quedan impresionados con el parecido de aquel lugar y comienzan a elaborar teorías: quizás habían sido construído por las expediciones anteriores, quizás habían viajado en el tiempo. Deciden bajar a explorar.
"-Este pueblo, quizá pacífico y acogedor, se parece tanto a Green Bluff, Illinois, que me espanta. Se parece demasiado a Green Bluff. Miren el pueblo; está ahí desde hace por lo menos setenta años. Miren la madera de ese porche; miren esos árboles, ¡todos centenarios! No, esto no es obra de York o Williams. Es otra cosa, y no me gusta. Y no saldré de la nave antes de aclararlo, dijo el capitán."
Mientras exploran el pueblo, los miembros de la expedición comienzan a encontrarse con familiares y amigos que habían muerto. Estos manifiestan que luego de su muerte habían aparecido en ese lugar. Shockeados por el hallazgo, los tripulantes dejan de intentar comprender lo que estaba ocurriendo y se van a pasar la noche con sus familias.
"-Capitán, capitán, lo que veo...Lustig se echó a llorar. Alzó unos dedos que se le retorcían y temblaban, y en su cara hubo asombro, incredulidad y dicha. Parecía como si en cualquier momento fuese a enloquecer de alegría. Miró calle abajo y empezó a correr. -¡Abuelo! ¡Abuela! -gritaba Lustig. -¿Desde cuándo estáis aquí, abuela? -preguntó Lustig. -Desde que nos morimos -replicó la mujer."
El capitán John Black no podía dormir. Se había encontrado con su hermano, que ahora dormía en la cama de al lado. Sin embargo, él intentaba descifrar lo que estaba ocurriendo. En un momento cae en la cuenta de que todo aquello podría ser una especie de ilusión creada por los marcianos para defenderse de sus invasores. Se levanta de inmediato e intena salir de la casa, pero ya era demasiado tarde. A la mañana siguiente, todos los miembtos de la tercera expedición habían sido asesinados.
"El capitán permaneció tendido y en paz, abandonándose a sus pensamientos. «¿Cómo? -se preguntó-. ¿Cómo se hizo todo esto? ¿Y por qué? ¿Con qué propósito?» De pronto se le había ocurrido la más ridícula de las teorías. Supongamos que Marte esté habitado por marcianos que vieron llegar nuestra nave y nos odiaron. Supongamos ahora que quisieran destruir a esos invasores indeseables tomándonos desprevenidos. ¿Y si los marcianos hubieran sacado este pueblo de los recuerdos de mi mente? Y supongamos que esa pareja que duerme en la habitación contigua no sea mipadre y mi madre, sino dos marcianos increíblemente hábiles. El capitán John Black echó a correr por el cuarto. Gritó, gritó dos veces. Nunca llegó a la puerta.A la mañana siguiente, la banda de música tocó una marcha fúnebre.
FIN
CONTINUE?
Sí
NO