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LAS REBELIONES INDIGENAS EN LAS TIERRAS BAJAS
Roly Arteaga
Created on November 5, 2020
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Transcript
LIC. ROLY JOSE ARTEAGA CALZADILLA
Las rebeliones indígenas en las tierras bajas
Empezar
El mundo postjesuítico en Moxos
Luego de la expulsión de los Jesuitas, en 1767, la Corona dispuso que las misiones de Moxos y Chiquitos quedasen bajo el cuidado de curas seculares (en lo religioso) y de gobernadores (en lo político administrativo). Este cambio puso fin a la autonomía de los territorios misionales y fue el inicio de una etapa de abuso y maltrato de los indígenas por parte de las autoridades civiles y religiosas.
El primer gobernador de Moxos, Lázaro de Ribera (1783), trató de mantener una situación favorable para los indígenas, pero su sucesor, Manuel Zamora y Treviño (1792), los provocó con sus arbitrariedades. La reacción no se dejó esperar: los canichanas, liderados por el cacique Juan Maraza, se sublevaron y expulsaron a Zamora.
El siguiente gobernador, Juan Pablo de Urquijo, actuó con mayor prudencia y, con el fin de mantener la paz, reconoció la autoridad de Maraza no sólo sobre los canichana, sino también sobre otras etnias, cómo los cayubaba y los movima. De esta forma, el líder indígena tomó para sí el gobierno y recuperó la autonomía de la zona, aunque lo hizo respetando las leyes españolas.
La Nación guaraní
A finales del siglo XVIII, los jesuitas intentaron establecer misiones en el territorio guaraní, pero fracasaron. Luego de la expulsión, los franciscanos retomaron la iniciativa y lograron congregar a 24000 indígenas y 21 reducciones. Algunos autores aseguran que el éxito de los franciscanos se debió a que las misiones aseguraban la alimentación básica para la población; también les ofrecían protección contra otros grupos indígenas que vivían en libertad.
La región del Chaco, ubicada al sureste de Charcas, estaba habitada por los guaraníes, llamados despectivamente “chiriguanos''. Gracias a su espíritu libre y al carácter bélico de su cultura, permanecieron sin someterse al sistema colonial.
Durante el siglo XVIII, los guaraníes se enfrentaron varias veces con las autoridades coloniales y con los españoles y Criollos que pretendían hacerse de tierras en la región para construir haciendas. Así, las rebeliones de esa época se centraron en los siguientes aspectos.
La resistencia contra el avance de las haciendas
El rechazo a la vida sedentaria de las misiones y a la conversión al cristianismo.
Las principales sublevaciones guaraníes de esta época inicial, antes de que se produzca la Gran Guerra Guaraní, fueron los siguientes:
En 1727 se dio un gran levantamiento encabezado por Juan Bautista Aruma, quien al parecer fue un líder religioso, y por Naguaro, un comandante militar que logró reunir 14000 guerreros, llamados kereimbas. El alzamiento fracasó y Naguaro fue apresado.
En 1770, el jefe Guarikaya, de la región de la Cordillera (sudeste del actual departamento de Santa Cruz), se levantó contra los españoles, pero finalmente pactó la paz con los misioneros.
En 1735, un jefe Chané de la región de Saipuru y Charagua, llamado Chindika, se opuso tenazmente a la presencia de los misioneros en su región.
Además de estas acciones bélicas, los guaraníes ejercitaron otras estrategias de resistencia, tales como negarse a colaborar, desertar de los sitios de trabajo, falsificar los registros, robar herramientas y sabotear la producción.
La Gran Guerra Guaraní
Entre 1795 y 1799, los guaraníes de la región del Ingre (Chaco chuquisaqueño) se agruparon para asaltar las misiones y las haciendas. Se preparaba así la gran guerra guaraní, bajo la dirección de ipajes (chamanes) que ejercían una gran influencia en el pueblo. En primera instancia, los líderes del levantamiento fueron Guarey, de la región del Gran Parapetí; iTurupajú, de los pueblos Chané de Kaipipendi, Guaricaja, de Ytí; y Sacuarao, de PiritÍ.
La Gran Guerra Guaraní se produjo en un momento en el que se profundizaban las rivalidades entre las autoridades de la gobernación de Santa Cruz y los padres franciscanos a causa del control de la región y de su población.
En noviembre de 1799, los guaraníes, bajo el mando del cacique Cumbay atacaron la misión de Parapetí, que fue destruida e incendiada. Hasta fines de ese año, la región permaneció en pie de guerra, y los indígenas atacaron varias misiones y fuertes bajo la consigna de echar de sus tierras a los españoles.
En abril de 1800 sobrevino la reacción Española y la derrota parcial de los kereimbas. En julio de ese año se firmó la paz, pero los guaraníes lograron frenar el avance de las haciendas y mantener el dominio de una buena parte de la región de la Cordillera
¡GRACIAS!