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3.Facultades racionales del ser humano: inteligencia y voluntad

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Created on September 9, 2020

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Transcript

Presentación

Inteligencia y Voluntad

EL ACTO HUMANO:Los actos humanos son aquellos que proceden de la voluntad deliberada del hombre, es decir, los que realiza con conocimiento y libre voluntad.

En ellos, interviene primero el entendimiento o sea la inteligencia, porque no se puede querer o desear lo que no se conoce: con el entendimiento el hombre advierte el objeto y delibera si puede y debe tender a él, o no.

Una vez conocido el objeto, la voluntad se inclina hacia él porque lo desea, o se aparta de él, rechazándolo. Sólo en este caso cuando intervienen inteligencia y voluntad el hombre es dueño de sus actos, y por tanto, plenamente responsable de ellos. Y sólo en los actos humanos puede darse valoración moral.

No todos los actos que realiza el hombre son propiamente humanos, ya que como hemos señalado antes, pueden ser también:

Meramente naturales: los que proceden de las potencias vegetativas y sensitivas, sobre las que el hombre no tiene control voluntario alguno, y son comunes con los animales: por ejemplo, la nutrición, circulación de la sangre, respiración, la percepción visual o auditiva, el sentir dolor o placer, etc.

Actos del hombre: los que proceden del hombre, pero faltando ya la advertencia (niños pequeños, distracción total), ya la voluntariedad (por coacción física, por ejemplo), ya ambas (por ejemplo, en el que duerme).

2. DIVISIÓN DEL ACTO HUMANO Por su relación con la moralidad, el acto humano puede ser:

•Bueno o lícito, si está conforme con la ley moral (por ejemplo, el dar limosna). • Malo o ilícito, si le es contrario (por ejemplo, mentir). • Indiferente, cuando ni le es contrario ni conforme a la moral (por ejemplo, el caminar).

Aunque ésta es la división más importante, interesa señalar también que, en razón de las facultades que lo perfeccionan, el acto puede ser:

• Interno: el realizado a través de las facultades internas del hombre, inteligencia, memoria, imaginación, por ejemplo, el recuerdo de una acción pasada, o el deseo de algo futuro. • Externo: cuando intervienen también los órganos y sentidos del cuerpo (por ejemplo, comer o leer).

3. ELEMENTOS DEL ACTO HUMANO: LA ADVERTENCIA Y EL CONSENTIMIENTO El acto humano exige la intervención de las potencias racionales, inteligencia y voluntad, que determinan sus elementos constitutivos: la advertencia en la inteligencia y el consentimiento en la voluntad.

La advertencia Por la advertencia, el hombre percibe la acción que va a realizar, o que ya está realizando. Esta advertencia puede ser plena o semiplena, según se advierta la acción con toda perfección o sólo imperfectamente (por ejemplo, estando semi-dormido).

Todo acto humano requiere necesariamente de esa advertencia, de tal modo que un hombre que actúa a tal punto distraído que no advierte de ninguna manera lo que hace, no realizaría un acto humano.

No basta, sin embargo, que el acto sea advertido para que pueda ser imputado moralmente: en este caso es necesaria, además, la advertencia de la relación que tiene el acto con la moralidad (por ejemplo, el que advierte que está conduciendo un automóvil, pero no se da cuenta que tomo un carril no permitido, realiza un acto humano que, sin embargo, no es imputable moralmente).

La advertencia, pues, ha de ser doble: • advertencia del acto en sí y • advertencia de la moralidad del acto.

El consentimiento Lleva al hombre a querer realizar ese acto previamente conocido, buscando con ello un fin. Como señala Santo Tomás, acto voluntario o consentido es “el que procede de un principio intrínseco con conocimiento del fin”.

Ese acto voluntario consentido puede ser: • perfecto o imperfecto: según se realice con pleno o semipleno consentimiento; • directo o indirecto: por la importancia que tiene en la práctica, estudiaremos con más detenimiento lo que se entiende por acto voluntario indirecto y directo.

EL ACTO VOLUNTARIO INDIRECTO El acto voluntario indirecto se da cuando al realizar una acción, además del efecto que se persigue de modo directo con ella, se sigue otro efecto adicional, que no se pretende sino sólo se tolera por venir unido al primero (por ejemplo, el militar que bombardea una ciudad enemiga, a sabiendas de que morirán muchos inocentes: quiere directamente destruir al enemigo -voluntario directo-, y tolera la muerte de inocentes -voluntario indirecto-).

Es un acto, por tanto, del que se sigue un efecto bueno y otro malo, y por eso se le llama también voluntario de doble efecto.

Es importante percatarse de que no es un acto hecho con doble fin (por ejemplo, robar al rico para darle al pobre), sino un acto del que se siguen dos efectos: doble efecto, no doble fin.

Hay casos en que es lícito realizar acciones en que, junto a un efecto bueno se seguirá otro malo. Para que sea lícito realizar una acción de la que se siguen dos efectos: bueno uno (voluntario directo) y malo el otro (voluntario indirecto), es necesario que se reúnan determinadas condiciones:

1. Que la acción sea buena en sí misma, o al menos indiferente: Así, nunca es lícito realizar acciones malas (por ejemplo, mentir, jurar en falso, etc.), aunque con ellas se alcanzaran óptimos efectos, ya que el fin nunca justifica los medios, y por tanto no se puede hacer el mal para obtener un bien. Para saber si la acción es buena o indiferente habrá que atender, como se verá más adelante, a su objeto, fin y circunstancias.

2. Que el efecto inmediato o primero que se produce sea el bueno, y el malo sea sólo su consecuencia necesaria: Es un principio que se deriva del anterior. Es necesario que el buen efecto derive directamente de la acción, y no del efecto malo (por ejemplo, no sería lícito que por salvar la fama de una muchacha se procurara el aborto, pues el efecto primero es el aborto; no sería lícito matar a un inocente para después llegar hasta donde está el culpable, porque el efecto primero es la muerte del inocente).

3. Que uno se proponga el fin bueno, es decir, el resultado del efecto bueno, y no el malo, que solamente se tolera: Si se intentara el fin malo, aunque fuera a través del bueno, la acción sería inmoral, por la perversidad de la intención. El fin malo sólo se tolera por ser imposible separarlo del bueno, con disgusto o desagrado.

4. Que haya un motivo proporcionado para permitir el efecto malo: Porque el efecto malo, aunque vaya junto con el bueno y se le permita sólo de modo indirecto, es siempre materialmente malo, por eso, no se puede permitir sin causa proporcionada.

OBSTÁCULOS AL ACTO HUMANO Se trata ahora de analizar algunos factores que afectan a los actos humanos, ya impidiendo el debido conocimiento de la acción, ya la libre elección de la voluntad; es decir, las causas que de alguna manera pueden modificar el acto humano en cuanto a su voluntariedad o a su advertencia y, por tanto, en relación con su moralidad.

Obstáculo por parte del conocimiento: la IGNORANCIA En Ética, definirse como la falta de la debida ciencia moral en un sujeto capaz; es decir, la ausencia de un conocimiento moral que se podría y debería tener. De este modo, podemos distinguirla de:

• La nesciencia, o falta de conocimientos no obligatorios (por ejemplo, de la medicina en quienes no son médicos). • La inadvertencia, o falta de atención actual a una cosa que se conoce habitualmente.

• El olvido o privación –actual o habitual- de un conocimiento que se tuvo anteriormente. • El error, o juicio equivocado sobre la verdad de una cosa.

La ignorancia puede ser vencible o invencible: • Ignorancia vencible: es aquella que se podría y debería superar, si se pusiera un esfuerzo razonable (por ejemplo, consultando, estudiando, pensando, etc.). Se subdivide en:

- Simplemente vencible: si se puso algún esfuerzo para vencerla, pero insuficiente e incompleto. - Crasa o supina: si no se hizo nada o casi nada por salir de ella y, por tanto, nace de un grave descuido en aprender las principales verdades la moral, o los deberes propios del estado y oficio. - Afectada: cuando no se quiere hacer nada para superarla con objeto de pecar con mayor libertad; es, pues, una ignorancia plenamente voluntaria.

• Ignorancia invencible: es aquella que no puede ser superada por el sujeto que la padece, ya sea porque de ninguna manera la advierte (por ejemplo, las personas que no advierte la ilicitud de la venganza), o bien porque ha intentado en vano de salir de ella (preguntando o estudiando).

Los principios morales sobre la ignorancia son los siguientes: • La ignorancia invencible quita toda responsabilidad ya que es involuntaria y por tanto inculpable (por ejemplo, no es inmoral el niño pequeño que sin saber hace una cosa mala). Es fácil entender este principio moral si se considera “nada es deseado si antes no es conocido”.

La ignorancia vencible es siempre culpable, en mayor o menor grado según la negligencia en averiguar la verdad. Así, es mayor la responsabilidad de una mala acción realizada con ignorancia por negligencia, que con simplemente vencible. Consecuentemente, puede ser considerarse ilícito un acto que nace de descuidos graves.

La ignorancia afectada, lejos de disminuir la responsabilidad, la aumenta, por la mayor malicia que supone.

El deber de conocer la Ley Moral. Como ya quedó señalado, la ignorancia puede a veces eximir de culpa, en consecuencia, de responsabilidad moral. Sin embargo, es conveniente añadir que existe el deber de conocer la ley moral, para ir adecuando a ella nuestras acciones.

Ese conocimiento no debe limitarse a una determinada época de la vida, la niñez o la juventud, sino que ha de desarrollarse a lo largo de toda la existencia humana, haciendo una especial referencia al trabajo que cada uno desarrolla en la sociedad.

Obstáculos por parte de la voluntad

Los obstáculos que dificultan la libre elección de la voluntad son: el miedo, las pasiones, la violencia y los hábitos.

El miedo. Es una vacilación del ánimo ante un mal presente o futuro que nos amenaza, y que influye en la voluntad del que actúa. En general, el miedo -aunque sea grande- no destruye el acto voluntario, a menos que su intensidad haga perder el uso de razón.

Las pasiones. Designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o no obrar. Son componentes naturales del psiquismo humano, constituyen el lugar de paso entre la vida sensible y la vida del espíritu. Ejemplos de pasiones son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira.

Si las pasiones se producen antes de que se realice la acción e influyen en ella, disminuyen la libertad por el ofuscamiento que suponen para la razón; incluso en arrebatos muy violentos, pueden llegar a destruir esa libertad (por ejemplo, el padre que llevado por la ira golpea mortalmente a su hijo pequeño).

Si se producen como consecuencia de la acción y son directamente provocadas, aumentan la voluntariedad (por ejemplo, el que recuerda las ofensas recibidas para aumentar la ira y el deseo de venganza). Cuando surge un movimiento pasional que nos inclina al mal, la voluntad puede actuar de dos formas:

• Negativamente, no aceptándolo ni rechazándolo. • Positivamente, aceptándolo o rechazándolo con un acto formal.

Para luchar eficazmente contra las pasiones desordenadas no basta una resistencia negativa, puesto que supone quedar expuesto al peligro de consentir en ellas. Es necesario rechazarlas formalmente llevando el ánimo a otra cosa: es el medio más fácil y seguro, sobre todo para combatir los movimientos de ira.

El naturalismo es la falsa doctrina que invita a no poner ninguna traba a las pasiones humanas, bajo pretextos pseudo-psicológicos (dar origen a traumas, por ejemplo).

La violencia. Es el impulso de un factor exterior que nos lleva a actuar en contra de nuestra voluntad. Ese factor exterior puede ser físico (golpes, etc.) o moral (promesas, halagos, ruegos insistentes e inoportunos, etc.), que da lugar a la violencia física o moral.

Los hábitos. Muy relacionados con el consentimiento están los hábitos o costumbres contraídas por la repetición de actos, y que se definen como firme y constante tendencia a actuar de una determinada forma.

Esos hábitos pueden ser buenos y en ese caso los llamamos virtudes, o malos, estos últimos constituyen los vicios.

¡Gracias por su atención!

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