Variedades lingüísticas en la literatura
Cultura
Cultura
- Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
Lengua
- Sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura.
Lengua y lenguaje
Lenguaje
Lengua
- Sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura.
Variedades lingüísticas
Variedades Lingúísticas
Lengua
- Distintas maneras que utilizan los miembros de una sociedad para comunicarse entre sí.
- Sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura.
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CRONOLECTO
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GRUPO ETARIO
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GEOLECTO
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LUGAR GEOGRÁFICO
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SOCIOLECTO
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GRUPO SOCIAL
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IDIOLECTO
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FORMA PARTICULAR
Literatura
Jorge Luis Borges
"La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
CRONOLECTO
Platero y yo | Juan Ramón Jiménez Cuando, en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos, ateridos, por la oscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco, los niños pobres juegan a asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco a la cabeza, otro dice que no ve, otro se hace el cojo... Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán cómo, les han dado algo de comer , se creen unos príncipes:
—Mi pare tie un reló e plata.
—Y er mío, un cabayo.
—Y er mío, una ejcopeta.
Reloj que levantará a la madrugada, escopeta que no matará el hambre, caballo que llevará a la miseria... El corro, luego. Entre tanta negrura, una niña forastera, que habla de otro modo, la sobrina del Pájaro Verde, con voz débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, cual una princesa:
Yo soy laaa viudiiitaa del Condeee de Oréé...
...¡Sí, sí.! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno.
—Vamos, Platero... Jiménez, Juan Ramón, Platero y yo. Buenos Aires: Longseller, 2004. Impreso.
GEOLECTO
La canción de nosotros | Eduardo GaleanoA la salida del cafetín, habían intentado colarse en la estiba, donde pagan bien por hombrear bolsas. Estaban en la cola, ante los portones del puerto, y un tipo los echó. Les preguntó qué hacían allí y quiénes eran ellos y los echó. No esperó las respuestas. Era el que mandaba, y no parpadeaba nunca: enojado, se veía, hasta para besar.
— Yo lo vi y me di cuenta —dice Ganapán—. Éramos dieciséis en la cola y entré a estudiar el asunto, porque yo sé que cada diez hombres hay un hijo de puta.
«Che, Ganapán», dice Buscavida, riéndose solo repentinamente. Con el puño izquierdo adelantado, Buscavida explora las defensas de un rival invisible, dice: «¿Te acordás cuando les dimos la paliza a los milicos?», lanza un gancho de derecha al aire, se ríe: «¿Te acordás de la bruta paliza que les dimos?», se ríe cada vez más y tose: «¿Cuándo fue, Ganapán?», y tose tanto que se sienta para no ahogarse. Galeano, Eduardo, La canción de nosotros. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2011. Impreso.
SOCIOLECTO
Zoila María Castro
Ilusiones | Zoila Castro La prieta y enjuta mujer movíase, alegremente en su puesto de venta, despachando la mercancía aromosa: legumbres y hortalizas. Estirada por amplia sonrisa su boca su boca desdentada, estaba inusitadamente generosa con sus parroquianos. - Lleve no más, es casi regalado.
-Sus compañeras de negocio la ojeaban de rato en rato, contándose lo que pensaban.
Zoila María Castro
- Cualquierita está alegre en este día. -Sudores le cuesta el chico a la pobre.
-Si mi zambo quisiera ser dotor yo hasta lambiera la tierra.
La placera envidiada no paraba de vender de puro gusto. -¡Si me provoca regalar todo esto para acabar más pronto! -¡Buena ha de ser la comilona!
-¿Y la bebesona?
Zoila María Castro
-Para eso he trabajado como mula todo el año.
La farra para mi cholo tiene que ser derechupete.
-Pavoneándose está usté, ¿no? -Ay, hasta me da gana de llorar de puro contento. Mi pobre cholo estudia que estudia sin jugar, sin diversiones como su zambo, que anda siempre de parranda... -Ay, ni me miente a ese desgraciado. Lo que me cuesta...
-El mío, en cambio, hambres ha pasado a mi lado. Pero él dale que dale, comiéndose los libros. Yo he sido cocinera, lavandera, vendedora de lotería y hasta recadera cuando se ofrecía...
Zoila María Castro
-Todas sabemos eso y hasta que le puso padrastro al chico para ayudarse...
-¡Y qué liba ser!
-Pero el chico será dotor y cuando tenga harta plata la veremos muy oronda en automóvil...
-Dichosa usté...
-Dina de envidia digo yo.
Castro, Zoila, Antología de narradoras ecuatorianas-Siglo XX. Quito: Libresa, 2011. Impreso.
IDIOLECTO
Altazor | Vicente Huidobro Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.
Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio. Huidobro, Vicente, Altazor. Madrid: Cátedra, 2013. Impreso.
El humor y la crítica social
¡AMUCHADAS GRACIAS!
Variedades lingüísticas en la literatura
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Variedades lingüísticas en la literatura
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FORMA PARTICULAR
Literatura
Jorge Luis Borges
"La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
CRONOLECTO
Platero y yo | Juan Ramón Jiménez Cuando, en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos, ateridos, por la oscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco, los niños pobres juegan a asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco a la cabeza, otro dice que no ve, otro se hace el cojo... Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán cómo, les han dado algo de comer , se creen unos príncipes:
—Mi pare tie un reló e plata. —Y er mío, un cabayo. —Y er mío, una ejcopeta. Reloj que levantará a la madrugada, escopeta que no matará el hambre, caballo que llevará a la miseria... El corro, luego. Entre tanta negrura, una niña forastera, que habla de otro modo, la sobrina del Pájaro Verde, con voz débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, cual una princesa: Yo soy laaa viudiiitaa del Condeee de Oréé...
...¡Sí, sí.! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno. —Vamos, Platero... Jiménez, Juan Ramón, Platero y yo. Buenos Aires: Longseller, 2004. Impreso.
GEOLECTO
La canción de nosotros | Eduardo GaleanoA la salida del cafetín, habían intentado colarse en la estiba, donde pagan bien por hombrear bolsas. Estaban en la cola, ante los portones del puerto, y un tipo los echó. Les preguntó qué hacían allí y quiénes eran ellos y los echó. No esperó las respuestas. Era el que mandaba, y no parpadeaba nunca: enojado, se veía, hasta para besar. — Yo lo vi y me di cuenta —dice Ganapán—. Éramos dieciséis en la cola y entré a estudiar el asunto, porque yo sé que cada diez hombres hay un hijo de puta.
«Che, Ganapán», dice Buscavida, riéndose solo repentinamente. Con el puño izquierdo adelantado, Buscavida explora las defensas de un rival invisible, dice: «¿Te acordás cuando les dimos la paliza a los milicos?», lanza un gancho de derecha al aire, se ríe: «¿Te acordás de la bruta paliza que les dimos?», se ríe cada vez más y tose: «¿Cuándo fue, Ganapán?», y tose tanto que se sienta para no ahogarse. Galeano, Eduardo, La canción de nosotros. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2011. Impreso.
SOCIOLECTO
Zoila María Castro
Ilusiones | Zoila Castro La prieta y enjuta mujer movíase, alegremente en su puesto de venta, despachando la mercancía aromosa: legumbres y hortalizas. Estirada por amplia sonrisa su boca su boca desdentada, estaba inusitadamente generosa con sus parroquianos. - Lleve no más, es casi regalado. -Sus compañeras de negocio la ojeaban de rato en rato, contándose lo que pensaban.
Zoila María Castro
- Cualquierita está alegre en este día. -Sudores le cuesta el chico a la pobre. -Si mi zambo quisiera ser dotor yo hasta lambiera la tierra. La placera envidiada no paraba de vender de puro gusto. -¡Si me provoca regalar todo esto para acabar más pronto! -¡Buena ha de ser la comilona! -¿Y la bebesona?
Zoila María Castro
-Para eso he trabajado como mula todo el año. La farra para mi cholo tiene que ser derechupete. -Pavoneándose está usté, ¿no? -Ay, hasta me da gana de llorar de puro contento. Mi pobre cholo estudia que estudia sin jugar, sin diversiones como su zambo, que anda siempre de parranda... -Ay, ni me miente a ese desgraciado. Lo que me cuesta... -El mío, en cambio, hambres ha pasado a mi lado. Pero él dale que dale, comiéndose los libros. Yo he sido cocinera, lavandera, vendedora de lotería y hasta recadera cuando se ofrecía...
Zoila María Castro
-Todas sabemos eso y hasta que le puso padrastro al chico para ayudarse... -¡Y qué liba ser! -Pero el chico será dotor y cuando tenga harta plata la veremos muy oronda en automóvil... -Dichosa usté... -Dina de envidia digo yo. Castro, Zoila, Antología de narradoras ecuatorianas-Siglo XX. Quito: Libresa, 2011. Impreso.
IDIOLECTO
Altazor | Vicente Huidobro Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor. Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata. Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche. Amo la noche, sombrero de todos los días. La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos. Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae. Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris. Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio. Huidobro, Vicente, Altazor. Madrid: Cátedra, 2013. Impreso.
El humor y la crítica social
¡AMUCHADAS GRACIAS!