1950
Tres inventores de Estados Unidos registraron la primera patente de código de barras, aunque
era muy diferente del que conocemos hoy, pues consistía en una serie de círculos concéntricos. Luego de algunas modificaciones, fue aplicado por primera vez por la Asociación de Ferrocarriles de Norteamérica para identificar los vagones del ferrocarril y controlar el tránsito de embarques.
1960
La cadena de supermercados Kroger instaló en 1967 en su sucursal de Cincinnati (Ohio, EEUU) el primer sistema de “retail” basado en códigos de barras. Marcó el comienzo de la utilización de los códigos en los comercios; la aparición del láser a finales de la década popularizó la instalación del escáner con luz de gas de helio y neón que facilitaba la lectura.
1970
Aparece la primera terminal portátil de datos que utilizaba un lápiz de contacto para leer los códigos, al mismo tiempo que hace su aparición en Inglaterra el código Plessey para control de archivos militares, aplicación que luego se difundió en las bibliotecas. En Estados Unidos surge el código Codabar que triunfa en los bancos de sangre, como medio de identificación y verificación.
1975
El éxito se propaga y, en la búsqueda de un estándar, en el año 1973 Estados Unidos anuncia el código UPC (Universal Product Code). Europa se hace presente con su propia versión en 1976, el código EAN (European Article Number). Ambos son perfeccionados en la misma década por el Código 39 que permite símbolos alfanuméricos.
1980
Ante las ventajas de la interacción entre los lectores de códigos y las computadoras, muchos países incorporaron esta tecnología. En Argentina el sistema comenzó a usarse en 1984 y alentó el surgimiento de la Asociación Argentina de Códigos de Productos Comerciales - hoy GS1.org.ar - encargada de regular el otorgamiento de los códigos en nuestro país.
1985
Surgen códigos bidimensionales capaces de contener más información. El primero fue el Código 49, al que le seguiría el Código 16K. Sin embargo, los que alcanzaron popularidad fueron el código bidimensional PDF417, antecesor del Código QR hoy en auge. Estos símbolos almacenan mucha más información -alcanzan los 7.000 caracteres- y pueden ser leídos incluso cuando se encuentran muy dañados.
1990
La necesidad de algunas industrias de asegurarse que el código sea inseparable del producto, alentó el desarrollo del Sistema Datamatrix, capaz de codificar más de 2300 caracteres en una superficie muy pequeña (3mm2). En lugar de imprimirse en el envoltorio, el marcado se realiza directamente en el artículo mediante micropercusión, tinta, láser o grabado por productos químicos.
2000
Los códigos de barra agilizaron las compras, pero aún se forman filas en las cajas registradoras.
Para evitarlas, los ingenieros recurrieron a la tecnología de Identificación por Radio Frecuencia (RFID) que evita exponer de a una las etiquetas al lector, y permite que una gran cantidad de productos pueden ser leídos a la vez al pasar por un portal. En nuestro país por ahora sólo se lo utiliza para prevenir robos.
El futuro
Los bokodes son un nuevo sistema de códigos de barras basados en un pequeño dispositivo led y lentes (explicación simplificada), capaces de, en un tamaño de 3 milímetros contener cientos de veces más información que un código de barras (convencional o QR) y que pueden ser leídos con una cámara de un móvil a una distancia de 4 metros.
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1950
Tres inventores de Estados Unidos registraron la primera patente de código de barras, aunque era muy diferente del que conocemos hoy, pues consistía en una serie de círculos concéntricos. Luego de algunas modificaciones, fue aplicado por primera vez por la Asociación de Ferrocarriles de Norteamérica para identificar los vagones del ferrocarril y controlar el tránsito de embarques.
1960
La cadena de supermercados Kroger instaló en 1967 en su sucursal de Cincinnati (Ohio, EEUU) el primer sistema de “retail” basado en códigos de barras. Marcó el comienzo de la utilización de los códigos en los comercios; la aparición del láser a finales de la década popularizó la instalación del escáner con luz de gas de helio y neón que facilitaba la lectura.
1970
Aparece la primera terminal portátil de datos que utilizaba un lápiz de contacto para leer los códigos, al mismo tiempo que hace su aparición en Inglaterra el código Plessey para control de archivos militares, aplicación que luego se difundió en las bibliotecas. En Estados Unidos surge el código Codabar que triunfa en los bancos de sangre, como medio de identificación y verificación.
1975
El éxito se propaga y, en la búsqueda de un estándar, en el año 1973 Estados Unidos anuncia el código UPC (Universal Product Code). Europa se hace presente con su propia versión en 1976, el código EAN (European Article Number). Ambos son perfeccionados en la misma década por el Código 39 que permite símbolos alfanuméricos.
1980
Ante las ventajas de la interacción entre los lectores de códigos y las computadoras, muchos países incorporaron esta tecnología. En Argentina el sistema comenzó a usarse en 1984 y alentó el surgimiento de la Asociación Argentina de Códigos de Productos Comerciales - hoy GS1.org.ar - encargada de regular el otorgamiento de los códigos en nuestro país.
1985
Surgen códigos bidimensionales capaces de contener más información. El primero fue el Código 49, al que le seguiría el Código 16K. Sin embargo, los que alcanzaron popularidad fueron el código bidimensional PDF417, antecesor del Código QR hoy en auge. Estos símbolos almacenan mucha más información -alcanzan los 7.000 caracteres- y pueden ser leídos incluso cuando se encuentran muy dañados.
1990
La necesidad de algunas industrias de asegurarse que el código sea inseparable del producto, alentó el desarrollo del Sistema Datamatrix, capaz de codificar más de 2300 caracteres en una superficie muy pequeña (3mm2). En lugar de imprimirse en el envoltorio, el marcado se realiza directamente en el artículo mediante micropercusión, tinta, láser o grabado por productos químicos.
2000
Los códigos de barra agilizaron las compras, pero aún se forman filas en las cajas registradoras. Para evitarlas, los ingenieros recurrieron a la tecnología de Identificación por Radio Frecuencia (RFID) que evita exponer de a una las etiquetas al lector, y permite que una gran cantidad de productos pueden ser leídos a la vez al pasar por un portal. En nuestro país por ahora sólo se lo utiliza para prevenir robos.
El futuro
Los bokodes son un nuevo sistema de códigos de barras basados en un pequeño dispositivo led y lentes (explicación simplificada), capaces de, en un tamaño de 3 milímetros contener cientos de veces más información que un código de barras (convencional o QR) y que pueden ser leídos con una cámara de un móvil a una distancia de 4 metros.